RLCS, Revista Latina de Comunicación Social
Revista Latina

[ investigación ] [ financiada ]

| Forma de citar | Proceso editorial_Open Peer Review | agenda | metadatos | pdf | Presentación dinámica issuu | cc | Referencias | doi10.4185/RLCS-2012-965 | ISSN 1138-5820 | RLCS # 67 | 2012 | b | epub | mobi |
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Representaciones sociales y prácticas ciudadanas en la comunidad rural: Un aporte desde la comunicación estratégica

Social Representations and Citizenship Practices in a Rural Community:
A Strategic Communication Contribution

                                                                                                             
Dda. Luciana Trimano [C.V.] Escuela de Ciencias de la Información - Universidad Nacional de Córdoba – Argentina -  lucianatrimano@gmail.com

Dra. Paulina-Beatriz Emanuelli [C.V.] Escuela de Ciencias de la Información - Universidad Nacional de Córdoba – Argentina - paulinaemanuelli@gmail.com

Resumen: La comunidad de Las Calles, ubicada en el Valle de Traslasierra, al oeste de la provincia de Córdoba (Argentina), se caracteriza por la combinación de lo rural y lo turístico; es escenario de un amplio movimiento de emigración de la ciudad al campo. En este sentido, conviven en dicha sociedad grupos culturales diversos y disímiles identidades. Entendiendo que esos grupos culturales forman parte de la “cultura” como espacio estratégico de comprensión de las tensiones que desgarran y recomponen el “estar juntos”.

La presentación plantea el análisis de las representaciones sociales e interacciones de actores de culturas emergentes (hippies) y preexistentes (paisas) en esta territorialidad rural y la aparición de nuevos repertorios y prácticas ciudadanas.

Las interacciones y prácticas ciudadanas demandan la revisión y rediseño de “actuales” políticas de gestión e integración sociocultural. Desde ese lugar, la comunicación estratégica puede y debe realizar un aporte, tendiente a promover el desarrollo territorial y local.

Palabras clave: comunicación estratégica; representaciones sociales; prácticas ciudadanas.

Abstract: The community of Las Calles, located in Traslasierra Valley, in the west of Córdoba Province, Argentina, is characterised by a unique combination of rural and touristic life and a large urban to rural migration movement. In this sense, a diversity of cultural groups and identities coexist in this community. These cultural groups are part of “culture” as a strategic arena for the understanding of the tensions that tear apart and reconcile the “being together” continuum.

This paper analyses social representations and interactions among actors from emerging and existing cultures (hippies and paisas, respectively) in this rural community, as well as the emergence of new codes and citizen ship practices.

Citizenship interactions and practices demand the review and redesign of the “current” sociocultural integration and management policies. Here is where strategic communication can and must contribute to the promotion of this community’s territorial and local development.

Keywords: Strategic communication, social representations, citizenship practices.

Sumario: 1. Introducción. 2. La agroecología en el contexto del debate sobre la integración sociocultural. 3. La cultura y el aporte de la comunicación estratégica en los planes de desarrollo rural. 4. Las Calles: una sociedad, disimiles identidades. 5.  El rol del comunicador en los planes de desarrollo rural. 6. Reflexiones finales. 7. Bibliografía. 8. Notas.                     

Summary: 1. Introduction. 2. Agroecology and the debate about sociocultural integration. 3. Culture and the contribution of strategic communication to rural development plans. 4. Las Calles: one society, disparate identities. 5. The role of communicators in rural development plans. 6. Final considerations. 7. Bibliography.
8. Notes.

Traducción realizada por la Profesora Marta Masera. Escuela de Ciencias de la Información. Facultad de Derecho y Ciencias Sociales. Universidad Nacional de Córdoba, Argentina.

1. Introducción

El propósito de este trabajo es proporcionar un panorama acerca de los nuevos repertorios y prácticas ciudadanas que surgen y se desarrollan en la localidad de Las Calles, ubicada en el Valle de Traslasierra, al oeste de la provincia de Córdoba, en Argentina. De esta manera, se plantea el análisis de las representaciones sociales e interacciones de actores de culturas emergentes (hippies) y preexistentes (paisas) en esta territorialidad rural. En el fluctuante panorama sociocultural, dichas interacciones y prácticas demandan la revisión y rediseño de “actuales” políticas de gestión e integración sociocultural.

De la mano del paradigma de la agroecología y desde el enfoque de la comunicación estratégica, se promueve un aporte en la promoción del desarrollo territorial y local. El objetivo primordial de un estudio en comunicación, desde dicha perspectiva, es la transformación, a través de la implementación de una estrategia de comunicación. “El sujeto entonces ya no se piensa como intraindividual sino como sociocultural. (…) Nada en el ser humano es un fragmento, algo escindido. Se trata de una manera de abordar nuestras investigaciones desde una perspectiva no dualista que incorpora la complejidad de los fenómenos y el fluir del mundo” (Massoni, 2005: 3-4).

