RLCS, Revista Latina de Comunicación Social 64 - 2009

Edita: LAboratorio de Tecnologías de la Información y Nuevos Análisis de Comunicación Social
Depósito Legal: TF-135-98 / ISSN: 1138-5820
Año 12º – 3ª época - Director: Dr. José Manuel de Pablos Coello, catedrático de Periodismo
Facultad y Departamento de Ciencias de la Información: Pirámide del Campus de Guajara - Universidad de La Laguna
38071 La Laguna (Tenerife, Canarias; España)
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DOI: 10.4185/RLCS-64-2009-825-315-327

La construcción mediática de lo ecológico. Estrategias discursivas en la información de actualidad

The Media´s Construction of Ecological Issues. Discursive
Strategies in the News Reports

Dr. José Ignacio Lorente [C.V.] Profesor, Departamento de Comunicación Audiovisual y Publicidad, Universidad del País Vasco, UPV-EHU, ES - eneko.lorente@ehu.es

Dr. José Enrique Antolín [C.V.] Profesor, Departamento de Sociología, Universidad del País Vasco, UPV-EHU, ES -
joseenrique.antolin@ehu.es

Ddo. Francisco Javier Doblas [C.V.] Profesor, Departamento de Comunicación Audiovisual y Publicidad, Universidad del País Vasco, UPV-EHU, ES - patxi.doblas@ehu.es

Resumen: El trabajo aborda un análisis de las estrategias discursivas implicadas en el tratamiento de la información ambiental en la prensa diaria, prestando especial atención a los procesos de orientación del sentido que tales estrategias suscitan en torno a la complejidad de las tensiones y desórdenes medioambientales.

La metodología empleada se basa en un enfoque semio-pragmático de los procesos de construcción del sentido en los discursos informativos de actualidad y en el análisis de la agenda y procedimientos de framing y priming empleados para delimitar el marco interpretativo de los conflictos medioambientales. El estudio ha permitido observar el modo en que las tensiones medioambientales se proyectan informativamente sobre un horizonte de riesgo inminente y de amenaza global que delimita un marco normalizado e institucionalizado de inteligibilidad de lo ecológico, en confrontación con otros discursos e interpretaciones que pudieran poner en cuestión la pertinencia del sentido privilegiado por el mismo.

Palabras clave: información ambiental, análisis del discurso; opinión pública.


Abstract: This work analyses the discursive strategies involved in the treatment of environmental information in the daily press. Special attention is given to the processes by which such strategies lend meaning to complex environmental tensions and disorders.

A semiotic-pragmatic approach is applied to the analysis of meaning construction processes in newscasts discourses. Agenda setting, framing, and priming procedures employed to delimit the interpretive frame of environmental conflicts are also analysed. Our results show how environmental tensions are treated as an imminent risk and a global threat. This treatment favours a normalized and institutionalized interpretive frame for ecological issues that is in confrontation with other alternative discourses and interpretations that could question it.

Keywords: environmental information; discourse analysis; public opinion.

Sumario: 1. Introducción. 2. Información, normalización e institucionalización de “lo ecológico”. 2.1. Las agendas informativas, procedimientos de framing y priming y el análisis de los discursos informativos de actualidad. 2.2. La programación narrativa del hecho noticiable y sus marcos de inteligibilidad: La Cumbre de Bali 2.3. Información de riesgos, peligros y amenazas. 3. Los esquemas cognitivos de lo sostenible y sus límites.  4. Conclusiones. 5. Referencias bibliográficas. 6. Notas.

Summary: 1. Introduction. 2. Information, normalization and institutionalization of ecological issues. 2.1. The news agenda, framing and priming procedures, and analysis of discourse in the newscasts 2.2. The narrative programming of newsworthy facts and their frames of intelligibility: The Bali Conference. 2.3. Information of risks, dangers and threats. 3. The cognitive schemes of sustainability and its limits. 4. Conclusions. 5. Bibliography. 6. Notes and referentes.

Traducción supervisada por la Prof. Dra. Irene García Ureta - Departamento de Comunicación
Audiovisual y Publicidad, Universidad del País Vasco, UPV-EHU, ES

1. Introducción

Para la psicología social, la inconsistencia entre las actitudes, los valores declarados y los comportamientos reales, la discrepancia entre la conciencia de los problemas medioambientales y las acciones favorables para el medio ambiente, parece tener su origen en el hecho de que en las sociedades contemporáneas las relaciones de los individuos con la naturaleza y con sus semejantes se caracterizan por estar simbólica y tecnológicamente mediadas. Y este carácter artefactual y fragmentado de los procesos en que se ve implicada la acción humana, se halla relacionado con una creciente dificultad de percepción de los nexos causales existentes entre las acciones individuales, sus consecuencias y el grado de responsabilidad sobre las mismas (Riechmann, 2000). En este contexto, la información de actualidad puede cumplir una función orientadora del sentido atribuido a las prácticas sociales al reconectar los nexos causales debilitados, poniendo en relación los comportamientos particulares y locales con los efectos generales y globales y reinscribiendo la acción individual en el contexto de la realidad social, en el momento, precisamente, en que ésta se vuelve más imprecisa, fragmentada y compleja.

Con el fin de indagar el papel que la información ambiental desarrolla en la construcción de representaciones sociales de lo ecológico y su progresiva restricción hacia los fenómenos más espectaculares relacionados con el medio ambiente, el proyecto de investigación impulsado por la Cátedra UNESCO de Desarrollo Sostenible y Educación Ambiental, de la Universidad del País Vasco, estableció una secuencia temporal de un semestre para el estudio del tratamiento informativo que la prensa de mayor tirada en el País Vasco dedicó a las sesiones preparatorias y desarrollo de la Cumbre de la Tierra celebrada en Bali, entre septiembre de 2007 y Febrero de 2008.

El estudio de opinión vinculado al impacto de los relatos informativos sobre la problemática medioambiental se ha basado en una encuesta realizada a la población de la Reserva de la Biosfera Urdaibai (Bizkaia), donde la Cátedra tiene focalizados sus estudios y mediante la cual se han indagado los perfiles ecológicos, las percepciones, actitudes y representaciones que los habitantes de esta comarca construyen a través de los medios de comunicación.

