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Sociedad Latina de Comunicación Social - ISBN: 978-84-9941-001-2 |
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La crisis de los medios tradicionales. Las malas prácticas en la información, sus causas y consecuencias Ciro Enrique Hernández Rodríguez I. Introducción Esta reflexión, claramente formulada a modo de ensayo sociológico, es el resultado de la razonable sospecha sobre los medios que su autor ha venido alimentando a partir del contraste permanente entre los hechos, analizados desde su lógica interna según un enfoque sociológico, y las informaciones que se nos facilitan sobre estos hechos a través de los medios en general, y sobre todo de los medios escritos (publicaciones periódicas). Es a raíz de la reveladora lectura de las obras de dos autores, EL PERIODISMO HERIDO, de José Manuel De Pablos Coello y los textos de Pascual Serrano, MEDIOS VIOLENTOS-Palabras e imágenes para el odio y la guerra, y DESINFORMACIÓN-Como los medios ocultan el mundo, que la idea de analizar las cusas sociológicas del anómalo funcionamiento de los medios cobra fuerza para el autor. Sin ir más lejos, el exhaustivo trabajo del Dr. De Pablos es la mejor contribución a una explicación, no tanto de los males de la prensa en la fase actual del desarrollo de la economía de mercado, como de la caracterización que la propia lógica del mercado tiene sobre la función social de los medios de comunicación en general, y de la prensa como medio decano en particular. La efectiva contribución de las obras citadas para una comprensión metódica y detallada de la problemática de los medios es determinante, en cuanto que, teniendo existencia previa en las propias reflexiones del autor una gran parte de las preocupaciones del Dr. De Pablos Coello y de Pascual Serrano, dichas preocupaciones han podido convertirse en una explicación dotada de cierto rigor, a partir de los datos y hechos contenidos en sus obras. Para ello empezaremos por cimentar correctamente nuestra construcción teórica. Sin que los muchos estudiosos y autores sobre la información y su función social lo hayan hecho hasta la fecha, nos exponemos para proponer una definición que consideramos imprescindible en la explicación sociológica que aventuramos a continuación. Esta propuesta casa muy bien con el carácter de servicio público que, tanto el De Pablos y Serrano, como el vigente ordenamiento jurídico-constitucional español y toda la tradición liberal, atribuyen a los medios de comunicación social. Es así que se regula constitucionalmente el derecho a la información y el deber de informar con ciertas exigencias éticas para aquellos que lo ejercen (art. 19 de la Constitución Española). Es difícil pensar que el que compra un periódico lo haga con otra intención que no sea la de saber lo que está pasando. Y desde ahí no queda la menor duda sobre lo que cabe exigir de los medios informativos. Si por cualquier razón, y es lo que se explica y expone en las citadas obras que está pasando, los medios atienden a otros intereses que no sean los de sus lectores, se producirán desafecciones y una crisis en los medios.