Las transformaciones en la economía y en la política nacional de fines del siglo XX, en conjunto con los desarrollos tecnológicos en la agricultura, afectaron la estructura social agraria y a los sujetos que la componen, marcando una nueva etapa del capitalismo en la ruralidad (Muzlera, 2009: 5). Dicho fenómeno de transformación, acaecido en el campo argentino, se debió al abandono de políticas proteccionistas y redistributivas, privatizaciones de las empresas de servicios, y desmantelamiento de institutos públicos de apoyo al agro.

De esta manera, una conjunción de factores afectó a las franjas más vulnerables de la estructura social agraria y fragilizó a los productores medianos, obligados a adecuarse a las nuevas reglas de juego o perecer (Gras y Hernández, 2009: 13). El espacio agrícola que queda, “…se ha transformado en un espacio sin agricultores, cuyos habitantes lo cultivan a tiempo parcial en ratos de ocio y en un medio muy deteriorado, que sufre el abandono de viejas normas organizativas” (Egea-Fernández y Egea-Sánchez, 2008: 100).

Al exponer la tensión entre culturas emergentes y preexistentes se hace una revisión rápida de qué se entiende por cultura; y a través de un detallado sustento teórico, se plantea una vía alternativa para la revisión y el rediseño de “actuales” políticas de gestión e integración sociocultural: el paradigma agroecológico.

Así, la primera parte de este artículo realiza un breve recuento de los diversos enfoques utilizados para estudiar las prácticas ciudadanas en la comunidad rural; es decir, introduce el tema planteado. La segunda parte, ubica el abordaje de la problemática desde la mirada de la comunicación estratégica. La tercera, presenta un cuadro de situación de las características de la comunidad rural objeto de estudio. La cuarta, plantea el rol del comunicador en el desarrollo de estrategias para contribuir al desarrollo territorial local; y reflexiones finales. 

2. La agroecología en el contexto del debate sobre la integración sociocultural

En las últimas décadas, la globalización, en tanto proceso de inclusión/exclusión está reavivando la cuestión de las identidades culturales –étnicas, raciales, locales, regionales– y convirtiendo la cultura en espacio estratégico de comprensión de las tensiones que desgarran y recomponen el “estar juntos” (Martin-Barbero, 2009).

En este escenario, la difusión de nuevos patrones de consumo y hábitos de vida, la megapolización de los sistemas urbanos, el progreso de las comunicaciones y la creciente movilidad de la población, modifican radicalmente el patrón de organización del territorio desplazando o borrando casi por completo las fronteras entre lo rural y lo urbano (Linck, 2001: 10). Premisa fundamental para entender el desenvolvimiento de las actividades agropecuarias y el sentido que están cobrando en la actualidad las relaciones entre campo y ciudad. Surgen rupturas inesperadas y dinámicas inéditas que marcan la emergencia de nuevos actores en el ámbito rural. El contexto demuestra que es imprescindible la búsqueda de sentido en torno a lo que se (re)conoce como “nuevas ruralidades” o “interacciones rural-urbano”. La discusión desde la economía política (Engels); la historia (Lefebvre, 2004); la geografía (Santos, 1999); y la sociología (Anderson o Guigou de los años ’60), presentó la tendencia a la "extinción de lo rural" y la total "artificialización del ambiente".

En los años 90 del siglo pasado, el reconocimiento de la urbanización de lo rural dio lugar a categorías como rurbanidad, rururbanidad y nuevas ruralidades (concepto acuñado por Charles Galpin en 1918), hoy en pleno proceso de estudio y discusión. Siguiendo esa línea, los trabajos recientes de Schneider (2001), José-Graziano da-Silva y Mauro-Eduardo Del-Grossi (2001), Hugo Vela y Otros (2003), y Giarraca (2003) agregan un crecimiento de las actividades no agrícolas en el ámbito rural, fenómeno que, además de vincularse a la modernización de la agricultura, también se relaciona con alteraciones en las estructuras familiares, los perfiles de la demanda de empleo y el surgimiento de la pluriactividad como estrategia de sobrevivencia (Kenbel y Cimadevilla, 2009).

