Revista Latina

Reseñas de libros - 2013

El desafío de las televisiones públicas autonómicas

Televisiones autonómicas. Evolución y crisis del modelo público de proximidad.

Prólogo de Miquel de Moragas y Carmelo Garitaonaindia

Juan Carlos Miguel de Bustos y Miguel Ángel Casado del Río (Coords.)

Gedisa, Barcelona, 2012, 381 páginas

Reseña de Ramón Zallo

Las RTV autonómicas en abierto, como TV de proximidad y de servicio público para un espacio comunitario, tienen un papel inestimable en la era de la globalización y de la diversidad. Por su cercanía a la ciudadanía y su capacidad de organización de la vida social, son una herramienta frente a los riesgos de desintegración social o de los impactos de un mundo virtual sin anclajes en la cotidianidad y en la cultura propia. En el caso español hay razones añadidas. El mapa de ofertas y de audiencias está dominado por el sistema radial de RTV, protagonizado por las TVs privadas, tras haber desplazado en influencia a una RTVE gubernamentaliza-

zallo

da. Las RTV autonómicas tienen la oportunidad de situarse en el corazón del sistema comunicativo como auténticos servicios públicos avalados socialmente

La investigación “Televisiones autonómicas. Evolución y crisis del modelo público de proximidad”, coordinada por Juan Carlos Miguel y Miguel Ángel Casado (Gedisa 2012), continúa una tradición de análisis de la cultura y de la comunicación territoriales que iniciada por Michel Bassand (cultura), Pierre Musso o Isabelle Paillart (comunicación) tuvo continuidad, en los años 90, de la mano de Miquel de Moragas, Carmelo Garitaonandia, Peter Arvidson y Bernat López (eds) quienes en “Televisión de proximidad en Europa. Experiencias de descentralización en la era digital” (UAB, Servei de Publicacions 1999) analizaron estructuras, programación y gestión de las TVs regionales de la UE de los doce.

Solo que a diferencia de aquella investigación presentada en el Parlamento Europeo lo que se estudia aquí es el conjunto de TVs autonómicas de España desde una visión caleidoscópica de todas ellas. En lugar de un análisis por casos se ha preferido, con buen criterio, una misma mirada sobre todas ellas y que alumbre lo que tienen en común y de distinto en los diferentes planos analizados: modelo de programación, regulación a partir de la Ley General de la Comunicación Audiovisual de 2010, estructuras de gestión, modelos de financiación, producción audiovisual, niveles de externalización, implantación de la TDT, impactos de las nuevas tecnologías en el Servicio Público, relación con las redes sociales y el rol de la FORTA. En algunos capítulos (estructura institucional, producción audiovisual, redes, externalización..) se hace además un análisis por cadenas.

Como se advierte casi nada queda fuera de este esfuerzo de 22 investigadores de universidades diferentes y cuya coordinación era un reto complejo en orden a evitar solapamientos, reiteraciones e incoherencias y fijar una secuencia temática con conclusiones en cada capítulo. Un reto superado con holgura. Se trata de la obra más exhaustiva que se haya hecho sobre la TV autonómica en el Estado Español.

También ha ayudado a esa unidad de análisis el primer capítulo en el que J. A. Guimerá y J. J. Blasco dan cuenta de las tres oleadas de nacimientos de RTVs autonómicas. Permite entender las diferencias entre ellas y sus reajustes actuales. Si entre 1982-1985 nacen EITB, la Corporació Catalana y TVG todas ellas comunidades con lengua diferenciada; entre 1986-1998 surgen las RTVs de Andalucía, Madrid y la Comunidad Valenciana así como los segundos canales de las primeras. Y en la etapa final (1999-2012) surge el resto siguiendo la estela externalizadora de la RTV Canaria. Las excepciones de comunidades sin operadores públicos son La Rioja, Cantabria, Navarra y Castilla-León.

