RLCS, Revista Latina de Comunicacion Social
Revista Latina

Digital Object Identifier System - Identificador de Objetos Digitales 10.4185/RLCS-2014-1020 | ISSN 1138-5820 | RLCS # 69 | 2014 | Version in English language | Explicación audiovisual del autor |

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B Catalina García, MC López de Ayala López, A García Jiménez (2014): “Los riesgos de los adolescentes en Internet: los menores como actores y víctimas de los peligros de Internet”. Revista Latina de Comunicación Social, 69, pp. 462 a 485.
http://www.revistalatinacs.org/069/paper/1020_UR/23es.html
DOI: 10.4185/RLCS-2014-1020

Los riesgos de los adolescentes en Internet: los menores como actores y víctimas de los peligros de Internet

The risks faced by adolescents on the Internet: minors
as actors and victims of the dangers of the Internet

B Catalina García [CV] [orORCID] [gsGS] Profesora Visitante del Departamento de Ciencias de la Comunicación I – Universidad Rey Juan Carlos, URJC, España – beatriz.catalina@urjc.es

MC López de Ayala López [CV] [orORCID] [gsGS] Profesora Titular del Departamento de Ciencias de la Comunicación I – Universidad Rey Juan Carlos, URJC, España –mariacruz.lopezdeayala@urjc.es

A García Jiménez [CV] [orORCID] [gsGS] Profesor Titular del Departamento de Ciencias de la Comunicación I - Universidad Rey Juan Carlos, URJC, España – antonio.garcia@urjc.es

Abstracts

[ES] Introducción: El uso intensivo de los adolescentes de Internet eleva la preocupación por los riesgos online. Metodología: Elaboración de un diagnóstico de riesgos a los que están sometidos los adolescentes españoles en Internet, atendiendo a la influencia de las variables de edad, sexo y titularidad del centro al que asisten. Sobre una encuesta nacional representativa realizada a 2.077 adolescentes, se analizan los riesgos en el ciberespacio: contenidos inapropiados, contacto con desconocidos y privacidad, ciberacoso, uso problemático/dependencia de Internet y, finalmente, se abordan las prácticas de seguridad adoptadas. Resultados y conclusiones: La elevada confianza que manifiestan los jóvenes coexiste con una alta exposición involuntaria a contenidos inapropiados online (pornografía, violencia, promoción del alcohol y drogas o patologías alimentarias), junto a la normalización de diversas fórmulas de ciberacoso y un porcentaje significativo de adolescentes que dedican un tiempo excesivo a navegar o que se manifiestan dependientes de determinados servicios de Internet.

[EN] Introduction. The intensive use of the Internet among adolescents has increased concerns about the risks they face in the cyberspace. The objective of this study is to diagnose the risks faced by Spanish teenagers on the Internet, and to determine the influence of such variables as age, sex, and ownership of the school attended by minors. Method. The study is based on a representative national survey applied to 2,077 adolescents. The survey explores the risks faced by minors on the cyberspace: inappropriate content, contact with strangers, loss of privacy, cyberbullying, problematic Internet use or Internet addiction, and the safety practices adopted by adolescents. Results and conclusions. Young people’s high confidence coexists with a high involuntary exposure to inappropriate online content (pornography, violence, promotion of alcohol and drugs consumption, and eating disorders), along with the normalisation of various forms of cyberbullying. The results confirm that there is a significant percentage of teenagers that admit spending excessive time on the Internet and being addicted to certain Internet services.

Keywords
[ES] Riesgos; Internet; redes sociales; adolescentes.
[EN] Risks; Internet; social media; adolescents.

Contents
[ES] 1. Introducción. 2. Estado de la cuestión. 3. Objetivos. 4. Metodología. 5. Resultados. 5.1. Acceso a contenidos inadecuados. 5.2. Contacto con desconocidos y privacidad en Internet. 5.3. Percepción del riesgo personal y en su entorno del ciberbullying y acoso. 5.4. Uso problemático de Internet/percepción de dependencia de Internet. 5.5. Conocimiento y prácticas de seguridad en la Red. 6. Conclusiones y discusión.  7. Notas. 8. Referencias bibliográficas.
[EN] 1. Introduction. 2. State of the art review. 3. Objectives. 4. Method. 5. Results. 5.1. Access to inappropriate content. 5.2. Contact with strangers and privacy on the Internet. 5.3. Perception of personal risk, cyberbullying and harassment. 5.4. Problematic Internet use/Perception of Internet dependence. 5.5. Knowledge and practices of Internet security. 6. Conclusions and discussion. 7. Notes. 8. List of references. 

Traducción de CA Martínez Arcos, Ph.D. (Universidad Autónoma de Tamaulipas)

Investigación ] [ financiada ] 

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1. Introducción

Los adolescentes se han incorporado a Internet a un importante ritmo que los sitúa en el segundo lugar en cuanto a usuarios de la Red, después de los jóvenes de dieciséis a veinticuatro años. En la actualidad, el 91.2% de los menores de diez a quince años acceden habitualmente a Internet, elevándose este porcentaje con la edad hasta alcanzar el 96.5% a los quince años (INE, 2012). Este grupo etario también conforma el colectivo principal de uso diario de las redes sociales en España, con un 85.9% que navegaron con mucha frecuencia o en ocasiones a las redes sociales en 2011 (García, López de Ayala y Catalina, 2012).

Además de por su uso extensivo de Internet, los adolescentes han sido etiquetados como “grupo de riesgo” en la medida que son considerados como el grupo de edad más vulnerable de desarrollar comportamientos conflictivos en torno a la Red o de verse afectados por ellos en base a la conceptualización común que se hace de los mismos como seres inmaduros, inestables emocionalmente e irresponsables.

