Revista Latina de Comunicación Social

Reflexiones

La decadencia de la prensa parece estar consensuada

Jacobo Agustín Rodríguez Domínguez

El periodismo ha de ser una forma de interpretación de la realidad lo más objetiva y veraz posible. Su fin debe ser proporcionar a la sociedad las herramientas necesarias para descifrar y conocer la realidad (versada en el acontecer diario), y opinar sobre ella mediante los medios de comunicación de masas.

Desde hace décadas, la proliferación de los medios audiovisuales ha sustituido el papel de los medios impresos como transmisores inmediatos de las informaciones noticiosas. Esto ha hecho que los medios impresos hayan tenido que profundizar más en las noticias, ser más reflexivos, hacer una interpretación más profunda de ellas y, por lo tanto, atender más la labor de investigación.

Estas premisas, como veremos a continuación, no se suelen dar en el periodismo actual, debido a diferentes factores de consideración diversa.

La información como negocio

La mercadería ha irrumpido en los medios como una forma más de comercio. Éste es uno de los grandes males que afectan al periodismo actual. Se ha cambiado el sentido del periodismo con una facilidad pasmosa. En contra del servicio social, que se supone debe cumplir, el periodismo ha sucumbido a la empresa.

Y es que ¿ha sido la publicidad la que les ha dado independencia a los medios o son los medios de comunicación esclavos de la publicidad? Creo que una afirmación iría más en consonancia respondiendo a la segunda parte de la cuestión.

Como en toda empresa, lo primordial son los beneficios. Lo importante será sacar todos los días una tirada con el menor costo general posible, compensado por la publicidad, que será la que aporte los beneficios. ¿Para qué preocuparse de cumplir la principal y “antigua” función periodística si no va a ser la que aporte el sustento principal de la empresa? ¿Qué lugar ocupa la información en la escala de valores de esa empresa?

Pues parece que ya no importa la calidad sino la cantidad, o sea, el relleno a un menor costo. Los lectores no tienen por qué ser lectores, deben ser consumidores del producto publicitario que sustenta al periódico. Lo importante es tener el mayor número de lectores o aumentarlos (da igual cómo se consiga), ya que se recaudará más porque la publicidad llega a más público y, lógicamente, se encarecerá el espacio publicitario en los rotativos. Viene siendo como un círculo de relaciones.

El nuevo periodismo

Las nuevas condiciones económicas a las que está sometido el periodismo, más la irrupción de las nuevas tecnologías, han hecho que nos encontremos ante una nueva forma de hacer periodismo. El nuevo modelo de periodismo se basa más en la recepción de información que en su búsqueda o en su investigación.

Las nuevas tecnologías han favorecido esto, ya que se pueden recibir informaciones en poco tiempo desde todos los puntos del mundo. Aquí cobran especial relevancia las notas de prensa producidas por los gabinetes o las informaciones procedentes de agencias; es, por así decirlo, un periodismo de oficina.

Parece un periodismo transcriptor: se le da forma a lo que se recibe en la redacción para adecuarlo al espacio del periódico. Esto tiene sus problemas: este periodismo de noticias rutinarias exige redacciones rápidas por la premura que se ha establecido en este ejercicio, con lo que la calidad se resiente a la vista de los lectores; además, exige un ejercicio de titulación un tanto original.

Y es que el nuevo periodismo se provee de (casi) las mismas noticias para todos los periódicos; entonces, habrá que hacer algo especial. Es ahí donde entran las titulaciones amarillistas que nada tienen que ver con el verdadero periodismo y que, de paso, omiten las recomendaciones de los libros de estilo (ese gran olvidado). Lo importante es que sean titulares llamativos para el público, o los consumidores, según se mire.

Parece que está de moda lo sensacionalista, el morbo, la desinformación y el chisme; quizás los medios audiovisuales sean el espejo donde mirarse. Y es que no hay más que observar que las mayores audiencias se dan en los llamados reality shows, donde las anteriores características se dan en abundancia. Parece que el periodismo impreso se encamina por esos derroteros, yendo en contra de los libros de estilo y del código deontológico.

¿O es que realmente la sociedad reclama esta forma de hacer periodismo? El periódico más leído de este país es el diario Marca, donde las noticias son minoría y donde la foto morbosa, el titular salido de tono, la opinión y el rumor son constantes. Quizás esa cadena que forman: publicidad, medios, cultura de masas y público está funcionando demasiado bien.

Y es que las nuevas generaciones, aun estando alfabetizadas casi al cien por cien, parece que tienen una menor comprensión de lo que leen. Por eso prefieren la imagen audiovisual al texto escrito. Es algo en lo que los medios parecen estar de acuerdo y la publicidad que en ellos se exhibe mucho más. Se busca más a observadores que a lectores. Cae la cultura, cae la calidad, cae la información; pero siempre nos quedará… la economía.

El periodismo, otra forma de poder al servicio de la política

Estamos ante uno de los peores vicios del periodismo impreso actual. Ya estamos bastante acostumbrados a ver que las líneas editoriales, “visibles o disfrazadas”, de la mayoría (por no decir de todos) los periódicos nacionales suelen ir en consonancia con las ideas políticas del partido que sufraga, de una u otra manera, a cierto medio.

Entramos nuevamente en la dimensión económica de la empresa informativa. Y es que los directores de las editoriales parecen no tener conciencia de lo que significa el periodismo como servicio social, bien porque no conocen la profesión, bien por sólo querer sacar partido económico o bien por introducir sus convicciones políticas en la función informativa.

Esta situación es un verdadero sufrimiento para el periodista, aun teniendo como defensa de su libertad de expresión, sin censura alguna, el artículo 20 de la Constitución. Sin embargo, cada empresa establece su propia definición o línea editorial, con lo que existe una libertad condicionada.

Aquí se encuentra el problema de la actual precariedad laboral en la que viven los periodistas, sujetos a la manipulación de su empresa y ahogando cada vez más la vocación de servicio en pos de un favor propagandístico más efectivo para la prensa y más parcial para el lector.

El lector, gran perjudicado

El problema se entiende mucho mejor desde la perspectiva del lector que lleva décadas siguiendo la tirada diaria de la prensa. Éste sí ha visto los cambios producidos: un mayor número de erratas, descenso en las citas de fuentes, pérdida de calidad, manipulación de fotos de archivo, información sobre rumores, informaciones incompletas y demás tropelías que han irrumpido arbitrariamente en los diarios.

Esto se entiende como una falta de respeto al propio lector (que lo suele denunciar en las propias páginas de los diarios o acaba por dejar de leer), así como un incumplimiento de la Declaración Universal de los Derechos del Hombre de 1948 o de la propia Constitución Española.

En dicha Declaración (en su artículo 19) nace el “derecho a la información: a una información objetiva, completa (recibir todas las noticias) y con carácter universal (todas las personas sin exclusión alguna)”. Asimismo, la Constitución Española recoge en su artículo 20 el derecho fundamental “a comunicar o recibir libremente información veraz por cualquier medio de difusión”.

No sabemos si el periodismo impreso ha empezado a decaer o si ha tomado otro rumbo para adaptarse a las circunstancias; lo que parece bastante seguro es que se está transformando la definición de periodismo hasta niveles insospechados.

* Reflexiones de estudiantes universitarios, tras la lectura del libro El Periodismo, herido / Estudios que delatan divorcio entre prensa y sociedad: "El País", como referente , de José Manuel de Pablos, Madrid: Foca Investigación.