Modelo sociológico. Dicho lo anterior, no conviene perder de vista un cierto modelo sociológico al que se adapta como un guante a una mano a la visión que ambos autores desarrollan sobre los medios. No ignoramos que la sociedad es un fenómeno mucho más complejo que él que a continuación se expone, pero la característica de todo modelo es la de ser tan solo una simplificación esquemática de la realidad que nos permite aproximarnos a ella para poder así abarcar su comprensión más o menos limitada. Pero la sociedad se encuentra sometida a una permanente evolución. Por un lado se encuentran las fuerzas sociales en constante pugna por la hegemonía política. Por el otro, tenemos el constante desarrollo y la aplicación de los descubrimientos y avances tecnológicos en todos los órdenes de la existencia. Ambas causas se combinan y provocan un estatus cambiante que supone una permanente amenaza para la permanencia de la superestructura. Solo su capacidad de adaptación permitirá su continuidad. * (Entiéndase sociedad en su acepción política) Las consecuencias de estos cambios afectan a la forma en la que las personas entienden su existencia y, mientras sigan convencidas de que esa superestructura es la mejor de las posibles, no se producirán grandes cambios en el orden jurídico-político. Estructura social: Siguiendo con la explicación del modelo sociológico, constatamos la existencia de intereses contradictorios entre los diferentes grupos sociales. Existen los que son netamente beneficiarios del orden de cosas (aquellos que por circunstancias diversas acaparan poder, privilegios y riquezas) y los que, de forma relativa, están relegados a llevar una existencia de segundo orden, más pobre y sacrificada. Estos dos grupos son, a grandes rasgos, los protagonistas de los cambios en su pugna por la hegemonía política. El convencimiento de las personas a cerca de la superestructura solo puede depender de que se acepten ciertas ideas compartidas por la mayoría (aunque sean impuestas) sobre la conveniencia de mantenerla. A estas ideas las llamaremos ideología dominante. En la reproducción de la ideología dominante juegan un papel determinante las llamadas instituciones de socialización. Tradicionalmente han sido el sistema educativo y la familia, que es donde el individuo recibe sus valores y la conciencia de lo que es él y debe ser en la sociedad, así como la convicción de que el orden social es el más adecuado. Algunos sociólogos, con cuya opinión coincide el autor de esta reflexión, afirman que otra importante institución socializadora son los medios de comunicación e información, que han logrado, merced a la aplicación del desarrollo tecnológico, hacerse omnipresentes en todos los órdenes de la vida. En su caso, basta remitirnos a la definición de información que anticipábamos al comienzo, para encajarla fácilmente como institución socializadora. Si bien es cierto que la responsabilidad del nivel de exigencia en las elecciones culturales corresponde mayoritariamente del sistema educativo, tanto desde la función institucional definida al comienzo, como desde su consideración como medio de socialización, se deduce que los medios de información tienen una importante contribución que hacer al desarrollo cultural de las personas. (No negamos, pues, la función formativa de los medios). Si hemos definido la cultura como un legado de conocimientos que posee una comunidad, podemos explicarnos por qué la cultura no está entre las prioridades de un diseño social como el que referimos. Solo habría una forma de hacer partícipe a la mayoría social de las ideas que se le proponen, a sabiendas de que son la justificación de un sistema injusto para la mayoría: la inconsciencia. Si la cultura supone el desarrollo de las personas para que, a través del conocimiento sean más libres y dueñas de sus destinos, es absurdo esperar que un poder privilegiado e interesado quiera otra cosa que tener súbditos ignorantes e inconscientes de su propia suerte, para que no lo cuestionen. La insistencia en que la cultura sea para todos lleva a las personas a la disensión y el cuestionamiento de una realidad social injusta, como demuestra sobradamente la experiencia. Por otro lado, cuando la cultura se convierte en mercancía, obtenemos efectos aun más perversos que los producidos por la carencia de cultura propia: la imposición de culturas ajenas, una versión más traumática para una comunidad que la negación de su propia cultura. Recapitulemos, tenemos una sociedad que presenta una desigualdad institucionalizada en la que los grupos dominantes se perciben como beneficiaros de la situación, y una masa más o menos heterogénea de personas que no participan de las ventajas de los primeros y más bien contribuyen con su esfuerzo a mantener sus privilegios. Tememos la necesidad de una ideología dominante que ayude a mantener un orden social injusto. Tenemos unas instituciones socializadoras que ayudan a reproducir esa ideología, y entre esas instituciones tenemos a los medios de información. Los medios de información en su contexto social