En esta etapa de transición hacia la edad adulta, Internet se ha convertido para los menores en un espacio en el que explorar su propia identidad y sexualidad, experimentar con nuevas emociones y relaciones sociales y mejorar su autoconocimiento, lo que a menudo conlleva la exposición a situaciones que son consideradas amenazantes y peligrosas para su seguridad física y mental o el desarrollo de comportamientos que pueden ser valorados como problemáticos, en tanto que implican la trasgresión de ciertas normas y conceptos socialmente aceptados entre los adultos.

Desde esta perspectiva, y siguiendo a Del Río, Sádaba y Bringué (2010), es posible diferenciar entre los riesgos pasivos a los que se ven sometidos los menores por el hecho de navegar en un espacio al que a menudo acceden sin supervisión adulta y riesgos activos que harían referencia a la asunción voluntaria de comportamientos conflictivos que pueden resultar nocivos para ellos mismos o para otros.
 
Entre los riesgos pasivos que amenazan a los menores se sitúa el acceso involuntario a ciertos contenidos no adecuados para su edad que circulan en la Red y situaciones en las que los menores se convierten en objetivo de comportamientos malintencionados de terceras personas. En este apartado se incluyen: la recepción no deseada de peticiones de contacto por parte de otros pares o adultos –lo que intrínsecamente no resultaría negativo pero que a ojos de los adultos podrían llegar a serlo–; la recepción de contenidos potencialmente nocivos como pornografía, violencia y situaciones humillantes hacia otros o hacia uno mismo y páginas que ensalzan comportamientos socialmente desviados como el racismo y la xenofobia, el consumo de drogas o de conductas alimentarias disfuncionales como la anorexia o la bulimia; finalmente, los menores pueden ser objeto de ciberbullying y otras formas de acoso en la Red como el acoso sexual.

En cuanto a los riesgos activos, serían similares a los anteriores pero se asocian a comportamientos problemáticos en los que incurren los menores de forma voluntaria. Entre los riesgos activos se incluirían: el acceso a contenidos inadecuados como información sobre drogas, pornografía o apuestas y casinos online y comportamientos delictivos como bajarse archivos de música o películas; las peticiones de contacto a otros menores, lo que a menudo también es considerado socialmente como una conducta de riesgo; el acoso en la Red, incluyendo el acoso sexual; por último, poner a disposición de terceros información o imágenes privadas que pueden ser mal utilizadas y generar comportamientos en terceros que les sitúen en situaciones que pongan en riesgo su integridad física o mental.

la inmadurez de los menores se entiende también como incapacidad para manejar la autorregulación necesaria que les permita controlar el tiempo que pasan en la Red sin que su salud física, mental o su vida cotidiana y social se vean perjudicadas. Este punto nos dirige hacia la dependencia adolescente de Internet o de diferentes aplicaciones y servicios que se ofrecen a través de la Red y conecta con los usos problemáticos y adictivos de la Red.

2. Estado de la cuestión

La producción internacional sobre el tema ha sido extensa. Una línea de trabajo se centra en el acceso, en diferentes niveles y grados, a contenidos pornográficos, de ideología racista o a contenidos violentos (Livingstone y Haddon, 2008; Ringrose, 2012 y Shek and Ma, 2012). Si bien, hay estadísticas que demuestran que no alcanza a un porcentaje muy elevado de la población adolescente (Garmendia et al, 2011), se trata de una cuestión vital, no solo en términos comunicológicos, sino también educativos, psicológicos y sociales. No obstante, los padres manifiestan menos preocupación por este tema que por los contenidos que sus hijos puedan ver en la televisión (Gavelas y Marta, 2008).

Otra línea de investigación es la relacionada con el escaso conocimiento por parte de los menores sobre la legalidad o no de determinadas conductas y sus potenciales consecuencias como la descarga ilegal de juegos, contenidos musicales o cinematográficos (Mc Cabe, 2000; Livingstone y Helsper, 2007; Livingstone y Haddon, 2008). A su vez, es permanente el énfasis en la necesidad de proteger jurídicamente a los menores de los contenidos ilícitos y inapropiados para su edad (Reid, 2005).

También han sido tratadas por los expertos dos cuestiones que están relacionadas entre sí y con el contacto con desconocidos aunque, como recuerdan Cáceres, Brändle y Ruiz (2013) conviene aclarar los criterios por los que los menores diferencian entre conocidos y extraños. Por un lado, la publicación de datos personales en el ciberespacio y en las redes sociales, en particular. Así, contando con diferencias de género, en el trabajo de Espinar y González (2009) se hace referencia a que un 88.1% de los menores publica datos personales reales en sus perfiles. En otros estudios (Aranda y otros, 2009) se detalla los tipos de datos: el género, la edad, una fotografía personal, así como el nombre y apellidos son los más habituales. Asimismo Livingstone y Helsper (2008) observaron que los chicos se exponen más a todos los riesgos excepto los relacionados con la privacidad.

Una cuestión trascendental abordada por la literatura es la amplia gama de acciones vinculadas al ciberbullying (Hasebrink, Olafsson y Stetka, 2010; Livingstone y Helsper, 2010; Ybarra y Korchmaros, 2011). Así, Valkenburg y Peter (2009), entre otros, detectan el aumento del uso de las redes por los adolescentes, acompañado en ocasiones de otras prácticas, como hostigamiento, amenazas, acoso o ansiedad (Lee y Stapinski, 2012), todo ello favorecido por el anonimato que Internet ofrece.