Uno de los aspectos más relevantes de los resultados del  un estudio consiste precisamente en que, si bien la población encuestada expresa mayoritariamente su preocupación por el medio ambiente y reclama mayor información y participación ciudadana en la resolución de los problemas medioambientales, manifiesta desconocer sin embargo los mecanismos de participación para la mitigación de los impactos medioambientales en su esfera de actuación local e individual (Agenda 21 Local, Estrategia de Desarrollo Sostenible de la Reserva de la Biosfera de Urdaibai). Esta apreciación es coherente con las conclusiones de los estudios sobre el Cambio Climático y opinión pública tanto en España (Solá et al., 2008), como en la comunidad internacional (Lorenzoni-Pidgeon, 2006; Eurobarometer 262, 2007), en los que se observa que pese a la sensibilidad que los ciudadanos expresan ante los problemas medioambientales hay un amplio desconocimiento acerca de las causas y consecuencias de los mismos, además de un notable grado de escepticismo ante la eficacia de la acción individual.

Esta disonancia entre actitudes y comportamiento efectivo, entre lo que los ciudadanos perciben como problemática medioambiental y las formas de actuación efectivas orientadas a su mitigación, constituye el foco del presente trabajo, en relación con la actividad de los medios de comunicación en la formación de representaciones sociales en el público y el enmarcado cognitivo de los problemas medioambientales.

El análisis textual de las noticias relacionadas con la temática medioambiental revela que las estrategias discursivas implicadas en la construcción mediática de estos objetos informativos no se orientan únicamente hacia un mayor conocimiento del complejo de variables que intervienen en la conformación de las relaciones del individuo y la sociedad con el entorno sino que, por el contrario, privilegian la inmersión del lector en un universo discursivo polémico, dominado por la lógica dramática y espectacular del riesgo y de la inmediatez de la crisis, en detrimento de otras voces y argumentos que pudieran cuestionar la definición del marco de inteligibilidad de los problemas ambientales.

2. Información, normalización e institucionalización de “lo ecológico”

El objetivo del trabajo se centra en el estudio del modo en que la información de actualidad difundida por los medios de comunicación coopera con los procesos de normalización e institucionalización del sentido circunscrito a un modelo simbólica e ideológicamente sesgado de desarrollo y sostenibilidad, en el que podremos apreciar un pensamiento ecológico progresivamente restringido hacia la problemática estrictamente medioambiental, en detrimento de otros abordajes interpretativos pertinentes que pudieran interesarse por su raíz económica, social o cultural.

Con este propósito, la metodología empleada se basa en el análisis textual de los procesos de construcción del sentido y de las estrategias discursivas que lo orientan a través de las agendas mediáticas desde las que se evalúa y gestiona la noticiabilidad de los acontecimientos del mundo. Entre tales estrategias adquieren especial relevancia los procedimientos de framing y priming que orientan su pertinencia, revelando ciertos mecanismos de selección, prominencia y estabilización de construcciones de sentido que proyectan disuasivamente las tensiones y conflictos asociados a la cuestión medioambiental sobre un horizonte de incertidumbre, de amenazas y de riesgo, de crisis o de catástrofes, según los casos.

Los enunciados informativos, al enfocar sobre la expectativa de peligros inminentes e inexorables el marco de inteligibilidad de las cuestiones medioambientales, interpelan y orientan la competencia interpretativa del destinatario, fomentando el incubado de representaciones sociales en el público. Tales representaciones restringen, bajo la presión de la urgencia y de la necesidad, la pertinencia de otros discursos concurrentes en la definición de los problemas medioambientales, a la vez que regulan las disputas por el acceso a la palabra y a sus espacios privilegiados de circulación en el ámbito de la sostenibilidad, cuya definición resulta siempre comprometida, polémica y problemática.

Los problemas y conflictos relacionados con la sostenibilidad son fenómenos que adquieren consistencia mediática y relevancia social gracias al concurso de estas formaciones discursivas que legitiman su abordaje cognitivo, constituyendo el síntoma de un campo problemático de definición de las relaciones sociales, entre los individuos, y entre éstos y el entorno.

La aproximación semiótica (Iñiguez Rueda, 2003) enfoca el concepto de normalización como el conjunto de prácticas discursivas y culturales mediante las cuales se construye un sistema interdefinido de enunciados, gracias a los cuales, de forma arbitraria, inestable y polémica (Fabbri, 1995) se establece, discrimina y reconoce un campo convencional, normalizado, de significación y por ende, de lo que queda excluido del mismo y categorizado como anormal, singular y excepcional. A este respecto, los estudios narratológicos venían advirtiendo que, la lectura e interpretación de un texto se realiza desde el reconocimiento de coherencias internas, junto con un conocimiento paratextual que el propio texto reclama al lector a modo de contrato de lectura y sobre el que se fundamentan las condiciones de inteligibilidad, pertinencia y veracidad desde las que se evalúa y enjuicia la relación del texto con los acontecimientos del mundo. Desde esta perspectiva metodológica, el análisis del discurso, en especial a partir del giro semiótico, observa las construcciones de sentido implicadas en los textos, tanto informativos como científicos o propagandísticos, como estrategias destinadas a intervenir y a dirimir en un campo problemático de significación en el que concurren otros textos y discursos.

La normalización contribuye a la reducción de la complejidad que caracteriza los conflictos medioambientales denegando la legitimidad de voces que plantean disputas entre sistemas de valores. De esta forma, los discursos de la sostenibilidad se articulan como sistemas de defensas tácticas ante refutaciones que pudieran poner en cuestión la existencia de su objeto-valor (Fabbri, 2004). De esta forma, la preservación a ultranza de la naturaleza incontaminada, la primacía de la investigación en tecnologías eco-eficientes y en la reducción de los riesgos medioambientales se confrontan con aquellos otros discursos que pudieran poner en cuestión la definición misma, siempre arbitraria y convencional, de los riesgos soportables o que plantearan la reivindicación de una justicia redistributiva de los costes y beneficios de los recursos naturales y de los riesgos asociados a su explotación. Estos discursos expresan los síntomas, las huellas dejadas por las tensiones que han operado en la definición del concepto “medio ambiente” por las sucesivas restricciones de que ha sido objeto la definición desplazada de lo que entendemos y estamos dispuestos a compartir como “desarrollo sostenible”.

Así, mediante los procesos de normalización se posibilita la creación de un marco privilegiado y compartido de inteligibilidad sobre los acontecimientos del mundo, a la vez que orienta el proceso de atribución del sentido a los mismos. Las sucesivas restricciones que en la información de actualidad ha sufrido el campo semántico y conceptual de lo sostenible hacia lo estrictamente medioambiental, su estabilización bajo el paradigma de la denominada “lucha global y urgente contra el cambio climático” perfilan un itinerario de las diferentes formas de pensamiento acerca de las relaciones del ser humano y la sociedad con la naturaleza, además del consenso, asunción y habituación al sentido privilegiado por las mismas.

