Revista Latina

Reseñas de libros - 2015

El selfie de Galileo. Software social, político e intelectual del siglo XXI

Autor: Carlos Elias

Ediciones Península-Planeta, Barcelona (2015)

ISBN: 978-84-9942-424-8
352 páginas
Reseña de Dra. Malgorzata Kolankowska,Universidad de Wroclaw, Departamento de Periodismo

“El medio o el proceso, de nuestro tiempo –la tecnología eléctrica- está remoldeando y reestructurando patrones de interdependencia social y cada aspecto de nuestra vida personal” indicó Marshall McLuhan y El selfie de Galileo de Carlos Elías, catedrático de Periodismo Científico de la Universidad Carlos III de Madrid, es una radiografía de los cambios que se han observado en las últimas décadas en el mundo de los medios de comunicación.

Desde la época de la revolución industrial la actitud hacia las máquinas y los medios ha ido oscilando entre el miedo y la fascinación. Después de la Segunda Guerra Mundial las tecnologías han acelerado de forma inesperada de tal manera que los estudiosos no puedan ponerse de acuerdo sobre cómo denominar las etapas de los cambios que hemos experimentado. Los japoneses vieron la importancia de la información de ahí el nombre propuesto por Yoneji Masuda “civilización de la información”, no obstante, dicho término resultó insuficiente a la hora de definir a la sociedad marcada por la presencia de la red. En el momento de la aparición de una gran araña que ha empezado a tejer sus hilos y multiplicarlos en forma de diseños cada vez más complicados ha surgido la necesidad de redefinir a la nueva sociedad que ha ido creciendo en nuevas condiciones. Es cuando Manuel Castells propone el término de “sociedad en red” (network society) y Tomasz Goban-Klas lo redefine como “sociedad mediática”, ya que ve, ante todo, la dependencia de los medios en general, no solamente del internet y por eso opina que es un término más amplio. De todas maneras, los dos se enfocan en la interdependencia entre el hombre y la tecnología que ya no sólo se centra en adquirir la información sino que también en transmitir una buena parte de las actividades a los medios. Marshall McLuhan ya lo ha predicho, hablando de los medios como extensiones del cuerpo humano. Carlos Elías va más allá en este debate y describe el nuevo entorno en que se desarrolla la sociedad en red o mediática, sosteniendo que estamos presenciando el nacimiento de una ciberrealidad. La pregunta que plantea el autor es si dicha realidad es una realidad alternativa, virtual o una realidad que ya se ha unido o fundido con la realidad real. Lo seguro es que el cibermundo ya no es tan ajeno como podría parecer hace unas dos o tres décadas cuando el cine, fascinado por la ciencia ficción, mostraba a las sociedades controladas por los ordenadores. Lo que parecía una pesadilla se ha hecho realidad. Como punto de partida para sus reflexiones el autor de El selfie de Galileo elige el momento de cruce de los siglos: evoca las emociones de la Nochevieja de 1999 cuando todos se preparaban para lo peor. Fue cuando el hombre se sintió invadido por el medio a las máquinas. Fue el momento en que nadie sabía qué iba a pasar. Elías trabajaba por aquel entonces como periodista y su papel consistía en observar y documentar ese paso histórico. Nada pasó aquella noche, pero la inquietud se ha quedado en la mente de los que se habían dado cuenta de que su mundo ya no es solamente suyo, que les pertenece también a las máquinas más inteligentes que controlan sus vidas. Esa experiencia periodística despierta la necesidad de investigar los fenómenos sociales relacionados con el cambio cibernético.