Otro elemento que abordamos, y posiblemente el más analizado, es el que se refiere a la adicción. En este caso, lo primero que sorprende es la profusión de términos relacionados: uso problemático de Internet, (Shapira et al, 2003; Liu et al, 2012), uso abusivo, uso compulsivo, uso patológico (Davis, 2001), dependencia de Internet (Scherer, 1997), uso deficiente (Tokunaga y Rains, 2010) o, simplemente, adicción a Internet o ciberadicción, entre otros. Esta profusión terminológica demuestra la dificultad para alcanzar un consenso sobre su significado y diagnóstico (Carbonell et al, 2012; Acier y Kern, 2011; Douglas et al., 2008; Castellana et al, 2007).

Griffiths (2005) señala la importancia de seis aspectos claves en toda adicción y que justifica su estudio en el caso de Internet: a) Relevancia de la actividad adictiva; b) Alteración del estado de ánimo; c) Tolerancia; d) Síntomas de abstinencia; d) Conflicto interpersonal o con otras actividades; y d) Recaída. En la literatura resulta común que el diagnóstico de uso adictivo o dependiente se realice sobre los siguientes cuatro factores: un uso excesivo de Internet o pérdida de sentido del tiempo; indicaciones de malestar, tensión o depresión cuando no es posible acceder a la Red; tolerancia y consecuencias negativas tales como aislamiento social (Weinstein & Lejoyeux, 2010, citado en Bergmark et al, 2011).

No obstante, el tema no está exento de polémica y numerosos trabajos analizan el tiempo abusivo como uso problemático (Douglas et al, 2008, Wan & Chiou, 2006), en tanto que Labrador y Villadongos (2010) sugieren que la percepción de malestar por ausencia de uso podría asimilarse a los síntomas de abstinencia asociados a un problema de adicción.

Se trata de un objeto de estudio con muchas facetas. De hecho, se ha discutido profusamente si el término ha sido sobredimensionado y exagerado en los medios (Beranuy et al., 2009). Al mismo tiempo, es evidente en la literatura sobre el particular la preocupación ante temas como el porcentaje de adolescentes que tiene la sensación de un uso no controlado (Garmendia et al., 2011), la influencia de un uso excesivo en la vida cotidiana de los adolescentes (Yang y Tung; 2007), el tiempo de exposición a Internet como factor predictivo de uso problemático o adictivo (Lee & Stapinski, 2012) o la relación entre el uso de Internet y trastornos psiquiátricos como depresión, autoestima, angustia emocional, ansiedad y alteraciones del sueño (Black, Belsare y Schlosser, 1999; Armstrong et al., 2000; Viñas et al., 2002; De Gracia et al., 2002; Whang, Lee y Chang, 2003; Niemz, Griffiths y Banyard, 2005; Jenaro et al., 2007; Caplan, 2007; Douglas et al., 2008; Lee y Stapinski, 2012).

También en España, la comunidad científica ha mostrado un notable interés por estudiar los riesgos que acompañan el creciente uso infantil de Internet y los peligros que atenazan a los menores relativos a la Web y las nuevas herramientas de comunicación online [1]. Trabajos como los de Aranda et al. (2009), Bringué y Sádaba (2011), Garmendia et al. (2011) y Sánchez y Fernández (2010) se encuentran en la línea aquí marcada.

Por último, estudios previos han señalado la edad y el género como dos variables que influyen de forma decisiva en los riesgos que los menores afrontan en la Red (Valkenburg y Soeters, 2001; Fleming, Greentree, Cocotti-Muller, Elias y Morrison, 2006; Livingstone y Helsper, 2008; Mesh, 2009; Livingstone y Helsper, 2010; Vandoninck, D'Haenens, De Cock y Donoso, 2012; Van den Heuvel, Van den Eijnden, Van Rooij, Van de Mheen, 2012; entre otros). Vandoninck et al. (2012) encontraron que los adolescentes que viven en hogares de menores ingresos se enfrentan a más riesgos, sin embargo, la incidencia del estatus socioeconómico sobre los riesgos online de los menores ha sido escasamente analizada.

3. Objetivos

El artículo tiene como principal objetivo describir los riesgos a los que se enfrentan los adolescentes (12 a 17 años) en Internet y en las redes sociales dentro del contexto español, aspecto que requiere de una continua actualización en paralelo a la imprescindible revisión periódica de los usos online.
 
El tema de los riesgos se aborda desde diferentes perspectivas, conforme a la literatura sobre el particular, abarcando, en primer lugar, la exposición a contenidos inapropiados (pornografía, páginas de videntes, casino, promoción de botellón o del consumo de drogas, racismo e intolerancia) y tanto desde una perspectiva pasiva –recepción involuntaria–, como activa –búsqueda voluntaria–. Una novedad con respecto a otros estudios se refiere a la introducción de publicidad con contenidos no adecuados que reciben los menores a través de las redes sociales. En segundo lugar, se examina el desarrollo de ciertos comportamientos de riesgo vinculados al contacto con desconocidos y a la exposición de la identidad en la Red.

A continuación, se analizan las prácticas detectadas de acoso (ciberbullying), en el contexto de la percepción de riesgo personal que tienen los adolescentes españoles. Este trabajo se ha visto completado con datos vinculados a la dependencia de Internet, y de las actitudes y prácticas de afrontamiento de la seguridad en el ciberespacio.

En el trabajo se han estudiado también dos dimensiones: la autopercepción de las situaciones de riesgo a la que se han visto expuestos los menores y la heteropercepción o percepción adolescente sobre las situaciones de riesgo que se producen en el entorno del grupo de pares. Todos estos aspectos han sido abordados teniendo en cuenta la influencia del grupo de edad, el sexo y la titularidad del centro al que asisten como variables que potencialmente pueden incidir en la percepción, exposición y generación de conductas que involucran diferentes tipos de riesgo.

