Revista Latina

Reseñas de libros - 2015

¿Ser digital o ser humano? De la red cerebral a las redes sociales

Autor: Raymond Colle De S.

Ed. INCOM Chile, Asociación Chilena de Investigadores en Comunicación, Santiago de Chile (2015)

(Disponible en http://incomchile.cl/web/wp-content/uploads/2015/05/Colle_Ser_humano.pdf)

162 páginas
Reseña de Sergio Godoy Etcheverry, MBA PhD (Pontificia Universidad Católica de Chile)

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He aquí un nuevo texto de un benemérito pionero en materias de informática aplicada a las comunicaciones, un hombre que fue capaz de visualizar el potencial de los computadores en tiempos en que muy pocos entendían siquiera en qué consistían esos aparatos, ni menos apreciaban la influencia que tendría en una disciplina que por entonces se asociaba a máquinas de escribir, rollos de película o cintas magnetofónicas. Un profeta adelantado a su tiempo a quienes pocos prestaron real atención en su momento, y que treinta años más tarde vuelve a ignorar la “sabiduría” colectiva (ahora fascinada por las tecnologías digitales que él mismo anunció) para retrotraerse a lo esencial: la esencia del ser humano detrás de tanto bit y byte, de tanto nodo y algoritmo.

Es decir, se trata de un libro sobre lo digital pero que no lo glorifica sino que concluye que es, en definitiva, accesoria e incluso peligrosa si no va animada de lo esencial. Aunque no lo dice con estas palabras, no es en la tecnología donde la Humanidad encontrará la felicidad y perfección que tanto añora. Como alguna vez dijo Neruda admirando la monumentalidad de Macchu Picchu, “piedra en la piedra, ¿y el hombre dónde estuvo?”. Sin embargo, tampoco se trata del manifiesto tecnofóbico de esos que se oyen de vez en cuando, sino que surge de un profundo conocimiento y comprensión de los alcances y limitaciones de la tecnología digital, la cual se da el trabajo de explicar con cuidado y en detalle desde una perspectiva multidisciplinar que combina neurociencia, informática, comunicaciones y filosofía.

Raymond Colle se mantiene fiel a sí mismo: riguroso, analítico, con un profundo amor a la verdad y al trasfondo espiritual que subyace implícito en sus textos, pero que emerge con la sutileza de un bordado flamenco de esos que él es capaz de urdir siguiendo una ancestral tradición familiar que se remonta a quién sabe cuántas generaciones. Así como cuando trataba de explicarle a sus despistados alumnos del Chile de los sufridos años 80 que la base del lenguaje binario de los computadores podía compararse a encender y apagar la luz de la sala de clases, Colle comienza desde el principio: desde el análisis neuronal y las sinapsis que animan nuestra conciencia (e inconciencia también). Ahí retoma, aunque a nivel microscópico, la premisa MacLuhaniana de que este tipo de tecnologías son extensiones de nuestras funciones corporales- en este caso, de aquellas que se dan a nivel de impulsos eléctricos entre células del cerebro.

A lo largo de los capítulos, ese enfoque nanométrico se va ampliando (y actualizando) hasta abarcar la configuración de las redes que configuran internet y las diferentes plataformas con las que los mortales accedemos a ella, entretejiéndonos íntimamente, seducidos por esa telaraña virtual. Luego de enunciar sus bondades y potencialidades, Colle advierte sobre sus riesgos: por ejemplo, la “red oscura”, principal herramienta de delincuentes, extremistas, pedófilos y otros ángeles caídos, y del riesgo (inadvertido) de convertirnos en “prisioneros digitales” de empresas y gobiernos con una capacidad inédita de controlarnos sin que nos demos cuenta y sin que tengamos muchas vías de escape. Google aparece aquí como el gran villano oculto, dada su capacidad de controlarnos.

El autor nos advierte también que nuestros cerebros están alterando su manera de pensar en función del hipertexto, pero que se trata de un tipo de pensamiento fragmentado y superficial, de atención fugaz. Es que, en definitiva, la tecnología nos está ahorrando varias de las funciones que antes debíamos hacer “a mano” en nuestros cerebros. Es difícil no anquilosarse. A un nivel agregado, macrosocial, pareciera que internet configura una suerte de megacerebro. Sin embargo, a diferencia de su símil biológico, consiste en

un núcleo central congestionado y una periferia de innumerables sitios con escasas conexiones (…). Esto, obviamente, no se parece en absoluto al cerebro humano. Las enormes bases de datos (big data) y los nuevos métodos de análisis tampoco pueden ser equiparadas con la memoria humana y su mecanismo natural de categorización y aprendizaje. Hay que recordar además que la mente humana procesa constantemente los vínculos, mientras internet es pasiva: somos nosotros los únicos sujetos que ordenamos (ponemos en acción) los procesos (…) La red de redes no parece lo suficientemente compleja para que sea aplicable la teoría de la complejidad que sugiere que, llegado a un nivel suficientemente alto y masivo (en la “frontera del caos”), pueda surgir un nuevo orden evolutivo “más inteligente”.

Pero no todo es tan negativo. Colle admite que no es realista esperar que los humanos nos desconectemos del entorno digital (como hicieron los talibanes en Afganistán). Su sugerencia es simple, pero efectiva: no esperar que los computadores sustituyan nuestra capacidad de conocer y aprender. Aplicando principios del constructivismo y del “conexionismo”, el autor recomienda mejorar los sistemas educativos involucrando no sólo a los alumnos sino –qué contingente- al profesorado para así sacar mejor provecho de estas herramientas. Su conclusión es que ellas “son una oportunidad para conservar el carácter humano de las comunicaciones, pero sólo si logramos evitar que sean manipuladas para otros fines”. Esta afirmación la hace desde una visión espiritualista, que Colle contrapone a teorías materialistas de comprensión de la realidad (como hace Stephen Hawking, por ejemplo) citando a autores como Chardin y Lipton. No deja de ser osado resucitar a esos autores que muchos podrían considerar obsoletos o incluso fuera de lugar, pero que dan cuenta del sentido profundo del ser digital.