Ryszard Kapuscinski indicó que un buen periodista se caracterizaba por los cinco sentidos: estar, ver, oír, compartir y pensar. A primera vista El selfie de Galileo puede parecer un ensayo, pero, a decir verdad, es una forma mucho más compleja, ya que es un estudio profundo de la realidad digital que reúne elementos de un discurso científico, un reportaje y una reflexión ensayística que busca respuestas a las siguientes preguntas: ¿En qué momento estamos? ¿A dónde vamos? ¿Qué es lo que realmente está pasando en el mundo occidental dominado por los medios, sobre todo, el internet? En su libro Carlos Elías demuestra esa capacidad de percibir el mundo a través de esos cinco sentidos que le permiten explicar, o mejor dicho, traducir, esta nueva realidad a los lectores. De sus estancias en distintos lugares, Venecia, Harvard y de su ver, oír nace reflexión y la necesidad de compartir las experiencias. El lector de El selfie de Galileo es llevado a Italia para experimentar primero la omnipresencia del pensamiento renacentista reflejado en la arquitectura y el arte de esa maravillosa ciudad. Como recalca Elías, no se trata solamente de apreciar la belleza, se trata de ver lo oculto detrás de la mano del artista: la curiosidad, la inquietud, el ansia de saber. Es en la idea del Renacimiento donde se encuentra la clave para entender la actualidad. Los que se opusieron al pensamiento impuesto por la escuela escolástica medieval le sirven como ejemplos de los primeros científicos que eran capaces de luchar por la verdad de la ciencia. Uno de los maestros en este campo es, sin duda alguna, Galileo evocado en el mismo título del libro.

El viaje a Venecia y el trabajo centrado en las nuevas corrientes en los estudios antropológicos le sirven al autor para acercarse a la definición de la sociedad que vive entre dos mundos: real y virtual. Elías describe sus impresiones relacionadas con la perspectiva de las obras renacentistas en las cuales la óptica se modifica en relación con el ángulo desde el cual se observa una determinada pieza, dice: “La perspectiva hace del ojo humano el centro del mundo visible: todo converge hacia el ojo como si éste fuera el punto de fuga del infnito” (p. 33).

Esa es la actitud que hay que adoptar para poder definir la ciberrealidad: verla desde distintos enfoques. El ensayísta lo consigue, adoptando tanto la perspectiva periodística como científica y antropológica.

El libro está dividido en once capítulos en los cuales se presentan los beneficios y los peligros de ese nuevo entorno. En la primera parte se analizan las relaciones entre las ciencia, arte y tecnología, así como la idea del proyecto MACOSPOL liderado por Bruno Latour cuyo objetivo era analizar los contenidos digitales por medio de las nuevas herramientas como, por ejemplo, el “recurso lippmaniano”. A continuación el autor explica lo que para él siginifica la ciberrealidad, es “ esa realidad que procede de lo que aparece en internet, pero que debe tener conexiones con la realidad real. No existe una única realidad. Muchas son superponibles y pueden coexistir” (p.29). Para entender cómo se construye esa realidad y cuáles son sus fundamentos hay que recurrir a las matemáticas, sostiene Elías, porque es donde reside la clave del pensamiento cibernético. Con una habilidad de un experimentado periodista científico hace un recorrido por las teorías de los grandes pensadores que se habían planteado definir la realidad usando la reina de las ciencias, las matemáticas. Lo hace de una forma tan clara y a la vez tan precisa que incluso los que normalmente no se orientan bien en esa materia puedan seguir su discurso y ver las relaciones entre el pasado y el presente. Todo eso le sirve para explicar la relevancia del algoritmo en el pensamiento contemporáneo y compara a los programadores a los creadores, artistas de ciberespacio: “El algoritmo, por tanto, es una creación absoluta, el resultado final de un proceso de innovación: es una obra maestra de la inteligencia humana, como la literatura, la pintura o una molécula química artificial que jamás ha existido antes. Y persigue lo mismo: transformar el mundo” (p.65).

En las partes siguientes el autor comenta el proceso de la ludificación de la sociedad que encuentra su alter ego en el espacio virtual. Según demuestra Elías, basándose en el ejemplo de Second Life, se observan casos interesantes en los cuales se puede ver la permeabilidad de esos dos mundos, hasta la introducción de lo real en lo irreal y al revés. El hecho de borrarse los límites entre ellos hace que se interpongan varias realidades y ya no se puede tratarlas por separado ya que una depende de la otra, es más, las dos se vuelven inseparables. A continuación se analiza la estrategia de Barack Obama, denominado por Elías “cibercandidato” que fue el primero en utilizar el potencial del internet, sobre todo, la minería de datos, para ganar las elecciones. En el siguiente capítulo el autor comenta los ejemplos del uso de algoritmos como herramientas de la ciberguerra.