Los procesos de institucionalización, por su parte, aseguran la permanencia normativa de lo “común” por encima de las diferencias de clase, de riqueza y de necesidad, bajo el discurso homogeneizador del paradigma “gaia” (Lovelock, 2000), apreciable en expresiones tales como “riesgo global”, “amenaza planetaria” o “catástrofe climática mundial”, frecuentes en los titulares de las noticias publicadas en relación con la Cumbre de Bali.

La definición de los problemas y conflictos relacionados con la sostenibilidad no tiene una existencia autónoma fuera de estas formaciones discursivas que legitiman su abordaje cognitivo sino que, por el contrario, constituyen el síntoma de un campo problemático de definición de las relaciones sociales, entre los individuos, y entre éstos y el entorno. En el contexto del proceso de disolución del sentido privilegiado por la modernidad y por los grandes meta-relatos acerca de las ideas de progreso común, la preocupación por el medio ambiente y por los límites de la intervención humana en el mismo, se perfila como uno de los síntomas de la crisis de confianza en el proyecto moderno de un crecimiento ilimitado y de la necesidad acuciante de repensar la relación con la naturaleza y a la vez de repensar las relaciones entre nosotros y con los otros. A lo largo  del proceso de reformulación normativa del sentido complejo,  heterogéneo y polémico de lo ecológico, ante el deterioro de las estructuras clásicas de entendimiento y construcción de la naturaleza, se aprecia el compromiso mediático con la necesidad de reinstaurar los límites que salvaguardan aquella idea de progreso y desarrollo, bajo nuevos lenguajes, discursos y metáforas.

El estudio de estos síntomas que se manifiestan de forma discursiva en las informaciones que contribuyen a la construcción de representaciones desde las que se gestiona la realidad social intersubjetiva trata, en definitiva, de pensar cómo se articula el medio ambiente a través de las mismas y cómo se construyen sobre esta articulación los mapas que organizan nuestro universo simbólico y cognitivo, y cómo integramos en tales estructuras de sentido los acontecimientos que nos obligan a reformularlas.

2.1. Las agendas informativas, procedimientos de framing y priming y el análisis de los discursos

El discurso informativo de actualidad se inscribe en un campo de lucha de los discursos sociales que pugnan por definir la realidad y la construcción del sentido acerca de lo ecológico, donde las posibilidades de participación y de actuación en ese campo problemático se realiza de forma desigual.

Los medios de comunicación, lejos de cumplir una función meramente transmisora y mediadora entre los acontecimientos del mundo y sus destinatarios, constituyen espacios de producción de discursos que configuran la realidad social. Desde esta perspectiva, el proceso de producción discursiva del presente puede ser observado como un conjunto de operaciones que median entre los hechos singulares, contingentes y en sí mismo insignificantes, que acontecen en lo real y su inscripción en el orden del discurso y del relato, bajo la forma de noticias e informaciones de actualidad (González Requena, 1989).

Así, mientras las agendas informativas construyen las temáticas sobre las que público e informadores establecen el contrato comunicativo –la noticiabilidad de los hechos– sobre el que se asienta la inteligibilidad de los acontecimientos del mundo, los procedimientos de framing y priming constituyen estrategias discursivas destinadas a proporcionar significado, coherencia y pertinencia a los mismos (Scheufele, 2000).

Por framing entendemos el modo en que los medios de comunicación determinan el marco de pensamiento y de discusión pública sobre los acontecimientos, un doble enmarcado a la vez cognoscitivo y pragmático, tendente a proporcionar al lector los elementos necesarios para asegurar la inteligibilidad de los acontecimientos –conceptos clave, relaciones paratextuales–, además de focalizar la atención sobre un determinado aspecto del objeto informativo –excluyendo otros–, en tanto que se confrontan y refutan estratégicamente los prejuicios conducentes a lecturas extrañas y “aberrantes” estableciendo un campo coherente e interdefinido de discusión.

El priming, por su parte, asegura la relevancia y pertinencia de determinados elementos de la noticia destinados a sostener argumentalmente una determinada mirada e interpretación sobre los hechos.

En el intento por aportar un sentido pertinente a los acontecimientos contingentes y de esta forma comunicárselo a las audiencias, el encuadramiento que las noticias propician implican la selección de determinados aspectos de la realidad, con el fin de hacerlos más prominentes en el texto. Con ello, se trata de proporcionar un énfasis especial en ciertos aspectos del tópico informativo, de forma que pongan en marcha mecanismos interpretativos por parte de la audiencia, comprometidos con definiciones o formulaciones particulares de los problemas, estableciendo relaciones de causalidad entre hechos singulares y valoraciones o sugerencias para el tratamiento de los asuntos objeto de atención (DeVreese, 2006). Tales procedimientos constituyen principios de organización compartidos socialmente, persistentes en el tiempo, los cuales trabajan simbólicamente para estructurar con significado el mundo social (Reese, 2001). En este contexto interpretativo, la teoría del framing apunta hacia la necesidad de procedimientos de análisis que den cuenta del modo en que a través del lenguaje y del discurso se orienta el sentido atribuido a los acontecimientos ordinarios y se construye e impone su significado, en tanto que opinión pública.

Sin embargo, queda todavía por esclarecer el modo en que los textos noticiosos construyen el sentido atribuido a los acontecimientos del mundo, haciéndolos inteligibles, comunicables y asequibles para su interlocutor. El enfoque generativo de la significación trata de discriminar y de jerarquizar los diferentes niveles en que se pueden situar las estructuras e invariantes de una determinada comunicación o práctica social. El recorrido generativo del sentido (Greimas y Courtés, 1982) es un modelo de producción de discursos, una reconstrucción dinámica del modo en que la significación de un enunciado se construye y se enriquece por medio de un proceso que va de lo más simple y abstracto, de las estructuras semio-narrativas, aquellas que lo convierten en algo inteligible, a lo más complejo y figurativo, las estructuras responsables de su discursivización, aquellas que lo transforman en algo legible, visible o audible (coherencia textual) y que a su vez despliegan la estrategia general del texto, destinada a construir y movilizar a su interlocutor (coherencia pragmática).

Las estructuras semio-narrativas representan el conjunto de las virtualidades de las que dispone el sujeto que enuncia,  una reserva de valores y de programas de acción de donde se pueden entresacar los elementos y recursos necesarios para contar una historia o construir un discurso. Partiendo de la hipótesis de que toda cultura es un sistema de diferencias, el enunciado “desarrollo sostenible” se inscribe en una tradición interpretativa que opone naturaleza a cultura y en la que los acontecimientos relacionados con las relaciones entre los individuos con el entorno son informativamente encuadrados a lo largo de la segunda mitad del pasado siglo como una tensión entre términos contradictorios ecosfera/tecnosfera. Esta oposición es  articulada narrativamente mediante recorridos entre posiciones tales como la premonición y advertencia de riesgos y amenazas, la súbita manifestación de conflictos y crisis o la expectativa de próximas soluciones en el ámbito tecno-científico, que se actualizan mediante el relato nostálgico de naturaleza incontaminadas, el espectáculo de catástrofes naturales o la épica del descubrimiento científico y de sofisticados avances tecnológicos, apelando de esta forma al saber compartido y a la competencia intertextual que el público dispone de la experiencia de otros relatos similares.

