Revista Latina

Reseñas de libros - 2017

Inmersiones. Crónica de viaje y periodismo encubierto

Autora: María Angulo Egea

Editorial: Edicions de la Universitat de Barcelona, Barcelona (2017)

ISBN: 978-84-9168-026-0
188 páginas
Reseña de Daniel H. Cabrera Altieri, Universidad Nacional de Córdoba, Argentina

Todo lector tiene derecho a sospechar de un texto que comience con una definición de la Real Academia Española. Semejante umbral de autoridad pone rígido al lector y le permite a la autora esconderse detrás de lo escrito. Como lector pido un umbral de desnudez, de compromiso, en medio de la intemperie del territorio textual o, en todo caso, si necesita una cita, prefiero que sea la de un verdadero compañero de camino. Sea este un borracho, un camarero, una puta, una madre, un padre, un amante… o un académico, un poeta, una cronista… o lo que sea. Sobran los artículos, libros y demás textos llenos de banalidades. Nunca se ha escrito y publicado más que hoy. Cada día se publican más textos que en miles de años y, sin embargo, a los lectores nos cuesta encontrar algo interesante que alimente la curiosidad, la empatía, la sensibilidad; resulta difícil encontrar palabras inteligentes que nos acompañen, que nos lleven a soñar, a amar, a comprometernos con la vida. Sin embargo, superado el umbral de la primera frase, el libro de María Angulo Egea se yergue ante el lector como un prisma que ilumina lo social a través de una de sus formas más descarnadas de contarla, la crónica. Se trata de un libro valiente a la vez académico y existencial, un libro sobre crónicas y con crónicas. Un texto que puede leerse en el sofá y en el escritorio y, en ambos casos, el disfrute y la reflexión se inunda de la inteligente sensibilidad de la autora.

“Inmersiones. Crónica de viajes y periodismo encubierto” se presenta como un escrito maduro, erudito en lecturas y experimentado en territorios. Tal vez por ello, nos ayuda a pensar lo que es narrar historias verdaderas, eso que en la era moderna comenzó a llamarse periodismo y que hereda la tradición de las crónicas hoy consideradas históricas. Contar historias y mirar al narrador de esas historias. Porque podríamos recorrer este libro desde el ying/yang explícito de su escritura: las historias y sus autoras/es. Así la profesora Angulo nos adentra en interesantes historias desde la crítica de la crónica de viajes o de cronistas tan distintas como Nellie Bly o Emilia Parda Bazán. Historias y narradoras marcadas por la empatía y el compromiso por los que la autora apuesta. Manicomios, sórdidas calles, viajes, territorios escondidos, el cuerpo y la perspectiva femenina… los márgenes convertidos en atalayas o trincheras desde donde mirar la sociedad en su complejidad. Pero esas historias son posibles por el enfoque, llamémoslo periodístico, de la experimentación. Es decir, de la experiencia de lo narrado no solo como testigo sino mucho más comprometido, como experimentación, como vivencia que resulta de infiltrarse en realidades ajenas. Realidades sociales o del propio cuerpo vivido como extraño cuando es definido por los Otros.

Hay otro ying/yang del libro, otra doble cara y tensión implícita que mueve a la autora entre analizar crónicas y cronicar ella misma la realidad. Por ello la lectura nos revela a una cronista del periodismo que inmersa en las historias nos revela la crítica literaria y periodística a la manera de una crónica de la crónica. Enfoque y estilo que atraviesa cada uno de los capítulos y cuya clave encontramos en el último -“Bienvenida al paraíso”- donde un relato en primera persona que puede ser leído con gran placer como crónica, se manifiesta para el lector atento como declaración del tipo de mirada que la autora realiza sobre las historias.

Vivimos épocas cuya producción cultural digital nos lleva a pensar la actividad de lectura como “navegar”, “surfear” o “escanear” y lo que es peor, la escritura suele practicarse como “ejercicio de llenado” de “caracteres sin espacio” de una “caja digital” de publicación. Frente a la superficialidad, apostar por una narración de inmersión constituye un acto necesario y oportuno. Como lo sugiere la autora (p. 118) la inmersión tiene gradaciones. Su nivel más básico es la observación empática, no cualquier observación sino la que es capaz de ver desde el punto de vista del otro. Esto deja de lado, la idea de observación “objetiva” e “imparcial” como ejercicio de notarios de lo social pero no de periodistas. El siguiente nivel, es el de la observación participante de la antropología de la que tanto tiene que aprender el periodismo. Una observación cuya narración nos ayuda no solo a entender los nexos causales de lo social sino a comprender su sentido. Y por fin, un tercer nivel, que la autora nos recuerda la observación inmersiva que supone la infiltración donde el narrador cambia su personalidad, se transforma física y psicológicamente. La narración resultante será siempre un trabajo en proceso, con el backstage de la experimentación y con un realismo tan profundo que será indistinguible de la ficción. Porque cuanto más profundo es el relato, cuanto más inmersiva es la experiencia, cuanto más empática es la mirada… “la realidad” se muestra en el límite de su reverso, la imaginación creativa. Y ese límite se transforma en la cuerda de un cronista convertido en narrador sonambulista.

María Angulo nos recuerda la necesidad de las historias verdaderas, de esas que dejan marcas en el cuerpo del narrador y que trabajan el cuerpo del lector despertándolo del aletargamiento de una cultura cuya máxima es el entretenimiento ensoñador. El cronista del que nos habla la autora sacude al lector con su narración mostrando que una crónica periodística que merezca el nombre de tal será siempre una historia para despertar del sueño de la cultura masiva.

Vivimos épocas de gran crisis del periodismo, no tanto, como sugieren los analistas, por las nuevas tecnologías -esta es la piel de la crisis- sino por las nuevas configuraciones empresariales que convierten en un lujo lo “normal” del periodismo, contar historias. Los contratos precarios -cuando los hay-, el sistema omnipresente de free lance, el abuso de notas refritadas de internet y lo peor, la enorme cantidad de supuesta información periodística que sólo son las transcripciones de los productos de gabinetes de comunicación de empresas y gobiernos. Son tiempos oscuros para el periodismo y la democracia, tiempos especiales para narradores valientes y comprometidos de historias reales bien contadas. La autora es una de ellas, a ellos dedica su libro.