El VI Congreso de la Asociación Latinoamericana de Sociología Rural (2002) analizó la "globalización de la agricultura" y uno de los puntos a considerar fue los usos y definiciones de territorios. En este sentido, la línea de pensamiento de Frederick H. Buttel considera conveniente profundizar los estudios sobre globalización y ampliar el foco del análisis a una "economía y sociología política de los sistemas agroalimentarios". Destaca la necesidad de investigaciones que contemplen los problemas de las transformaciones agrarias en relación a la interacción global-local, los dualismos sociedad-naturaleza y homogeneización-resistencia (Salete Barbosa-Cavalcanti y Neiman, 2002). Para Buttel los conflictos originados por los cambios estructurales de la agricultura moderna pueden solucionarse por la vía de la Agroecología (Sánchez-de-Puerta, 2004:153). En la misma perspectiva se ubica Eduardo Sevilla-Guzmán, a quien la necesidad de buscar una alternativa a la agricultura convencional, lo lleva a focalizar su atención en el estudio de otras maneras históricas y contemporáneas de manejar los recursos naturales. A partir de una apuesta “pluriepistemológica” genera un campo del saber donde confluyen conocimientos locales y científicos en Ciencias Naturales, Sociales y Agroecología (Sevilla-Guzmán, 2006: 174-175).

Asimismo, alega que se puede llegar a hablar de aculturación a través del agribusiness (Sevilla-Guzmán, 2006: 154). El desarrollo del concepto de Agricultura Sustentable es una respuesta relativamente reciente a la preocupación por la degradación de los recursos naturales (…) que vincula a la agricultura con cuestiones de orden tanto económico, como social y ecológico (Altieri, 1987 en Altieri, 1995). Gómez Benito sostiene que la persistencia de la diversidad cultural –entendida como el mantenimiento de agrosistemas tradicionales y las prácticas, técnicas, saberes y lógicas productivas y de relaciones con el entorno que los mantienen– es un elemento inherente al mantenimiento de la biodiversidad y debe ser capital de la estrategia de su conservación. Las culturas tradicionales son vistas como portadoras y conservadoras de conocimiento que puede ser activado en nuevos modelos de desarrollo local (Gómez-Benito, 1994: 129-130).

3. La cultura y el aporte de la comunicación estratégica en los planes de desarrollo rural

Es característica del mundo rural –en la actualidad– asistir a situaciones de interculturalidad, configuradas por las diferencias entre culturas desarrolladas separadamente, y por las maneras desiguales en que los grupos se apropian de elementos de varias sociedades, los combinan y transforman (García-Canclini, 1994: 43). La circulación cada vez más libre y frecuente de personas, capitales y mensajes; como así también el contacto constante con distintas culturas, configura la identidad en términos de hibridación; (García-Canclini, 1994: 44) por tanto, multiétnica, políglota y migrante; constituida por elementos cruzados de varias culturas. El concepto de migración da paso a la movilidad espacial de la población, caracterizada por cambios temporales frecuentes y muchas veces múltiples (…) (Giusti y Calvelo, 1999: 22). La transformación de los espacios rurales es una causa y consecuencia de lógicas migratorias multiformes que hacen emerger nuevos perfiles de migrantes que se recomponen permanentemente (Domenach, 2007: 16). Y dichos procesos están vinculados con la constitución de otredades, que se evidencian en el interior de las sociedades y que son propensas a ser identificadas, diferenciadas y estigmatizadas (Margulis, 1997: 50).

La migración implica un salto cultural, un desarraigo irremediable, una herida en los lazos sociales, culturales y afectivos. Siempre (…) tiene un costo en las formas en que es posible insertarse en un nuevo mundo de signos, sentidos, de costumbres y valores. Nunca se adquiere la naturalidad y competencia cultural del nativo –tal es el caso de los hippies–, siempre permanece algún detalle en el uso de los códigos, en el acento, en los rasgos del cuerpo, que acusa la condición de extranjero, de intruso, de alguien cuya legitimidad es custodiada. “Y si bien la migración no agota el universo del racismo y la discriminación, es –y ha sido– uno de los principales factores de institución social de la condición de ‘otro’, de extraño, de ilegitimo” (Margulis, 1997: 50).

La mayoría de las investigaciones sobre la díada ciudad-campo (en Argentina) se centran en el papel de la globalización en las transformaciones agrarias de fin de siglo y en el análisis del abandono de los proyectos de desarrollo nacional y su reemplazo con el modelo neoliberal; la integración de los sectores productivos a los mercados internacionales; y las migraciones del campo a la ciudad. Si bien se han realizado exploraciones sobre los procesos de urbanización de lo rural y las contradicciones entre ambos escenarios, el perplejo mundo actual obliga a plantear nuevos interrogantes claves, con el propósito de comprender el significado de los fenómenos sociales en la cultura en la que se producen y en el aquí y ahora de su presente.

