oiralatina

Actas
I Congreso Internacional Latina de Comunicación Social
Universidad de La Laguna, 8-11.XII.2009

Sociedad Latina de Comunicación Social - ISBN: 978-84-9941-001-2

Los encuadres del miedo en la frontera Sur de la UE. Una mirada deontológica a la criminalización de los inmigrantes en la prensa de Canarias (España)

Frames of fear on the south border of the UE. A deontological view of the criminalization of inmigrants in the press of the Canary Islands (Spain)


Dr. Rodrigo F. Rodríguez Borges
Profesor del Departamento de Ciencias de la Información, Universidad de La Laguna, ULL, España.
rrodbor@ull.es

Resumen: Canarias se han convertido en la puerta de entrada al continente europeo para miles de inmigrantes procedentes de África. El reducido tamaño del archipiélago, la lejanía de Europa y la debilidad de su economía han disparado las alarmas entre los canarios, preocupados por la llegada de un elevado número de inmigrantes. En este contexto potencialmente explosivo, los media canarios contraen una grave responsabilidad deontológica, pues su forma de informar sobre la inmigración puede contribuir a exacerbar las actitudes xenófobas de la población. En este texto se estudia los titulares de los cinco principales periódicos de Canarias –Diario de Avisos, La Opinión, El Día, La Provincia y Canarias 7-, aparecidos en 2006, cuando en pocos meses llegaron a sus costas 32.000 inmigrantes y 6.000 más fallecieron en el mar. El objetivo es someter a escrutinio estos titulares de prensa desde la perspectiva deontológica. El método de investigación empleado es de naturaleza cualitativa y se basa en el modelo de análisis del discurso desarrollado por Van Dijk. El léxico y las estrategias discursivas utilizadas en la elaboración de los titulares son dos de los aspectos analizados; asimismo, se presta atención a la utilización estratégica de las cifras y al uso de ciertas expresiones metafóricas. Todos estos elementos contribuyen a construir un discurso informativo que conduce –deliberada o inconscientemente- a la criminalización de los inmigrantes. 

Palabras clave: inmigración, prensa, Islas Canarias, ética periodística, análisis del discurso.

Abstract: The Canary Islands have become the main entrance to Europe for the immigrants coming from Africa. The limited area of the archipelago, the distance to Europe and its economic weakness have raised the alarm among the natives of the islands, worried about the arrival of a large number of immigrants. In this potentially explosive situation, the media of the Canaries must have a strong sense of responsibility since their way of informing about immigration may contribute to exacerbate xenophobic attitudes among the population This work analyzes the headlines published in 2006 in the five main newspapers in the Canary Islands - Diario de Avisos, La Opinión, El Día, La Provincia and Canarias 7-, when 32,000 immigrants reached the islands on small boats and 6,000 died in the open sea. The objective is to examine those newspaper headlines from the point of view of professional ethics. The method of the research is based on qualitative prospect and the model of analysis discourse by Van Dijk. The vocabulary and discourse strategies used in the writing of the headlines are two aspects studied here; the strategic use of figures and certain metaphors deserved our attention as well. All these elements contribute to build an informative discourse that leads- intentionally or unconsciously-  to the criminalization of immigrants.

Keywords: immigration, press, Canary Islands, journalism ethics, discourse analysis.

Sumario: 1. Introducción. 2. El impacto de los titulares. Referencias teóricas y metodológicas. 3. La retórica de la criminalización. Análisis de las estrategias discursivas. 3.1 Designación culpabilizadora. 3.2 La idea de frontera y los intrusos. 4. El uso estratégico de las cuantificaciones y las cifras-récord. 5. El valor de las metáforas. 6. Conclusiones. 7. Bibliografía. 8. Notas.

Summary: 1. Introduction. 2. The impact of headlines. Theoretical and methodological references. 3. The rhetoric of criminalization. Analysis of the discoursive strategies. 3.1 Incriminative lexicon. 3.2 The idea of border and intruder. 4. The  strategic use of quantification and record figures. 5. The value of metaphors. 6. Conclusions. 7. Bibliography. 8. Notes.

1. Introducción
En la última década, el fenómeno de la inmigración ha irrumpido en la realidad española, transformando una sociedad tradicionalmente emisora de emigrantes en receptora de inmigrantes (Oliver, 2006; Rodríguez Borges, 2009). Canarias se ha convertido en la puerta de entrada a Europa para miles de inmigrantes procedentes del Magreb y el África subsahariana. El reducido tamaño del archipiélago, su fragmentación en siete islas, la lejanía de Europa (1.400 km de mar lo separan de la Península Ibérica y apenas 100 de la costa africana) y su debilidad económica (26% de su población en paro) han disparado las alarmas entre la población local, que observan con preocupación la llegada irregular de este elevado contingente de inmigrantes (Godenau y Zapata, 2005).

En este contexto potencialmente explosivo, los medios de comunicación contraen una grave responsabilidad pública, pues su forma de informar sobre los inmigrantes puede ayudar a una gestión razonable de una situación muy compleja o, por el contrario, contribuir a alimentar las actitudes xenófobas de la opinión pública. Este artículo analiza el tratamiento dado por la prensa canaria a la inmigración, estudiando los titulares aparecidos durante 2006 en los cinco principales periódicos de información general que se editan en Canarias. La base muestral del estudio estuvo conformada por 10.425 noticias, distribuidas de la siguiente forma: 2.216 insertadas en La Opinión; 1.792, en Diario de Avisos; 2.049, en El Día; 2.026, en La Provincia; y 2.342, en Canarias 7.

