Revista Latina

Reseñas de libros - 2018

Contenidos transmedia para la radiotelevisión de proximidad

Autores: Esteban Galán, Aarón Rodríguez Serrano, Javier Marzal Felici

Editorial: EUNSA, Pamplona (2018)

ISBN:978-84-3133-287-7

368 páginas

Reseña de Rosario de Mateo, Universitat Autònoma de Barcelona (UAB)

Componen este libro veinte ponencias presentadas al Congreso ComLoc 2017 que, según uno de sus ponentes, “explora los desafíos y oportunidades de los contenidos transmedia en la televisión de proximidad”. Aunque no aparece el lugar de convocatoria, se supone que se celebró en la Universidad Jaume I de Castellón, donde desarrollan su actividad docente e investigadora los editores de esta obra que abarca cuatro bloques:

1.- Comunicación y periodismo transmedia, con trabajos de R. Salaverría, J.M. Pérez Tornero, L.M. Calvo Rubio, V. Torner Ventura;

2.-Transmedia y Televisión, a cargo de C. López Olano, A. Azurmendi y M. Muñoz, C. Monedero Morales, E. Galán y M. Soler-Campillo y J. Marzal Felici, A. López-Meri y R. Rodíguez-Martínez y M. Mauri-Ríos, S. Sánchez Castillo, S. Gil-Soldevilla y S. Miquel Segarra;

3.- Experiencias y proyectos transmedia, con ponencias de A. Rodríguez Serrano y S. Gil-Soldevilla y M. Martín Núñez, (realidad aumentada y mecánicas de juego), J. MartínezSáez y E. Canós Cerdá (publicidad), E. Arana Arrieta, L. Mimenza Castillo y B. Narbaiza Amillategi (la recuperación de la memoria), J. Hernández (la ficción), M. Martín Núñez y T Sorolla Romero (el activismo), M.J. Picó y R. Sanahuja y F. Fernández Beltrán (la comunicación científica);

4.- Radio Transmedia, con aportaciones de L.M. Pedrero Esteban y M. Pérez Alaejos, A. García González, R. Terol Belinches.

Por tratarse de una obra mosaico, en la que cada participante aporta su ponencia, sin tener en cuenta lo aportado por los demás, se dan repeticiones y adaptaciones del término transmedia a los objetivos, necesidades e intereses de cada uno de los autores. Precisamente, por eso, es muy interesante la lectura de este libro pues deja al descubierto, de forma clara, el uso y el abuso de aquellos conceptos, como el de transmedia, que se han impuesto como referencia en la investigación, muchas veces, y como señalan algunos autores, con poca capacidad crítica.

En sus orígenes, las “narrativas transmedia”, término acuñado por Jenkins en 2003, se referían sobre todo, a historias audiovisuales de ficción. Más tarde, en 2011, Moloney extrapoló dicho término al campo del periodismo, precisamente por la necesidad de encontrar nuevos productos informativos. Como explica C. Monedero Morales en su aportación y citando a P. Irala, “El vocablo transmedia se refiere a dos subgéneros narrativos diferentes cuando hablamos de ficción o de no ficción. En el primer caso, se refiere a la difusión de contenido a través de diferentes medios o plataformas que aportan novedades narrativas al conjunto y en el que la audiencia se convierte también en guionista. La no ficción, en cambio, se identifica más estrictamente al uso de diferentes lenguajes para informar de una manera más completa acerca de un hecho y también se intentaría promover la participación de la audiencia prosumidora”.

Al parecer, según diversos autores, la narrativa transmedia está teniendo más éxito en las relativamente pocas historias de ficción realizadas hasta el momento, aunque aún no de forma generalizada. En la no ficción, en el periodismo, hay menos experimentación, y hay campos como, por ejemplo, el de la información diaria en el que se duda de la viabilidad de dicha narrativa.