En cuanto a la diferencias por edades, y de acuerdo con la división contemplada por Organización Mundial de la Salud, se ha dividido la muestra en dos grupos etarios: aquel que abarca de los doce a los catorce años (adolescencia temprana) y otro que recogería la etapa de los quince a los diecisiete años (adolescencia tardía). Siguiendo Oliva (2007), los primeros años de la adolescencia son una etapa de gran vulnerabilidad debido a la inmadurez de los mecanismos autorregulatorios; por el contrario, “a partir de los 15 o 16 años las capacidades cognitivas de los adolescentes se diferencian muy poco de las de los adultos, y en situaciones de calma y baja activación socio-emocional sus decisiones suelen ser tan sensatas y racionales como las de personas de más edad” (Oliva, 2007: 250); por lo que se espera encontrar diferencias entre estos dos grupos de edad en la forma de afrontar los riesgos, tanto activa como pasivamente.

Finalmente, y en lo que se refiere a la naturaleza del centro, debemos indicar que se trata de una variable con la que se pretende, en la medida de lo posible, suplir la noción de estatus socioeconómico [2]. Nos hemos apoyado para ello en los hallazgos de Calero y Bonal (1999) quienes, a partir de la explotación de la Encuesta de Presupuestos familiares de 1991, encontraron que existe una clara relación entre el nivel de renta familiar y la participación en la enseñanza privada [3] (citado en Bonal, 2002). Sobre esta base, se diferenció entre centros públicos y centros privados, incluyendo en esta última categoría centros concertados y no concertados.

4. Metodología

El universo de estudio estaba compuesto por los adolescentes (12 a 17 años) escolarizados en Educación Secundaria Obligatoria (1º-4º de ESO) y Bachillerato del Estado español –a excepción de Ceuta, Melilla y las Islas Baleares y Canarias–, a lo largo del curso académico 2011/2012.
 
La información fue recogida a partir de un cuestionario auto-administrado en el aula que se aplicó entre los meses de septiembre y noviembre de 2011. El cuestionario constaba de cincuenta y cuatro preguntas y el tiempo medio exigido para su cumplimentación oscilaba entre veinte y treinta minutos. Con el objetivo de preservar los derechos de los menores, el cuestionario ha sido supervisado, revisado y aprobado por la Oficina del Defensor del Menor de la Comunidad de Madrid.

Los datos para la elaboración del marco muestral y la selección de la muestra fueron extraídos de las estadísticas publicadas por el Ministerio de Educación (alumnado) y de las recopiladas de cada una de las páginas web de las Comunidades Autónomas analizadas (centros educativos). En total, el universo de estudio estaría conformado por 2.227.191 alumnos de ESO y Bachillerato de un total de 6.053 centros públicos, privados y privados-concertados de Educación Secundaria y Bachillerato.

El diseño de la muestra siguió un muestreo polietápico estratificado por conglomerados. En una primera etapa se realizó un muestreo de conglomerados estratificado por Comunidades Autónomas, niveles de enseñanza y tipología de centro educativo (titularidad pública o privada). En total se seleccionaron de forma aleatoria cien centros educativos.

En una segunda etapa, se efectuó un muestreo estratificado de alumnos por Comunidad Autónoma, nivel de enseñanza y titularidad del centro al que asiste. Para garantizar la representatividad de la muestra por género, edad, nivel de estudios y titularidad del centro, se seleccionaron 2.077 encuestas de los más de 5.000 cuestionarios recogidos, siguiendo las cuotas marcadas para estas variables. Un requisito imprescindible para que los alumnos pudieran participar en la encuesta era presentar un permiso paterno, lo que derivó en una muy leve desviación de la muestra final obtenida con respecto a la muestra teórica diseñada, por lo que se establecieron unos índices de elevación con el propósito de ajustarlas.

Los centros educativos seleccionados fueron contactados telefónicamente para solicitar su colaboración. Una vez ratificada su participación, se les facilitaba: una carta informativa dirigida a los padres con los objetivos, contenidos del estudio y protección de datos; un modelo de consentimiento informado de los padres o tutores sobre la participación de sus hijos en la investigación y un informe de participación donde se detallaba al centro su intervención.

El centro trasladaba a los alumnos el consentimiento informado y estos remitían de vuelta la autorización firmada por sus padres como requisito previo para su participación en la encuesta. Igualmente, antes de cumplimentar el cuestionario, se informaba a los alumnos sobre los objetivos del estudio, la relevancia de su participación y sinceridad y la necesaria confidencialidad de los datos.

Los datos resultantes de la encuesta han sido analizados con el programa estadístico SPSS y el nivel de validez estadística que nos indica si las diferencias detectadas se deben o no al azar se ha establecido para χ2 < 0.05.

5. Resultados

5.1. Acceso a contenidos inadecuados

La primera de las preocupaciones tratadas tiene que ver con el acceso a contenidos inadecuados, analizando en primer lugar los contenidos a los que los menores acceden de forma voluntaria. A este respecto, cabe destacar que el 21.7% de adolescentes busca activamente páginas con un contenido sexual explícito, un 5.7% lo hace con mucha frecuencia y el resto, en ocasiones o rara vez. Varón de entre 15 y 17 años constituye el perfil tipo de los menores que acceden a este tipo de contenidos.

El 11.7% de los adolescentes accede a páginas de apuestas o casinos, siendo más habitual entre los chicos que entre las chicas. Mientras que el porcentaje de jóvenes que utilizan Internet para buscar información sobre drogas resulta muy bajo: un 3% de los entrevistados dice hacerlo con mucha frecuencia o en ocasiones y otro 3.7% reconoce que lo hace rara vez. Son hombres los que más visualizan estos contenidos de forma voluntaria y también lo hacen los de mayor edad.