La elección de 2006 como periodo de estudio se justifica porque ese año llegaron a las costas de las Islas Canarias 32.000 inmigrantes africanos a bordo de 600 precarias embarcaciones -cifras sin parangón en España y en el conjunto de la EU-, a las que debe añadirse un pavoroso y silenciado balance de 6.000 personas desaparecidas en el mar durante la travesía (SOS Racismo, 2007: 43). El clima de preocupación generado por los acontecimientos vividos en aquellos meses alcanzó a las principales instituciones del archipiélago y del país ante una situación que se calificó de emergencia.

En plena ola de psicosis colectiva, el Parlamento de Canarias aprobó una resolución en la que se exigía al Gobierno central que utilizara los buques de la Armada para frenar la llegada de inmigrantes a las costas del archipiélago. El asunto se convirtió, incluso, en una prioridad para la Unión Europea, que puso en marcha el denominado Frontex, un operativo militar, aéreo y marítimo, para garantizar el control de sus fronteras exteriores.

2. El impacto de los titulares. Referencias teóricas y metodológicas
En general, cabe afirmar que los procesos de comunicación se rigen por una suerte de economía de los intercambios lingüísticos en la que se expresan distintas relaciones de poder simbólico. Desde esta perspectiva, los textos comunicativos que los distintos actores sociales ponen en circulación representan algo más que una mera colección de signos destinados a ser comprendidos o descifrados. En interacciones comunicativas como las de la acción política o la comunicación de masas, además de su funcionalidad puramente instrumental, los mensajes se exhiben también como signos de riqueza, destinados a ser apreciados y valorados, y como signos de poder que persiguen ser creídos y obedecidos.

Podemos decir, pues, que un determinado discurso adquiere su valor y sentido plenos en un mercado comunicativo en el que se producen los intercambios lingüísticos, de acuerdo con unas particulares leyes de formación de precios: “el valor del discurso depende de la relación de fuerzas que se establece concretamente entre las competencias lingüísticas de los locutores, entendidas (…) como la capacidad que tienen los diferentes agentes que actúan en el intercambio para imponer los criterios de apreciación más favorables a sus productos” (Bourdieu, 1985: 40-41).

En efecto, el discurso tiene poder estructurante y una eficacia probada para construir simbólicamente nuestra realidad. En ese contexto, el poder para nombrar y calificar emerge como una operación básica del lenguaje y una forma privilegiada de intervención en el mundo. De ahí que todos los agentes sociales pugnan por ejercer ese poder de nombrar y de hacer el mundo nombrándolo; lo que equivale a decir que cualquier agente aspira a convertirse en “autoridad simbólica en tanto que poder socialmente reconocido para imponer una cierta visión del mundo social” (Bourdieu, 1985: 66).

Visto desde esta óptica, la pretensión habitual en los media de actuar como “la voz del pueblo” y los alardes públicos sobre sus millonarias audiencias no persiguen más que acumular el suficiente capital simbólico para que la opinión pública reconozca su influencia y su visión de las cosas resulte legitimada socialmente. El discurso de los medios trasciende en mucho la simple tarea de contar lo que ocurre. Junto al hacer saber, propio de la labor informativa, los medios tienen también la voluntad de modelar el mundo conforme a una cierta visión que se quiere trasladar al público. De esta manera, consiguen actuar sobre la realidad influyendo en las representaciones simbólicas (ideológicas) que de esa realidad tienen los otros actores sociales (Bourdieu, 1985: 96).

De igual manera que los mensajes mediáticos se producen y difunden en el seno de un ecosistema jerárquico de relaciones sociales de poder, los textos informativos, en su estructura interna, están organizados jerárquicamente en función de la importancia concedida a los distintos contenidos. De este modo, el principio de relevancia actúa como un factor organizador del discurso, marcando la cadencia con que las macroproposiciones del texto van siendo suministradas al lector (Van Dijk, 1985: 69-70).

Los editores de prensa emplean un amplio repertorio de recursos redaccionales y de composición para señalar no sólo el itinerario de lectura que debe seguir el comprador del periódico, sino también el enfoque interpretativo con que debe aproximarse a la actualidad. En este contexto, la redacción de los títulos, antetítulos y subtítulos, así como la de la entradilla de la noticia tiene una importancia determinante porque  fija el patrón de descodificación del mensaje que aplicará el eventual lector del texto.

La disposición estratégica de la información en una página de periódico no sólo afecta a la legibilidad del texto, sino que cndiciona la recepción-interpretación que hace el lector del mensaje. Aunque el concepto de influencia resulta sumamente complejo y resbaladizo, es incuestionable que el modo de presentar la información afecta a la comprensión de la noticia, además de suministrar al lector ciertos modelos para explicar y explicarse los acontecimientos de la vida social (Entman, 1992, 1994; Semetko and Valkenburg, 2000; Valkenburg et al., 1999; McCombs and Reynolds, 1994).

Condicionar la percepción pública de la actualidad no es precisamente un objetivo menor en la actividad de un medio de comunicación, pues sus posibilidades de supervivencia empresarial dependen en buena medida de su capacidad para convertirse en un oráculo escuchado y respetado, que narra, explica y señala objetivos a la opinión pública. En el sutil ejercicio de persuasión que cada día realiza la prensa con sus lectores ningún elemento es más importante que los titulares que encabezan cada noticia. La inmensa mayoría de los consumidores de periódicos se comportan más como ojeadores de titulares que como lectores exhaustivos de informaciones, de ahí la importancia de esos elementos:

La función comunicativa de los titulares es clara: Atraen la atención (tanto por su mayor tamaño como por estar en negrita), resumen la macroestructura del texto, y de ahí que sirvan como clave para el proceso de toma de decisiones estratégicas del lector acerca de si quiere seguir leyendo el texto o no. Los titulares proporcionan también la información mínima con los datos principales de la noticia cuando meramente hojeamos el periódico de forma superficial  (Van Dijk and Kintsch, 1983: 242).

