Revista Latina

Reseñas de libros - 2018

Gestión de talentos y audiovisual interpretativo. Cómo administrar las aulas universitarias del futuro

Autor: David Fuentefría Rodríguez

Editorial: Ediciones Idea (colección Universidad) (2014)

ISBN: 978-84-16143-78-8

152 páginas

Reseña de Carlos Javier Eguren Hernández, Universidad de La Laguna

En su conocida charla de TED donde afirmó que la escuela mataba la creatividad, el pedagogo Ken Robinson disertaba cómo los antiguos paradigmas de las instituciones académicas habían asesinado, lentamente, el talento de muchos de los estudiantes que se ven, nunca mejor dicho, sometidos a ella. En su libro El elemento (Debolsillo, 2010), Robinson dio diversos ejemplos de cómo muchos de los que habían triunfado en su carrera profesional, a menudo artística, habían fracasado en su vida académica o habían escuchado comentarios desalentadores, a lo largo de su trayectoria educativa, por parte de los docentes. En su trabajo, Robinson pone hincapié en la necesidad de recrear la educación y el profesor del Área de Comunicación Audiovisual David Fuentefría Rodríguez da una serie de ideas, conceptos y muevas metodologías que aplicar en el aula universitaria, todos ellos dignos de lo razonado por Robinson. Ya desde su arranque, Fuentefría aclara: “si algo vamos a demostrar, en este pequeño conglomerado de consejos y prácticas que tienes en tus manos, es que las nomenclaturas ligadas a los viejos esquemas, y los viejos esquemas ligados a su vez al mundo del trabajo, son un error” (Fuentefría, 2014:13).

En su obra, Gestión de talentos y audiovisual interpretativo: Cómo administrar las aulas universitarias del futuro, David Fuentefría se propone lograr la atención del alumnado mediante la motivación intrínseca de un proceso educativo que se aleja de los tradicionalismos. La idea es clara: no podemos educar a la generación del mañana tal y como nos educaron a nosotros, es necesario adaptarse a estos nuevos estudiantes y prepararlos no para el pasado o el presente (como suele hacerse) sino para el futuro, incierto sí, pero donde quizás la construcción de una serie de conocimientos e inquietudes puedan ayudar. Por ejemplo, Fuentefría no se propone enseñar el funcionamiento de un programa anticuado de montaje o edición de vídeo, sino que profundiza en la idea de que el alumnado posee cualidades, como la curiosidad, que le permiten seguir aprendiendo por sí mismo. Como el autor afirma: “la actividad mental parte siempre de ideas centrales que conducen siempre a nuevas direcciones al modo en que la naturaleza podría dibujar determinadas escenas naturales como las ramas de un árbol, las espirales de la concha del caracol, y, cómo no, incluso las redes neurológicas del cerebro” (Fuentefría, 2014: 63). Lo importante es, por tanto, descubrir esta idea esclarecedora en el estudiantado.

Por ello, el profesor de la Universidad de La Laguna se plantea rescatar los talentos del alumnado (una idea que podríamos enraizar con la teoría de las inteligencias múltiples de Gardner, y que el autor sostiene a partir de la Gestión del Conocimiento o Knowledge Management) y desarrollar una forma de enseñanza caracterizada por las metodologías emergentes, que puede devolver a la universidad su papel necesario en nuestra sociedad como potenciadora del conocimiento y mejora de nuestra civilización. Fuentefría recalca que la detección de los talentos y aptitudes personales de cada estudiante sea recuperada y apreciada para enriquecer la enseñanza. Para ello, no solo se basa en teorías de diversos autores, sino también en la obra del autor Aldous Huxley, como el relato El joven Arquímedes (Huxley, 1960). En este aspecto, el lenguaje del libro incluye su perfecta terminología y citas de diversos expertos (como Jacques Delors) o informes educativos, pero es también una obra amena, acercándose a todos aquellos que quieran aproximarse a una nueva manera de enseñar para que el estudiante no se centre en solo aprobar materias, sino en aprender para la vida que se abre a su alrededor. De ahí que la curiosidad siempre sea la clave y que su autor ponga ejemplos audiovisuales como La cabina (Antonio Mercero, 1972) o la primera temporada de la serie True Detective (Nic Pizzolatto, Cary Joji Fukunaga, 2014), las cuales tienen ramificaciones en otras formas artísticas como la literatura, lo que, a su vez, impulsa un aprendizaje holístico de nuestra realidad y una visión realista (y no compartimentada) del conocimiento.

