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Sociedad Latina de Comunicación Social - ISBN: 978-84-9941-001-2 |
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La formación del periodista ante la crisis de la profesión Dr. Juan-Francisco Torregrosa Carmona [Profesor Titular de Universidad, interino; Departamento de Ciencias de la Comunicación I, área de Periodismo, Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Rey Juan Carlos. Doctor (2003) y licenciado (1999) en Ciencias de la Información (Periodismo) por la Universidad Complutense de Madrid. Miembro del Grupo de Investigación sobre Comunicación, Sociedad y Cultura (GICOMSOC). Es autor de diversas publicaciones individuales y colectivas sobre medios de comunicación y problemas socioculturales, entre otras líneas de investigación. Algunos de sus libros como autor único son Los medios audiovisuales en la educación (Alfar Universidad, 2006), Introducción a la documentación informativa (Universitas, 2007) y La fotografía de prensa. Una propuesta informativa y documental (Dykinson, 2009)]. juanfrancisco.torregrosa@urjc.es Dr. Álvaro Pérez-Ugena y Coromina [Profesor Contratado Doctor. Departamento Ciencias de la Comunicación I. Facultad de Comunicación, Universidad Rey Juan Carlos. Es profesor de Estructura de la Comunicación y del Máster en Comunicación y Problemas Socioculturales. Miembro del grupo de investigación avanzado James B. Connant y del grupo de investigación GICOMSOC. Investigador principal de proyectos como Ulises y Calisto, sobre discapacidad y TIC. Miembro fundador de la red Cepacc y de la Red Llss para la accesibilidad en los medios y el impulso de la lengua de signos. Participa en el proyecto Hermes, en colaboración con Moviquity y la Universidad Carlos III. Cuenta con publicaciones nacionales e internacionales: “ULISES y la Comunidad Sorda” (2008), “Teleasistencia no invasiva mediante televisión digital”. En Revista Latina de Comunicación Social 64; “Telenovelas: influential media and information resource or a socialization tool?” En Empowering Citizenship through Journalism, Information, and Entertainment in Iberoamerica. Michigan State University. University of Miami (2009); "Youth Television programs in Europe and U.S. Research case alvaro.perezugena@urjc.es Dr. Antonio García Jiménez [CV. Profesor Titular del Área de Periodismo de la Universidad Rey Juan Carlos. Departamento de Ciencias de la Comunicación I. Doctor en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense (1996). En la actualidad es el Decano de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Rey Juan Carlos (URJC). Es Docente en materias relacionadas con Internet y Sociedad, así como con Documentación, es coordinador del Grupo de Investigación sobre Comunicación, Sociedad y Cultura (GICOMSOC). Ha participado y dirigido diferentes proyectos de investigación relacionados con Internet (usos y riesgos en adolescentes, sistemas de información y organización de información en web, género e Internet), con la generación automática del lenguaje, y con la representación y percepción respecto de la mujer. Algunos de sus trabajos son: “Organización y Gestión del Conocimiento en la Comunicación” (Trea, 2002), “Section, Categories and Keywords as Interest Specification Tools for Personalised News Services” (2001), Evaluation of a system of personalised summarization of web contents (2005), “Ontologías y tesauros: representación del conocimiento para la web semántica (2005), "User-centred versus system-centred evaluation of a personalization system" (2008) y “Medios de comunicación, representaciones y percepciones: el caso de la mujer política” (2008)]. antonio.garcia@urjc.es Palabras clave; keywords 1. Introducción. El presente trabajo plantea las necesidades a las que debe dar respuesta la enseñanza superior para lograr el objetivo de una adecuada formación académica de los futuros profesionales del periodismo, en una profesión de cuya supuesta crisis también debe aprender la enseñanza universitaria. Se realiza un recorrido para conocer la evolución experimentada por la enseñanza formal del periodismo en España y se reivindica la meta inaplazable de hacer una revisión crítica de diversos aspectos, entre ellos, en primer lugar, del papel de las empresas y de los nuevos perfiles profesionales. Un elemento de indudable importancia viene determinado por la dimensión formativa y académica. El llamado Proceso de Bolonia, el Espacio Europeo de Educación Superior (EEES), en el que están implicados casi cincuenta países del viejo continente, pretende precisamente que el alumno aprenda, que se implique, que cuestione, que busque, que amplíe… “quizás incluso que piense” y que participe activamente en el aula. Es de esperar que al final, todo este modelo de transformaciones, transformaciones en principio relevantes e intensas, no acabe siendo un modelo de carácter gatopardiano: que todo cambie (aparente y formalmente) para que todo (en el fondo) siga igual. 