Puede afirmarse, entonces, que la característica más prominente del discurso informativo son los titulares, que expresan la macroestructura semántica preferencial, programan el proceso de interpretación y, en general, aportan una visión (subjetiva) de la situación; en esta tarea, los titulares cuentan con la ayuda complementaria de las entradillas, que no sólo resumen el contenido del texto, sino que le sirven de introducción.

Por otra parte, es fácil estar de acuerdo en que la comprensión de un texto se vuelve más difícil si carece de un titular que lo encabece. Los titulares, en tanto que macroproposiciones que condensan el contenido en su nivel más genérico, aportan los datos y el marco semántico imprescindible para la comprensión del relato. Se sabe que los lectores olvidan el contenido de las noticias de prensa al cabo de unos  pocos días de haberlas leído y la poca información que logran retener se corresponde con los aspectos más impactantes de algunos temas y ciertos modelos de explicación de los mismos que suelen aparecer –expresos o sugeridos- en los titulares.

Este conjunto de evidencias proporcionan el soporte teórico sobre el que descansa nuestro análisis de los titulares de prensa como elementos capitales del discurso informativo. Sin despreciar los rendimientos de una metodología cuantitativa como la propuesta por Berelson (1952), Krippendorff (1990) o Bardin (1996), hemos optado por un método de carácter cualitativo para observar el léxico, los modos perifrásticos, las cuantificaciones y las metáforas, a las que reiteradamente se acude para construir los titulares que encabezan las noticias sobre inmigración. El uso que se hace de estos elementos los convierte con frecuencia en vehículos del prejuicio sutil e instrumento de criminalización objetiva de los inmigrantes.

3. La retórica de la criminalización. Análisis de las estrategias discursivas
Como acabamos de señalar, el contenido de los titulares será lo que con mayor probabilidad permanezca en la memoria del lector y le sirva de base para enjuiciar el fenómeno inmigratorio, guiar sus conversaciones cotidianas y desarrollar actitudes y comportamientos (Igartua et al., 2007). De ahí la importancia de poner especial cuidado en su redacción; de ahí también el interés que tiene su análisis desde la perspectiva deontológica. Aun cuando la vorágine diaria de la actualidad no conceda a los periodistas mucho tiempo para la elaboración de los titulares, un profesional riguroso siempre debería preguntarse qué visión de la inmigración y los inmigrantes está contribuyendo a instalar en la conciencia pública. Al respecto, dice Van Dijk:

El titular se usa para activar en la memoria del lector el conocimiento relevante para la comprensión de la noticia. Así, tan pronto como aparezca la palabra “disturbio” en un titular, el lector activará el conocimiento general relevante acerca de los disturbios, esto es, lo que llamaríamos el “guión de los disturbios”. Este guión dirigirá su interpretación del resto del texto (Van Dijk, 1991: 50).

De acuerdo con ello, podemos afirmar que el estilo redaccional de los titulares ofrece indicios fiables para determinar qué periódicos se aproximan al fenómeno inmigratorio con una voluntad de objetividad y ponderación, y cuáles hacen del sensacionalismo un recurso habitual, según sea la naturaleza de los guiones interpretativos que pretendan activar en sus lectores.  

Como ha estudiado Grijelmo (2008: 447-8), el rotativo sensacionalista acostumbra a endurecer el léxico que emplea. Así, la duda se suele presentar como polémica y la polémica como escándalo. Hablará de ruptura cuando se produzca una discrepancia y la discusión la calificará de bronca. Un empeoramiento de la situación lo interpretará como un serio revés, la preocupación como alarma, la alarma como pánico y el pánico como el caos total. En suma, los titulares de un diario sensacionalista acostumbran a recurrir a las expresiones enfáticas, rotundas y exageradas para atrapar la atención del lector. Un periódico serio, por el contrario, evita las expresiones hiperbólicas y prefiere utilizar un lenguaje más sencillo y mesurado.

A la vista de esta caracterización general, puede señalarse que, a la hora de hablar de la inmigración, la prensa de Canarias no rechaza utilizar recursos sensacionalistas que buscan activar guiones de interpretación de los acontecimientos que suscitan alarma y persiguen movilizar emocionalmente al lector. Véanse los siguientes ejemplos:

  1. “Las riadas de inmigrantes no cesan” (Canarias 7, 26 de marzo, p. 9).

  2. “Inmigración: Canarias se siente desprotegida” (El Día, 8 de mayo, p. 1).

  3. “Oleada masiva” (La Provincia, 30 de mayo, p. 1).

  4. “El Sur de Tenerife recibe una nueva avalancha de irregulares” (El Día, 13 de mayo, p. 1).

 

Respecto a este último titular de El Día, señalemos que la noticia hacía referencia a la llegada de tres cayucos a la localidad turística de Los Cristianos (Tenerife), pero el diario opta por omitir la cifra concreta de embarcaciones y decide describir la situación como una avalancha. Una pregunta surge de inmediato: ¿calificaría el periódico de avalancha la llegada de tres yates de recreo? Seguramente no, lo que pone de manifiesto la intencionalidad alarmista que se esconde tras el uso de ese término.  