De esta forma, el acceso cognitivo al objeto naturaleza, ecosistema o medio ambiente, es narrado por las informaciones de actualidad como la propuesta de un recorrido que adquiere la forma, según los casos, de la expectativa de una solución tecno-científica a las amenazas del presente o bien como la lucha contra la amenaza de un peligro inminente e insoslayable –como la “lucha desesperada contra el cambio climático”, por ejemplo- o acaso, como la aventurada incursión en un universo catastrófico, desconocido e inefable.

El discurso informativo de actualidad se inscribe, en definitiva,  en un campo de concurrencia y enfrentamiento de los discursos sociales que pugnan por definir la realidad y la construcción del sentido acerca de lo ecológico, donde las posibilidades de participación y de actuación en ese campo problemático se realiza de forma desigual.

2.2. La programación narrativa del hecho noticiable y sus marcos de inteligibilidad: La Cumbre de Bali

El relato de acontecimientos constituye una de las principales actividades de los medios de comunicación en el proceso de inscripción discursiva de lo real, de lo singular, aleatorio e insignificante en sí mismo, con vistas a su transformación en realidad inteligible, dotada de sentido en tanto que presente. Si la realidad es el ámbito del mundo categorizado, ordenado y previsible donde lo singular se somete a la organización del discurso y cobra sentido, el presente inmediato representa la fisura por la que lo real, lo contingente, imprevisible y aleatorio amenaza continuamente con poner en crisis su marco de inteligibilidad y su inscripción en un marco normalizado de significación.

Sin embargo, la información de actualidad pone en escena el presente bajo la lógica dramática de la expectativa y de la dilación, a la espera –siempre inquietante- de un futuro perfectible. Así, el relato de acontecimientos mediáticos relacionados con el consenso y la normalización de la noción de sostenibilidad consisten preferentemente en el seguimiento informativo de eventos tales como “expos”, conferencias y cumbres, la publicación de paneles e informes científicos, la puesta en escena de actos y celebraciones dirigidas a la sensibilización de la opinión pública que convocan la presencia de sujetos autorizados para dar sentido a los hechos del presente, en función de su relevancia política, científica o cultural. Mediante la construcción y promoción sistemática de este tipo de eventos informativos, los medios ponen en suspenso la complejidad, las tensiones y conflictos del acontecer inmediato y abren la expectativa de un futuro prometedor en el que estos agentes autorizados (representantes gubernamentales, científicos, técnicos y especialistas) reciben el reconocimiento y la confianza por su capacidad para reinsertar en un nuevo equilibrio las tensiones y conflictos del presente y su sometimiento a algún tipo de consenso que contribuya a reducir la deriva de sentido con que los hechos dispersos, complejos y confusos amenazan la realidad.

La Cumbre de Naciones Unidas sobre el cambio climático, desarrollada entre los días 3 y 14 de diciembre de 2007, con amplia repercusión mediática, congregó a representantes de 190 países en Bali (Indonesia), con el fin explícito de representar ante la opinión pública el acuerdo de un protocolo contra el cambio climático que desarrollara los limitados compromisos adquiridos en Kioto, en 1997. La Cumbre vino precedida por la insistente comparecencia mediática del consenso científico basado en informes y estudios que alertaban de la urgencia en la toma de decisiones frente al acelerado proceso de cambio climático. La cuestión acerca de la sostenibilidad se enmarcó y restringió informativamente a la necesidad de emprender una “lucha -dramática, desesperada y compartida- contra el cambio climático”. El referente último de esta búsqueda doblemente dramática, salvar el planeta y eliminar las resistencias a colaborar en el proyecto común, promocionaba la adhesión al objeto-valor, la investigación tecno-científica en materia de sumideros de CO2, eco-eficiencia y nuevas energías, para contrarrestar las disfunciones del actual sistema de producción y consumo energético y restablecer el equilibrio pretendido y acaso, perdido.

En este contexto, los acontecimientos informativos se ponían en escena modelados por la dramaturgia de los enfrentamientos y de las reticencias, cundo no explícitas negativas, de los gobiernos de EEUU, personalizado en la figura del presidente Bush, de los “gigantes asiáticos” y de los países en vías de desarrollo –los antagonistas– a asumir los compromisos en materia de reducción pretendidos por los representantes europeos, investidos como líderes incontrovertibles y protagonistas del discurso ecologista. Sin embargo, la falacia de este discurso normalizador resultaba patente ante la resistencia, por parte de países en vías de desarrollo, a compartir, en igualdad de condiciones, los esfuerzos con quienes consideran los responsables del actual modelo de desarrollo y llevan más de un siglo contaminando: mientras que en EEUU se producen 20 toneladas de C02 por habitante y año, en Europa la tasa es de 10 toneladas y en los países en vías de desarrollo de menos  de 3 toneladas. De los 190 países representados en la Cumbre, entre tan sólo 15 producen el 80% de las emisiones de C02.

El entramado narrativo que subtiende las noticias que durante este periodo abordaron las tensiones y conflictos implicados en la Cumbre de Bali se desarrollaban sobre la historia de fondo del descrédito que desde las instancias renuentes a los compromisos acordados se venía proyectando sobre el consenso científico acerca de las causas y probables consecuencias del cambio climático.

Uno de los referentes, repetidamente invocado en el tratamiento mediático de la Cumbre fue el denominado Informe Stern (2007), en el que además de afirmar que las pruebas científicas corroboran la “realidad incuestionable del cambio climático” y que la inversión equivalente al 1% del PIB mundial contribuiría a mitigar sus efectos negativos, valorados en un 20% del mismo, advertía de la necesidad de construir un concepto compartido de comportamiento responsable con la sostenibilidad, tanto en la esfera pública y colectiva, como individual, con la “creación de una comprensión compartida de ideas clave..., de una argumentación más allá de los palos y las zanahorias.., basada en indicios reveladores o evidencias, que permita analizar la complejidad de los problemas medioambientales”. La construcción de compromisos compartidos en la complejidad de los problemas medioambientales constituye un reto informativo de especial relevancia pues no sólo afecta en la esfera las actuaciones individuales, sino que tiene una dimensión social en la que los sujetos actúan con diferentes expectativas e intereses, a menudo contradictorios, y con diferentes grados de implicación y de participación en las políticas que tratan de gestionar las tensiones relacionadas con la cuestión medioambiental.