2. Paradojas del profesional del periodismo. En la actualidad los periodistas se han convertido mayoritariamente en esos precarios poderosos de los que habla en diversos trabajos académicos el profesor Félix Ortega (2000, 2006, 2008): “El periodista español es como un dios Jano: frágil y precario de puertas adentro de los medios de comunicación, engreído y prepotente de puertas afuera. Frágil debido a las características estructurales de la profesión, que podemos sintetizar en los tres aspectos siguientes: la situación laboral, las relaciones con las empresas y la élite periodística, y finalmente el tipo predominante de organización profesional” (Ortega, 2008: 232). Toda una serie de paradojas de inmenso calado que afectan a la mayor parte de los trabajadores del periodismo en España y, como veremos, también en otros países. Aunque es muy cierto lo que asegura el veterano columnista de prensa y maestro de periodistas Manuel Alcántara al decir que “el periodismo es un oficio de juglares”, no lo es menos que ese oficio tiene mucho de profesión. Si se lleva su metáfora al terreno de la realidad histórica, los pregoneros y charlatanes del siglo XVII “comenzarán a perder importancia… para dar paso ya en el siglo XVIII al avance de la prensa como medio masivo por excelencia” (Anaut, 1990: 69). Hoy, el periodismo del siglo XXI, entra, tal y como ha señalado Hargreaves, capturado por las dudas de su propio desarrollo. Si bien es cierto que existen más noticias y mayor influencia que en ningún otro momento desde el siglo XVIII, el periodismo se encuentra en una grave situación de peligro atacado desde varios frentes; políticos, filosóficos, del público en general, grupos anti-globalización, grupos religiosos y el propio periodismo. De igual forma, junto al concepto de “news” encontramos la industria de los “comentarios” y a ello debemos unir el hecho de que ahora todo es global, instantáneo e interactivo. Para complicarlo aún más debe resaltarse que “ha nacido una generación sin darse cuenta de que la información cuesta dinero y, por ello, la financiación de las investigaciones serias/profundas, se encuentra indeterminada” (Hargreaves 2005: 1-33). Este panorama se traduce claramente en desinformación, en disminución de la calidad periodística y en precariedad laboral, que afecta en especial a los jóvenes periodistas, o lo que es lo mismo, a la mayor parte de la profesión. “Mi precariedad es tu desinformación”, rezaba de forma muy gráfica, acertadamente, el lema de una asamblea anual de sindicatos españoles de periodistas recientemente celebrada para denunciar públicamente la situación de indignidad laboral que sufren miles de informadores en España. Incluso podemos afirmar que hemos desarrollado nuevos males (la discriminación se encuentra instalada en lo más profundo de la profesión periodística). Así, en el 2001 la Federación Internacional de Periodistas (FIP) puso de manifiesto el dato de que pese a que las mujeres constituyen un tercio de la fuerza laboral dentro del sector, únicamente el 1% de los puestos directivos contaban con mujeres. Por su parte, el tercer informe de la APPC de la Annenberg Public Policy Center, del 2003, pone de manifiesto que las mujeres únicamente representan un 15% de altos ejecutivos y un 12% de los miembros del consejo de Administración de las compañías de comunicación, lo cual lleva a la empresa a un bucle negativo en las políticas de igualdad, imposibilitando la progresión profesional de la mujer dentro de dichas compañías (Martínez y Pérez-Ugena, 2009: 692). Al margen de la cuestión de género, sí que parece haber mejorado la valoración que se hace desde la propia profesión respecto a la formación universitaria, lo que podría ser un reflejo o una consecuencia del mayor número de titulados en la especialidad que ejercen hoy la profesión en España. El Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) ha comprobado que en el año 1.999 el 70% de los entrevistados decía tener terminada la Licenciatura (Humanes, 2005: 13), cifras muy superiores a las que manejaban los investigadores sólo unos años antes. El fin del periodismo, tal y como lo hemos venido conociendo desde el siglo XIX, el considerado por muchos autores, “siglo de la prensa”, e incluso el ya existente bastante antes de esa fecha, puede venir de la mano de tres elementos: 1) La concentración de la propiedad empresarial en manos de las corporaciones. 