Revista Latina

Reseñas de libros - 2016

Lo que el viento no se llevó. El cine en la memoria de los españoles (1931- 1982)

Autores: Julio Montero y María Antonia Paz

Ediciones RIALP, S.A, Madrid (2011)

ISBN: 978-84-321-3960-4
224 páginas
Reseña de Lucas Morales
, Escuela Universitaria de Turismo de Santa Cruz de Tenerife

La memoria, con sus sempiternas e inesperadas charadas, es uno de los eternos enemigos que asedia de manera acérrima a los constructos intelectuales y discursos que se elaboran sobre hechos pasados. El principal problema que se encuentran los investigadores al recabar información oral es que los testigos tienden a confundir, con o sin deliberación, datos importantes, a intercambiar dígitos en las fechas o a omitir testimonios clave. Para superar estas salvedades, el método científico dispone de suficiente flexibilidad como para inventar fórmulas o líneas de trabajo que permitan recuperar sucesos de hace más de medio siglo y construir un texto que sea lo más fidedigno a la realidad pasada. Lo que el viento no se llevó. El cine en la memoria de los españoles (1931- 1982) es un libro dechado de esta cualidad de la ciencia.

Este estudio, que ha tardado una década en concluirse, ha sabido superar las trampas de la memoria elaborando un cuestionario que se ha repetido en 2000 entrevistas, de las que 1785 han sido válidas. El contraste de los datos obtenidos ha permitido a los investigadores hacer un retrato robot del papel que ha jugado el cine en la vida de los españoles desde 1931, año en el que se considera que la proyección de películas empieza a ser una actividad lúdica sustancial. Pero si superar las mentiras piadosas del recuerdo no fuese ya suficiente problema, la selección muestral también ha sido compleja. Por un lado, está el problema teórico que ha planteado la definición del “espectador” y, por otro, la localización de una muestra útil en un universo reducido y de avanzada edad que continuaba empequeñeciéndose durante la recolecta de información. La acumulación de óbices no ha resultado un problema, lo que se traduce en que el resultado final es bastante coherente y creíble.

Para ordenar los resultados se ha optado por la comodidad que ofrece la distribución de los períodos históricos en capítulos, dando respuesta a preguntas como “¿en qué medida acuden los españoles al cine?”, “¿quién va más y quién va menos?” o “¿cómo y dónde se va al cine?”. Los episodios recogen los siguiente momentos: la transición del cine mudo al sonoro durante los años de la Segunda República (cap. 4); la estabilización del flujo espectadores desde las trincheras de la Guerra Civil Española, motivada por la ausencia de otras actividades lúdicas (cap.5); la explosión del exhibicionismo de películas entre 1940 y 1960 (cap.6), respaldada por unos consumidores que buscan evadirse del día a día mediante el entretenimiento, la moda de construir salas y la incorporación del cine a la rutina patria; y la progresiva caída de la visita a las grandes pantallas que se produce entre 1961 y 1982 (cap. 7). Es recomendable hacer una lectura del libro para descubrir cuál es la moda en cada momento de la historia española, porque la cantidad de información que se obtiene en cada uno de los segmentos es tan abundante como reveladora.

A pesar del abrumador número de datos, el libro tiene una sección final donde describe aspectos que van desde la definición de los variados perfiles de los espectadores hasta el hábito de ir a las salas en compañía de familiares y amigos, pasando por los motivos por los que algunos optaban por no asistir al cine. A modo de colofón, el trabajo contiene un capítulo final, el décimo, que da respuesta a la pregunta más interesante de este estudio: ¿qué género cinematográfico es preferido por los españoles? Aunque parezca sorprendente, el gusto por las películas no cambia mucho entre 1931 y 1982, siendo la aventura y el gusto por la cultura nacional lo más valorado por los espectadores españoles.

A pesar de que el libro no invita explícitamente a abrir nuevas líneas de investigación, queda preguntarse si estas preferencias cinéfilas se han mantenido con el paso de los años y si la tendencia del consumidor actual sigue estos derroteros, o por el contrario es más afín a otro tipo de producciones de distinta índole. Sea como sea, ya existe un punto de partida desde el que continuar catalogando al espectador español, y una referencia de cómo hacerlo de una manera acertada.