Revista Latina

Reseñas de libros - 2017

Cronistas bohemios. La rebeldía de la Gente Nueva en 1900

Autor: Miguel Ángel del Arco

Editorial: Taurus (2017)

ISBN: 978-84-306-1870-5
350 páginas
Reseña de María Jesús Ortiz, Periodista

Doble lección de periodismo

La de periodista es una profesión controvertida, unas veces ensalzada y otras vilipendiada. Pero siempre necesaria. Películas como Primera plana, Bajo el fuego, Todos los hombres del presidente, El año que vivimos peligrosamente o la más reciente Spotlight, por citar algunos de los títulos más famosos, han contribuido a adornarla de una pátina entre aventurera y detectivesca. A asociarla con un estilo de vida desordenado, acelerado y no carente de riesgo. Algunas de estas características responden más a los objetivos de trama cinematográfica que a la realidad. Pero sí hay algo indiscutible en lo que muestran estos personajes llevados a la gran pantalla, ser buen periodista requiere unas cualidades específicas: la curiosidad, la perseverancia, la capacidad de cuestionar todo, la habilidad para contar historias y el compromiso con la verdad. Lo que se ha resumido con la expresión ‘tener instinto’.

Esto es lo que transmite el libro del periodista y profesor de periodismo Miguel Angel del Arco, “Cronistas Bohemios. La rebeldía de la Gente Nueva en 1900”, recién publicado por la editorial Taurus. Para reflejarlo recurre, entre numerosas referencias, a las palabras de la veterana periodista Pura Ramos: “No sé si el periodismo ahora es mejor o peor que antes, pero es distinto, ya no es bohemio…se ha perdido el instinto”. No es la primera ni la única en asociar esas características del periodismo con una actitud bohemia, respondiendo no tanto a esa vida desordenada y noctámbula, sino a un espíritu disconforme, crítico, al afán de perseguir y desvelar la verdad, de vigilar y denunciar al poder cuando este es abusivo.

En el libro, con un estilo ameno y cuajado de sabrosas anécdotas, Miguel Ángel Del Arco aporta una lección de historia del periodismo español, recuperando y analizando la figura de cinco de los principales periodistas de finales de siglo XIX y principios del XX. Cinco literatos, bohemios, y sobre todo cronistas: Alejandro Sawa, Antonio Palomero, Pedro Barrantes, Joaquín Dicenta y Luis Bonafoux. Cinco nombres muy conocidos y reconocidos por sus contemporáneos que, sin embargo, han sido olvidados. Cinco autores que pertenecían al movimiento autodenominado la ‘Gente Nueva’, por oposición a la Gente Vieja, la que estaba instalada en el sistema, la guardiana del canon artístico. Un movimiento de jóvenes llegados a Madrid desde provincias con el objetivo de conquistar la capital y de cambiar el mundo, críticos, rebeldes, comprometidos, provocadores, inteligentes, bien preparados y magníficos escritores. Sin embargo, han sido calificados como los ‘hermanos menores’ de la Generación del 98 o de los Modernistas a pesar de que compartieron con ellos espacios, posiciones, intereses, correrías y triunfos.

En estos momentos de crisis de un periodismo enfrentado a la competencia de internet y las redes sociales; a los intereses de las grandes corporaciones y entidades financieras, propietarias de los medios; a la absoluta dependencia de los ingresos publicitarios, a los que, cuál dioses del Olimpo, se sacrifican todos los contenidos; a la tiranía del ‘click’ de la audiencia; a una formación académica que lo desdibuja y diluye dentro de la vasta idea de ‘Comunicación’, hija del marketing; a la pérdida de credibilidad; a la ley Mordaza y al último mal diagnosticado: ‘la postverdad”… en estos momentos, encontrarse con ‘Cronistas Bohemios’ permite recordar qué ha sido y qué debe seguir siendo el periodismo. La segunda lección.

Periodismo es buscar y documentar las noticias allí donde ocurren, no en las tendencias de Twitter; indagar en las fuentes directas, no en Google; contrastar y analizar el contexto, no limitarse a repicar notas de prensa o teletipos de agencia. Males que aquejan más de lo deseable a unas redacciones tan sumidas hoy en la precariedad como las de hace cien años.

