Revista Latina

Reseñas de libros - 2018

Entre selfies y whatsapps. Oportunidades y riesgos para la infancia y la adolescencia conectada

Autores: Estefanía Jiménez, Maialen Garmendia y Miguel Ángel Casado

Editorial: Gedisa, Barcelona (2018)

ISBN: 978-84-16919-87-1

320 páginas

Reseña de Rebeca Suárez Álvarez, Universidad San Pablo CEU

Niños que tan siquiera saben leer ya utilizan los teléfonos inteligentes y las tablets para jugar o ver vídeos que sus padres ponen a su disposición. Según se incrementa el rango etario el uso de las TIC y la conexión a Internet se vuelve cada vez más frecuente, exhaustivo y, en ocasiones, problemático ya que los menores no están capacitados para establecer límites ni barreras al uso desmedido de la Red. En muchas ocasiones, tampoco conocen los beneficios y las oportunidades que las TIC pueden ofrecerles en su desarrollo personal y formativo. Esta dicotomía entre las ventajas y los riesgos que pueden encontrar los niños y los adolescentes cuando se conectan a la Red es la base sobre la que se fundamenta el libro “Entre selfies y whatsapps. Oportunidades y riesgos para la infancia y la adolescencia conectada” coordinado por Estefanía Jiménez, Maialen Garmendía y Miguel Ángel Casado.

La obra, basada en evidencias científicas, muestra la realidad que están viviendo los niños y jóvenes en relación con las TIC. Se compone de diecisiete capítulos y en cada uno de ellos aborda los contextos a los que se enfrentan los menores mientras navegan por Internet como son la construcción de la identidad adolescente, el ciberacoso, el sexting, el bulling o el reto de la mediación parental.

En el uso de las TIC se cumple la máxima “más oportunidad, más riesgos”. Cuantos más menores pasan más tiempo conectados a más aparatos y en contextos más variados, la exposición a los problemas también se incrementa. Los dos primeros capítulos abordan estos aspectos y resultan reveladores ya que no solo se ocupan de exponer los inconvenientes y los peligros a los que se enfrentan los menores en la Red, sino que también reflejan las ventajas que pueden aportarles y que, en muchas ocasiones, no distinguen aquellos que demonizan las TIC justificándose en las alarmistas noticias que publican los medios de comunicación. Las TIC proporcionan a los menores oportunidades de socialización, autoexpresión, aprendizaje, creatividad y participación a través de los medios online. Además “los adolescentes, con pocas diferencias de género, se benefician de una mejor experiencia online en términos de flexibilidad, ubicuidad y privacidad” (p. 32). Estas ventajas, tal y como muestran los resultados, están íntimamente ligadas a los riesgos que también se deben tener en cuenta.

Para protegerles ante los peligros que pueden encontrar los menores cuando posan sus ojos sobre las pantallas, resulta primordial que los progenitores tomen cartas en el asunto y realicen una mediación activa con sus hijos. Al igual que en la vida real les enseñan a cruzar la carretera, les acompañan en el camino para ir a la escuela o les instruyen cómo comportarse con extraños en la calle, los progenitores deben ser conscientes de la importancia de su papel cuando sus hijos realizan un consumo multipantalla. Esta mediación se torna más complicada y delicada cuando los niños y los adolescentes comienzan a ser poseedores de sus propios teléfonos inteligentes. Muchos padres sienten que con “la movilidad y la complejidad de los teléfonos inteligentes se hace más difícil su control, sobre todo en comparación con los ordenadores” (p. 87). La preocupación de los padres por el tiempo que pasan sus hijos usando los Smartphone tiene una larga tradición heredada del uso de los teléfonos móviles de antigua generación, aquellos que no disponían de conexión a Internet, pero ahora aporta elementos nuevos relacionados con la conectividad y la facilidad de acceso a las TIC en cualquier momento y lugar.

Los padres se preocupan por el consumo que supone que sus hijos vean vídeos o se descarguen aplicaciones en los móviles y que no sean consecuentes del gasto económico que supone. Asimismo, intentan negociar y establecer reglas sobre el uso de los teléfonos para que no se convierta en abusivo tanto por el tiempo utilizado como por el contenido visionado y, como medida, suelen cerrar la red wifi del hogar (que algunos niños logran esquivar conectándose a la red de los vecinos) o recogerles los móviles por las noches. El uso de los teléfonos inteligentes también se ha convertido en un elemento de confianza en la relación con los menores. Consideran que cuando crecen sus hijos desarrollan un uso más autónomo de Internet y crece su derecho a la privacidad.

Los capítulos dedicados al ciberacoso y el sexting permiten adentrarse de manera más detallada y procelosa en las nuevas prácticas que están viendo los adolescentes y cómo se enfrentan a ellas. Permiten conocer la evaluación y la detección del ciberacoso así como las medidas que se deben llevar a cabo para evitarlo. Apuestan por programas y cursos de prevención e intervención, así como la creación de protocolos de detección del ciberacoso, tanto para los menores como para el profesorado que debe colaborar para gestionarlo con efectividad.

Para investigar sobre el sexting, los autores plantean la necesidad de definir y aunar conceptos para categorizar uniformemente qué se entiende por sexting. Existen múltiples investigaciones, pero no aportan conclusiones parejas ya que no concurre una delimitación conjunta y predefinida por la comunidad científica acerca de los elementos y actividades concernientes a estas prácticas. El concepto de sexting, entendido como el intercambio de mensajes de contenido sexual mediante dispositivos electrónicos, hace replantearse si no constituye un espacio “nuevo y fascinante” en el que los adolescentes conceptúan su identidad sexual y su sexualidad con un componente romántico enriquecedor. Los autores proyectan el sexting más que como un problema, como una oportunidad en la que, en algún momento, se tergiversa y los sext pueden ser (mal)intercambiados o (mal)interpretados traspasando los significados para los que se crearon. Los autores de este capítulo señalan, en su investigación realizada a menores del País Vasco, que el sexting es una práctica extendida y las chicas tienden a ser más precavidas que los chicos en estas prácticas porque para ellas enviar un sext implica poner en juego su atractivo y el discurso moral sobre su reputación sexual.

Para ser capaces de minimizar el impacto de estos riesgos y gestionar las situaciones potencialmente dañinas en Internet, los autores del capítulo dedicado a la resilencia online, destacan que los niños “construyen su resilencia a través de la experiencia, al menos en lo que concierne al contenido sexual o impactante, a conocer extraños y al sexting” (p. 205). Para que los menores sean capaces de gestionar estos conflictos y puedan frustrar conductas de riesgo, las experiencias previas les ayudan a identificar problemas potenciales y son importantes para “el desarrollo de una conciencia sobre los riesgos y para la construcción de la resilencia” (Von Feilitzen y Stenersen, 2014; Young, 2009). Mantener una actitud sobreprotectora o efectuar una intervención restrictiva parece que no es lo más eficiente para ayudarles a incrementar su resilencia. Se les debe proporcionar el apoyo adecuado para que sepan cómo manejar convenientemente los episodios estresantes o adversos que se pueden encontrar mientras utilizan las TIC.

Es, por tanto, que los riesgos y los peligros se entreveran con los beneficios y las oportunidades que todos los actores sociales implicados en la crianza de los hijos - como son los padres, la escuela y los mismos menores - deben ser capaces de descubrir, vislumbrar y gestionar con el mayor éxito posible. La formación competencial en TIC se sitúa a la cabeza de las soluciones, así como la institucionalización de planes de formación y de prevención para situaciones de riesgo que les proporcionarán las herramientas necesarias para solventarlas.