Revista Latina de Comunicación Social

Reflexiones

De cómo y por qué se ha herido al periodismo


Elena Acosta Martín

Está claro que el periodismo está herido. Y después de haber leído el libro comprendo porqué. No obstante, no es el género en sí el que merece un ingreso inmediato sino los que ejercen de periodistas. Son ellos, somos nosotros, los que obviamos gran parte de sus directrices, sobre todo, la de la objetividad. Por lo tanto, no es el periodismo el que debe cambiar sino el profesional de la información.

Hace una semana, el jefe de prensa de la Consejería de Educación nos comentaba a unos compañeros y a mí lo mal que anda el periodismo. Explicó cómo los periodistas sólo se interesaban por las malas noticias referentes a la Consejería: huelgas de profesores, incidentes en las aulas o fallos en la administración, obviando la mayoría de los programas para becas, mejora en la educación, etc. que ellos ofrecían. En ese momento pensé, 'el periodismo, herido', pero es el mal ejercicio de la profesión el que lo ha herido. Cabe destacar que la Educación en este país tampoco anda muy bien que digamos. De ahí que los periódicos cubran sus portadas con los conflictos educativos.

Pero, ¿por qué hacer esto? ¿Acaso las malas noticias venden más? No lo creo, de hecho, el público, por lo general, huye de las malas noticias, no quiere contaminarse con ellas. La desgracia existe, pero no debe exagerarse y mucho menos, comercializarse.

Hay que hacer una clara distinción entre lo que es buen periodismo y aquello que es baladí

Sin embargo, muchas veces se presentan estas informaciones sin importancia (normalmente relacionados con personajes famosos) en las portadas de los periódicos más importantes. Es un hecho que se da cada vez más en la prensa. El periodismo ya no es lo que era. Hace un tiempo leí que más de la mitad de las noticias que se publican provienen de agencias como Reuters o Efe y, por supuesto, de gabinetes de relaciones públicas. Parece que se ha perdido la labor del periodista que investiga y sale a la calle a buscar la noticia. Creo que éste es otro de los males principales del periodismo actual y de los periodistas.

Pero pasemos ahora a hablar del libro en sí mismo. La obra hace un interesante recorrido por aquello que no ha de hacerse y que, sin embargo, se hace. Empezando por la importancia que el lenguaje ha de tener para un periodista y terminando por la incursión de un amarillismo extremo en sus páginas.

Es cierto que el arma más importante y básica de un periodista es el lenguaje. Por esto, una de sus principales tareas es la de conocerlo y saber utilizarlo de forma correcta. Sobre este punto, el primer capítulo da una serie de ejemplos sacados del periódico El País. Ejemplos de errores, entre los más usuales, las faltas de ortografía, para mí, el peor de todos ellos, pero también hay errores tipográficos, repetición de palabras, etc.

La obra está destinada al periodista, pero también al lector de periódicos que sin ejercer la profesión está vinculado a este mundo. Por esto me parece muy útil, ya que no se trata de un libro hermético sólo accesible a los entendidos de esta materia. Está escrito con un lenguaje sencillo y claro que pretende ser orientativo para el público.

El libro se articula en torno a diez capítulos. Sin embargo, bajo mi punto de vista se podrían presentar todos los casos como una especie de glosario. Esta forma podría ser más práctica para el lector que iría directamente a buscar el error y su posible solución.

Cada capítulo se dirige a un problema que se ve y se lee con frecuencia en prensa española. Problemas que son el resultado de una nueva concepción del periodismo como si fuera un negocio. Tal y como plantea el libro, el periodismo debe estar en todo momento al servicio del público. Debe trabajar por y para él, que es uno de sus objetivos finales, llegar al lector.

Un periódico no es una empresa, es un servicio a la sociedad

Por eso creo que el ejercicio del periodismo está reñido con la afiliación política, sobre todo si no se dejan de lado las ideologías políticas al ejercer esta profesión. La objetividad total es algo bastante difícil de conseguir, no obstante no se debe utilizar un periódico como propaganda política. Es una pena ver cómo cada medio, ya no sólo la prensa, está dirigido políticamente, de tal forma que todos nos damos cuenta de su ideología. Es una pena, porque esto viola las bases del buen periodismo.

Pero esta situación representa no sólo una vuelta a la base de esta profesión sino un antes y un después en el periodismo. Así es, puede que los profesionales de la información y los que queremos hacer de esto nuestro futuro tengamos que dar una vuelta de tuerca a esta etapa. Una vuelta de tuerca que supone, desde un punto de vista positivo, una oportunidad para relanzar este maravilloso oficio.

Con esta enfermedad que afecta al periodismo quizá seamos capaces de progresar nosotros mismos y de fortalecerlo de una manera asombrosa. Esto podría hacerse aprovechando los errores de los que hemos venido hablando y aprender de ellos. De esta forma esta herida del periodismo se convertiría en un reto, en algo que hay que solventar y sanar.

Me gustaría comentar unas palabras de Javier Moreno, actual director del periódico El País. En octubre de 2007 se produjo un “gran cambio” en el periódico y con motivo de este cambio el director señaló en un suplemento titulado “De cómo y para qué se ejerce el Periodismo”: «Cambiamos por responsabilidad; por responsabilidad con nosotros mismos, en primer lugar, como periodistas; por responsabilidad con nuestros lectores y, por extensión, por responsabilidad con la sociedad a la que nos dirigimos y con la que ya contrajimos ese compromiso hace 31 años, cuando el periódico vio la luz por vez primera» (El País, 14 de octubre de 2007, suplemento).Cambiar por responsabilidad con el lector conlleva un fuerte compromiso de coherencia; coherencia que ha de verse con el paso del tiempo y de los Gobiernos.

Habla Moreno de una “independencia insobornable” que, sin embargo, muchas veces flaquea y deja entrever un periódico parcial. Este contrato con el lector me parece algo digno de mencionar, teniendo en cuenta que los libros de estilo también suponen una especie de contrato. Así pues, si el grado de fidelidad es el mismo que con estos últimos el asunto ya no es tan responsable.

Por todo esto, la gran esperanza de los lectores es que el periodismo se recupere y deje de ser un elemento de poder para convertirse en un verdadero elemento de la sociedad y una fuerza de ésta. Las curas aquí no valen, sólo un profundo cambio en el lector que debe exigir calidad y coherencia en los diarios. Y es ahí donde se forja la identidad de un periódico.


Un periódico es un compromiso con sus lectores y no podría crecer sin la crítica ni los obstáculos

Me permito citar la magnífica metáfora de Kant “la ligera paloma que al volar libremente siente la resistencia del aire, podría imaginar que en un espacio sin aire volaría mejor”. La paloma no puede volar en el vacío, no se puede volar sin el obstáculo y el empuje que supone el aire. El aire es el aliento y la voz crítica de los lectores.


* Reflexiones de estudiantes universitarios, tras la lectura del libro El Periodismo, herido / Estudios que delatan divorcio entre prensa y sociedad: "El País", como referente , de José Manuel de Pablos, Madrid: Foca Investigación.