En este sentido, la presentación pretende dar cuenta del estudio del sentido común en el mundo rural, desde la concepción de las representaciones sociales; conocimiento que es tensionado a partir de la confluencia en un mismo territorio de distintas cosmovisiones filosóficas, entendidas como diferentes concepciones del mundo e idiosincrasias (Vasilachis-de-Gialdino, 1993: 18) del mundo de la vida. En este marco, la comunicación estratégica puede y debe realizar un aporte, tendiente a promover el desarrollo territorial y local. Para abordar este proceso, es necesario pensar al sistema en movimiento y es aquí donde la comunicación despliega su importancia estratégica. Lo básico es reconocer que el espacio social es una realidad compleja y conflictiva en la que existen numerosos actores con intereses y necesidades, a veces protagónicos y a veces complementarios que, por eso mismo, pueden articularse en torno a un problema (Massoni, 2007: 131). 

Cada uno de estos mundos interactúa permanentemente y, al hacerlo, construye la dinámica social (Massoni, 2009: 10). La comunicación es el momento relacionante de la diversidad sociocultural y por lo tanto el espacio del cambio, de la transformación. El “encuentro” es un núcleo de la mirada específicamente comunicacional y las estrategias dispositivos de comprensión/indagación que trabajan a partir de ese espacio en la constitución de un cambio social conversacional (Massoni, 2009: 5). “La interacción comunicativa permite ir formando y unificando voluntades colectivas, permite dar un objetivo común al grupo (un proyecto) y una interpretación homogénea de la realidad”. (…) La posibilidad de que el individuo encuentre su lugar y defina su yo en un orden social, al interior de un grupo, depende de su participación en ese grupo”. Por tanto, (…) la conformación de la identidad de yo colectivo se da en el movimiento (París-Pombo, 1990: 125). “La comunicación estratégica es un enfoque comunicacional centrado en el encuentro” (Massoni, 2009).

4. Las Calles: una sociedad, disimiles identidades

El Valle de Traslasierra, al oeste de la provincia de Córdoba, viene sufriendo en la última década cambios profundos en el uso de la tierra: pérdida de superficie de monte nativo por el avance de la agricultura, la minería, y la urbanización inmobiliaria para el turismo. Los sistemas productivos que habían mantenido una valiosa agrodiversidad, se transforman productiva y tecnológicamente.

En este contexto, se encuentra la comunidad de Las Calles, caracterizada por la combinación de lo rural y lo turístico. Los cambios en la organización social, demuestran un amplio movimiento de emigración de la ciudad al campo; y expresan una sociedad de grupos culturales diversos donde confluyen disímiles identidades. Todo ello, sumado al avance de formas de producción modernizadas, que incorporan lo transnacional al desarrollo regional, destradicionalizan y desarticulan los sistemas productivos campesinos históricos y las actividades de la población local.

La comuna está conformada por productores familiares –agricultores y ganaderos que producen para el autoconsumo y el mercado, en variedades de cereales, frutos, hortalizas, caprinos y  bovinos. Dos tipos de pobladores urbanos, quienes realizan producciones para el autoconsumo desde la perspectiva orgánica o ecológica, biodiversa y sustentable; y otros, constructores o empresarios de complejos turísticos, específicamente cabañas. Además, al ser una zona de gran demanda de productos orgánicos, expresada en diversas ferias y almacenes, surge un nuevo actor social: los feriantes de productos naturales y artesanía.

Dicho mapa de situación –de las relaciones de producción– deja entrever las principales aristas de la tensión presente entre una cultura emergente y otra preexistente: la díada hippies-paisas.

 “…El multiculturalismo nombra el estallido con que las comunidades culturales responden a la amenaza que lo global proyecta sobre la diversidad y las contradictorias dinámicas que moviliza…”. (…) La globalización exaspera a las identidades (Martín-Barbero, 2005: 35). En países democráticos como Argentina, se manifiesta en el trato de enemigo que los ciudadanos dan a los inmigrantes de países vecinos. Del mismo modo, en nuestra comunidad rural, los sujetos que emigran de la ciudad al campo son denostados por los pobladores locales con la expresión peyorativa “hippie”, en alusión a su condición de movimiento contracultural, y a una constelación de características presuntas.

En contrapartida, nacen los “paisas” –apocope de paisano; denominación despectiva que los sujetos emigrantes utilizan para designar a los nativos. De ascendencia criolla, con una fuerte impronta hispánica, este tipo ideal, construido por los pobladores urbanos, está asociado a una pluralidad de manifestaciones socioculturales. En este sentido, son menospreciados y ofendidos a través de su entonación típica, cantarina; en directa relación con un bajo nivel cultural. Entretanto, los asocian al engaño, el fraude y la estrategia de la trampa; motivo por el cual, los hippies alegan que se debe prestar mucha atención cuando se negocia con un paisa. Si bien su actividad productiva es fundamentalmente agrícola, en la actualidad, su economía se ha industrializado y globalizado.