Vista la función institucional de los medios, pasamos a estudiar el efecto que tienen sobre las personas en su percepción de la realidad. Los contenidos que los medios publican y difunden a diario ajustándose (al menos en teoría) a su definición como intérpretes de la realidad, llevan, siguiendo el curso de la definición de información con la empezábamos el trabajo, a que las personas se hagan un juicio sobre su propia existencia. No cabe duda de que esto afecta a la ideología dominante, es decir, pueden contribuir a romper el consenso social y convertirse así en factores de cambio de la superestructura. A esa expectativa, al juicio sobre la realidad en el corto y medio plazo que se hacen las personas, lo podemos identificar como la opinión pública, y constituye una obsesión para todos los gobiernos, necesitados como están de legitimidad y reconocimiento público para mantener ese equilibrio inestable en la que se encuentra la sociedad. Como es lógico, los grupos sociales dominantes no consentirán que se cuestionen sus privilegios ni el orden que los permite. Así pues, existe un interés por controlar esos contenidos para evitar que en la conciencia de la gente se instale la idea del cambio por un orden más justo. Las causas: Intereses económicos y políticos.- ¿Explica esta reflexión el empeño con el que se cuestiona el ejercicio independiente de la profesión periodística desde esos grupos de interés vinculados al poder político y empresarial? Todo parece indicar que es así. El sentido de lo que se afirma a continuación es mucho más evidente a luz de las lecturas de las obras de referencia de las que parte este ensayo. Particularmente reveladora a este respecto, por los múltiples ejemplos que lo demuestran, es la obra de De Pablos, pero no menos ilustrativa es la Serrano. Sabemos que la lógica con la que la ideología dominante explica la existencia de los sectores de actividad económica es la de la demanda y la competitividad ¿Cómo no van encontrar los mal llamados editores todos los pretextos y argumentos que necesitan para llevar a cabo sus manipulaciones en los medios? Difícilmente un medio en apuros dejará de aceptar el caramelo envenado que le ofrezca un tiburón empresarial para salvarse. O simplemente, porque necesita disponer del capital necesario para poner en marcha una iniciativa dentro del sector de la información que, por supuesto, actuará como hipoteca sobre los contenidos del medio, o también sucede que los contenidos quedan sometidos a los intereses comerciales y financieros foráneos (publicidad, patrocinio o participación accionarial), algo que nuestros autores demuestran sobradamente. A un editor le basta con exigir, desde la posición de dominio que les otorga la titularidad del medio, que los periodistas cumplan con su voluntad de forma sumisa, cuando no ciega y servil. Ellos pagan, ellos mandan. Ya el sistema se ocupa de dar las garantías jurídicas mínimas a los profesionales para que no puedan rechazar la presión. (Cláusula de conciencia = indemnización por despido improcedente). A la precariedad laboral de los profesionales de la información se refiere Serrano en su obra. ¿Acaso interesa que el periodismo sea el de investigación antes que los demás géneros? No ya sólo por los meros criterios de rentabilidad empresarial, sino por la mera conveniencia institucional y la pervivencia de la superestructura, no interesa de ninguna manera. El periodismo de investigación llevado a sus extremos podría pintar un cuadro demasiado fiel de la realidad que se oculta tras la normalidad política e institucional: un entramado de intereses privados que condicionan el poder público a la búsqueda de lucrativos negocios hechos de necesidad social, cuando no del mero desfalco de los dineros y el patrimonio público. O también, aquellas estafas de la iniciativa privada a personas corrientes de escasos recursos económicos y educativos, como las descritas en el texto, de De Pablos, pero multiplicadas por cien. Si la ideología dominante se ampara en la igualdad de oportunidades que todos tenemos para enriquecernos (justificación de los que ya son ricos), ¿Cuántos no estarán empeñados en esa empresa, ya sea por medios lícitos o ilícitos? Ejemplos de esto los tenemos a diario en la prensa. A buen seguro que son una mínima parte de los que se producen. La punta del iceberg. En tal sentido, la relación de intereses ocultos que nos revela Serrano y que están detrás de cada una de las