Revista Latina

Reseñas de libros - 2016

Periodismo muerto. Mil cincuenta y un periodistas asesinados y desaparecidos en América Latina (1970-2015)

Autor: Bernardo Díaz Nosty

Ed. Cátedra UNESCO – Universidad de Málaga (2016)


312 páginas

 

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El profesor Bernardo Díaz Nosty, catedrático de Periodismo de la Universidad de Málaga, vuelve a acertar con un nuevo libro, esta vez una cruda relación de los 1050 periodistas latinoamericanos asesinados entre 1970 y 2015.

De momento se cuenta con una versión provisional del texto, realizado para distribuir en convocatorias académicas, de modo que hemos de esperar por el libro definitivo.

Dividido en siete capítulos, el trabajo del periodista y catedrático arranca con una serie de reflexiones o mini-ensayos sobre el tema general de la libertad de expresión y las dificultades para informar en el primitivo oeste que es todavía América Latina, para seguir con apartados dedicados a los países o regiones con mayor violencia, México, Centroamérica, Dominicana, Colombia, Perú, Bolivia, Venezuela, Brasil, Argentina, Chile…

En el apartado dedicado a Cuba aparece vacío al estadillo dedicado a periodistas muertos… y en los de Argentina nos recuerda el asesinato de Rodolfo Walsh, la del cámara Leonardo Henrichsen, que filmó su propia muerte en las calles ensangrentadas de Chile durante el criminal golpe de estado del que sería dictador Pinochet. En el apartado sobre Colombia nos recuerda las fatigas de la familia catalana de los Cano, propietarias del prestigioso diario bogotano El Espectador, que sufrió todo tipo de desmanes y atentados, hasta el asesinato de su propio director a las puertas del diario, Guillermo Cano Isaza…

El nuevo trabajo de Díaz Nosty, que no tiene desperdicio, abre con el capítulo “Cuarenta y seis años de muertes y desapariciones forzosas”, que viene a ser una crónica de las actividades criminales de las dictaduras que han ido recorriendo la América de habla cervantina en el tiempo que recoge el libro. No olvida el autor, está claro, el proceso de concentración de los medios de comunicación en la región, con “escasa transparencia de su titularidad”.

La obra está cuajada de cuadros, mapas y gráficos, junto a fotografías algunas de ellas clásicas en la historia de los medios latinoamericanos: el soldado chileno que en el golpe tapa la cámara que recoge el delito de los militares fascistas, los retratos de los asesinados (el mexicano Buendía, asesinado poco después de publicar un libro sobre la CIA en México, Chamorro, Guillermo Cano, Rodolfo Walsh…, a lo que se suma el recordatorio de periodistas forasteros que sufrieron el mismo final y cantidad de documentos gráficos, unas veces fotografías únicas de un momento de tensión y otras meros recortes de prensa, que hablan por sí solo de la crítica situación que ha vivido y sigue viviendo la libertad de expresión en el far west que sigue siendo la América de habla española, lo cual no quiere decir que no ocurra otro tantos en otros puntos del planeta.