Revista Latina de Comunicación Social

Reflexiones

 

La vaga visualización del periodista

Juliana Waelkens

El ser humano  tiene innumerables  cualidades  y características que desarrolla  como persona, como ser vivo que tiene que sobrevivir en un mundo cambiante y complejo. El mundo en el que vivimos, en muchas ocasiones, no se adapta totalmente a nuestras capacidades. Generalmente son éstas las que no consiguen desarrollarse plenamente para poder adaptarse a todas las situaciones y circunstancias que nos rodean.

Como consecuencia,  las personas pueden llegar a una situación de frustración o  vulneración si no consiguen todo lo que creían poder alcanzar. Esto se debe a que, lógicamente, cada persona tiene unas capacidades que son limitadas y a ello se une la imposición de ciertos valores sociales y culturales que muchas veces se superponen a la realidad.

Muchos de estos valores se inculcan a través de los medios de comunicación. Estos, como canales de transmisión de  información, deben de informar a la sociedad de aquello que acontece en la realidad de forma objetiva y veraz. Para ello, el periodista tiene que contrastar la información, verificarla, para que ésta no carezca de credibilidad.

En dicha transmisión de valores vemos cómo, dependiendo del medio, se reflejan de una forma diferente. La cuestión radica en la existencia de una serie de aspectos, especialmente económicos - empresariales, que conllevan a que cada medio tenga su audiencia y, por tanto, esa audiencia adopte una determinada postura respecto al medio.

Basándonos en el análisis que se  hace de la sección La Cultura del diario El País, cuando Jesús Ceberio era director del periódico, resulta sorprendente y vergonzosa la aparición de noticias de carácter cultural en la sección de espectáculos. Pero no solo esto, la publicación de fotografías de modelos con vestimentas traslúcidas y en pleno esplendor en una sección que, con esta forma de tratar la información, se aleja totalmente del periodismo.

Como bien se afirma, para eso no se adquiere un periódico. Con ello se consigue que la información pierda credibilidad y que adquiera otro tipo de interés, ajeno al interés periodístico.

Realidad informativa

En muchas ocasiones se elabora información no para informar sino para seducir y conquistar a la audiencia. A modo de placebo, se ofrece dicha información a cambio de cualquier  tipo de incitación que se ofrezca, con tal de alcanzar un elevado número de ventas. Es aquí cuándo se pierde la noción de lo que es verdaderamente el periodismo y, por tanto, de cómo se debe ejercer la profesión.

El poder de quienes manejan los medios de comunicación es realmente impresionante si reparamos en ello. Existe un límite de capacidad de transmisión, recepción y asimilación de la información.

Se trata de un proceso que, aunque parezca sencillo, no lo es si se analiza desde varias perspectivas. En este caso si nos centramos en el volumen de información transmitida y de aquí entresacamos lo que realmente podría considerarse información periodística, podríamos seleccionar y matizar detalladamente los diferentes contenidos.

Cada medio de transmisión de información es diferente y, por tanto, posee unas características  específicas y peculiares según su ideología. Lógicamente, éste es el motivo por el que no transmiten los mismos contenidos. Los transfieren de diferente forma o bien son iguales que los de otros medios, pero con una visión distinta.

Esta razón conlleva a veces a que la audiencia llegue a confundir los contenidos de la información, desde captar, comprender y asimilar lo transmitido hasta llegar a invertirlo totalmente. De esta forma se está hiriendo al periodismo, porque los destinatarios no saben o no pueden descodificar bien la información.

En muchas ocasiones, los medios de comunicación utilizan ese poder masivo  como “fortalecedores de la democracia”, característica del síndrome de Buckinham. Es tanta la capacidad de movilización de masas de los medios que los poderes del estado se ven arrastrados por los mismos, ya que de lo contrario pierden su imagen.

La función del periodismo es, por tanto, esencial para la vida de la sociedad pero se ha de caminar con cuidado. Cuando nos adentramos en temas de una especial coyuntura se requiere separar la mera información de un acontecimiento de la provocación informativa, como sucede en elefecto I y en el síndrome de Washington.
 
¿Agotamiento o incapacidad creativa?

Los transmisores de información tienen que adecuarse al público al que se dirigen. Cuando esto no se consigue está perjudicando tanto al emisor como al receptor y éste no debería ser el camino a seguir del periodismo aunque, en ocasiones, se rija de esta manera.

Esto implica que el canal de comunicación sea puro, limpio, racional y comprensible. De lo contrario, el público receptor puede llegar a saturarse de tanta información recibida y que no pueden  descodificar correctamente.  De esta manera puede llegar a invertirse todo el proceso de comunicación.

En el caso de la prensa, resulta imposible transmitir un determinado contenido informativo si esa información no está bien redactada o carece de los elementos necesarios para su comprensibilidad. Este proceso incluye determinadas técnicas como no utilizar tópicos, y saber aplicar bien el uso de titulares, ladillos, sumarios… Todo ello, para no incurrir en la presentación de un texto en donde se confunda su contenido solamente porque el redactor no sabe más que decir y opta por utilizar recursos inadecuados.