Además, en este titular los protagonistas de la noticia no son definidos como “inmigrantes” -un término neutral-, sino que se les describe como “irregulares”, una expresión de obvias connotaciones negativas, que despierta en el lector, por asociación, una matriz semántica en la que figuran nociones como regular/ irregular, legal/ilegal, o dentro/fuera de la ley. De esta manera, se instala en el lector una visión de los hechos en la que parece que las islas sufren una invasión (“avalancha”) de innumerables individuos fuera de la ley (“irregulares”). De esta forma tan sencilla se consuma la criminalización de los inmigrantes.

Otro rasgo distingue la manera de titular de los periódicos serios de aquellos de orientación más populista: los diarios rigurosos prefieren titulares motores, esto es, con el verbo expreso; en tanto que los de tendencia populista suelen utilizar titulares enunciativos en los que el verbo está omitido (Grijelmo, 2008: 466). Veamos algunos ejemplos de esta forma sensacionalista de titular: El 14 de marzo de 2006 Canarias 7 titula: “Canarias, al borde del colapso”, (p. 2). Tres días después reitera la misma idea: “Al borde del desastre” (17de marzo, p. 1). La referencia al colapso aparece también en un titular de primera de El Día: “Colapsados” (15 de marzo, p. 1).
Esta misma fórmula redaccional sensacionalista figura en otros dos titulares de composición casi simétrica: “Canarias desbordada” (Canarias 7, 14 de marzo, p. 1) y “Tenerife, en emergencia”, portada de Diario de Avisos, del 15 de marzo. La llegada de 300 inmigrantes en distintas embarcaciones mereció el titular a cinco columnas “Hemorragia incesante” en El Día, el 15 de marzo (p. 3), construyendo una asociación mental con la sangre que mana sin control con el propósito de intensificar la alarma en los lectores.

En otras ocasiones, la tentación sensacionalista lleva a frivolizar con un asunto absolutamente dramático: “9.000 irregulares con tarjeta de embarque” (El Día, 8 de septiembre, p.1), en referencia a los miles de subsaharianos que esperaban su oportunidad para saltar del continente africano a Canarias a borde de una patera. Otro caso similar fue el titular de portada de El Día, del 10 de abril de 2006: “Inmigrantes a la carrera en el Sur”, que trivializaba sin pudor la noticia del intento de fuga de un grupo de inmigrantes que habían desembarcado en la costa de Tenerife.

Ilustración 1. Canarias 7, 14 de marzo de 2006, p. 1
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Como vemos, el léxico, las metáforas y las expresiones eufemísticas que los diarios utilizan en las noticias sobre inmigración  proporcionan un material de estudio muy relevante. Nombrar, categorizar, comparar o definir son operaciones lingüísticas con las que los grupos sociales generan su particular narrativa sobre la realidad. No se trata sólo de lo que las palabras significan a la vista del diccionario, sino del modo en que las palabras se conectan conformando objetos mentales y redes de significación que mueven pasiones y articulan conductas. Por eso, no es lo mismo ser “ciudadano” que “usuario” o “cliente”, y tampoco resulta indiferente que se describa a una persona como “inmigrante”, “irregular”, “sin papeles” o “ilegal” (Gil Araujo, 2007: 230).

Instituciones oficiales y partidos políticos detentan un enorme poder para acuñar visiones de la realidad que trasladan e imponen al conjunto de la sociedad. Los medios de comunicación, por su parte, contribuyen a multiplicar la difusión de estas visiones, al tiempo que pueden poner en circulación su propio enfoque de los acontecimientos. En conjunto, todos ellos operan como primary definers de los temas socialmente relevantes, de las valoraciones de estos temas y de las acciones pertinentes acerca de estos temas (EUMC, 2002; Van Dijk, 1993).

Como Humpty-Dumpty se encargó de enseñarle a la atribulada Alicia de Carroll, el significado de las palabras depende en último instancia “de quién es el que manda”. En nuestro caso, los medios de comunicación poseen el poder para definir los términos de una cuestión controvertida como la inmigración, la manera de evaluarla y las posibles soluciones. Así, analizando el discurso de la prensa podemos descubrir qué idea tenemos de los inmigrantes, cómo los percibimos y de qué forma pretendemos relacionarlos con ellos.

3.1 Designación culpabilizadora
En la década de los noventa los medios de comunicación españoles pusieron en circulación el término “ilegal” para referirse a los inmigrantes en situación irregular, práctica que desgraciadamente se ha seguido manteniendo (Nash, 2005; SOS Racismo, 2006). La sustantivación del adjetivo “ilegal” transfiere abusivamente a las personas lo que sólo puede predicarse de una conducta o situación: un acto puede ser ilegal, pero las personas no pueden ser ilegales. No hace falta añadir que el uso de la expresión “ilegal” constituye un factor de criminalización objetiva de unos individuos que, en realidad, lo único que han cometido es una falta administrativa -equivalente a una infracción del código de la circulación-, de acuerdo con la legislación española.

La utilización del término “ilegal” para referirse a los inmigrantes en situación irregular no es, por desgracia, una peculiaridad del discurso político-mediático español, sino una práctica general a la que se ha referido Van Dijk (1998: 259):
                
No es sorprendente que el adjetivo predominante en el discurso oficial sobre los inmigrantes es que son “ilegales”. La estrategia de retratar a los inmigrantes como personas que violan la ley implica, al tiempo, que son criminales y que han decidido situarse fuera de la sociedad civil; así las restricciones a la inmigración, las expulsiones y la negación de los servicios sociales a los inmigrantes se torna legítima.

Es verdad que en los últimos años los medios de comunicación de Canarias han reducido el uso de la palabra “ilegal”, reemplazándola por expresiones como “irregular” o la de origen francés “sin papeles”. No obstante, siguen siendo corrientes titulares en los que se tilda a los inmigrantes de “ilegales”, incluso aunque se trate de menores de edad. Véanse los siguientes ejemplos:

  1. “Becerra apela a la solidaridad del resto de España respecto a los menores ilegales” (Diario de Avisos, 8 de marzo, p. 28).