noticias que él analiza, explican el por qué de que la información se falsee, se oculte, se trate de forma tendenciosa. En la obra Serrano el carácter interesado y sesgado de la información apenas deja lugar a dudas. En el primer texto citado, la utilización de la información a favor del objetivo de la guerra, un hecho que todo el mundo rechaza, es un argumento irrebatible sobre la manipulación. En DESINFORMACIÓN, la cantidad de noticias manipuladas que responden al interés por mantener y justificar el status quo político, es sencillamente abrumadora. La cultura y los medios: Si sabemos que la cultura con mayúsculas es una amenaza para el mantenimiento del estatus quo político en el sentido estricto que razonábamos al final del párrafo referido a ella ¿No se tratará a toda costa de frivolizarla y devaluarla desde los medios de información? Será con el amarillo, con el rosa, con el erotismo subliminal o explícito, con la mera pornografía, con su reducción al espectáculo...Todo menos estimular a la gente para que lea, se informe, se instruya, a que desarrolle su juicio crítico. El recurso es claro. Un conocimiento superficial y sublimado por el deseo es menos reflexivo y crítico. Si estamos entretenidos siguiendo la vida de personajes que no somos nosotros mismos y que no han aportado nada de interés para nuestro crecimiento personal, si estamos enajenados con las truculentas y morbosas historias que alimentan nuestros instintos más primarios, o despistados con las gestas deportivas que protagonizan otros desde el deporte / espectáculo / negocio, no nos quedan tiempo ni energías para reflexionar sobre nuestra propia condición. Y el pretexto también es claro, la demanda y la competencia de otros medios que cultivan todas estas perversiones de la información y la cultura. Por otro lado, con lo manifiesta que resulta la justa reivindicación de igual protagonismo para mujeres que para hombres en todos los ámbitos de la sociedad y la cultura, produce estupefacción comprobar como el sexismo llena las reproducciones gráficas y las expresiones que aparecen en las páginas de los periódicos.
Posibles causas de otras incorrecciones: el caso emblemático del periódico El País A modo de posible explicación de lo que De Pablos relata en su libro sobre la actitud de EL País, a continuación ofrecemos una explicación, que lejos de exculparle, quiere revelar los motivos por los que el periódico procedió de esa manera. La monarquía: Al insertar toda esta reflexión en el contexto histórico en el que sucedió a la dictadura, la transición, es fácil, si se entiende la oportunidad de cambio de la superestructura que se produjo, ver porque los grupos dominantes trataron de organizar el cambio para dar continuidad a la economía de mercado con el establecimiento de nuevas instituciones políticas aparentemente imprescindibles para la nueva situación. Esta es la razón por la que los medios en general son tan refractarios a la crítica hacia instituciones impuestas entonces como la Monarquía o la actual Constitución, hecho del se lamenta Serrano en su obra. En ese momento había que pactar con las fuerzas reaccionarias que sostuvieron a la dictadura y le sobrevivieron. La imposición de la monarquía como forma de Estado fue un legado que no se pudo rechazar en el consenso que se buscaba. Se consumó así la traición a los ideales de La República de ciudadanos libres e iguales, posponiendo por muchos años la realización de uno los mejores y más viejos ideales de la izquierda española. Pero ya superada la coyuntura histórica, aún quedan menos razones para que los medios españoles se empecinen en tratar a la monarquía como si estuviera por encima del bien y del mal, cosa que siguen haciendo. La caza de brujas: Nos parece obligada una breve referencia a la justa y oportuna defensa que el Dr. De Pablos hace en su libro del derecho de los comunistas españoles a que tuvieran una presencia en los medios que correspondía a su dimensión institucional y a que hubieran recibido un trato acorde con su condición de fuerza política democrática. En el momento en el que el periódico El País publicó sus ataques contra IU, el objetivo del partido en el Gobierno y de su grupo mediático era, antes que otra cosa, acabar políticamente con cualquier contestación desde su izquierda a la política antisocial que él mismo practicaba, conscientes como eran de que la derecha no tenía suficiente apoyo popular para ganar las elecciones. El tratamiento dado a IU solo pretendía reducir su presencia institucional al mínimo para que no pudiera influir en la marcha del país y facilitar la llegada de la derecha al poder. La ruptura de todos los preceptos de la deontología (sobre todo de los del propio Libro de estilo de El País) quedaba claramente