Los enfoques alarmistas y catastrofistas, al igual que el excesivo optimismo, inhiben frecuentemente la capacidad de actuación real, en tanto que el cuestionamiento genérico de los consensos científicos acerca del origen humano del cambio climático da pie a la percepción de los discursos que abordan la cuestión medioambiental, como confusos, contradictorios y caóticos (Ereaut y Segnit, 2006).

El pretendido consenso científico constituyó el argumento de base para las discusiones de Bali. La presentación del informe intergubernamental sobre el cambio climático (IPCC) tras el encuentro de expertos celebrado en Valencia en el mes de Noviembre, contribuyó a calentar el escenario mediático con titulares como “Visto para sentencia.., ignorar el cambio climático sería una irresponsabilidad criminal” (El País, 13/11/08). La agenda informativa se enfocó rápidamente hacia la temática de los riesgos medioambientales asociados al cambio climático y hacia la urgente necesidad de adoptar medidas políticas y económicas que desarrollaran el protocolo de Kioto, sobre la base de las “evidencias” científicas publicadas por el IPCC y el rechazo de “oscuras” resistencias hacia su reconocimiento y efectiva adopción. Este enfoque temático circunscribía la compleja situación con que se enfrentaban los diversos países participantes a los conflictos y disputas suscitadas entre los grandes bloques políticos e intereses económicos convocados bajo el paraguas informativo de los “escépticos y negacionistas” frente a los “ambientalistas y ecologistas”, EEUU, Japón, Canadá, China e India, por un lado, aunque por diferentes motivos, y Europa, por otro, con una posición ambivalente asignada al grupo G77 y otros países en vías de desarrollo.

2.3. Información de riesgos, peligros y amenazas

La alerta frente a peligros, riesgos y amenazas constituye uno de los campos preferentes de actuación discursiva de los medios de comunicación y de la información de actualidad. Pero mientras las amenazas implican situaciones complejas dominadas por la incertidumbre, el riesgo se refiere distribuciones conocidas de probabilidad. El riesgo apunta hacia los estándares socio-culturalmente construidos de lo tolerable e intolerable, esto es, una incertidumbre socialmente manufacturada.

El dispositivo narrativo comprometido en esta secuencia temporal presenta la organización de una poética perfectamente estructurada para conducir tanto las expectativas, como para orientar el abordaje de los problemas objeto de discusión. El enmarcado cognoscitivo de la compleja situación e intereses en discusión se concretó en la pugna por la necesaria y urgente reducción de emisiones de C02 con el fin de evitar los daños que de forma inminente acarrearían los efectos del cambio climático. Un enmarcado temporal basado en la urgencia y en la inminencia de consecuencias catastróficas caracterizó la información de actualidad del periodo, proyectando sobre el horizonte dramático de un acuerdo a toda costa la actividad de los sujetos llamados a actuar frente a las importantes dificultades que se avecinaban. En este enmarcado conflictivo, surgen nuevos protagonistas “Expertos de la ONU alcanzan el acuerdo sobre el cambio climático” (El Mundo, 17/11/07), “El cambio climático queda ya en manos de los políticos, ignorarlo sería una irresponsabilidad criminal” (El País, 13/11/07), “Habló la ciencia, el turno de la política” (El Mundo, 18/11/07), “El calentamiento durará siglos” (El País, 17/11/07), llamados a actuar en un contexto catastrofista “El calentamiento es terrorífico” (El Mundo, 18/11/07), “Ocho años para evitar el desastre” (El País, 18/11/07). En la perspectiva local, España se presentaba en ese escenario con las siguientes credenciales “España, el país europeo que más se aleja de Kyoto” (El País, 28/11/07), “Expertos a Zapatero (…), sube el nivel del mar (…), riesgo de plagas y enfermedades tropicales” (El Mundo, 28/11/07).

Las afirmaciones sobre peligros no son meras afirmaciones sobre hechos. Contienen un componente teórico, en la lógica causal de las ciencias, que escapa a la percepción directa. Los riesgos del cambio climático son globales, aunque inespecíficos, inconmensurables e impredecibles a escala local. Las conjeturas de causalidad se sustraen a la percepción directa, son conocimiento teórico sancionado como pensamiento verdadero, apodíctico, seguro, y hay que creerlas. Contienen también un componente normativo relativo a la seguridad y a los equilibrios perdidos que es preciso restablecer. Los riesgos vinculados a la naturaleza son el negativo de las utopías rotas en el proceso de modernización (Rodríguez-Martínez, 1999).

Los peligros son seleccionados culturalmente e informados para su reconocimiento, pero no todos, sino sólo algunos. Se trata por tanto de indagar qué explicaciones de infortunio cuentan con la probabilidad de funcionar de manera más eficaz, en diferentes ámbitos sociales y culturales y de qué forma los medios de comunicación social, a través de la información de riesgo orientan la percepción y gestionan la incertidumbre asociada a la acción humana. La información de riesgo, como técnica de coacción, refuerza la institucionalización de ciertas expectativas de peligro que proporcionan consenso y estabilidad al sistema social, así como los umbrales que son asequibles en un momento determinado. Un foco de riesgo distrae de otros, por lo que el grado de vigilancia perceptiva y de aceptabilidad de determinados riesgos da idea del grado de organización social, de los valores compartidos y de los valores morales legitimadores.

Durante la celebración de la Cumbre de Bali, este proceso de orientación del riesgo y de su significado contribuyo a la gestión informativa de las tensiones suscitadas en torno a la misma, mediante su sometimiento a una estructura dramática canónica. Las generación de expectativas se desarrolló en los días de apertura de la Cumbre: “Kyoto agoniza en busca de sucesor” (El País 3/12/07) o “EEUU, China e India obstaculizan el establecimiento de Kyoto II (…), los países en vías de desarrollo se niegan a reducir…” (El Mundo, 10/12/07). En el momento álgido de la cumbre se produce el momento de suspense y dilación con la irrupción de un informe alemán que augura “riesgo de guerra civil global por la falta de recursos” o el anuncio de “millones de exiliados climáticos” (El Mundo, 11/12/07). El clímax dramático se desencadena los días 14 y 15 de diciembre: “Europa da un ultimátum a Bush”, portada de El País, desarrollada con “La cumbre de Bali acorrala a Bush” (14/12/07) y “Bali ultima un pacto a la baja” (El País, 15/12/07), “El calentamiento nos empuja hacia la mayor tragedia del siglo XXI” (El Mundo, 15/12/07).