No es necesario informar por informar, es decir,  hacerlo únicamente porque “es lo que tenemos que hacer”. El periodismo es también implicación, elaboración, creación… no se trata sólo de publicar lo que hay que publicar. El periodista ha de ser laborioso y esmerarse en sus acciones para dar a la  audiencia, en este caso a los lectores, ese sentir  y ese placer de recibir con claridad una información periodística.

De este modo, el lector podrá leer correctamente en un primer momento una noticia de su interés. Si acaso dicho interés se encuentra en otra parte del mismo texto o pertenece a otra noticia diferente, el lector no se encontrará con ningún obstáculo tipográfico que no le permita continuar con la lectura. Constatar dicha afirmación parece ser bastante sencillo, sin embargo, no siempre se lleva a la práctica.

Toda esta serie de circunstancias confluyen en una objeción determinante: la atracción de los lectores a la textura de la información radica, por tanto, en el “diseño o presentación de la página”. Dicha aseveración es realmente comprobable. Resulta mucho más apetecible y aliciente leer un texto con una presentación inmejorable que, por el contrario, encontrarse con una información densa y abrupta.

Poder sin límites

El poder político juega un papel primordial en nuestra sociedad. Es primordial porque sin poder no podría existir la democracia, la pluralidad y, junto con el resto de los elementos que lo constituyen, la estructura en sí del sistema.

Se puede decir que la política y el poder confluyen en un mismo concepto, ya que sin aquella no podría manifestarse aquél y viceversa. Ha sido el propio sistema el que nos ha llevado a tal situación. Parece que vivimos para alimentar las bocas de aquellos que manejan y manipulan el poder, porque de lo contrario no podemos sobrevivir.

Observamos cómo el poder va comiéndose el mundo y aquí los medios de comunicación juegan un papel decisivo. No es recomendable que estos, a pesar de que influyen ineludiblemente en el sistema político, adopten determinadas posturas y formas de actuación a partir de él.

Se trata de un asunto delicado, ya que los medios se mueven dependiendo del tipo  de poder  que tengan o consigan. Sin embargo, esto no les da pie a que se consideren un poder más. Para ello tienen que establecer unas determinadas relaciones, de forma que en cierto modo se complementen sin llegar a pisotearse.

La relaciones periodistas – sistema político podrán ser diferentes dependiendo de cómo se establezcan. Legítimamente tendrá que ser una relación en donde estén presentes la estabilidad, la cordialidad y la objetividad, entre otras actitudes, a pesar de que, por lo general, no se demuestren.

Está claro que el periodista que quiera ser un buen profesional no tiene que caer en las garras del poder. Sí es así, ha de luchar por mantenerse lo mayor posible al margen y, por tanto, debe conseguir que el periodismo no se convierta en un mero eslabón de poder dentro de un sistema jerárquico.

El periodismo no tiene que limitarse a unas funciones determinadas según quién gobierne o dirija el sistema. Debe ser plural, independiente y neutral. Sin embargo, el poder  ha ido configurando la realidad de tal forma que ya todo depende y gira en torno a él.  

El quid de la cuestión

¿Con qué criterios los periodistas ejercen su profesión? ¿Hasta dónde llega su forma de proceder? ¿Porqué en muchas ocasiones son conscientes de los errores en los que incurren? y ¿Porqué no se preocupan en estos casos de procurar evitarlos? Éstas y otras tantas cuestiones surgen de hechos realmente inquietantes.

Como futuros profesionales, si no nos preocupamos ahora de estas cosas y no las analizamos e investigamos con detenimiento, ¿qué será de nuestra labor?

A veces se cree que todo llega en su momento y que de nada sirve que algo puede prevenirse con suficiente antelación. Pero no siempre es así. Resulta realmente eficiente indagar ahora en estas cuestiones porque nos permite, como estudiantes de periodismo, ir concienciándonos de ello.

El periodista tiene que implicarse y “mojarse” en su quehacer diario. Ha de convertirse en un mito palpable en el mundo espacio-temporal que le rodea. Aunque es una tarea ardua y laboriosa tiene que llegar a ser sencilla y espontánea. 

Paulatinamente, a medida que analizamos con más detenimiento este mundo, vemos cómo se cristalizan hondamente  las heridas. La codicia, el poder y la manipulación confluyen en un juego imparable en donde el periodista no es más que un simple “vagón”.

Pero esta situación no ha de hacerle más vulnerable e incapaz, tiene que realizar su labor con esmero y pudor. Con esta actitud nos enfrentaremos a lo que venga y aniquilaremos el estigma de “periodismo herido”  y velaremos por un “periodismo sano”, en el que no cabrán ni las más mínimas fragilidades.

* Reflexiones de estudiantes universitarios, tras la lectura del libro El Periodismo, herido / Estudios que delatan divorcio entre prensa y sociedad: "El País", como referente , de José Manuel de Pablos, Madrid: Foca Investigación.