También hay que señalar que la lectura del libro ayuda a conocer el estado de la cuestión sobre este tema y muestra que, como dicen los editores en su introducción, “nos hemos alejado de la reflexión y, en definitiva, de aquello que durante milenios nos fue poco a poco acercando a eso que dimos en llamar razón, humanismo o más humildemente, conocimiento. Ese conocimiento se obtiene a partir de la información filtrada, verificada y jerarquizada que se ha convertido cada vez más en un bien escaso. En este ecosistema comunicativo en transformación y por tanto líquido, es en el que se sitúa la irrupción de las narrativas transmedia”. De bote pronto, al leer este párrafo, se entra en el terreno de la desolación más absoluta que, precisamente, habría que conjurar con el análisis de la evolución del contexto político, económico y social en el que se insertan la comunicación y la información.

Aunque algunos de los autores apuntan, según las necesidades de su artículo, algunas características de esa evolución, se echa de menos un capítulo inicial que explicara cómo se ha llegado al contexto en el que se ha acuñado el concepto transmedia que, a veces, parece surgir por generación espontánea, por lo que se tiene la sensación, no ya de un “ecosistema de comunicación líquido”, como dicen los editores del libro, sino totalmente volátil. La mayoría de aportaciones no pecan de ingenuas ni utópicas y dejan entrever, unas de forma más clara que otras, la utilización por parte de las empresas de comunicación de las narrativas transmedia con el fin de rentabilizar nuevos productos en el mercado de la comunicación. Y se habla de la necesidad de dinero, de inversión, por lo que sacarán ventaja competitiva las grandes empresas y no las pequeñas, en definitiva, casi todas las de proximidad.

Este no es el lugar y tampoco hay espacio para hacer una reflexión profunda. Sólo apuntar que la crisis financiera y económica, comenzada en 2007, puso de manifiesto que el sistema político, económico y social no pasa por una crisis coyuntural, sino estructural. Es difícil saber, en este contexto complejo de cambios en marcha, a dónde lleva la transformación de la industria de la comunicación y de la información y entretenimiento y cuáles serán sus efectos políticos, económicos y sociales. Entre los factores que han incidido en dicha transformación, los hay tecnológicos, fundamentalmente la digitalización y la convergencia de la microelectrónica, la informática y las telecomunicaciones (la progresiva aparición de nuevas formas de creación, reproducción y difusión de contenidos); políticos (políticas de liberalización en tensión con el sistema de servicio público); económicos (la expansión de los mercados, la internacionalización y concentración empresariales, convergencia de medios de comunicación, telecomunicaciones y TICs, flexibilización de las estructuras de empleo, proceso de cambios en la demanda)); y sociales (la elevación del nivel de vida y educativo, la expansión de la cultura audiovisual y la alfabetización digital, el mantenimiento e incluso incremento de las brechas sociales). Estos cambios no sólo están llevando a la reestructuración de dicha industria, pero también, más en general, a una reestructuración del propio lugar que ocupa en el sistema social y su papel en la mediación informativa y cultural.+ Las narrativas transmedia son sólo una aportación más a considerar en ese contexto que evoluciona en función de la compleja interacción entre las innovaciones tecnológicas y los actores políticos, económicos y sociales. Y finaliza esta reseña con una pregunta que ya me hacía a principios de la década: ¿Cuál será el nuevo panorama mediático y cuáles los nuevos modelos de negocio después de la crisis? No sólo es difícil responder a esa pregunta sino también de una gran osadía pues lo único que se pueden establecer son tendencias posibles basadas en el proceso de transformación que está ocurriendo en la estructura de los medios de comunicación y, consecuentemente, en los modelos de negocio de sus empresas que se da en la gestión de todas sus funciones empresariales: marketing, producción, y financiación.

Y aunque en estos momentos el panorama no parece muy halagüeño, sobre todo para los medios de comunicación con poca capacidad económica y financiera, entre los que se encuentran los de proximidad, hay que contraponer, como decía Gramsci, al pesimismo de la razón el optimismo de la voluntad.