supeditada a este impostergable objetivo político. Consecuencias para los medios Así pues, la crítica que se formula en el texto de De Pablos a los malos hábitos en prensa y la denuncia que hace Serrano de las constantes manipulaciones informativas, configuran un panorama amenazador para el futuro de los medios. Cada vez son más los lectores que se sienten defraudados cuando, por una u otra razón, acaban por conocer las manipulaciones a las que se somete a la información desde los propios medios. Saben que lo hacen para adecuarse a las exigencias de los poderes políticos. Desgraciadamente desconocen que también lo hacen por los imperativos económicos que les impone su dependencia del mercado y de las fuerzas que operan en él. Pero, al fin y al cabo, lo saben. El País, sólo por ser el diario de referencia (el de mayor tirada, el más leído) debería mostrar un especial celo en ser el producto informativo mejor elaborado. La reseña, el periódico “bandera” del país no puede adolecer de los muchos defectos que se detectan a lo largo del exhaustivo trabajo realizado en El periodismo herido. Particularmente preocupante es el cambio en su línea editorial. Acorde con el espíritu que lo fundó debería ser un referente de las ideas de progreso social. Carece de sentido su vocación monárquica, como carece de sentido atender a los grandes intereses empresariales y políticos del país antes que a las cuestiones sociales que deberían ocupar el primer lugar en la agenda informativa del periódico. Así mismo, la coincidencia de todos los medios a la hora de tratar las noticias (lo que Pascual Serrano llama el consenso mediático) no puede por menos que despertar todo tipo de sospechas. Si todos los periódicos y demás medios titulan parecido y, ante cuestiones institucionales de especial relevancia, como la monarquía y La Casa Real o el proceso de unión política europeo, adoptan una posición unánime y nada o poco crítica, es lógico que si el desprestigio acompaña a esas instituciones se acabe contagiando a los propios medios. No hablemos ya de los intentos de presentar los acontecimientos internacionales bajo un prisma muy determinado y nada real. En el caso del País, quizás la ventaja de ser el periódico más demandado es lo que permite al grupo mediático que lo gobierna marcar una línea editorial más acorde con los intereses coyunturales y de mantenimiento del status quo político, antes que responder a los asuntos que realmente interesan a sus lectores, incluida la calidad editorial y deontológica. Todo ello se enmarca dentro de la lógica perversa del mercado, lo que lleva a que le acabe ocurriendo lo que a otros. La desafección de los lectores y la bajada de la demanda de prensa, sólo se explica parcialmente por la mala calidad del producto. Habría que llevar a cabo una investigación social de tipo cualitativo, mediante sondeos y encuestas para determinar en que grado afecta a la demanda esta variable de la calidad. Otras posibles variables serán la competencia de otros medios no impresos: la radio, la televisión y sobre todo la red. Además no pueden descartarse otras hipótesis sociológicas como la de aquella saturación de medios e información que ha producido el embotamiento de los públicos medios (sociedad de la información). Pero sin duda lo más significativo es la pérdida de credibilidad que acompaña a la instrumentalización al servicio del poder, el intento desesperado de los gobiernos y de los intereses creados por manipular conciencias y controlar a la opinión pública que tan bien documenta y explica Serrano y, como no, la propia lógica del mercado aplicada al funcionamiento de unos medios convertidos en productores de información de consumo para el mercado de la información, víctimas de la competencia y sometidos a la ley de la demanda, como demuestra la investigación de De Pablos. No hay nada que le dé peor imagen a un medio que la falsedad de su información. Cuando se altera la función de dar a conocer (al menos en la intención) el acontecer tal y como este se produce y, más que noticias en sentido estricto, se le ofrece al público una realidad reelaborada a la medida de una ideología dominante cada vez más distanciada de la percepción que tiene el público, este se aleja de los medios por la escasa utilidad que tienen para él. Como pruebas que avalan la situación de hecho, aparte de los muchos ejemplos que exponen los autores en sus obras, podemos referirnos a acontecimientos de gran relevancia que se han producido en la reciente historia de España, como la campaña que el periódico El Mundo inició para demostrar la existencia de una supuesta trama autora de los atentados del 11-M que explicase la pérdida del gobierno que experimentó el PP en su día, más allá de sus propios errores y mentiras.