  2. “Cien ilegales huyen de Las Raíces en dos días” (El Día, 24 de septiembre, p. 1).

  3. “Ceuta y Melilla también piden ayuda ante la crisis de los menores ilegales” (El Día, 7 de octubre, p. 65).

  4. “La Delegación [del Gobierno central] envía a 80 ilegales al acuartelamiento de Las Raíces” (Diario de Avisos, 15 de marzo, p. 28).

Ilustración 2. Canarias 7, 21 de agosto de 2006, p. 3
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3.2 La idea de frontera y los intrusos
La novedosa presencia de colectivos de inmigrantes entre los canarios ha introducido una fractura en nuestra tradicional autopercepción como comunidad homogénea en términos étnicos, culturales y religiosos, que ahora aparece dividida entre un “nosotros” y un “ellos”. Esa percepción se intensifica cuando hablamos de una comunidad pequeña, con un territorio fragmentado en siete islas y alejada geográficamente del resto de España, como es el caso de Canarias. Aquí la llegada del “otro” desata fácilmente en la población local la obsesión por resaltar las diferencias, trazar fronteras y levantar muros de protección.

Como han argumentado de diversa forma Enzensberger (2002) y Bauman (2006), la obsesión securitaria frente a la inmigración se deriva del deseo de garantizarnos un rincón confortable y seguro en el que protegernos de un mundo exterior salvaje e imprevisible que amenaza nuestra seguridad personal, nuestros bienes y nuestro modo de vida.  

De forma inadvertida, las categorías con que la prensa de Canarias habla de la inmigración conducen también a una mirada bipolar excluyente que nos separa a “nosotros” -los ciudadanos, los que debemos tener preferencia a la hora de ocupar un empleo o usar los servicios sociales- de “ellos” -los que pueden ser excluidos, a los que se debe aislar en un perímetro de seguridad, los outsiders que han quebrado la mítica unidad y tranquilidad que disfrutábamos en nuestra comunidad imaginada (Anderson, 1993, Balibar and Wallerstein, 2000).

Enfrentada a la amenaza del “intruso” llegado de fuera, una parte de la sociedad canaria y de sus medios de comunicación están reaccionando como un organismo en peligro, remarcando las fronteras y atribuyendo todos sus males a un agente exterior; haciendo, en suma, de la discriminación del “otro” una forma de afirmación propia (Bello, 2008). Desde esta mentalidad de fortaleza asaltada se entiende la proliferación de titulares de prensa que reiteradamente exigen que la integridad de las fronteras quede salvaguardada:

  1. “Canarias reclama un Frontex permanente” (El Día, 4 de octubre, p. 1).

  2. “El Parlamento Europeo aumenta más de un 60% el presupuesto del Frontex para 2007” (El Día, 27 de octubre, p. 33).

  3. “Canarias exige al Estado que cumpla la vigilancia en la llegada de pateras” (La Opinión, 9 de mayo, p. 1).

  4. “Canarias pide una respuesta contundente al Estado y a la UE” (El Día, 11 de marzo, p. 36).

 

Al tiempo, se presenta al inmigrante como el responsable de un acto de intrusión ilegítimo, un peligro que se debe interceptar, parar, neutralizar, frenar, detener, capturar, aislar:

  1. “Interceptados 77 inmigrantes que navegaban a bordo de tres barcos” (La Opinión, 22 de octubre, p. 69).

  2. “La UE activa un plan para frenar la llegada de cayucos este verano” (La Opinión, 30 de mayo, p. 1).

  3. “La UE ultima su despliegue para parar la llegada de cayucos” (Canarias 7, 20 de junio, p.11).

  4. “Capturan una patera con 16 inmigrantes cerca de Gran Tarajal” (Canarias 7, 20 de enero, p. 70).

  5. “España quiere un control marítimo permanente” (El Día, 21 de octubre, p. 1).

  6. “El Gobierno aislará en Tunte a 64 menores inmigrantes” (Canarias 7, 10 de marzo, p. 62).

Ilustración 3. Diario de Avisos, 16 de marzo de 2006, p. 1
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4. El uso estratégico de las cuantificaciones y las cifras-récord
Otro de los ingredientes que de forma rutinaria aparece en las noticias sobre inmigración, contribuyendo negativamente a magnificar el fenómeno, son las cuantificaciones millonarias en distintas formas (recuentos, estadísticas comparativas, resúmenes, etc.). Como bien nos enseñó Darrell Huff en su libro How to lies with Statistics, las cifras concitan en quienes las manejan y consultan un respeto casi reverencial, pues se las tiende a considerar expresiones objetivas e incontrovertibles de realidades del mundo. Pero, las cifras también pueden emplearse para deformar, confundir, simplificar en demasía e impactar al lector.

Además de su valor informativo –que nadie discute cuando se los maneja con rigor-, los números provocan un efecto balsámico en los periodistas, que los utilizan para ponerse a salvo de posibles acusaciones de tendenciosidad. Puede que las cifras no sean completamente exactas o que las comparaciones que se establezcan no sean del todo pertinentes, pero contribuyen de manera determinante a dotar a la información de una apariencia de objetividad incontestable, sobre todo si consideramos que el lector rara vez puede acceder a otras fuentes alternativas para verificar la veracidad de aquellos datos.