Los cronistas bohemios seleccionados por Del Arco no escribían al dictado, ni se autocensuraban, ni buscaban prebendas. Como todos los que en aquellos años formaban parte de lo que se ha conocido como la bohemia española, se movían entre los cafés y las redacciones, entre la precariedad y la miseria, entre la gloria y los duelos, entre los sueños y la cruda realidad. El autor bucea en la hemeroteca para rescatar sus textos y para perseguir la huella de sus firmas en las numerosas cabeceras que se editaron en esos años, muchas de ellas de breve vida. Y concluye que “estaban inventando el periodismo”. Textos que, tal y como afirma Del Arco, “muy poco tienen que envidiar, en calidad, en estilo, en atrevimiento y en novedoso enfoque a lo que muchos años después se conocería como Nuevo Periodismo”.

‘Cronistas bohemios’ incluye una extensa y bien documentada introducción sobre el contexto histórico y social de España en el que vivieron y que les inspiró: la restauración monárquica y el turnismo de liberales y conservadores, la pérdida de las colonias, la miseria y la desesperanza social, la decadencia de un sistema que solo inspiraba indignación y desconfianza. Un repaso a una época con ingredientes que resultan alarmantemente familiares en el cambio de siglo actual. Nos introduce en el movimiento bohemio que les dio cobijo, identificando las figuras que destacaron en las páginas de los muchos diarios que se editaron, manifestación de una pujanza y ebullición periodística sorprendente teniendo en cuenta, como señala Del Arco, el elevado índice de analfabetismo de la población española.

El libro describe la transformación de un periodismo de opinión, adoctrinador, como trampolín político, a la profesión que conocemos hoy, de la que estos bohemios periodistas fueron pioneros. Introdujeron el reportaje, la crónica, la entrevista, los temas de interés social, fueron corresponsales y enviados especiales. En definitiva, buscaban historias y las contaban. Fue, sobre todo, un periodismo de denuncia. Miguel Angel del Arco destaca el tono “vivo, impetuoso, algo perdulario y desgarrado de sus textos”, lo que puede comprobarse en las crónicas que recupera y que se incluyen en el texto. Por su estilo y sus planteamientos, muchas podrían publicarse hoy.

Bonafoux, el cronista español más brillante, admirado, odiado y temido de entre siglos, y corresponsal en París, desde donde cubre el caso Dreyfus o la llegada a la ciudad de la anarquista Luisa Michel (sic), la virgen roja. Dicenta, el líder de 1900 y maestro de la generación, autor de la obra de teatro Juan José, la segunda más representada en España tras D. Juan Tenorio, una de las firmas más solicitadas por la mayoría de los diarios y director de algunos de ellos, como El País y Germinal; se traslada a Linares para convivir con los mineros, experiencia sobre la que escribe una serie de nueve reportajes. Sawa, el negro de Rubén Darío, inspirador del personaje Max Estrella en Luces de Bohemia, de Valle Inclán, adelantado a su tiempo, líder incomprendido, alma solitaria de trágico final; con quince años ya fundó dos revistas y con diecisiete se trasladó a Madrid donde su desparpajo y precocidad le abrieron muchas puertas; su sensibilidad social y su rebeldía política, su libertad de criterio y valentía para expresarla le granjearon tanta admiración como antipatía. Barrantes, el hombre de paja que asumía las penas de cárcel por los artículos de otros a cambio de un pago, encarna el prototipo más negativo de la bohemia, marcado por una tendencia autodestructiva, aventurera, soñadora y de cambiante rebeldía política; sus crónicas salían de contemplar de cerca o experimentar las situaciones de miseria de los barrios bajos y sufrió múltiples procesos y encarcelamientos por sus virulentos, osados y belicosos artículos contra la religión, la monarquía, el gobierno y la justicia. Palomero, el perejil de todas las salsas literarias, periodísticas y bohemias, ingenioso animador de las múltiples tertulias que compartían los de la Gente Nueva; sus crónicas en verso solían aparecer bajo el seudónimo de Gil Parrado y sus sátiras políticas le dieron gran popularidad, pero su mayor mérito como periodista, según Mariano de Cavia, fue su independencia.

Miguel Angel del Arco recupera a estos incontrovertidos pioneros, que destacaron por su buen hacer profesional desde la verdad, la rebeldía, la independencia, el rigor, el compromiso y la lucha contra un sistema injusto y corrompido. Pero también desde la calidad literaria. Nos proporciona en su investigación una lección de periodismo histórico, que no debería ser desconocida, y una lección de cuáles son los valores esenciales del periodismo, de entonces y de ahora. Una lección que en este nuevo periodo de transformación y pérdida de credibilidad tampoco debería ignorarse.