Punto de ataque concreto por los recién llegados y sus fundamentos basados en la biodiversidad y la agricultura sustentable. Los nativos aducen que el  movimiento migratorio que se establece de la ciudad al campo y las formas de producción modernizadas destradicionalizan y desarticulan las prácticas productivas históricas y las actividades de su población. 

Hasta aquí se observa que las transformaciones a nivel subjetivo marcan un quiebre con la agricultura familiar. La propiedad de la tierra ya no es la base de identidad para estos nuevos actores (…). Se produce un desplazamiento del “hombre de campo” hacia otras actividades de producción. “…Ya no se trata del conocimiento agronómico del chacarero, de ese saber hacer transmitido de generación en generación, sino de un conocimiento institucionalizado, impartido por programas de posgrado en agronegocios, a los que se suman el espacio asociativo y mediático.

De esta forma, la función formadora y multiplicadora del agribusiness irá adquiriendo una fuerte legitimidad”. Además, aparece un quiebre en el horizonte de aspiración social de los agentes, surge una red de nuevos actores prestadores de servicios que en este escenario se vinculan de manera flexible, muchos de ellos expulsados de la producción (Gras y Hernández, en Muscio, 2010: 2).

A su vez, la imagen histórica de que estos pueblos “viven del campo” se habría modificado, la mayoría de los ingresos ligados a la actividad agropecuaria no provienen del trabajo en la propia explotación sino de actividades relacionadas. Son otras las actividades productivas que se reconocen como movilizadoras de la economía local (Gras y Hernández, en Muscio, 2010: 3). También se destaca la relación con la tierra, con el proceso de producción, el modo de ser rural y las tensiones en las que se ven envueltos estos sujetos dentro del nuevo modelo productivo, donde las bases de su identidad son cuestionadas. La relación con los medios de producción se flexibiliza, el trabajo familiar disminuye, las formas de cultivo cambian, los valores morales tradicionales se modifican; y en definitiva se altera el modo de ser y de estar. Finalmente, la cosmovisión filosófica en la construcción del mundo cotidiano de la cultura emergente difiere de la preexistente y determina las formas de sociabilidad en la comunidad. 

Desde la “teoría de las representaciones sociales” se responde al problema de la confrontación de ideas diversas (paisas y hippies) propias de las sociedades modernas. Las RS como formas de saber práctico vinculan el sujeto con el objeto (Jodelet, 1989: 43) en un triple sentido. Por una parte, porque emergen de las experiencias de interacción y de intercambio comunicativo en las instituciones; por otro lado, las prácticas sociales son condición de las RS, porque la exigencia de asumir nuevas situaciones o actividades lleva a la formación de las mismas; finalmente, porque son utilizadas por los individuos para actuar sobre otros miembros de la sociedad o para ajustar su comportamiento en la vida social (Castorina, 2005: 217).

Por medio de la producción de RS el grupo preexistente en Las Calles crea un referente al cual remitir lo extraño o incomprensible de los acontecimientos, y se materializan procesos de diferenciación social. Las modificaciones que introduce la globalización en dichos sistemas de significación, alteran las vivencias cotidianas y las categorías de aprehensión de toda una cosmovisión filosófica en la construcción del mundo cotidiano como objeto de conocimiento. Ante tal situación, es necesario plantear las consecuencias que dichas alteraciones implican en las prácticas ciudadanas (por ser condicionadas); entendidas éstas últimas, en términos de Pierre Bourdieu, como prácticas sociales.

Se trata de estrategias implementadas por agentes sociales –sin ser necesariamente consientes de ello–, en defensa de sus intereses, ligados a la posición que ocupan (por relación a su capital acumulado) en el campo social objeto de análisis. Ahora bien, para indagar porqué las prácticas sociales de dos agentes que ocupan iguales posiciones relativas en un campo pueden ser disímiles, se debe incluir la trayectoria de las posiciones o los habitus incorporados por los agentes que ocupan tales posiciones. Al constituirse como sistemas de disposiciones a actuar de una manera más que de otra, ligados a una definición de “lo posible” y “lo no posible”, del “es para nosotros” y “no es para nosotros”, (Bourdieu, 2007: 104) los habitus actúan como esquemas de percepción y de apreciación de las posibilidades objetivas y, de este modo, como principios de estructuración de las prácticas sociales (Gutiérrez, 2005: 101).