Quizás quepa anticipar que en 2012 ya se ha abierto una cuarta etapa de reconversión de todo el sistema público y en especial el autonómico. En la práctica se apunta en esa dirección en el capítulo mencionado (pg 50 y ss). Por un lado, el efecto buscado por los cambios regulatorios posteriores a la LGCAV y con cargo al Gobierno Rajoy –Ley 6/2012 de Flexibilización de la Gestión de las TVs autonómicas y el Decreto-Ley 15/2012 de modificación del régimen de administración de la Corporación RTVE– tal y como lo explica F. Campos (pg 166) suponen una carga de profundidad contra todo el sistema público (regubernamentalización de RTVE, la reducción de canales incluidos los internacionales, la privatización de operadores y la confirmación formal de una externalización de informativos que ya se producía en varias TVs autonómicas, tal y como lo apuntan I. Sarabia, J. Sánchez y A. P. Cano (Pg 196). Y que beneficia no al audiovisual local –salvo en Asturias– sino a grupos audiovisuales centralizados como Vértice 360, Secuoya, Media Pro, Plural Enterntainment o Telefónica Servicios Audiovisuales. Por otro lado, la crisis de los gastos públicos para rubros distintos al reflotamiento de la Banca privada, aparece como factor formalmente legitimante de esas opciones privatizadoras de las TVs.

El sistema sale caro se dirá, pero vistas las cifras soportan bien una comparativa europea sobre el sistema público incluyendo a RTVE (menos de la mitad de Alemania, un 25% menos que Francia, por debajo de la media europea y similar a Italia, ver pg 148 del capítulo de Campos). Sale más cara la proliferación de canales privados –sobre todo distribuidores de producción ajena, recaudadores publicitarios y sin plantillas– tras la inflación de operadores privados de ámbito estatal que por voluntad política, especialmente del Gobierno Aznar primero y de Rodríguez Zapatero después, inundó de licencias para amigos, multiplicadas por 4 en ocasión de la implantación de la TDT. Ello ha fagocitado el espacio televisivo. Ha dejado sin agua la piscina de las TVs locales –en el País Vasco solo 15 de las 59 concedidas son operativas con programaciones diferenciadas– y de las TVs autonómicas que también nacieron al calor de la reserva de dos multiplex por comunidad. La abundancia de canales de ámbito estatal –ineficientemente organizadas en un duopolio– ha hecho desaparecer cualquier atisbo de TVs autonómicas privadas en las comunidades donde ya las había públicas.

A este respecto, siguiendo la estela del informe Deloitte encargado por UTECA en el texto de R. Reig, D. Ramos y M. J. Barriga (pgs.236 y 247) y sobre la apuesta del PP de “un solo canal público de cobertura nacional para las TVs autonómicas” se responde con un ambiguo “sea como fuere sí que es cierto que las TVs autonómicas requieren de una reestructuración profunda que va desde las propias infraestructuras hasta el personal”. Con ello no se encuadra la problemática del sistema público de RTV autonómica en un contexto del sistema audiovisual en su conjunto; y se sitúan en el mismo plano RTVs que dilapidaron recursos (RTVV) o nunca tuvieron mínimos democráticos (RTVM) o abusaron de la externalización (algunas de la última oleada) de otras RTVs autonómicas que con aciertos y errores tuvieron claras sus misiones. También resulta discutible si, en el escenario on line, el sistema público solo tiene una función supletoria respecto al privado, tal y como sugieren A. Azurmendi, J. L. Manfredi y N. López (pg. 115).

Quizás al libro le falte un capítulo final de conclusiones o un epílogo que hubiera permitido una discusión para acordar unas tesis comunes y unas propuestas de futuro con todos los matices oportunos. Ello no evita que haya opiniones particulares en los distintos capítulos como cuando M. Roel caracteriza, de forma discutible, de Neotelevisión la época de implantación de las privadas en los 90 en Europa, o cuando F. Campos sugiere que el canon hubiera sido una buena salida añadida para la financiación autonómica o apunta, oportunamente, las tres alternativas que tiene la Forta de cara al futuro (continuidad, incluyendo o no las privatizadas; una Forta a dos velocidades; o la alianza con RTVE de toda la televisión pública).

