Revista Latina

Reseñas de libros - 2015

El nuevo Nuevo Periodismo

Autor: Robert S. Boynton

Publicacions i Edicions de la Universitat de Barcelona. Periodismo Activo 6, Barcelona (2015)

ISBN: 978-84-475-4227-7
444 páginas
Reseña de Miguel Ángel del Arco, profesor de la Universidad Carlos III de Madrid

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La literatura de lo cotidiano

Hace cuarenta años Tom Wolfe aseguraba que la No Ficción era la literatura más importante que se estaba escribiendo en los EEUU. Tal declaración, entre la provocación y la reivindicación, la hacía en la introducción a su libro Nuevo Periodismo.

Allí estaba diciendo que el periodismo ya no era el hermano tonto de la literatura sino que demostraba cada día estar a la altura de la mejor. Y lo demostraba con los trabajos de una cosecha de periodistas que revolucionó el género a base de atrevidas técnicas narrativas, de nuevos enfoques, de sorprendentes puntos de vista.

La lista de nombres es larga y ya mítica, el propio Wolfe, Gay Talese, Hunter S. Thomson, Joan Didion, John Sack, Michael Herr, Jimmy Breslin, Joseph Mittchell , más algunos más veteranos que se sumaron a novelar la realidad, como Truman Capote, Norma Mailer o John Hersey.

Unos desde la reflexión, otros por casualidad, decidieron que las armas que usaba el periodismo convencional hasta entonces no eran las adecuadas para contar tanto cambio social y cultural de aquellos locos sesenta. Así se atrevieron a romper las reglas, contaron historias hasta entonces impensables en un periódico o en una revista.

No fue un movimiento. Fue, como dijo Tom Wolfe, “una especie de excitación artística en el periodismo”. Reporteaban con rigor pero introducían diálogos en sus escritos, narraban por escenas y el mismo texto podía tener varios puntos de vista; prestaban atención a los detalles porque indagaban con tenacidad y lo que hacían se leía como una historia, como un cuento. Su acercamiento a personajes igual famosos que anónimos era tan apasionado como literario.

Calaron hondo y abrieron caminos porque tenían talento y sobre todo porque había revistas que los acogían. Esquire, New Yorker, The Village Voice, Playboy. New York, Harper’s Magazine, Rolling Stone, Life fueron capaces de financiar investigaciones que duraban meses o incluso años. Hasta los grandes periódicos reservaron páginas al Nuevo Periodismo, a su escritura radical, a su historia como novela.

Aquella manera de hacer creó imitadores y Tom Wolfe fue su dios, animador y teórico principal. Probablemente luego se agotó, pero no perdió su influencia.

Cuarenta años después, Robert S. Boynton, periodista del New Yorker, New York Times y Rolling Stone, y profesor de periodismo, los revisita, revisa qué fue de aquello, examina si tuvo consecuencias y se pone a hablar de lo que él llama el nuevo Nuevo Periodismo, es decir el nuevo periodismo después del Nuevo Periodismo.

Selecciona a 19 periodistas que toman el testigo de aquellos pioneros, los presenta, cuenta sus méritos, casi todos en posesión de los mejores premios, como mínimo el Pulitzer, y los entrevista en profundidad metiéndose en su cocina. Les pregunta cómo hacen, cómo eligen los asuntos, qué investigan, cómo se enteran, cómo escriben.

Estos ‘nuevos nuevos periodistas’ son reporteros que aprendieron de sus hermanos mayores e incluso convivieron con ellos. Se implican a fondo en sus investigaciones, como Ted Conover, que vivió durante meses como un vagabundo; o Jon Krakauer, que acompañó a una expedición al Everest de aciago desenlace, doce personas muertas; o Adrian Nicole LeBlanc, que dedicó casi diez años a escribir un reportaje sobre una familia del Bronx, o Jane Kramer, del New Yorker, que escribe la historia del último cowboy, un hombre que se aferra desesperadamente al mito norteamericano; o Ron Rosembaun, que escribió ‘Explicar a Hitler’, una serie de encuentros con historiadores, eruditos, artistas que dedicaron sus vidas a explicar a Hitler.

Los herederos de aquella hornada mítica de periodistas son, además de los citados, Richard Ben Cramer, Leon Dash, William Finnegan, Jonathan Harr, Alex Kotlowitz, Jane Kramer, William Langewiesche, Michael Lewis, Susan Orleans, Richard Preston, Eric Schlosser, Gay Talese, Calvin Trillin, Lawrence Weschler y Lawrence Wright. Todos usan estrategias de inmersión para analizar los problemas más candentes de la sociedad. Son grandes y exitosos escritores de no ficción que dedican meses a empaparse de realidad. Las entrevistas de Boynton muestran sus métodos, sus fuentes, los objetivos y las inquietudes; desvelan las dificultades y los logros de un grupo de periodistas que han infundido nueva fuerza a la profesión.

¿Son iguales estos nuevos periodistas que aquellos? Parece que no. Si en el Nuevo Periodismo había personajes extravagantes, tramas de novela, ahora se indaga en la experiencia ordinaria, en lo que Gay Talese llamó “la corriente de ficción que fluye bajo el torrente de la realidad”. No es casual que Talese sea su ejemplo, su héroe. Fue él quien mejor reporteó lo común para convertirlo en arte.

El nuevo nuevo periodismo hace literatura de los hechos cotidianos, de la realidad. Sus claves son la investigación minuciosa, la cercanía, la convivencia, la comprobación, el detalle.

Si a Wolfe le interesaba el éxito, a Talese el fracaso, si a aquél lo nuevo, lo último, lo más actual, al segundo lo que perdura a pesar de su insignificancia. Él no busca tanto el sensacionalismo como la psicología de la realidad social.

Estos aprendieron de aquellos y tienen en común que en ambos casos han logrado que la no ficción tenga gran recorrido en EE. UU. Los libros de este género siguen ocupando los primeros puestos en las listas de libros más vendidos. La diferencia es que los nuevos autores ya no buscan lo excéntrico, sino que indagan en la normalidad, y se apoyan en las ciencias sociales, de la antropología a la etnografía para sus trabajos.

El libro de Boynton señala quiénes son las nuevas estrellas del periodismo y enseña cómo se hace el buen periodismo: es caro y requiere tiempo. Dos condiciones que por aquí parecen negadas. Allí, en América, las grandes revistas siguen creyendo en el periodismo de calidad y financian investigaciones largas. Sería impensable que aquí un medio diera cobertura sine die a un reportero que se dedica durante años a investigar el creciente embarazo de adolescentes, o la peripecia de una abuela que traficaba con drogas. Además, allí tienen correctores y comprobadores de datos, lo que facilita la labor y asegura el rigor. Y todo eso permite que los grandes reportajes puedan convertirse en libros y estos en guiones de Hollywood. Es el caso de Krakauer, muy conocido por ser el autor de la celebrada Hacia rutas salvajes, llevado al cine por Sean Penn.

Pero sobre todo se observa que los periodistas del libro de Boynton celebran el placer de investigar y de escribir buenas historias. A lo peor es que “ese experimento narrativo solo se ha desarrollado allí”, como afirma uno de ellos, Jane Kramer.

El título no es lo mejor que tiene el libro, pero el contenido es un tesoro. Hablar de nuevo Nuevo Periodismo suena redundante y corre el peligro de hacerse enseguida viejo y quizá esconda alguna intención freudiana, la de matar al famoso padre, Tom Wolfe, pero debajo de todo eso se esconden grandes escritores de No Ficción. Saber cómo aprendieron y cómo trabajan es un descubrimiento.