Revista Latina

Reseñas de libros - 2018

Generación efímera. La comunicación de las redes sociales en la era de los medios líquidos

Autor: José Manuel Noguera Vivo

Editorial: Comunicación Social, 2018

ISBN: 978-84-15544-92-0

168 páginas

Reseña de Javier Serrano-Puche, Universidad de Navarra

Cuando estaba publicando [en Snapchat] era consciente de que el mensaje al día siguiente ya no existía”. Liviu tiene 18 años y es de Moldavia y forma parte de la “generación efímera”, aquella “cuya post-adolescencia ha coincidido con el auge y explosión de las redes sociales efímeras” (p. 158). Conocer la relación de los jóvenes como Liviu con las tecnologías digitales y sus hábitos de consumo mediático es el objetivo de este libro. Lo firma José Manuel Noguera Vivo, profesor de la Universidad Católica de Murcia (UCAM) y autor de una ya amplia bibliografía sobre la materia, como Todos todo. Manual de periodismo, participación y tecnología (UOC, 2015) o Redes y periodismo. Cuando las noticias se socializan (UOC, 2012).

Como explica Víctor Sampedro en el prólogo, el valor de Generación efímera reside en fijar sobre el papel “los miedos e ilusiones, los excesos y las preocupaciones, las competencias técnicas y el desconocimiento tecnológico de los usuarios más intensivos de las redes” (p. 13). A través de una sólida y ágil exposición del ecosistema mediático contemporáneo, complementada con una modesta investigación cualitativa (basada en un grupo de discusión y entrevistas con 15 jóvenes de diferentes países), Noguera Vivo traza a lo largo de la obra un panorama de la comunicación digital, donde las interacciones se caracterizan por la rapidez y fugacidad de los contenidos, acorde con la “vida líquida” moderna que tan acertadamente ha descrito Zygmunt Bauman.

Como recuerda el autor citando a Alfred Hermida, "los medios sociales son tan fáciles de usar desde un punto de vista técnico que enmascaran con facilidad los radicales cambios en la manera que nos comunicamos" (p. 48). Por eso, Noguera Vivo dedica los dos primeros capítulos a bosquejar los rasgos que conforman el entorno online y las prácticas sociales de los usuarios; marcadas por una conectividad constante y en movilidad, donde gana peso la recomendación social y la cuantificación de las interacciones (monetizadas por las propias plataformas) y donde el acceso a los contenidos noticiosos es con frecuencia “incidental” y desprovisto de contexto. Así pues, “el consumo noticioso ahora es un flujo más, insertado de forma transversal en el ocio y entretenimiento, no tiene canales y espacios reservados o privilegiados, y si quiere ‘hacerse un hueco’ en el resto de flujos que consumen los jóvenes debe ser lo suficientemente atractivo como para ser compartido” (p. 42).

Todo ello influye en el modo en que se configura la identidad de las personas en el ámbito digital; pues, como explica el autor, la realidad se ha mediatizado y “entre lo público y lo verdaderamente privado se ha tejido una nueva capa, una epidermis mediática del yo que es donde habitan nuestras redes sociales” (p. 61). Estas transformaciones se aprecian de modo claro en las denominadas “redes efímeras” como Snapchat o Instagram (a través de su función “Stories”), pero son extensibles a todo el espacio digital, en el que “cualquier marca, institución o medio de comunicación se enfrenta ahora a audiencias acostumbradas a un consumo efímero, inmediato, móvil y especializado” (p. 33).

Comprender el alcance de estos cambios en los procesos comunicativos y sociales es el propósito de los capítulos 3, 4 y 5, en los que el libro explora cómo el carácter efímero y “líquido” de las comunicaciones se ha apoderado también de los medios periodísticos, las industrias culturales y la actividad política, respectivamente. Como en el resto del libro, el estilo es ameno sin perder el rigor académico; apoyándose en un solvente manejo tanto de la literatura científica como de informes y estudios (Pew Research Center, Nielsen, IAB, Knight Foundation, etc.) y otras publicaciones especializadas.

Especialmente interesante es el capítulo dedicado al sistema mediático, en transición hacia “un escenario de medios líquidos. Un panorama con medios más pequeños, pero a la vez más sostenibles, especializados y ágiles” (p. 77), entre los que pueden surgir sinergias igualmente fugaces. El autor va mostrando ejemplos de iniciativas periodísticas como Quartz, Pictoline o Politibot que han sabido adaptarse a los nuevos hábitos de consumo, donde las vías de entrada a la información son múltiples, sociales e inesperadas y “el gran valor añadido diferencial lo aporta la comunidad de lectores que cada medio sea capaz de encontrar, gestionar y mantener” (p. 92).

Por lo que respecta a las industrias culturales (capítulo 4), en ellas la transformación digital ha conllevado la prevalencia de las conexiones y las interacciones frente al contenido, que tiende a ser breve y de rápida digestión: “Como si consumir contenidos no fuera una forma de conseguir algo (más información, más contexto, más capacidad crítica…) sino un fin en sí mismo, un entretenimiento como comer snacks” (108). No obstante y desde una aproximación macluhaniana que permea todo el libro, en esta ecología de medios (que tiene en la cultura popular audiovisual a Netflix y Youtube como emblemas) las plataformas son el “medio ambiente” que nos rodea. Por eso –defiende Noguera Vivo– debemos “dejar de victimizar o culpabilizar a los usuarios por los modos en los que usan los medios. Simplemente los están usando (los están viviendo) del modo más lógico que podían hacerlo bajo las circunstancias que definen su recepción de esa tecnología” (p. 104).

A estas circunstancias de recepción también se ha adaptado la dimensión digital de la política, inmersa en el cortoplacismo y en unos flujos comunicativos donde la forma importa más que el fondo. De ahí el recurso a fórmulas como los memes o los GIF, que permiten abrirse paso en la batalla por la atención de los usuarios, aún a costa de reducir la política a algo frívolo, absurdo y episódico.

Todo este panorama transversal de la comunicación online descrito por el autor encuentra eco en los “Diálogos con la generación efímera” (capítulo 6), en los que Noguera Vivo da voz a una pequeña muestra de jóvenes usuarios digitales. Huyendo de un excesivo proteccionismo (en la línea de otros autores como Livingstone o Boyd), el autor busca comprender antes que juzgar sus prácticas mediáticas, sabiendo que los riesgos asociados a ellas no necesariamente desembocan en daños. Así, de las entrevistas y el focus group Noguera Vivo concluye que los Millennials “han sabido apropiarse del carácter efímero de las comunicaciones para proteger un poco más su imagen online, al tiempo que advierten que en cualquier caso no existe la privacidad total en la Red; y por otro lado, reconocen perfectamente que en cada plataforma social están comunicando para audiencias diferentes” (p. 158). No obstante, aboga por impulsar la alfabetización mediática y una cultura crítica de los medios.

En síntesis, Generación efímera constituye una valiosa y oportuna contribución a los estudios sobre consumo digital y audiencias jóvenes. En un momento en el que cada vez se cuestionan más las políticas de las corporaciones y plataformas tecnológicas (en temas como la privacidad de las personas, el ‘derecho al olvido’ o la ética en el diseño de las aplicaciones (para no propiciar un uso compulsivo)), su publicación enriquece el debate en torno a las transformaciones que Internet trae consigo en las interacciones sociales y en cómo éstas son experimentadas por los propios usuarios.