Tal como sucede con las citas entrecomilladas, las cifras funcionan como marcas de veridicción (Tuchman, 1972), que convenientemente espolvoreadas por el  relato informativo le otorgan una pátina de veracidad con independencia, incluso, de su precisión: su exactitud prácticamente no tiene ninguna relevancia, pero su efecto semántico-retórico de apariencia objetiva y precisa sí la tiene (Van Dijk, 1988: 244). A pesar del uso de datos numéricos, obsérvese, por ejemplo, la llamativa imprecisión de dos titulares del mismo periódico y en el mismo día:

  1. “1.200 inmigrantes ahogados. Decenas de cayucos se hunden entre Mauritania y las Islas” (Canarias 7, 8 de marzo, p. 1).

  2. “Más de mil inmigrantes muertos en meses” (Canarias 7, 8 de marzo, p. 64).

                       
Resulta cuanto menos sorprendente que los inmigrantes fallecidos sean 1.200 en la primera página del diario y desciendan a un millar 64 páginas más adelante. El titular de portada tampoco resulta demasiado preciso al hablar de “decenas” de embarcaciones, lo que tanto puede querer decir 10 como 100, y lo mismo cabe argüir de la expresión “en meses”, cuya falta de exactitud convierte en completamente irrelevante la estadística que se aporta.

Una inexactitud semejante se aprecia al comparar las cifras de inmigrantes que figuran en dos informaciones de portada de El Día y La Opinión, de fecha 13 de mayo de 2006, referidas al mismo hecho. El texto de El Día reza: “Los 266 inmigrantes llegados ayer a Tenerife a borde cuatro cayucos…”, en tanto que en La Opinión figura: “Seis menores y una mujer forman parte de los 194 inmigrantes que llegaron ayer…”.

Ilustración 4. El Día, 3 de octubre de 2006, p.1
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Otro aspecto no casual del uso sensacionalista de las cuantificaciones lo constituye la búsqueda de cifras-récord que señalen un momento crítico mediante la generalización, el contraste o la extrapolación de ciertos datos. Dado que los medios de comunicación sienten una predilección enfermiza por las malas noticias, estas cifras-récord, en clave negativa, coparán los titulares para aprensión de la opinión pública:

  1. “100.000 ilegales esperan para viajar en Senegal” (Canarias 7, 21 de agosto, p. 1).

  2. “Miles de personas buscan en Senegal un cayuco” (Canarias 7, 16 de mayo, p. 1).

  3. “Septiembre bate récord de irregulares” (El Día, 3 de octubre, p. 1).

  4. “Los 1.200 inmigrantes llegados en siete días marcan un hito histórico en las Islas” (La Provincia, 15 de marzo, p. 28).

La consecuencia lógica de este tipo de presentación catastrofista de la realidad es la visión de que vivimos bajo condiciones excepcionales: las leyes, al parecer, no funcionan (las Islas son un “coladero”) y los servicios públicos están superados, saturados e impotentes para resistir la presión de un fenómeno descontrolado, que socava los pilares de nuestra sociedad. El discurso de las cifras magnificadas y de la apelación al miedo todavía suena a nuevo en sociedades como la española, que apenas ha comenzado a recibir un porcentaje significativo de inmigrantes, pero resulta una melodía discriminadora perfectamente conocida en países como Bélgica, Gran Bretaña, Alemania o Austria (Van Dijk, 1997 y 2003).

5. El valor de las metáforas
Lakoff y Johnson (2001) nos han advertido del peligro de subestimar el poder de las metáforas. No son meros recursos estilísticos que empleamos en nuestra vida cotidiana para hablar de asuntos intrascendentes o de alcance limitado. Las metáforas tienen un gran poder de impregnación de nuestras percepciones y comportamientos y se convierten en guías para nuestras acciones futuras:

Las metáforas pueden crear realidades, especialmente realidades sociales. Una metáfora puede así convertirse en guía para la acción futura. Estas acciones desde luego se ajustarán a la metáfora. Esto reforzará a su vez la capacidad de hacer coherente la experiencia. En este sentido, las metáforas pueden ser profecías que se cumplen (Lakoff and Johnson, 2001: 198).

Dos son, con diferencia, las metáforas más habituales en la prensa canaria para referirse al fenómeno inmigratorio: las que lo vinculan con una masa de agua y las que lo asemejan a una situación bélica. Vayamos con la primera de estas construcciones metafóricas:

¿Qué tipo de asociaciones despiertan las metáforas del agua? En primera instancia, la idea de agua nos remite a un elemento esencial para la vida, enormemente apreciado. No es esta, empero, la consideración con la que la prensa del archipiélago asocia a la inmigración. Los inmigrantes no son una “fuente” de riqueza para nuestra sociedad, ni un “manantial” del que fluyan beneficios para nuestra economía. La llegada de inmigrantes no es tampoco una lluvia fecundadora y benéfica, que rejuvenece nuestra población envejecida. La inmigración que desembarca en nuestras costas se describe como un “flujo” que debe ser vigilado, controlado y mantenido dentro de un determinado cauce para conjurar su peligro:

Ilustración 5. La Provincia, 7 de septiembre de 2006, p. 19
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  1. “Los seis países más grandes de la UE proponen medidas para controlar los flujos migratorios” (Diario de Avisos, 27 de octubre, p. 1).

  2. “Senegal: España enviará patrullas para frenar el flujo de irregulares” (El Día, 24 de mayo, p. 1).

  3. “La UE asegura que el flujo inmigratorio hacia Canarias está controlado” (La Opinión, 26 de abril, p. 18).