Con todo, en la vigilancia de peligros y la advertencia de riesgos, al atribuir las causas de catástrofes a la naturaleza se refuerzan los lazos de solidaridad y se conjuga el disenso (Douglas,1996). Los desastres aparentemente naturales propician una visión integradora de las desigualdades sociales, aunque generalmente afectan a los más desfavorecidos. Así, al presentar la naturaleza desatada, herida, en peligro de extinción y con capacidad de afectación global, se movilizan los sentimientos de solidaridad y de cooperación –la empresa común– por encima de los diferentes grados de responsabilidad imputables por los daños y perjuicios infligidos, no sólo a la naturaleza, sino también a otros colectivos.

En su reflexión acerca del paradigma de la sociedad del riesgo, Ulrich Beck advertía de los desafíos de la nueva modernidad en la búsqueda de respuestas estratégicas a la siguiente cuestión “¿cómo canalizar, dramatizar, minimizar riesgos y peligros que se han producido sistemáticamente en el proceso de modernización y repartirlos sin que obstaculicen el desarrollo de ese proceso, ni sobrepasen los límites de lo soportable?” (Beck, 1998). El proceso de modernización se vuelve reflexivo y auto-referencial, tomándose a sí mismo como objeto de reflexión y como el límite de las incertidumbres y expectativas de gestión política y científica de los riesgos que conlleva. La promesa de seguridad crece con los riesgos que deben ser redefinidos e incesantemente ratificados ante la opinión pública.

Con el incremento de la percepción del riesgo y la posibilidad de su reparto global –y desigual– surgen las condiciones que conducen a la lógica del desarrollo a un nuevo nivel: el del aprovechamiento económico de los peligros advertidos por él mismo. El saber de los riesgos se hace economía y política. La opinión pública y la gestión del riesgo se introducen en la intimidad de la economía.

En las sociedades opulentas de occidente, la lucha contra la carencia y la necesidad, por la que se estaba dispuesto a aceptar ciertos efectos secundarios, ha perdido relevancia, a la vez que, en el nivel más avanzado de desarrollo de las fuerzas productivas se difunde la idea de que ciertas fuentes de riqueza (energía atómica, química, genética) están contaminadas por nuevas y crecientes amenazas de efectos secundarios que permanecen ocultas y actúan a largo plazo, aunque con consecuencias irreversibles. El control de estos efectos insidiosos se confía al saber tecno-científico para la evaluación, diagnóstico y posible solución. La definición del riesgo que suponen y su oportuna comunicación a la opinión pública se convierten en opciones sociopolíticas clave. En la sociedad del riesgo surge el potencial político de las catástrofes: la administración de las mismas puede incluir una reorganización del poder y de la competencia.

En el ámbito local, los periódicos desarrollaban un tratamiento coherente con los diarios de ámbito nacional, incidiendo en las expectativas iniciales “Impulsar una economía verde (…) ante la amenaza de graves consecuencias sociales, culturales y económicas” (El Diario Vasco, 19/11/07), “Los expertos reunidos en el panel contra el cambio climático no tienen quien les escuche” (Gara, 18/11/07), “Negativa de EEUU al protocolo de Kyoto” (Berria, 4/12/07) y con las graves consecuencias derivadas del calentamiento auspiciadas desde diversos foros de expertos: “El IPCC exige una actuación urgente y multilateral” o las más dramáticas expresadas por Ban Ki-Moon, secretario general de la ONU: “La situación es como la de una aterradora película de ciencia-ficción” (El Correo, 18/11/07). Durante los días que duró la cumbre, algunos diarios pusieron el énfasis del papel de los países en vías de desarrollo “Un apartheid mundial que cuesta 86.000 millones de euros al año” (Deia, 12/12/07), “Es cuestión de pobreza” (Gara, 15/12/07), “Los países en vías de desarrollo denuncian presiones para que se limiten las emisiones con posibilidad de recibir sanciones comerciales” (Deia, 15/12/07). La secuencia informativa finalizaba con un enigmático titular “El C02 también es negocio (y opaco)” (El País, 27/12/07) y un ambiente de decepción “Otra oportunidad perdida” (El Mundo, 16/12/07) que dejaba en suspenso la resolución de la crisis hasta el horizonte de la Cumbre de Copenhague, a celebrar en Diciembre de 2009.

Los periódicos locales cooperan con los mismos argumentos, basados en la amenaza y la urgencia de la adopción de medidas que “incumben a todos” aunque poniendo mayor énfasis en las tensiones y disensos relativos a las medidas a adoptar frente a los riesgos del cambio climático. Con todo, el tratamiento informativo de tales riesgos, pese a advertirse comunes y globales, presentan los conflictos de la Cumbre como lejanos y abstractos tanto en lo relativo al consenso científico de fondo, como en lo concerniente a las estrategias para paliar sus posibles consecuencias y adaptarse a los efectos que ya han comenzado a manifestarse en el medio ambiente.

3. Los esquemas cognitivos de lo sostenible y sus límites  

A la vista de las informaciones publicadas en este periodo, la pugna por el sentido derivada de la ambigüedad del concepto “desarrollo sostenible” continúa librándose sobre la historia de fondo de los diversos enfoques del pensamiento ecológico desarrollados a lo largo del pasado siglo (Martínez-Alier, 2005) y que podrían expresarse como una ecología de orientación conservacionista, la eco-eficiencia promocionada por el “capitalismo verde” y la modernización ecológica, y la ecología crítica, denominada “ecología de los pobres” o “ecología social”, comprometida con un amplio movimiento de justicia social. Un cuarto enfoque vendría caracterizado por la confianza en que tanto los efectos negativos como las soluciones de los problemas que percibimos en el medio ambiente son consecuencia de los mismos procesos naturales. Este enfoque niega que los fenómenos medioambientales sean consecuencia de la acción humana y por tanto resultaría innecesario emprender cualquier tipo de acción para su paliación. Un aspecto esencial de la polémica relación entre estas formaciones de pensamiento parte del acento que las mismas ponen en alguno de los dos términos del controvertido concepto de “desarrollo sostenible”.