Un campo social determinado constituye un campo de luchas destinadas a conservar o transformar el campo de fuerzas. “Aquellos que, dentro de un estado determinado de la relación de fuerzas, monopolizan (de manera más o menos completa) el capital específico, que es el fundamento del poder o de la autoridad específica característica de un campo, se inclinan hacia estrategias de conservación –las que dentro de los campos de producción de bienes culturales, tienden a defender la ortodoxia–, mientras que los que disponen de menos capital (suelen ser también los recién llegados) se inclinan a utilizar estrategias de subversión: las de la herejía” (Bourdieu, 1976b: 137). 

Ambas maneras de abordar la realidad objeto de estudio son igualmente parciales. A través de las prácticas ciudadanas se rescatan las relaciones objetivas que condicionan la práctica (condiciones sociales, culturales, económicas y productivas), pero no se puede dar cuenta del sentido vivido de las mismas. En tanto, el modo de pensamiento subjetivista, toma en cuenta el sentido vivido de las prácticas, las percepciones y las representaciones de los agentes, sin considerar las condiciones sociales y económicas que constituyen el fundamento de sus experiencias. De esta manera, si bien ambos conceptos  están atados a marcos conceptuales diferentes y representan dos momentos del análisis sociológico, deben resolverse indefectiblemente en una relación dialéctica para obtener un conocimiento acabado de la realidad.

La temática planteada es una arista que permite entender la dinámica de las transformaciones de la estructura social agraria y mantiene en su base comprender: ¿De qué manera las representaciones sociales y las prácticas ciudadanas de los actores que emigran de la ciudad al campo inciden actualmente en el proceso de transformación e integración sociocultural de la comunidad rural? 

Es decir, desde una mirada agroecológica fundada en principios ecológicos básicos para estudiar, diseñar y manejar agroecosistemas productivos y conservadores del recurso natural, culturalmente sensibles, socialmente justos y económicamente viables. Se alienta a conocer la sabiduría y habilidades de los campesinos e identificar el potencial sin límite de re-ensamblar la biodiversidad a fin de crear sinergismos útiles que doten a los agroecosistemas con la capacidad de mantenerse o volver a un estado innato de estabilidad natural. La sustentabilidad no es posible sin preservar la diversidad cultural (Altieri, 1999: 9-10).

“… La selección y preservación del patrimonio es una actividad productiva, creadora del valor económico, simbólico –constitutivo de la memoria, la territorialidad, y la identidad nacional, además de otras identidades más específicas– y político, que remite al aspecto de la hegemonía y al de los derechos de los ciudadanos…” (Mantecón, 2005: 67).

5. El rol del comunicador en los planes de desarrollo rural

La tarea de un comunicador al reconocer la diversidad y las diferencias socioculturales es indagar e interpretar los posibles puntos de articulación de las diferencias, en torno de intereses y necesidades de grupos sociales que se reconocen a partir de matrices culturales distintas, para operar desde allí con relación a un objetivo. (…) El fin de la comunicación estratégica no es un generalizado acuerdo social (…), sino un espacio de conversación, (…) una recuperación del conflicto a partir de la retención de la parte del problema a la que cada actor puede aportar. “Es en este sentido, que la participación no es consenso, sino disenso sociocultural; y acción, no por mandato, sino porque interpela genuinamente a los actores involucrados”. El comunicador que pone en práctica la estrategia trabaja para generar y descubrir los dispositivos de participación según los intereses y necesidades de cada uno de los grupos involucrados en la problemática en cuestión (Massoni, 2009: 16).

Desde la comunicación estratégica no se trata de un mensaje a transmitir sino un problema a resolver. Su solución implica el reconocimiento de los actores sociales como protagonistas con relación a una temática y trabajando desde una matriz sociocultural, que imprime a su acción una lógica de funcionamiento.

“Con las mediaciones es posible indagar lo fluido. El momento en que el pensar se vuelve acto. El hábito como interiorización de una matriz sociocultural, se actualiza en una práctica social que ya no es sólo expresión reiterada de su gramática axiológica sino la oportunidad de su transformación a partir del nuevo contexto. La mediación captura este momento de transformación de las matrices socioculturales. Esto es, un análisis que se realiza desde los actores sociales más que desde los sujetos individuales. La forma de actuar de los grupos y sectores sociales está determinada por su coherencia interna, es decir por el modo en que se encuentran relacionados entre sí con otros grupos y sectores. La indagación de las matrices socioculturales busca conocer esa coherencia, esa lógica, y su puesta en juego en las mediaciones, no como inventario de características que se describen de una vez y para siempre, sino para indagar resonancias frente a determinados diseños de actividad. Un interpelar la heterogeneidad sociocultural en la situación de comunicación y en torno al problema de la investigación” (Massoni, 2009: 11).