2) El peligro de los nuevos medios, convirtiendo a los periodistas poco menos que en robots. 3) La polarización de los medios con malos salarios y gente poco preparada y grandes celebridades con salarios muy altos. Respecto a la realidad actual, el Observatorio de la Crisis dirigido por la Federación de Asociaciones de la Prensa de España (FAPE), ha contabilizado ya a fecha 6 de noviembre de 2009 una cifra ligeramente superior a los 3.000 periodistas afectados por cierres o despidos, que la organización considera consecuencia directa de la actual crisis económica, que se ha venido a sumar a otros males ya existentes en la profesión, como la precariedad laboral de parte de los que sí conservan su empleo. ¿Y qué esperábamos? Los periódicos están actualmente en declive; hoy, una minoría lee el periódico en comparación con el 58% de la población de la década anterior. Más de una cuarta parte de la población del Reino Unido no lee y su fuente de información es la televisión…quizás nos sirva de referencia las palabras del general De Gaulle: “My enemies have the press, so I keep Television”, Hargreaves (2005: 11). La Televisión y no la prensa en soporte convencional es el nuevo paradigma. Tampoco Internet será la solución de los modelos, toda vez que “el niño de tres y cuatro años se inicia en la Televisión y cuando llega a Internet su interés cognoscitivo no está sensibilizado para la abstracción” (Sartori: 2005: 65); no puede, pues, pensar y, menos aún preocuparse por la vida pública. Si en el 2000 uno de cada tres norteamericanos de edad inferior a treinta años recogía datos a través de Internet una vez por semana, la verdad es que la información buscada, que era más global que local, se centraba antes y en mayor medida en asuntos de deportes y de entretenimiento que en materias como la política u otras similares. 3. La necesidad de redefinir el modelo empresarial, profesional y académico El debate sobre la calidad de los contenidos informativos ocupa siempre, por derecho propio, un papel central en muchas de las cuestiones más directamente implicadas en el sector de la comunicación periodística. Ahora bien, lo que no resulta tan frecuente es reconocer la clara vinculación que existe entre la precariedad laboral y la baja calidad de la información ofrecida al público receptor. La convergencia tecnológica y empresarial que facilita y aumenta exponencialmente la revolución digital tiene una víctima: el periodista. Consecuencia de lo global, instantáneo e interactivo; se ha generado un cambio; se ha pasado de la sagrada misión de informar a los ciudadanos sin generar miedo o ser partidario, a la necesidad de obtener beneficios, lo cual deriva en reportajes falsos, fotografías retocadas, y por ende los periodistas son peor valorados, a la par que políticos y por detrás de científicos, médicos, profesores y ejecutivos de empresa (Hargreaves: 2005: 3-5). Antes de avanzar en nuestra exposición debemos preguntarnos: ¿quiénes son los periodistas? Una definición de Alan Clark, miembro del partido conservador británico los definía como “fellows with, in the main, squalid an unfulfilling private lives, insecure of their careers, and suffernig a considerable degree of dependence on alcohol and narcotics”. Lord Conrad Black tampoco se queda lejos al definirlos como “ignorant, lazy, opinionated, intellectually dishonest and inadequately supervised” (Hargreaves: 2005: 7). Se han acuñado infinidad de definiciones sobre el periodista, desde las más serias hasta las más jocosas. Pero ninguna de las dos definiciones rescatadas es completamente errónea; es cierto que el periodista sufre altos niveles de inseguridad en sus carreras y, es cierto que se encuentra inadecuadamente supervisado. Aunque resulta más que probable que las definiciones dadas persiguieran otros objetivos, lo cierto es que dieron con varios de los problemas que aún hoy se encuentran en el desarrollo profesional del periodismo. Con respecto a la segunda afirmación, la correcta supervisión, quizás se estuvieran refiriendo a la censura de la prensa, cuyo primer precedente lo encontramos en 1518 a través del Arzobispo de Mainz y que llegaría a Inglaterra en 1530 mediante un decreto que establecía un sistema de licencias para poder imprimir. Abolido