En cuanto a comportamientos problemáticos como la descarga de archivos de música y películas, que en la mayor parte de los casos implica la vulneración de la ley de propiedad intelectual, el 37.1% lo hace con mucha frecuencia y el 33.9% en ocasiones. De nuevo, los adolescentes de mayor edad son los que registran cifras superiores.

Es resaltable que el acceso a contenidos no adecuados aumenta ostensiblemente cuando los menores lo hacen de forma involuntaria. En este contexto, destaca el 48.5% de los entrevistados que, de forma no intencionada, han entrado en páginas con contenidos de gran intensidad sexual. El 28.1% menciona haber recibido páginas que promueven el botellón o el consumo de drogas, el 24.4% contenidos violentos, el 23.8% contenidos que ensalzan la anorexia o bulimia y el 22% páginas que promueven el racismo y la intolerancia religiosa. Por último, un 11.9% de los adolescentes accedan sin querer a páginas sobre apología del suicidio o daño autoinfligido.

Resulta de particular interés que, teniendo en cuenta el género, el único contenido que visitan más frecuentemente las adolescentes es el referente a la apología de la anorexia y la bulimia, teniendo en cuenta que se trata de un trastorno que, aunque en los últimos años se ha equilibrado, ha afectado tradicionalmente más al género femenino que al masculino.

Si tomamos la variable de edad, son los de mayor edad los que se encuentran en mayor medida con páginas que defienden o promueven el consumo de drogas, el racismo o la intolerancia hacia otros grupos.

Las redes sociales se han convertido en las plataformas más eficaces para la promoción de productos y servicios, con una clara relevancia de la publicidad sobre bares y discotecas (49.1%), seguido por páginas de belleza y moda (37.7%). Pero quizás lo más destacable de la publicidad nociva que dicen recibir los menores se refiere al hecho de que un 30.5% señala el contacto con concursos con premios económicos, el 24.8% con horóscopos y videntes, el 18.6% con apuestas y casinos, el 15.1% con páginas de sexo, y el 14.9% con bebidas alcohólicas.

Por edades, los menores de 15 a 17 años reconocen que encuentran una mayor cantidad de publicidad de este tipo; y en cuestión de género, los varones reciben más impactos publicitarios sobre páginas con contenido sexual explícito, concursos con premios económicos, bebidas alcohólicas y apuestas y casinos. Las mujeres, sin embargo, acceden a publicidad sobre servicios de horóscopo en una proporción mucho mayor que los varones. Por último, aunque las diferencias por naturaleza del centro al que asisten resultan significativas para todas las categorías analizadas, éstas apenas resultan relevantes a excepción de la recepción de publicidad de horóscopos y los sitios de sexo entre los que cursan sus estudios en centros públicos.

5.2. Contacto con desconocidos y privacidad en Internet

Otro aspecto que hemos analizado se refiere a comportamientos de riesgo realizados por los menores que podrían comprometer su seguridad y privacidad online. En lo que respecta al primer punto, el 20.9% de los adolescentes utiliza Internet, con frecuencia o en ocasiones, con el objetivo de “ligar” y el 20.5% para buscar nuevos amigos. Sin embargo, cuando se les pide que especifiquen con qué tipos de personas hablan a través de los diferentes servicios y aplicaciones, sólo el 7.6% dice hablar con desconocidos de su misma edad y el 3.8% con desconocidos de diferentes edades.

Teniendo en cuenta las diferencias relativas al género, los hombres muestran una mayor temeridad y se erigen en la primera posición en todas las opciones que pueden entrañar un mayor riesgo: “ligar”, buscar nuevos amigos, hablar con desconocidos de su misma o distinta edad o abrir su perfil en las redes sociales a todo el mundo. Aunque, en conjunto, son pocos los adolescentes que no toman precauciones a este respecto: el 12.2% deja acceso libre a algunos desconocidos a veces y el 3.3% a cualquier individuo.

Con respecto a la edad, los más mayores destacan por sus comportamientos de riesgo buscando amigos o ligar en el ciberespacio o aceptando a desconocidos en sus redes sociales.
Aunque no es determinante, el contacto con desconocidos constituye una de las principales causas de riesgo que puede derivar en consecuencias más graves, como el acoso y amenazas. Y si bien no son demasiado altos, se ha detectado un 3.4% de menores que piden contactar con desconocidos online o cara a cara, con una oscilación notable entre chicos y chicas y algo menor por grupo de edad.

Como receptores de estas peticiones, las cifras aumentan ostensiblemente. El 34.9% ha recibido peticiones de desconocidos para contactar por teléfono o correo electrónico y el 12.8%, de contactos cara a cara. Suelen ser, en mayor medida, mujeres de 15 a 17 años.

Uno de los datos más sobresalientes obtenidos se refiere a la influencia de las redes sociales como vía para que los menores contacten con desconocidos; de hecho de las mujeres que dicen haber contactado con desconocidos a través de Internet, algo más de ocho de cada diez reconocen haber mantenido esa relación por medio de alguna red social (Tuenti, My Space…). Por edades, para el grupo de 12 a 14 años roza el 70% y en los mayores de 15 a 17 casi alcanza el 77%. El resto de opciones se sitúa muy por debajo, con escasas diferencias entre los que lo hicieron a través de juegos multiplay, chats y foros, y el Messenger.

Los más mayores (13.3%) y los chicos (11.6 %) son los que, de forma mayoritaria, reconocen que finalmente han quedado cara a cara con desconocidos, aunque la frecuencia no ha superado las cinco ocasiones. Los motivos son distintos en función del sexo: ellos pretenden “ligar” y las chicas ampliar su círculo de amistades.