6. Reflexiones finales

La elaboración de respuestas al planteamiento del problema de investigación se llevó a cabo de la siguiente manera:

La selección de unidades de observación se realizó determinando casilleros tipológicos. El universo de la investigación quedo conformado por los actores sociales de la cultura emergente (hippies) y preexistente (paisas) de la localidad de Las Calles, Córdoba. Para conocer sus opiniones, saberes, representaciones y actitudes se crearon instrumentos de recolección de datos: entrevistas exploratorias –con bajo nivel de estructuración– a informantes clave (técnicos, dirigentes, productores con amplia trayectoria familiar en la región, maestros rurales, empresarios urbanos de la industria inmobiliaria, productores urbanos orgánicos, feriantes, entre otros). Luego, se precisaron las dimensiones de análisis del estudio.

Esta delimitación, permitió diseñar la técnica de entrevista estructurada –con preguntas abiertas y cerradas– para los distintos actores; utilizando una muestra no probabilística.Dado el interés en obtener información de carácter cualitativo más que cuantitativo, la elección quedó justificada por los intereses teóricos planteados en el problema en estudio.

En la etapa exploratoria, para reconocer saberes, valores, prácticas y dispositivos rurales de estos agentes sociales –emergentes y preexistentes–, se realizaron entrevistas abiertas a sujetos heterogéneos en cuanto a edad, género y ocupación. Las entrevistas se concretaron in situ, esto es el lugar de residencia y/o trabajo de hombres y mujeres de ambas categorías, y supusieron uno o más encuentros en el contexto de los grupos familiares.

Entre las temáticas particulares, abordadas en los diálogos, se destacan algunos puntos previstos con antelación y otros emergentes en el discurso de los actores sociales entrevistados. Cada ocasión sirvió –a la vez– para realizar observaciones sin participación y registros de campo. Las relaciones de producción imperantes en la zona, dejaron planteadas las principales tensiones entre una cultura y la otra (la díada hippies-paisas).

Se ha reconocido –en el transcurso del trabajo– que Las Calles es un espacio de concertación entre grupos que perciben y actúan de maneras distintas porque funcionan desde matrices socioculturales diferentes (Massoni, 2009). La teoría de la comunicación estratégica ofreció un bagaje de herramientas conceptuales para repensar a la comunicación en clave relacional. Dicho modelo, se convirtió así, en una vía alternativa para la revisión y el rediseño de “actuales” políticas de gestión e integración sociocultural, y realizó un aporte tendiente a promover el desarrollo territorial y local. Esta posición, implicó una contribución substancial: superar la tradicional caracterización de receptores y modos de comunicación; y pensar la emergencia de actores en torno a problemáticas, buscando facilitar espacios de encuentro.

También, permitió pensar el desarrollo de las capacidades de los sujetos implicados como agentes del cambio en los territorios; reconociéndose sus diferentes realidades y respetando las identidades culturales y los conocimientos (Massoni, 2009).

En el campo de la investigación –entendido como referente empírico–  se desentrañaron  los sentidos y relaciones manifiestas; y se obtuvo información para revelar tensiones y contradicciones internas en la cultura de los sujetos sociales de la comunidad rural. Fue posible especificar la problemática teórica; reconstruir la organización y la lógica propia de estos grupos sociales; y reformular el propio modelo teórico, a partir de la lógica reconstruida de lo social.

Cabe aclarar, que la problemática expuesta, surgió en una primera aproximación al campo –Las Calles– a partir de una beca de extensión otorgada por la Universidad Nacional de Córdoba (2010) [1]. Dicho acontecer, facilitó el establecimiento del primer vínculo con los informantes clave y el resto de entrevistados. El interrogante [2] que atraviesa todo el trabajo y cristaliza el problema de investigación, echa luz a un proceso que es –de manera simultánea– cultural, económico y social; y está basado en interacciones, tensiones, formas de acción comunitaria, y cuidado del ecosistema. Todo ello, en el marco de la comunicación rural.

Rl trabajo exploratorio, permitió adecuar la metodología y aumentar la familiaridad con el caso en estudio. Para incrementar dicho acervo de conocimiento, se efectuó un estudio descriptivo de la situación que facilitó un conocimiento más profundo sobre las maneras de manifestarse del fenómeno. Este tratamiento, actuó como marco para, luego, identificar aspectos centrales del análisis de la relación campo-ciudad. Aquí, se dejan de manifiesto rasgos dominantes y emergentes de dicha relación en el Valle de Traslasierra. Una primera aproximación reveló la variedad de interrelaciones rural-urbano que atraviesan la contemporaneidad de la región.