dicho decreto en 1695 (Anaut: 1990: 69), podemos afirmar que la censura ha sido sustituida hoy por formas sutiles pero muy efectivas de control empresarial y político, lo que también se corresponde con la mayor carga ideológica que, con carácter general, viene presentando la prensa, tanto la de referencia como la más popular, en España desde los primeros años de la etapa democrática posterior a la dictadura franquista hasta la actualidad. A modo de ejemplo internacional, podemos mencionar la situación que se vive en el Reino Unido, donde el grupo de Rupert Murdoch controla, a través de News Corporation, la tercera parte de la prensa en formato tradicional. ¿Qué libertad de prensa puede existir cuando se controlan los medios desde grandes corporaciones?, ¿cómo puede hablarse de libertad de prensa cuando las grandes compañías norteamericanas ocupan 30 de los 50 grandes grupos de comunicación?, ¿cómo puede hablarse de libertad de prensa ante afirmaciones como la de Alex Springer, que en 1952 pusiera en el mercado Bild-Zeitung y ya en los años 60 controlaba el 40% de la prensa alemana “too bad reflection is bad for Germans”? (Hargreaves: 2005: 81) ¿Cómo hablar de libertad de prensa cuando AOL-Time Warner únicamente cuenta con un 5% de profesionales del periodismo y controla el 35% de las revistas americanas? Si hoy nos asusta Rupert Murdoch o Silvio Berlusconi hace 100 años Lord Harsmworth controlaba mayor porcentaje que Murdoch dentro del mundo de la prensa. La situación no ha cambiado mucho pero quizás ahora contemos con los medios para defendernos. Como ha señalado en su análisis sobre los medios Carlos G. Reigosa (2004: 17): “Los que informan para desinformar tienen a veces éxito y logran convertir un diario o una radio en un medio de comunicación que como ellos desinforma. Pero también ellos saben que a la postre, nadie puede engañar a todos todo el tiempo. Al final, el periodismo se revuelve y gana. Ésa es su grandeza. Y la esperanza social que representa”. La misión y justificación del periodista, de su labor, no es otra que la de informar, una labor desde luego compleja y arriesgada que se encuentra, tal y como señalara Kapuscinski en su obra Los cínicos no sirven para este oficio. Sobre el buen periodismo (2005) ante dos realidades existentes: la física, la acontecida y, por otro lado, la realidad representada. El peligro es que prevalezca esto último y que sea más real la narración que los hechos, más real la verdad mediática que la vivida en carne propia. El periodista polaco recientemente desparecido abordó un tema apasionante: la verdad como relación intrínseca y siempre conflictiva respecto a la información periodística y su comunicación pública. Sobre esta dicotomía se ha expresado también Sartori. Para este autor, el gran peligro proviene de la falta de capacidad de abstracción de las nuevas generaciones, el homo sapiens transformado en homo videns. La falta de capacidad de comprensión genera en último punto el abandono de la realidad y, como consecuencia, el de la participación política; el periodismo dejaría de realizar su labor de vigilancia y denuncia toda vez que ésta no interesa, la prensa ya no se lee. El debilitamiento del “demos” es absoluto, “mientras que la realidad se complica, las mentes se simplifican y nosotros estamos cuidando a un video-niño, un adulto que se configura toda la vida como un niño recurrente” (Sartori: 2005: 156). Si el periodismo pierde la calle, la crisis será permanente e irreversible. Ya no se tratará de una coyuntura más o menos duradera, sino de un camino de difícil retorno. En este sentido, un discurso negativo hablaría de las rutinas que se derivan de las nuevas tecnologías; reciclaje y reaprovechamiento de contenidos de todo tipo sin acudir a las fuentes originales o documentales, estaríamos ante el Presentismo, Continuismo, Propagandismo. Como asegura el intelectual italiano Furio Colombo (1997: 52), “un periodismo que acepta vivir con una memoria corta de los hechos, tal como aparecen en un día determinado, y con la versión que de ellos han ofrecido sólo las fuentes interesadas, es un periodismo mutilado que se pone en manos de las partes enfrentadas”. Ante esta situación, ¿cuál es el reto? Resulta evidente que el concepto pesimista trasladado no es sino fruto de la observación analítica. Por ello, resultaría paradójico no plantear alternativas: 1) En primer lugar consideramos que no debe hablarse de crisis del periodismo, sino de la oportunidad de reinventarse. A veces el cambio se inicia simplemente por un enfoque del problema adecuado y, en nuestro caso, donde el significado de las palabras cuenta con un importante papel, quizás deberíamos considerar cambiar el prisma de análisis: de negativo a positivo. 