Los amigos suelen ser los principales acompañantes en caso de acudir a este tipo de encuentros; así lo reconocen algo menos de la mitad de estos menores de 12 a 14 años y de las chicas. La segunda alternativa es ir solo y suelen ser, en mayor medida, los de 15 a 17 años y los chicos. En tercera posición se hallan aquellos que finalmente no acudieron a la cita y, por debajo de ésta, fueron con otras personas en los que se incluyen familiares, cuyas cifras son superiores entre adolescentes del grupo de mayor edad y entre los del sexo masculino.

Igualmente vuelven a ser las amistades en quienes los menores más han confiado para contarles su experiencia, por encima incluso de los padres; pero, en torno al 12% de los menores no ha recurrido a nadie para contar su aventura.

Las experiencias de este tipo de citas han sido, por lo general, positivas o neutras porque una gran mayoría, sobre todo mujeres (86.4%) aseguran que ahora tienen un nuevo amigo/a. Sin embargo, algunos de ellos reconocen que la experiencia fue desagradable y/o peligrosa. Principalmente los varones que, como ya hemos comentado con anterioridad, suelen adoptar comportamientos más temerarios.

El 70.1% de los adolescentes utiliza su nombre y apellidos en su perfil de redes sociales –aspecto que no resulta extraño ya que resulta necesario algún dato de identificación– y el 25.4% suben, con frecuencia, videos o fotos personales. Más problemático resulta el porcentaje de adolescentes que desvelan datos personales a desconocidos: nombre y apellidos (19.4%), dirección de correo electrónico, de Messenger o teléfono (9%), centro de estudio (8.1%), fotos o vídeos en las que aparece él mismo (7.3%) y la dirección dónde viven (2.6%). Los jóvenes de 15 a 17 años tienden más a aportar datos personales a desconocidos, principalmente el nombre y apellidos, dirección de correo electrónico o número de teléfono y su centro de estudios.

5.3. Percepción del riesgo de ciberbullying y acoso

La edad marca una diferencia muy destacable en cuanto a la percepción de situaciones de riesgo vinculadas al moobing escolar o acoso de diverso tipo en la Red: los adolescentes de 15 a 17 años detectan este tipo de situaciones más claramente en su entorno que los de menor edad, mientras que en cuestión de género, la identificación de este tipo de ofensas es equitativa.

Algo más de un tercio de los más pequeños y casi un 55% de los que tienen entre 15 y 17 años ha identificado a su alrededor la circulación de comentarios o imágenes ofensivas en el ámbito digital. A continuación, aparecen acciones relacionadas con insultos, burlas amenazas, que son percibidas por cuatro de cada diez menores de 15 a 17 años. La percepción de estas situaciones de acoso en el entorno adolescente resulta superior entre los colegios e institutos privados que entre los públicos.

Resulta reseñable, además, que una cuarta parte de los menores conozca situaciones de citas a través de la Red para producir daño a alguien, con porcentajes similares entre chicos y chicas pero con una superioridad de casi trece puntos (32% sobre 19.5%) entre los de mayor edad. En relación con esto, sobresale el hecho de que un 18% de los más pequeños y una tercera parte de los menores de 15 a 17 años han identificado situaciones relacionadas con actividades sexuales, como realizar actos obscenos delante de la webcam o el envío de comentarios o imágenes con una fuerte carga sexual. En lo que respecta al género, tres de cada diez hombres frente al 19% de las mujeres han observado algún caso de este tipo.

En lo que se refiere a situaciones que los menores conocen en su propio entorno, el 35.6% los adolescentes dicen conocer la intromisión por parte de alguien en el ordenador de otra persona o institución, más entre los 15 y 17 años.

Las cifras de riesgo que afectan directamente al menor disminuyen considerablemente respecto de las que ellos mismos han registrado en su entorno. El mayor porcentaje es el que se refiere a la recepción de peticiones obscenas por parte de los adolescentes entre 15 y 17 años (12.6%). Esta situación afecta más a mujeres (10.1%) que a los hombres (7.3%).

En este contexto, también los hombres y los de mayor edad son lo que más han sufrido comentarios o han visto imágenes de contenido sexual explícito. El resto de las situaciones de riesgo detectadas se sitúan en una horquilla de 1.2% de mujeres que han solicitado un encuentro con un desconocido cara a cara y el 8% de este mismo sexo que han sido víctimas de insultos, burlas, amenazas, chantajes y, en general, acoso por Internet.

Casi la mitad de los menores, en torno a un 47%, reconoce haberse visto involucrado en situaciones de riesgo al menos en una ocasión, siendo sensiblemente más habitual entre las mujeres (51%) que entre los hombres. De nuevo, las redes sociales son el principal canal de transmisión de este tipo de comportamiento: el 59.7% de los que dicen haber percibido alguna de estas situaciones en su entorno afirma que tuvieron lugar en las redes sociales, y el 77.5% de los que recibieron solicitudes de contacto de desconocidos o fueron objeto de burlas online, padecieron esta situación a través de las redes sociales.

Por último, al 20% de menores que han sido víctimas de la suplantación de su identidad en Internet, se debe añadir el 15 % de menores que no sabe si les ha afectado alguna vez esta situación.

5.4. Uso problemático de Internet/percepción de dependencia de Internet

Uno de los problemas que conlleva la irrupción del ciberespacio en la vida cotidiana de los adolescentes es el referido a un posible problema de dependencia. En este sentido, un 7.5% asegura que afectaría a su estado anímico si no pudiera acceder a Internet durante varios días seguidos y un 35.3% indica que, aunque le molestaría, no supondría un problema grave. La percepción de malestar se manifiesta superior entre las mujeres, en la adolescencia tardía y entre los que cursan sus estudios en centros privados.

