Revista Latina

Reseñas de libros - 2017

Derecho de la Comunicación. Guía jurídica para profesionales de los medios

Autores: Ana Azurmendi

Editorial: Eunsa (2016)

ISBN: 978-84-313-3123-8
365 páginas
Reseña de Julián Rodríguez Pardo, Universidad de Extremadura

Hace ahora veinte años tuve la oportunidad de reseñar para otra revista académica el primer manual de Derecho de la Información que Ana Azurmendi publicaba; aquel texto recopilaba y daba a conocer el trabajo docente e investigador que la autora llevaba años realizando en la Universidad de Navarra; y, entonces me atreví a calificar la aportación de valiosa, dentro de una especialidad que en aquel momento carecía de suficientes libros de referencia y que hoy, debido a la multiplicación de las Facultades de Ciencias de la Comunicación, ha superado con creces dicha laguna.

De aquel manual, recuerdo haber destacado dos aspectos que me habían llamado la atención: la disposición de los temas y la sencillez del lenguaje. El primero de ellos, porque se partía de la tradicional exposición de las relaciones jurídicas (sujeto, objeto y contenido) para evolucionar hacia una división más centrada en unidades temáticas bajo una clara intención docente y pedagógica; el segundo, porque no era habitual encontrar obras jurídicas –ni lo es-, que resultasen tan fácilmente comprensibles para los legos en la materia o para los profesionales de un ámbito tan lingüísticamente distinto, como es el de los mass media.

Es difícil escribir sobre este Derecho de la Comunicación (2016) sin recordar aquel otro Derecho de la Información (1997), por varios motivos que van más allá de la mera coincidencia editorial (EUNSA): el planteamiento general de la estructura es la culminación de aquel abandono inicial del modo expositivo mencionado antes, a favor de una estructura basada en partes y capítulos, que se agrupan esencialmente en función de su unidad temática y que muestran, pienso, que el sentido de los manuales es ilustrar, dar a conocer, divulgar, enseñar, servir de guía al alumno, pese al reconocimiento de los colegas que siempre buscamos; el lenguaje sigue cuidando su asequibilidad, sin perder rigor, pero denota en múltiples ocasiones la vocación periodística y mediática de la autora, dando agilidad y frescura al lenguaje jurídico habitualmente rígido, difícil, denso.

Estas dos virtudes, quizá alguna de ellas es un signo de identidad de la autora, quisiera añadir ahora otros dos aspectos que brillan con especial luz en Derecho de la Comunicación: la atención a los nuevos modos tecnológicos; y la abundancia y exhaustividad de los casos judiciales expuestos.

A lo largo de estos veinte años, el Derecho de la Información ha debido hacerse con una realidad informativa y comunicativa muy cambiante, especialmente en lo que se refiere a los problemas derivados del uso de Internet como soporte por parte de los medios de comunicación, pero también del surgimiento de las llamadas Apps., y de las redes sociales, en dispositivos fijos y móviles, que han transformado el rol de los usuarios, convirtiendo en ocasiones al receptor en difusor y al periodista en moderador de foros. Desde esta perspectiva, la autora aborda no sólo las complicaciones que, en temas sempiternos de la disciplina, estas herramientas han suscitado a los profesionales, sino que dedica un especial esfuerzo a cuestiones novedosas, en forma de capítulos autónomos, como son el estatuto jurídico de Internet, la autodeterminación informativa o el derecho al olvido digital. Y es loable la completitud con la que lo hace, en esa línea, que a mí me parece difícil de salvar, entre el Derecho de lo periodístico y el Derecho de las telecomunicaciones. Especialmente significativo es el hecho de que la protección de la privacidad en Internet reciba un capítulo único, precedido del capítulo dedicado al derecho a la intimidad, como muestra de su evolución legislativa y jurisprudencial.

La segunda cuestión, la abundancia de los casos prácticos, de las sentencias, de los ejemplos, me sirve para enlazar con algo que afirmé hace veinte años y de lo que aquí, hoy, me retracto públicamente: en aquel entonces echaba en falta una mayor ejemplificación en forma de sentencias y, al repasar aquella frase, no puedo justificar sólidamente su razón de ser, y tan sólo disculparme, por algo que creo, no era del todo cierto, y que si lo fuere, este Derecho de la Comunicación desmiente por completo.

Si es habitual que un libro de estas características actualice la jurisprudencia existente a casi fecha de publicación, en este caso la referencia a las nuevas tecnologías lleva inevitablemente a estar al día, a través de casos que, en ocasiones, todavía no han sido siquiera resueltos en los Tribunales. Las referencias a la jurisprudencia española son de interés, pero sin duda el análisis de los casos del Tribunal Europeo de Derechos Humanos resulta más atractivo por su trascendencia y por las indicaciones que arroja, sobre el periodismo y los medios de comunicación, y su proyección sobre el mundo digital. Para cualquier especialista o profesor de la materia, es hoy imprescindible adentrarse en el presente tecnológico, si se desea ofrecer una respuesta jurídica solvente, que los alumnos de la disciplina y los profesionales del periodismo, demandan.

Para concluir, y de nuevo volviendo al inicio de esta reseña, me resulta imposible separar aquel Derecho de la Información (1997) del texto que ahora se presenta. Hay un modo de hacer, de trabajar, de contar las cosas, de hilarlas, que identifica casi siempre a un autor con su obra; y en este caso, a mí, esa identificación me parece buena, necesaria, porque indica trayectoria, coherencia, evolución. Afirma la autora, en el prólogo, que con este Derecho de la Comunicación cierra una etapa; yo, como profesor de esta misma disciplina, mantengo la esperanza de que, en la que ahora inaugure, cualquiera que ésta sea, siga posibilitándonos a los demás aprender, saber más, entender y comprender mejor, el trabajo al que nos dedicamos quienes amamos el periodismo y la comunicación, entendiéndolo como un deber y un derecho necesitado de límites.