2) En segundo lugar, debe activarse una vuelta al periodismo cercano, más próximo a las comunidades locales, en el que se incrementen las responsabilidades más allá de la simple información, el objetivo debe ser servir a la comunidad y a sus necesidades. Debe lucharse activamente por romper con la uniformidad establecida y por una información de calidad. El periodismo debe ser la clave, debe ser los ojos y oídos de la comunidad. El periodismo debe ser más feroz, no más débil y sumiso y para ello cuenta con nuevas redes, con nuevas oportunidades y retos. Parece evidente que el periodismo del futuro deberá ser liderado por pequeños grupos, como antítesis a los grandes grupos multimedia, que se fundamentarán en el blog movement impulsado por la Red, que contarán con el concepto de news como algo multimedia, instantáneo, global y que su misión será encontrar, comunicar en tiempo y ser creídos. Los nuevos medios serán parte de la solución, no parte del problema. Sobre todo por el hecho de que la base o estructura de influencias es la misma: naturaleza del periodista (características personales, actitudes, valores y creencias), influenciado por factores internos: profesionalización y formación, las condiciones laborales y las prácticas asociativas, funcionando las Universidades, las asociaciones y los empresarios de agentes intermedios involucrados. Junto a estos elementos, el sistema económico, político y los fenómenos sociales (Mellado Ruiz, 2009: 199). Al margen de las particularidades de cada continente y de cada país, lo cierto es que los grandes males de las Facultades universitarias de Ciencias de la Comunicación serían similares en distintos lugares: “No sólo hay quejas por la calidad de la educación que hoy se entrega a los futuros periodistas, sino que existen grandes dudas respecto a la especificidad y singularidad que estos centros formativos dan a la profesión” (Mellado Ruiz, 2009: 200). En España, desde las viejas Escuelas, la del periódico católico El Debate, creada por impulso del introductor de Pulitzer en España, el cardenal Ángel Herrera Oria, y vinculada directamente al diario homónimo que nace en el año 1926; las posteriores de la Iglesia y la Oficial de Periodismo, hasta las actuales facultades de Comunicación y los Master universitarios y de empresas, lógicamente ha pasado mucho tiempo. A las instituciones de formación reseñadas, hay que añadir las Escuelas de Periodismo de los propios medios de comunicación. Entre ellas, algunas cuentan ya con más de dos decenios de vida como las de diarios de referencia, por ejemplo la del periódico El País con la Universidad Autónoma de Madrid o la del diario ABC (Vigil y Vázquez, 1987: 271) Como antecedentes a las primeras Escuelas de inspiración católica ya citadas deben señalarse las denominadas Asambleas de la Buena Prensa (1904-1924), de inspiración católica. La intención de las Asambleas nacionales que se celebraron en Sevilla, Zaragoza y Toledo no era otra que mejorar las condiciones de los periodistas católicos y adoptar las medidas necesarias para la dignificación del gremio (González Segura, 2007: 1). El trabajo periodístico ha sufrido condiciones adversas, en buena medida por su propia esencia y su realidad de contrapoder a las instancias políticas y económicas el cuarto poder del realismo como lo denominó el historiador británico Macaulay en 1828 (Hargreaves: 4). Para algunos autores, la investigación académica sobre la Comunicación en España presenta perfiles todavía bajos de desarrollo en comparación con otros países de nuestro entorno y en especial respecto a Estados Unidos, por lo que los expertos hacen una revisión crítica de la evolución experimentada, con la evaluación de lo que han supuesto las facultades (Martínez Nicolás, 2008). A este respecto, conviene destacar que la relación entre investigación y profesión es cada vez mayor, habida cuenta de que empiezan a consolidarse estudios empíricos en España sobre la naturaleza y la realidad de la profesión periodística, tal y como venía ocurriendo desde hacía tiempo en otros países con más experiencia en la aproximación científica de los temas periodísticos (Rodríguez Andrés, 2003: 487). Es el caso de los trabajos, entre otros, del propio Rodríguez Andrés, 2003; pero también de los siguientes: Fernández, 1993; Diezhandino, Bezunartea y Coca, 1994; García de