Mediante el análisis de las noticias aparecidas en prensa, relacionadas con la Cumbre de Bali, hemos podido establecer cuatro formaciones semio-narrativas relacionadas con el desarrollo sostenible y los problemas medioambientales, cuatro formas de pensar e interpretar lo ecológico como relación del individuo y la sociedad con la naturaleza, las cuales aparecen representadas siguiendo parcialmente la terminología sugerida por Martínez Alier (2005: 31), en el siguiente gráfico:

Optimismo cientista - Pragmática de riesgo

 

Ecología de los pobres - Justicia ambiental

Ecoeficiencia

 

Eco-social

     

Eco-radical

 

Ecoescéptico

Conservacionismo Ambientalismo

 

Negacionismo OIptimismo naturalista

Estas configuraciones permiten reducir la incertidumbre y gestionar cognitivamente la complejidad asociadas a las cuestiones medioambientales, dando lugar a recorridos narrativos y relatos informativos que permiten circunscribir las múltiples dimensiones de los problemas enunciados.

La configuración eco-eficiente, también denominada “capitalismo verde”, centra la atención en las disfunciones medioambientales del crecimiento económico, orientando la atención hacia la expectativa de control de los impactos ambientales y de los riesgos para la salud de las actividades industriales, urbanísticas, agropecuarias, etc. La ecología es pensada como una ciencia orientada a la gestión de los desórdenes ambientales generados por el desarrollo. Representa la construcción discursiva adoptada con mayor profusión en las noticias relacionadas con la Cumbre. Para esta corriente de pensamiento, los impactos ambientales no encierran significado en sí mismos, sino que constituyen el síntoma de disfunciones que es preciso evaluar y remediar, pues constituyen una amenaza para la continuidad del modelo productivo. Desde esta perspectiva, se considera que el actual modelo de desarrollo es sostenible siempre que se base en la modernización ecológica (tecnologías eficientes, impuestos, mercados de emisiones) y en el uso eficiente de una naturaleza proveedora de recursos naturales finitos. Enfatiza un enfoque científico-técnico de los problemas y recurre a figuras estilísticas como el oxímoron (carbón verde, industria limpia) o a imágenes recurrentes (límites de carga del sistema) que hacen hincapié en la mensurabilidad, anticipación y el cálculo de los riesgos y amenazas medioambientales, con el fin de paliar o minimizar sus consecuencias adversas. La eco-eficiencia se inscribe entre dos polos de tensión que expresan sus límites: el optimismo cientista (la tecnología nos salvará) y la pragmática del riesgo (gestión de los impactos ambientales), dejando fuera de cuestión el modelo de crecimiento, de producción y consumo actuales.

Este enfoque denominado “eco-eficiente” se desarrolla a partir de los años 50 motivado por el crecimiento acelerado de los países desarrollados y la percepción de la alteración de los ciclos naturales relacionada con la irrupción de nuevas tecnologías y formas de producción y consumo de energía, en especial química y atómica, y de contaminación, enfocando la atención hacia el horizonte de una posible crisis ecológica que amenazaba al sistema en su globalidad.  La preocupación por los efectos del crecimiento económico acelerado orientó la atención hacia los impactos ambientales, los riesgos para la salud y los límites del sistema en su conjunto. El capitalismo verde confía en la tecnología (modernización ecológica) y la gestión eficiente (economía ambiental, ecología industrial) como remedio a las disfunciones introducidas por el sistema y busca la explotación de aquellos recursos naturales que, precisamente, todavía estaban al margen de la economía (genética, nano-tecnologías, eficiencia tecnológica). La idea trascendental de naturaleza sustentada en la biología conservacionista se transforma en la idea de explotación eficiente de recursos naturales limitados (capital natural) que es preciso asegurar mediante una ciencia gerencial, basada en el complejo conocimiento-tecnología-economía que asegure un crecimiento progresivamente desvinculado de la base material.

La configuración eco-social, contradictoria con la anterior, pone el énfasis en la dimensión social de los problemas medioambientales, tanto en lo relativo a sus causas como a sus consecuencias y entiende el desarrollo sostenible como una cuestión de justicia ambiental. Para esta corriente de pensamiento el crecimiento económico implica importantes impactos en el medio ambiente que se transvasan a los países en vías de desarrollo, tanto en lo relativo a la explotación de los recursos naturales de que disponen, como por la implantación de tecnologías e industrias que generan grandes impactos ambientales.

La ecología crítica y el movimiento de justicia ambiental reconocen también los importantes impactos en el medio ambiente generados por el crecimiento económico, pero advierte que la distribución de los mismos es desigual y afecta más a los países pobres que a los países tecnológicamente avanzados. La cuestión ambiental no se dirime, por tanto, únicamente en la salvaguarda de la biodiversidad o en la adaptación de políticas económicas e innovaciones tecnológicas que hagan el modelo de desarrollo sostenible para las generaciones futuras, sino que implica un planteamiento ético y de justicia social, ante las desigualdades que sufren determinados grupos en el presente, los cuales también pueden ser agravados por un planteamiento estrictamente gerencial y tecno-científico de la ecología. Los impactos ambientales generados por el crecimiento económico presentan un desplazamiento geográfico, una externalización hacia las regiones donde se hallan las fuentes de recursos y los sumideros de residuos. Así, mientras la ecología política enfoca el pensamiento ecológico hacia las desigualdades sociales, la economía ecológica ha abierto el debate sobre el valor más allá de la dimensión económica. Entre otras razones, porque el cálculo del riesgo no es pertinente ante la inconmensurabilidad de los impactos ambientales (subsistencia y salud, biodiversidad, efectos a largo plazo). Desde esta perspectiva, no exenta de polémica y confrontación, el concepto de “desarrollo sostenible” incorpora nuevas voces y discursos en los años 80, como una ampliación del concepto predecesor “ecodesarrollo” entendido como un modelo de desarrollo socialmente justo, ecológicamente compatible y económicamente viable (Riechmann, 1995), que ya no observa la naturaleza como algo ajeno, extraño a lo social.

La configuración eco-radical o de la “ecología profunda” pone el énfasis en la preservación de lo que queda de espacios naturales y biodiversidad, fundada en una perspectiva biocéntrica ante la naturaleza, abogando por la preservación del estado actual del entorno natural mediante el conservacionismo reservista (preservar de los impactos del desarrollo) y el ambientalismo (anteponer la naturaleza al desarrollo), los cuales constituyen sus polos de tensión. La perspectiva conservacionista propugna una naturaleza segregada del mercado, domesticada (parque natural, parque temático), y un enfoque ecologista asociado al cambio hacia valores post-materiales (Inglehart, 1997), característico de las sociedades avanzadas una vez cubiertas las necesidades materiales.

En su formulación moderna, la ecología conservacionista aboga por preservar los espacios naturales existentes al margen del mercado y la preservación de la biodiversidad como respuesta al antropocentrismo que observa la naturaleza únicamente como fuente de recursos. El bio-centrismo reivindica, en su perspectiva política, la protección de reservas naturales, la recuperación de espacios degradados y, en última instancia, su tematización y transformación en espacios educativos y de ocio. Una revisión de este modelo ha llevado a centrar el interés por las reservas humanizadas, aquellas en las que el sistema natural soporta la presión de actividades económicas y productivas y usos del suelo en los que participan agentes sociales con intereses, a menudo confrontados, que requieren políticas y procedimientos de gestión de conflictos que no son únicamente medioambientales.