La frecuencia de uso constituye una variable estrechamente vinculada con el grado de dependencia: un 11.5% se conecta entre tres y cinco horas y un el 5.5% más de cinco horas los días de diario, porcentaje que asciende en la adolescencia tardía. Este hecho resulta preocupante en la medida que puede reducir el tiempo dedicado a otras actividades, ya sean de carácter educativo, físico (dormir, comer), social o familiar. De hecho, el 12.5% dicen haber bajado su rendimiento escolar, el 10.7% perciben haber reducido sus horas de sueño y el 4,5%, pasar menos tiempo con sus amigos.

De los datos obtenidos se puede deducir el progresivo aumento de la popularidad de las redes sociales, hasta el punto de que un 40% reconoce que le costaría mucho dejar de estar conectado continuamente; una sensación que tienen en mayor medida las mujeres y los adolescentes de edades comprendidas entre los 15 y los 17 años. Hay que destacar, igualmente, que algo más del 37% aseveran que no les costaría dejar ninguno de los sitios que habitualmente consultan en estas edades. No obstante, debemos volver a hablar de percepciones que contrastan con la frecuencia objetiva de horas que transcurren desde que el menor se coloca frente a la pantalla del ordenador.

5.5. Conocimiento y prácticas de seguridad en la Red

Prácticamente la mitad de los adolescentes confían plenamente en Internet, fundamentalmente los chicos; aunque en este mismo nivel se sitúan los que afirman que saben que las imágenes colgadas pueden ser extraídas y/o manipuladas de su perfil en Internet y, por esta razón, aseguran que tienen mucho cuidado en lo que exponen.

De igual forma, en porcentajes similares se sitúan los que reconocen que no leen las políticas de privacidad de las páginas y sitios de Internet en las que le piden sus datos para registrarse, siendo los más pequeños los más precavidos a este respecto. Esto nos indica que en torno al 50% de los menores, independientemente de su edad o su sexo, son previsores y mantienen alguna medida de seguridad, aunque de forma autodidacta o a través de instrumentos ajenos a Internet.

En cuanto a la elusión de los controles paternales, en torno al 40% de adolescentes afirma que no tienen ningún interés por evitar los controles paternos y que ni tan siquiera conocen el modo de poder hacerlo. Pero un 18% afirma que elude frecuentemente los controles impuestos por sus progenitores, en grado muy superior en los chicos. A ello hay que añadir un 9.7% que aunque no sabe cómo eludir esos controles, le gustaría poder hacerlo, porcentaje que resulta algo más elevado entre las mujeres y los adolescentes de mayor edad.

6. Conclusiones y discusión
El objetivo de este artículo es elaborar un diagnóstico de los diferentes riesgos a los que se ven sometidos los adolescentes (12-17 años) españoles en Internet, atendiendo, también, a la influencia de las variables de edad, sexo y tipo de titularidad del centro al que asisten.

En primer lugar se ha analizado la exposición, tanto involuntaria como voluntaria, a contenidos no apropiados en el ciberespacio como son pornografía, violencia, racismo, promoción del alcohol y drogas o patologías alimentarias. Resulta destacable el alto porcentaje de adolescentes que afirman buscar páginas con contenido sexual explícito. Cifra que aumenta ostensiblemente cuando se considera el acceso no deliberado a estos contenidos. Esta tendencia se confirma de la misma forma también en el marco de las redes sociales.

Una de las funcionalidades más importantes detectadas (alrededor del 20%) en Internet, en general, y en las redes sociales, en particular, es la de establecer nuevas amistades, incluyendo también las que desarrollan en un plano sentimental. Acciones que implican el contacto con desconocidos en un porcentaje significativo. Por otro lado, un 34.9% de adolescentes dice haber recibido peticiones de desconocidos.

De igual modo, se observa la normalización en el entorno de los menores de diversas fórmulas de acoso en línea. Más de la mitad de los encuestados conoce casos de prácticas relacionadas con el acoso –insultos, burlas y amenazas– de forma directa. También es significativa la cifra de quienes afirman haberlas sufrido.

Entre los indicadores directos de uso problemático de Internet, este estudio constata el alto porcentaje de adolescentes que dedican un tiempo excesivo a navegar. Y, aunque en menor medida, también se registra un número relevante de personas que se manifiestan dependientes de alguno de los servicios de Internet, que perciben Internet afecta negativamente a sus resultados escolares o que indican estar conectados hasta altas horas de la madrugada.

Por otra parte, destaca el alto grado de confianza que manifiestan con respecto a Internet, confianza que coexiste con el reconocimiento de haber padecido situaciones de riesgo (entre un 47 y un 51%).

Asimismo se han observado divergencias según edad, género y titularidad del centro. Los de menor edad están menos expuestos, voluntaria e involuntariamente, a contenidos inapropiados, son más precavidos en la Red en lo que se refiere a la contactación con personas desconocidos o el tipo de información que facilitan, aunque se muestran más confiados en la Red y menos interesados en saltarse los controles paternos. En general, con la edad, aumentan las situaciones de riesgo a las que se ven sometidos los menores al igual que el tiempo que se encuentran en la Red y la percepción de los efectos del uso de Internet sobre sus calificaciones, el sueño y las relaciones con los amigos.

En lo que se refiere a la influencia del género, los chicos reconocen en mayor medida estar sometidos a la exposición voluntaria e involuntaria a contenidos no adecuados, en particular las diferencias son ostensibles en lo que se refiere a las páginas con contenidos sexuales. También son ellos los que buscan un mayor contacto con desconocidos, en tanto que las adolescentes reciben en mayor medida peticiones de contacto de desconocidos.