Cortázar y García de León, 2000; Tapia López, 2001; Martín Algarra y González Gaitano, 2004 o González Segura, 2007. A juicio del primero de los autores mencionados, quien ha estudiado las características socio-demográficas de los profesionales del periodismo, así como su índice de satisfacción laboral, dos de las características principales de la realidad profesional actual son la juventud de quienes se encuentran en ejercicio y el incremento de mujeres que ha experimentado el periodismo profesional en España (Rodríguez Andrés, 2003: 491-492). Como ha habido oportunidad de comprobar ya en este trabajo, el aumento del número de mujeres no ha ido, por lo general, acompañado de su acceso a puestos directivos o de mayor responsabilidad, algo que habría resultado lógico dada su significativa y creciente presencia, con niveles de preparación perfectamente equiparables a los de los hombres. Todos esos extremos de los que hablamos resultan también corroborados en su investigación por este autor: “Esta mayor presencia de la mujer en el periodismo se observa también en las responsabilidades que van adquiriendo en la redacción. Hoy por hoy, la mujer está trabajando en todas las secciones, y desempeñando exactamente los mismos cometidos que los hombres […]. Sin embargo, hay aún dos aspectos en los que siguen existiendo desigualdades en nuestro país. En primer lugar, el número de mujeres directoras o redactoras jefe es aún reducido. Su incorporación generalizada a los puestos directivos todavía no es una realidad. Y en segundo lugar, las mujeres siguen cobrando menos que los hombres, a pesar de que se encuentren en los mismos niveles y categorías laborales y aun cuando lleven ejerciendo el mismo número de años de experiencia profesional, aunque en este aspecto no hay coincidencia entre todos los estudios demoscópicos” […] (Rodríguez Andrés, 2003: 493). Precisamente, el aumento de las mujeres periodistas se está produciendo gracias a la masiva incorporación, en especial desde los últimos años, de estas jóvenes a las diversas facultades universitarias de Ciencias de la Comunicación. Existe por tanto una relación entre la precariedad laboral y la mayor presencia de mujeres, con retribuciones inferiores a las de sus compañeros hombres que ocupan los mismos puestos en los organigramas de periódicos y medios de información audiovisual. Del mismo modo, la juventud de la gran mayoría de redactores y reporteros ahonda en esa línea, hasta el punto de haberse producido una auténtica brecha generacional entre los profesionales que ahora se están jubilando, con condiciones profesionales y económicas buenas o aceptables, a diferencia de lo que hoy predomina entre los sectores con dos decenios, uno o menos años en ejercicio. Se puede hablar de generaciones “analógicas”, ahora en retirada, frente a las nuevas hornadas de “nativos digitales” o periodistas con gran formación tecnológica que soportan condiciones de trabajo considerablemente inferiores a las que tuvieron desde sus primeros años de trabajos los profesionales que ahora se encuentran en torno a los cincuenta, sesenta o más años. Otro de los elementos que aporta indefinición al modelo profesional, al académico y al empresarial es el hecho de contar con multitud de vías de acceso a la profesión periodística. Una polémica todavía no superada completamente en el caso español, si bien es cierto que conforme ha ido aumentando el número de titulados en Comunicación que ejercen el periodismo, tal y como hemos visto en este mismo trabajado que ha ocurrido desde el último decenio hasta hoy, se ha atenuado en una cierta medida (Torregrosa, 2005: 11). En conclusión de lo todo expuesto, cabe expresar el convencimiento, a partir de la literatura científica revisada y desde nuestro propio análisis, de que el Periodismo nunca debe dejar de ser lo que siempre fue. “Un espejo inteligente y veraz ante los hechos”, y tal y como hemos mencionado anteriormente, al tiempo que “un espejo con memoria”, como escribió el profesor Vilches a propósito de la lectura de la imagen fotográfica. De forma que el terreno del periodismo banal y efímero pierda peso frente a una necesidad democrática de mucho mayor calado que devuelva la influencia y el prestigio perdidos. Porque el periodismo como tal, no sólo capta los hechos correctamente: “capta el significado de los hechos correctamente. Es validado no sólo por fuentes dignas de todo crédito, sino por el despliegue de la historia” (Allman, citado por Pilger, 2007: 13).
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