 

La noción de “flujo” se suele relacionar también con la crecida de las aguas y el movimiento de ascenso de la marea. Al respecto, recuerda Van Dijk (1988: 244) el impacto de las metáforas del agua utilizadas por la prensa holandesa para hablar de la inmigración Tamil: en un país en el que la construcción de diques ha sido una tarea nacional, la asociación entre inmigrantes y grandes mareas despertaba en los holandeses el peor de los terrores. De igual modo, en un territorio insular como el de Canarias las alusiones a desbordamientos, embalses a punto de reventar y oleadas incontenibles suscitan fácilmente la preocupación en la opinión pública:

  1. “Continúa la marea de inmigrantes irregulares” (Canarias 7, 4 de marzo, p. 1).

  2. “Una marea mortal que no cesa” (Canarias 7, 5 de agosto, p. 1).

  3. “La oleada de irregulares, imparable” (La Provincia, 17 de mayo, p. 1).

  4. “Nueva oleada de pateras a Canarias” (Canarias 7, 12 de marzo, p.1).

  5. “Es la mayor avalancha de inmigrantes llegados en un solo día a las costas de Tenerife” (Diario de Avisos, 14 de mayo, p. 1).

  6. “Canarias desprotegida ante la avalancha de inmigrantes” (Diario de Avisos, 8 de mayo, p. 1).

  7. “Avalancha imparable” (La Opinión, 14 de marzo, p. 54).

 

Definida de esta manera, la inmigración se convierte una fuerza ingobernable que amenaza con desbordar el frágil recipiente que debería contenerla y que nos conducirá al caos:

    • “Canarias, desbordada” (Canarias 7, 14 de marzo, p. 1).

    • “Canarias lanza un SOS inmigratorio a Europa” (Canarias 7, 10 de junio, p. 2).

    • “España lanza un SOS a Europa para atajar la crisis inmigratoria” (La Provincia, 20 de mayo, p. 1).

    • “La inmigración pone a Mauritania en riesgo de crisis humanitaria” (La Provincia, 9 de marzo, p. 1).

    • “El Rey interviene en la crisis de los cayucos” (Canarias 7, 21 de mayo, p. 1).

    Ilustración 6. La Opinión, 13 de septiembre de 2006, p. 23
    rodrigo06

     

    Las metáforas del agua marcan el rumbo de una deriva extremadamente peligrosa. En estas explicaciones alegóricas, los hechos socioeconómicos y políticos –y las migraciones lo son, por descontado- aparecen naturalizados como una sucesión absurda, incomprensible e ingobernable de desastres sobre los que casi no hay nada que hacer (y si lo hay, la responsabilidad recae en otras instancias). El periodismo que se mueve de acuerdo con este patrón narrativo de presentación del mundo contribuye objetivamente a alentar actitudes irracionales en la opinión pública, traicionando así los principios deontológicos de la profesión.

    Pero, ¿qué ocurre cuando nuestra percepción del fenómeno inmigratorio está gobernada por las metáforas bélicas? ¿A qué tipo de implicaciones conduce una asociación de esta naturaleza? Si existe una situación de guerra, existe un enemigo (exterior) y unas tropas enemigas. Nuestra seguridad está amenazada y es preciso y legítimo reaccionar para conjurar esa amenaza:

    1. “Martín [presidente de Canarias] pide al Estado que no sea pacato y utilice al Ejército contra los cayucos” (La Opinión, 13 de septiembre, p. 23).

    2. “La UE enviará patrullas navales y aéreas para frenar los cayucos” (Diario de Avisos, 24 de mayo, p. 1).

    3. “Despliegue de espías contra la inmigración” (Canarias 7, 5 de noviembre, p. 1).

    4. “Aviones y patrulleras de ocho estados de la UE vigilarán las costas de Canarias” (La Opinión, 24 de mayo, p. 1).

    5. “El Gobierno central crea un mando único para afrontar la inmigración a Canarias” (El Día, 7 de octubre, p. 32).

     

    Esta “declaración de guerra” contra la inmigración olvida que las auténticas víctimas son los inmigrantes, en especial los que terminan su aventura recluidos en los Centros de Internamiento de Extranjeros (CIEs) a la espera de su repatriación. El estado de esas instalaciones y el trato que reciben allí han sido un motivo de preocupación constante para las organizaciones humanitarias. En marzo de 2008, un informe encargado por el Parlamento Europeo concluía que los CIEs se rigen por un sistema excesivamente estricto y típicamente penitenciario, y que los inmigrantes están casi permanentemente en las celdas en unas condiciones higiénicas deplorables [1].

    Los inmigrantes alojados en esos cuarteles no están allí de forma voluntaria, sino retenidos. Hacinados en lugares no debidamente acondicionados, algunos caen en la tentación de escapar por unas horas y los periódicos no dudan en asimilar metafóricamente su condición a la de prisioneros (de guerra) o meros criminales para declararlos prófugos en primera página:

      • “Cien ilegales huyen de Las Raíces en dos días” (El Día, 24 de septiembre, p. 1).

      • “Al menos 70 irregulares se fugaron la noche del miércoles de Las Raíces, según el CEP” (El Día, 6 de octubre, p. 1).

      • “Nuevas fugas en los centros de inmigrantes” (Canarias 7, 26 de octubre, p. 1).

      • “Sin papeles se fugan con una torre humana” (Canarias 7, 27 de octubre, p. 1).

      • “Grupos de inmigrantes se fugan de los centros” (Canarias 7, 23 de septiembre, p. 1).

      Ilustración 7. El Día, 23 de mayo de 2006, p. 1.
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      La ofensiva denigratoria con que una parte importante de la clase política y mediática de Canarias ha querido criminalizar a los inmigrantes alcanzó el que –hasta el momento- es su punto álgido con la resolución aprobada por el Parlamento de Canarias, en mayo de 2006, en la que se reclamaba al Gobierno central la intervención de la Armada para repeler la llegada de cayucos, una resolución que contó con el aplauso, tácito o expreso, de buena parte de los medios de comunicación canarios:

      1. “Acabó la tregua de los cayucos” (El Día, 13 de octubre, p. 1).