Finalmente, el eco-escepticismo representa una concepción cuasi-religiosa de los problemas ambientales, al anteponer una creencia que va del negacionismo (no hay evidencias científicas fundadas) al optimismo esotérico (todo forma parte de los ciclos naturales), pasando por el escepticismo ante las dimensiones, inminencia y capacidad de acción ante los problemas medioambientales.

El alarmismo catastrofista, así como el optimismo, no constituyen posiciones fijas en el cuadrado de las configuraciones discursivas, sino que representan los extremos de cualesquiera de ellas. Sin embargo, la sociedad del riesgo es una sociedad catastrófica, ha introducido el peligro, y la expectativa de crisis y catástrofes en su forma privilegiada de gestionar la normalidad.

4. Conclusiones

El término “desarrollo sostenible” se revela susceptible de recibir diversas interpretaciones, vertimientos de valor, significados y usos por parte de los discursos políticos e informativos, un término que delimita un campo de significados polémico y atravesado por tensiones y conflictos que ponen en escena, junto con los marcos de pensamiento desde los que se interpretan y da sentido ecológico a las acciones, los diferentes actores y formas de relación y representación social.

Las informaciones de actualidad contribuyen activamente en el proceso de normalización y de institucionalización de las tensiones y conflictos que se suscitan en el proceso de construcción del sentido, en torno al concepto de sostenibilidad y contribuyen a su consolidación bajo el enunciado privilegiado de “desarrollo sostenible”.

Los medios contribuyen a la gestión de la complejidad y de la confusión reduciendo el campo interpretativo de la crisis de sostenibilidad del actual modelo de desarrollo y circunscribiéndolo a los problemas medioambientales, poniendo el énfasis en las políticas de adaptación y mitigación de los impactos mensurables en el entorno natural y de sus catastróficas consecuencias sobre los individuos, pero sustrayendo la consideración de su dimensión social, económica y cultural del modelo de desarrollo asentado en el crecimiento y explotación sistemática de los recursos naturales que lo ha provocado.

La agenda informativa que se ha desarrollado en torno a la Cumbre de Bali se ha centrado en la evidencia científica de las dimensiones globales del cambio climático, en la inmediatez del potencial devastador de sus efectos y en el carácter antropogénico del mismo, pero ha eludido el tratamiento en profundidad de los verdaderos motivos del litigio político, mediante la articulación de un dispositivo narrativo en el que escenificaban conflictos, amenazas y dilaciones en torno a las cuotas de CO2, constituido en el objetivo dramático pretendido en el evento.

El análisis discursivo ha permitido apreciar cómo los discursos informativos de actualidad contribuyen a los procesos de restricción, normalización y habituación al frame interpretativo desde el que abordamos cognitivamente la realidad, en tanto que dejan en suspenso el sentido del presente, complejo y heterogéneo diluyéndolo en la expectativa de un futuro catastrofista, que se percibe de forma cada vez más inminente.

Desde el punto de vista del dispositivo espacial, se aprecia una significativa brecha entre el enfoque global y local. Los medios locales se han hecho eco de la Cumbre replicando el tratamiento dominante de grandes conflictos, apenas esbozados, lejanos en la escenificación de las catástrofes y ajenos, en el modo en que han sido relatados, a la esfera de actuación de los individuos.

Esta brecha dificulta los flujos de comunicación horizontal asentados en comunidades de intereses y formas de vida y comportamiento que comparten buenas prácticas. El énfasis en la evidencia científica acerca del carácter antropogénico de las causas del cambio climático se presenta informativamente desconectado de la esfera de actuación del ciudadano, pese a que sus decisiones y comportamientos cotidianos –transporte, ahorro energético, reciclaje– representan el 20% del problema.

El tratamiento informativo alarmista y catastrofista, centrado en el riesgo de grandes desastres naturales y en la urgente actuación en las esferas de decisión políticas y macroeconómicas, pone el énfasis en la actuación heroica de sujetos abstractos, lejanos y con motivaciones que no son siempre explícitas. Este planteamiento aparece desconectado de referencias y anclajes en la vida de los ciudadanos, así como en las formas de participación ciudadana en los ámbitos de consulta y decisión que le son accesibles –foros, Agenda 21 Local, asociacionismo, voluntariado, etc.–

La prominencia del enfoque eco-eficiente, apoyado en la expectativa de que el desarrollo tecno-científico y las políticas eco-eficientes mitigarán por sí solas los efectos del cambio climático, deja fuera del juego la reflexión acerca de modelo social, económico y cultural de desarrollo que los ciudadanos están dispuestos a asumir y acordar, afianzando por el contrario la expectativa de que nuestro actual modelo de vida, producción y consumo es el único marco interpretativo de desarrollo y sostenibilidad.

Frente a ello, el interés eco-social manifestado por la población de Urdaibai apunta hacia una demanda informativa interesada por las conexiones que llevan de lo local a lo global, de la huella ecológica que generamos a las consecuencias que tiene sobre otros territorios y sociedades, sobre la base conceptual de una naturaleza y recursos finitos y compartidos. Pero, pese a la creciente toma de conciencia de las dimensiones sociales y de las desigualdades económicas y regionales en el grado de generación y afectación de los problemas medioambientales, las narrativas informativas continúan focalizando la resolución de los problemas en los países desarrollados, relegando a los países en vías de desarrollo a la función de sujetos pasivos, receptores de ayudas y de las estrategias de adaptación que aquellos diseñan.

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* Este trabajo se inscribe en el proyecto de investigación de la Cátedra UNESCO de Desarrollo Sostenible y Educación Medioambiental, de la Universidad del País Vasco, titulado “La construcción mediática de la sostenibilidad. Representaciones sociales y estrategias narrativas de la sostenibilidad”, UNESCO2006/09.



FORMA DE CITAR ESTE TRABAJO EN BIBLIOGRAFÍAS:

Lorente et al (2009): La construcción mediática de lo ecológico. Estrategias discursivas en la información de actualidad. RLCS, Revista Latina de Comunicación Social, 64, páginas 315 a 327. La Laguna (Tenerife): Universidad de La Laguna, recuperado el ___ de ________ de 2_______, de http://www.revistalatinacs.org/09/art/26_825_49_ULEPICC_05/Lorente_et_al.html
DOI: 10.4185/RLCS-64-2009-825-315-327