Resulta muy interesante el capítulo dedicado a los hackers en el cual el académico presenta una hipótesis asombrosa a primera vista: iguala a los disidentes de las épocas anteriores, como Sócrates o Galileo a los programadores informáticos, en particular, los hackers. Su misterio y fuerza consisten en conocer el funcionamiento de la magia del internet. Para reforzar su hipótesis Elías alude a las teorías de Steven Levy. En la misma parte analiza las observaciones de Alan Turing que es considerado uno de los disidentes intelectuales más importantes en actualidad. El examen de la actuación de los programistas que rompen algoritmos conlleva al surgimiento de nuevos ciberhéroes que son invisibles, anónimos en la mayoría de los casos y muy eficaces. Aunque sean opositores al sistema, tienen su propio código ético.

En este apartado Elías relata también su experiencia con el MIT: es uno de los pasajes del libro que tienen el caracter de un reportaje, donde el periodista describe el lugar y comparte sus impresiones. Es cuando ve, oye y comparte su experiencia, proporcionando, a la vez, una información indispensable para sentir el ambiente de ese lugar y entender cómo funciona.

Del ciberactivismo y disidencia Elías pasa al “bandolerismo social” percibido como algo positivo. Comprueba que en el cibermundo también hay una demanda de héroes que recuerdan a Robin Hood, porque es un espacio en que se encubren o silencian ciertos temas, hechos y acciones. Wikileaks es como el bosque de Sherwood en que la banda de Robin-Assange tramaba contra el poder y el sistema opresor.

La ciberrealidad es una realidad que permite crear mundos, mentiras, alter ego, puede ser tanto la fuente del conocimiento y sabiduría como de falsedad y estupidez, recalca el académico al analizar el caso de una cantante: “Lady Gaga explotó como nadie otra característica del nuevo entorno: el ciberrumor convertido en dosis gigante de mierda que en el nuevo ciberespacio es mejor que la verdad”. Frente a ese tipo de acciones Carlos Elías contrapone la actividad de Wikipedia. Por supuesto, como demuestra, y en ese espacio se puede intentar manipular la opinión pública, pero es un lugar cuyo objetivo es bueno: compartir el conocimiento, sin embargo, el hecho de ser abierto a varios causa que se pueda introducir información falsa.

La clave de El selfie de Galileo es el capítulo 10 dedicado a la característica de la Generación digital cuyo lema es estoy conectado, luego existo. En esta parte se analizan los cambios sociales que se han podido observar entre los jóvenes que ya pertenecen a nativos digitales, adictos a las pantallas de sus ordenadores o móviles. Sus hábitos han cambiado, su actividad se ha reducido a la participación en las redes sociales. Elías describe casos extremos de la gente que había dejado de salir de sus casas al haberse encerrado en el mundo virtual. El académico presenta los síntomas y el desarrollo de la adicción a la red. La omnipresencia de las imágenes conlleva a la reducción de la capacidad de concentración, pensamiento racional y, sobre todo, de la reflexión. Y, por otro lado, también su uso malintencionado puede distorcionar las relaciones interpersonales hasta tal punto que se conviertan en acoso.

La era digital requiere nuevas formas de expresión social, por lo cual muchos de los movimientos se trasladan a la red y enfocan su actividad en nuevos auditorios, tal era el caso del Movimento 15M o Podemos que han utilizado los nuevos medios para divulgar sus ideas y actuar.

Concluyendo, El selfie de Galileo es un libro extraordinario y sumamente actual. Carlos Elías analiza minuciosamente los fundamentos, el desarrollo y las ya observadas consecuencias del traslado de una buena parte de acciones a la red. La ciberrealidad que describe no es uniforme, es una realidad infinita creada y recreada por los hombres que poco a poco se les va escapando de las manos. En el presente libro vemos todas las cualidades de su autor: su increíble capacidad periodística de observación y participación que, en conjunto con su enorme saber, el conocimiento de la historia, la filosofía y la ciencia, le permite sacar conclusiones y presentar un diagnóstico. Si Galileo pudiese ver su selfie presentado por Carlos Elías, se sorprendería por la fuerza del pensamiento humano, pero tal vez también se asustase por las consecuencias del desarrollo tecnológico. Mal pensaría el que dijese que el libro es una crítica de la sociedad actual, ya que es un estudio muy profundo, muy detallado que abre nuevos caminos, que indica lagunas y demuestra la necesidad de la reflexión. Es un libro que abre las nuevas vías de investigación e indica que estamos presenciando un cambio importante, un nuevo Renacimiento del pensamiento computacional. Habrá que modificar la cita de Terencio: ciberhumano soy y nada de lo cibernético me es ajeno.