      2. “El Parlamento exige que buques de la Armada ‘blinden’ las costas canarias” (La Opinión, 23 de mayo, p1).

      3. “La Armada moviliza tres patrulleras para vigilar las costas de Canarias” (La Opinión, 17 de mayo, p. 1).

      4. “Ahora, la Armada” (El Día, 23 de mayo, p. 1).

      ¿En qué medida este comportamiento de la prensa canaria contraviene las recomendaciones deontológicas divulgadas por las propias asociaciones de periodistas? El Manual de estilo sobre minorías étnicas, suscrito por el Colegio de Periodistas de Cataluña, se expresa de forma taxativa sobre esta materia: “Tampoco debería olvidarse la importancia de los términos utilizados. Al respecto, es necesario desterrar términos que nos hemos acostumbrado a ver en los medios de comunicación. Relacionar directamente individuos inmigrantes con invasión, brote, alud o grandes oleadas perjudica sensiblemente la imagen social de los residentes extranjeros no comunitarios” (recomendación tercera).

      El punto séptimo del Decálogo del Foro Canario de la Inmigración [2], por su parte, abunda en la misma idea: “Los profesionales deben tener especial cuidado en la utilización de términos tales como ilegales, avalancha, invasión de inmigrantes (…) que ayudan a recrear unos estereotipos y a estigmatizar a unos colectivos sin responder a una realidad objetiva”.

      Por desgracia y sin que sirva de atenuante para su actuación, el recurso a estos peligrosos juegos metafóricos está lejos de constituir una singularidad específica de la prensa canaria. Incluso la prensa nacional de calidad incurre en el uso de este tipo de expresiones denigratorias de los inmigrantes, a quienes ha llegado a calificar de “hordas” y “ejércitos” que tratan de asaltar nuestras fronteras empleando “tácticas militares” (Nash, 2005: 50; y Aierbe, 2006: 194).

      6. Conclusiones
      La observación de la manera en que la prensa de Canarias se está ocupando de la inmigración arroja un balance deontológico preocupante: en el lenguaje informativo de los periodistas se detecta el uso recurrente de un léxico y una retórica discursiva que cooperan para que la inmigración sea percibida como un problema y los inmigrantes como individuos situados al margen de la ley, cuando no como meros delincuentes. El recurso fácil a las metáforas que comparan la inmigración con un conflicto bélico o una catástrofe natural y la rutinización en la producción de los textos noticiosos no son, ciertamente, factores que contribuyan a desactivar la percepción pública del fenómeno como una fuente de conflictos.

      Súmese a ello los efectos de un lenguaje en el que no escasean los titulares sensacionalistas, las apelaciones al miedo y la inseguridad, y las expresiones incriminadoras. Los datos del informe de SOS Racismo (2007) coinciden con las conclusiones obtenidas en esta investigación y señalan que la información sobre la inmigración ofrecida a los lectores canarios (y españoles) es deficiente y tiende al sensacionalismo y a la simplificación extrema de la realidad: “El encuadre negativo de los medios de comunicación respecto a la inmigración ha influido en una percepción ciudadana del fenómeno que reveló un racismo simbólico creciente hacia los inmigrantes, alimentando tópicos negativos en el imaginario colectivo de la sociedad española” (SOS Racismo, 2007: 136).

      Este comportamiento deontológicamente censurable de los media canarios añade combustible a la maquinaria explosiva del prejuicio, que ya está dejando sentir su presencia en la sociedad de las Islas, y dibuja un escenario de incertidumbre para los inmigrantes en esta frontera sur de la EU, la tierra –se dice- de las libertades y los derechos.

      7. Bibliografía

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      8. Notas

      [1] Amnesty International ha criticado también las condiciones del centro de detención de inmigrantes de Nouadhibou (Mauritania), financiado por España. Véase: www.es.amnesty.org/uploads/media/Datos_y_cifras_160309.pdf. Consulta: 3 de noviembre de 2009.

      [2] Un observatorio de la inmigración impulsado por el Gobierno de Canarias y con la participación de expertos y organizaciones sociales.

      [CV] Rodrigo Fidel Rodríguez Borges

      Departamento de Ciencias de la Información- Facultad de Ciencias de la Información
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      Doctor en Ciencias de la Información,
      Doctor en Filosofía,
      Catedrático de Filosofía en Enseñanza Secundaria.
      Es Profesor asociado en el Departamento de Ciencias de la Información de la Universidad de La Laguna donde imparte las asignaturas Teoría y Estructura de la Comunicación y Análisis de los Mensajes en Periodismo Audiovisual.

      Publicaciones recientes:

      (2008): Comunicación mediática y espacio público. La Laguna: Servicio de Publicaciones de la Universidad de La Laguna. En coautoría con Domingo Fernández Agis.

      (2008): “Entretenimiento e info-entretenimiento. La política en la era de la televisión”. Cuadernos del Ateneo, vol.   25, pp. 41-50            .

      (2009): “Inmigración, demografía y política económica. La situación de las Islas Canarias en el contexto español y de la UE”. Cosmopolis. Rivista Semestrale di Cultura, vol. IV/1, pp. 247-261, disponible también en edición electrónica en: www.cosmopolis.it/20090522/borges.php.

      (2009): “Inmigración, medios de comunicación y ética periodística”. VV AA: Límites y fronteras. La Laguna: Universidad de La Laguna, pp. 734-741.