Los motivos aducidos para buscar el contacto con desconocidos también divergen: los chicos buscan ligar y tener experiencias diferentes y las chicas ampliar su red de contactos; además las féminas que acudieron a esas citas relatan situaciones más positivas y lo cuentan más a amigos y familiares. Las adolescentes también parecen más sensibles a la percepción de situaciones vinculadas al ciberbullying y acoso que suceden en su entorno y los varones a situaciones de carácter sexual. Las chicas reciben más peticiones obscenas y de ciberbullying y los chicos contenidos sexuales. Por último, los chicos confían más en la Red, evitan en mayor medida los controles paternos y se muestran más dependientes de los contenidos sobre sexo.

La titularidad del centro se presenta como un factor que se debe tomar en consideración en cuanto al acceso a espacios virtuales con contenido sexual (con mayor presencia en los centros públicos) y la percepción en el entorno de situaciones vinculadas con el ciberbullying y acoso en la Red (centros privados), sin embargo las diferencias no resultan significativas cuando estas situaciones de acoso y violencia se refieren a él mismo.

En cuanto a las limitaciones y futuras líneas de investigación, resulta pertinente indicar la necesidad de incluir estudios longitudinales que nos den cuenta de la evolución de los riesgos a los que se ven sometidos los menores en Internet, la percepción e influencia sobre los menores de estas situaciones, así como las estrategias y prácticas de afrontamiento que generan en los adolescentes. Por último, sería necesario realizar un análisis más pormenorizado y profundo de los posibles usos que derivan en situaciones problemáticas para los menores con el fin de establecer un protocolo de actuación en función de los usos de riesgo de los menores.

Finalmente, los resultados obtenidos aconsejan un control y asesoramiento más efectivo de los padres y profesores con el objeto aportarles la suficiente información y herramientas para que puedan limitar esos riesgos o al menos afrontarlos.

Tabla 1.- Acceso a contenidos inadecuados según grupo de edad, sexo y naturaleza del centro educativo.

t1
Fuente: Elaboración propia. En negrilla aparecen las diferencias estadísticamente significativas para χ2 < 0.05.

Tabla 2. Contacto con desconocidos y privacidad en la Red según grupo de edad, sexo y naturaleza del centro educativo.

t2

Fuente: Elaboración propia. En negrilla aparecen las diferencias estadísticamente significativas para χ2 < 0.05.

Tabla 3. Contactos con desconocidos según grupo de edad, sexo y naturaleza del centro educativo.

t3
Fuente: Elaboración propia. En negrilla aparecen las diferencias estadísticamente significativas para χ2 < 0.05.

Tabla 4.- Percepción del riesgo personal y en su entorno de ciberbullying y acoso según grupo de edad, sexo y naturaleza del centro educativo.

t4 

Fuente: Elaboración propia. En negrilla aparecen las diferencias estadísticamente significativas para χ2 < 0.05.

Tabla 5.- Actitudes y prácticas de afrontamiento de la seguridad en la red según grupo

t5

Fuente: Elaboración propia. En negrilla aparecen las diferencias estadísticamente significativas para χ2 < 0.05.

Tabla 6- Uso problemático de Internet/percepción de dependencia de Internet según grupo de edad, sexo y naturaleza del centro educativo.

t6
Fuente: Elaboración propia. En negrilla aparecen las diferencias estadísticamente significativas para χ2 < 0.05.
En las variables relativas a Frecuencia de uso se ha eliminado los “No sabe” y “No contesta”.

Gráfico 1. Túnel de riesgo en las conversaciones a través de Internet con desconocidos

t7 

 

* Investigación financiada. Este artículo es producto del proyecto de investigación I+D+I “Análisis de uso y consumo de medios y redes sociales en Internet entre los adolescentes españoles. Características y prácticas de riesgo”, referencia CSO2009-09577, financiado por la Dirección General de Investigación y Gestión del Plan Nacional de I+D+I, del Ministerio de Ciencia e Innovación. Secretaría de Estado de Investigación.

7. Notas

[1] Para una revisión de la literatura científica sobre el tema en España hasta principios de 2011, véase García Jiménez, López de Ayala y Gaona (2011).

[2] Aunque el cuestionario recogía dos preguntas relativas al nivel educativo y la ocupación de los padres como indicadores sobre los que construir un índice del nivel socioeconómico familiar – se obvió la cuestión de los ingresos familiares en previsión de un alto índice de no respuesta entre los adolescentes –, no se ha utilizado este índice debido al elevado nivel de no respuesta de alguna de las variables referidas, en concreto, 492 encuestados no pudieron clasificarse.

[3] Según los resultados de su estudio, son las clases medias funcionales supraordinadas (profesionales y técnicos por cuenta propia, directores de explotaciones agrarias, directivos de empresas no agrarias y Administración pública, profesionales y técnicos por cuenta ajena, y jefes de departamentos de empresas no agrarias y de la Administración pública) las que obtienen unos índices de participación muy superiores en la educación privada –69.8% en EGB y 54.4% en BUP y COU– frente a las clases medias patrimoniales (empresarios sin asalariados agrarios y no agrarios y miembros de cooperativas) –30.3% y 29.9%, respectivamente– y la clase trabajadora –23.7% y 17.3%, respectivamente– que presentan una participación muy baja.

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DOI: 10.4185/RLCS-2014-1020

Artículo recibido el 28 de mayo de 2014. Aceptado el 8 de julio de 2014. Publicado el 15 de julio de 2014

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