El ángulo debería ser cómo ayudar a todas las TVs autonómicas a cumplir las misiones que se den aunque previamente se tendrán que preguntar cada comunidad cuántos canales necesita para ello y con relación a las demandas ciudadanas. Las mayores apuestas por el autogobierno, apoyadas por movimientos culturales de masas, son bases para una mayor profundización y diversidad del Servicio Público que aliente además la calidad democrática comunitaria. El “café para todos” es artificioso y absurdo porque las necesidades de cada comunidad y los proyectos internos con arrope mayoritario ciudadano son también diferentes.

En todo caso hay varios factores que dibujan un mapa muy peligroso para la televisión pública de proximidad.

En primer lugar la forma en que se ha ido implantando la digitalización general con la competencia de otras formas comunicativas (internet, plataformas…) con los consiguientes cambios en el modelo de consumo autogestionado televisivo (TV-ordenador- móvil- internet) reducen la fidelidad y cuotas por canal de TV y obliga a darle prioridad a ese engarce con los usuarios de Internet y en especial con los jóvenes. Las nuevas tecnologías y el engarce en las redes sociales pueden ser poderosos aliados (Ver los capítulos de J.C. Miguel, F. Galindo y M.A. Casado y de E. Ferreras). En segundo lugar, la apuesta política de Estado en beneficio de un sistema audiovisual centralizado, privado, excesivo, fragmentado y de duopolio, reduce el espacio autonómico y lo sitúa a la defensiva, por lo que el planeamiento estratégico interno y la cooperación externa (C. Mateos, S. Ruano y A. Ardèvol estudian el FORTA) aparecen como herramientas imprescindibles definidas en sede parlamentaria tras un debate social. En tercer lugar la crisis económica ha afectado al mercado publicitario y a la voluntad política que se expresa en los presupuestos públicos dedicados a la RTV pública. En especial en las comunidades con problemáticas lingüísticas y/o de mayor identidad política refrendada por su ciudadanía se requiere un debate de prioridades que esclarezca el sistema comunicativo que se desea. En cuarto lugar, las estrategias de institucionalización y gestión marcan muchas diferencias entre unos y otros operadores autonómicos aunque es bastante general el retraso en la adaptación a los cambios.

Para situarse en la centralidad comunicativa habrían de afrontar todas ellas varios desafíos, en mi opinión:

1. La democratización institucional, en la que abundan con un balance crítico I. Fernández Alonso y A. Fernández Viso. Se requiere una arquitectura que combine el modelo profesionalista y de elección parlamentaria de los Consejos de Administración y de la Dirección general, la normalización de los Contratos programas, los Consejos Profesionales de informativos y la implantación de Consejos de la Comunicación Audiovisual en cada comunidad como garantes del pluralismo y las obligaciones del conjunto del sistema audiovisual autonómico, incluidas las RTV locales.

2. Redefinición de las misiones del SP y de los modelos de programación ad hoc a cada comunidad, dados los cambios en el orden tecnosocial de las comunicaciones y que implican una distinta relación con los usuarios. En programación hay que resaltar la importancia de los informativos, de los programas divulgativos y culturales pero también de la programación de calidad de alta audiencia, a poder ser con base en la producción propia interna y externa (temática analizada por M.A. Casado).

3. Revisar el sistema de canales, cuando haya más de uno, y las funciones de cada uno para favorecer una programación con identidad y que llegue al conjunto de la población y a segmentos específicos.

4. Garantizar una financiación suficiente y estable. Resulta difícil en estos tiempos de crisis de larga duración, pero se revela como condición necesaria para poder cumplir con los objetivos de servicio público.