Finalmente, se evidenció que la cosmovisión filosófica en la construcción del mundo cotidiano de la cultura emergente difiere de la preexistente, y determina las formas de sociabilidad en la comunidad. Dichas aproximaciones enfatizan, entre otros aspectos, la necesidad de una mirada renovada para entender la relación entre lo rural y lo urbano en contextos de capitalismo periférico. Y representan, al menos en parte,  la formación y actuación de sujetos heterogéneos que articulan rasgos urbanos y rurales. Las tensiones culturales se concretan en el cuestionamiento por parte de las visiones de los nativos y su revalorización de la historia y la cultura local. Es significativa la lucha simbólica de estos pobladores por la preservación de su forma de vida.

La historia también es un campo de disputa en que los diferentes grupos sociales buscan influir en la configuración del sentido histórico y defender sus referentes identitarios. Se trata, en este caso, de la búsqueda y defensa de un lugar en la historia por parte de la población de la zona; la cual es subordinada en muchas ocasiones por los pobladores urbanos. Un ejemplo: la construcción de cabañas de vacaciones –pobladores urbanos– y la sumisión de los jóvenes nativos al trabajo obrero. Una cultura es esencialmente un patrimonio colectivo, producido por el conjunto de la sociedad.

Sin embargo, el acceso de las clases sociales a ese patrimonio es diferencial, así como es diferente la contribución de los diversos grupos sociales a la construcción de esa obra colectiva a causa de la división social del trabajo y de las diferencias regionales, tradiciones históricas, etc. “… Las desigualdades en la formación y apropiación del patrimonio demandan estudiarlo no solo como cohesionador nacional, sino también como espacio de enfrentamiento y negociación social, como recurso para reproducir las identidades y diferencias sociales” (Mantecón, 2005: 68).

Asimismo, otro fenómeno, se vislumbró en la relación rural-urbana, que en Raymond Williams (2011) se traduce en una experiencia de lo emergente y lo residual. Se observó –en contraposición a la idea de una imagen del campo como vida apacible y en contacto con la naturaleza– que los sujetos que emigran de la ciudad al campo tienen la ilusoria sensación de trasladar la vida de la ciudad al campo; es decir, vivir en el campo con las comodidades –equipamiento y servicios– de la ciudad. Idea objetivada en el excesivo número de emprendimientos inmobiliarios, entre otros.

  • Este artículo surge del trabajo de un equipo interdisciplinario (agrónomos, biólogos, comunicadores y antropólogos) de agroecología de la Universidad Nacional de Córdoba (Argentina) que trabaja en el territorio de Las Calles, valle de Traslasierra, Córdoba. Fue subsidiado por la Secretaría de Extensión Universitaria de la UNC y forma parte de los antecedentes de un Programa de Investigación sobre Agroecología, radicado en la  Facultad de Ciencias Agropecuarias, subsidiado por la Secretaría de Ciencia y Tecnología  de la UNC. Actualmente sirve de marco a una beca doctoral de CONICET (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas), de Luciana Trimano. 

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8. Notas

[1] El proyecto –que se realizaba en aquel momento– consistió en la recuperación de saberes ambientales y agroecológicos, desde la práctica radial en la escuela. La inserción en la población permitió vislumbrar tensiones y diferencias culturales (en el seno de la institución escolar, por ejemplo, entre hijos de nativos y pobladores foráneos) que limitaban el potencial de desarrollo socioterritorial. Igualmente, hace dos años, trabajo –en este mismo escenario– de manera interdisciplinaria (comunicadores sociales e ingenieros agrónomos) generando aportes para la construcción de un desarrollo socioterritorial agroecológico en comunidades de Traslasierra.

[2] ¿De qué manera las representaciones sociales y las prácticas productivas de los actores que emigran de la ciudad al campo inciden actualmente en el proceso de transformación e integración sociocultural de una comunidad rural?

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TRABAJO EN BIBLIOGRAFÍAS – HOW TO CITE THIS ARTICLE IN BIBLIOGRAPHIES / REFERENCES:

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http://www.revistalatinacs.org/067/art/965_Argentina/21_Emanuelli.html
DOI: 10.4185/RLCS-2012-965

Artículo recibido el 14 de mayo de 2012. Sometido a pre-revisión el 16 de mayo. Enviado a revisores el 18 de mayo. Aceptado el 20 de noviembre de 2012. Galeradas telemáticas a disposición de las autoras el 25 de noviembre de 2012. Visto bueno de las autoras: 29 de noviembre de 2012. Publicado el 14 de diciembre de 2012.

Nota: el DOI es parte de la referencia bibliográfica y ha de ir cuando se cite este artículo.

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