Conclusiones: Los medios clásicos se encuentran en crisis por los abusos y excesos que se han venido haciendo en ellos. Podemos confiar en que se produzca una rectificación en la medida que sus responsables y quienes trabajan en ellos decidan cambiar de actitud y servir al público al que se deben. Pero esto no parece que vaya a ocurrir. Quizás sea interesante la perspectiva que se abre cuando el poder pierda una herramienta tan útil a su servicio como la que ha tenido hasta ahora. Nunca acabaremos de saber cuanto necesitan los gobiernos de los grandes medios para legitimarse y conservar el apoyo de sus ciudadanos, pero no cabe duda de que la teoría de la opinión pública establece una dependencia directa. Quien sabe si este no puede ser el comienzo de una profunda transformación social. Coincidiendo con el Dr. de Pablos en que los medios no son el cuarto poder, sobre todo porque no tienen la legitimidad democrática directa o indirecta que tienen los otros tres, hay que reconocer que es difícil negar el tremendo efecto que han tenido sobre las sociedades contemporáneas. A modo de ejemplo, piénsese que la Guerra Fría fue una guerra de propaganda entre ambos bandos, en la que los medios jugaron un papel determinante. De la propia Lógica de lo expuesto se sigue que los medios simplemente estás afectados por el mismo mal que el resto de las instituciones en la sociedad moderna: el contradictorio dilema entre lo público y lo privado. Parece que solo cuando se resuelva este dilema, volverá a ser posible que la información, al igual que la política, se conviertan en funciones públicas de primer orden y se alejen de los intereses privados y particulares. ¿Quién sabe? Puede que la correcta utilización de algunos medios ya se esté dando forzada por los acontecimientos. Antes de despedir esta reflexión, procede intentar hacer un breve ejercicio de prospección en los nuevos medios a partir de los indicios de que disponemos. Parece que la interactividad, esa característica que transforma los medios de información en medios de comunicación, ofrece un interesante campo de desarrollo de los medios. Muy probablemente, el que todo el mundo piense que sus opiniones tienen las mismas oportunidades que las de cualquiera, permita que se recupere parte de la confianza perdida en los medios. Pero la enorme diversificación de informaciones que se puede producir al convertirse todos los receptores en posibles emisores, causa vértigo. Por eso resulta difícil pronosticar la posible evolución del fenómeno informativo. Más bien cabe confiar en que la interactividad sea utilizada para hacer acopio de tendencias y para conocer los posibles apoyos de la tecnología a diferentes alternativas y opciones sobre los más variados temas. La llamada sociedad de la información es presentada como aquella en la que la información se convertirá en un valor absoluto y aquel que la controle, ejercerá el poder. Hemos llegado al final de nuestro breve trabajo. Confiamos en que sea de utilidad para todo aquel lo lea. Como no podía ser de otra manera, reiteramos nuestro agradecimiento a la labor del Dr. De Pablos Coello y a Pascual Serrano, sin cuya contribución hubiera sido imposible el modelo sociológico de la información que hemos desarrollado. Sin las evidencias que aporta su trabajo empírico de seguimiento de la información, la elaboración de la teoría de los medios en su contexto carecería del mínimo rigor metodológico. Ciro enrique Hernández Rodríguez cirohdzrdgz@gmail.com
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