Al igual que Ken Robinson y otros educadores que han revolucionado la enseñanza en los últimos años, en este libro se expone un conjunto de puntos clave a la hora de una nueva educación. Si bien multitud de alumnos y alumnas se enfrentan al tedio de una clase interminable basada en los apuntes dictados desde tiempos inmemoriales, Fuentefría explora las habilidades de los nuevos universitarios, la necesidad del trabajo de campo y la creación de una nueva aula donde el estudiante esté motivado, lleve a cabo su trabajo independiente y desafíe todos los esquemas de los sistemas que ya no están en uso. Como declara su autor desde las primeras páginas, Gestión de talentos y audiovisual interpretativo es también un manual con fórmulas para que el docente y el alumno se vean involucrados en el proceso de enseñanza y aprendizaje, pasar de los roles pasivos a los activos y permitir que el alumnado no adquiera, sino construya su propio conocimiento; de este modo, el docente no es el protagonista del proceso de aprendizaje, sino un guía. Muchas de estas metodologías recogidas en el libro, no se quedan en meros resúmenes o divagaciones, por fortuna se centran en muestras prácticas realizadas con los diferentes grupos a los que David Fuentefría ha impartido clase (a las muestras aparecidas dentro del libro, se suman los anexos con los tuits de varios alumnos participantes en estas actividades).

Este volumen, cuyo germen estuvo en la comunicación Gestión de talentos y audiovisual interpretativo. Cómo administrar las aulas universitarias del futuro que el autor planteó en el V Congreso Internacional Latina de Comunicación Social, presenta una clara utilidad para cualquier docente, sobre todo para el universitario al que va dirigido, gracias a su fijación en diversas técnicas para incentivar el aprendizaje en el aula, como el storytelling, el aprendizaje basado en proyectos, el aprendizaje colaborativo, los grupos creados mediante ajustes pedagógicos, etc. Desde la ruptura del hielo hasta la enseñanza de valores, emerge el liderazgo o el uso del videoarte, el cine y otras formas artísticas para impulsar el debate, la reflexión y un desequilibrio cognitivo que genere un nuevo aprendizaje funcional y útil. Es vital recordar que la utilidad y la funcionalidad de un conocimiento globalizador y enriquecedor es un concepto que aparece en leyes educativas recientes en España, como la Ley para la mejora de la educación (8/2013) o LOMCE, que se focaliza en las competencias (digital, aprender a aprender, comunicativa y lingüística, etc.). Dicha ley ha comenzado a desarrollarse en los institutos de donde proceden los universitarios actuales, ¿por qué no adaptar la universidad a su público?

Dentro de la nueva sociedad de la que la universidad forma parte, los docentes se ven en la obligación de evolucionar o retroceder ante una marea de nuevos estudiantes que buscan desafíos, no convertirse en maniquíes de viejas metodologías basadas (sobre todo, en el carácter expositivo y nunca en el activo). No obstante, el autor de este libro es realista en su manual: “es obvio: cambiar esquemas cuesta mucho. No se trata de ignorar los aspectos negativos de las dificultades que acarrean los cambios; de hecho, parece claro que no siempre vamos a poder borrar, en la Universidad, las principales huellas del aprendizaje lineal adquiridas durante las primeras etapas de la enseñanza” (Fuentefría, 2014: 143), pero en sus páginas muestra nuevas formas de llevar a cabo un cambio más que necesario en nuestras aulas.

Por tanto, Gestión de talentos y audiovisual interpretativo: Cómo administrar las aulas universitarias del futuro se transforma en una obra de indudable valor, porque si autores como Robinson han comenzado a erradicar la idea de que la escuela mata a la creatividad, Fuentefría ha puesto en su manual el comienzo de la aniquilación de esa idea del asesinato de la creatividad en las universidades. Y ya era hora.