Reseñas de libros- 2010

El crash de la información. Los mecanismos de desinformación cotidiana

de Max Otte

Barcelona: Editorial: Ariel, 2010

ISBN: 978-84-344-6923-5 - 347 pág.


Reseña realizada por el DEA Alberto Ardèvol Abreu


Max Otte es economista alemán, actualmente profesor de Economía Internacional en el Instituto de Ciencias Aplicadas de Worms (Renania, Palatinado). Saltó a la fama internacional al ser uno de los pocos que advirtió de la crisis antes de que llegase, con su Der Crash kommt (¡Que viene la crisis!), publicado en 2006, en un contexto de crecimiento económico en el que muchos afirmaban que para conseguir mayor bienestar, la mejor receta era más de lo mismo: impuestos bajos, dinero barato y créditos fáciles. Desde entonces se le conoce, muy a su pesar, como “el profeta de la crisis”.

Sorprende que un economista como Otte se acerque al análisis de los medios de comunicación, pero las conexiones entre economía e información (o desinformación) son

cr

hoy evidentes en un mercado globalizado donde los grupos de poder económico centran gran parte de sus esfuerzos en controlar todas las formas del discurso público. El análisis de Otte no se queda en los medios de comunicación, el marketing y la publicidad: el alemán considera al sistema mediático parte del problema, pero la raíz se encuentra en otros actores sociales, interesados en convertir la información en desinformación. Directivos y grupos de presión, grandes conglomerados empresariales, que manejan a los políticos y a los medios de comunicación, que se convierten en simples herramientas al servicio del statu quo.

¿Por qué nadie hizo nada antes de que llegara la crisis de 2008?, ¿por qué nadie la predijo? En realidad, ni siquiera los expertos conocían el cenagal en que los grandes bancos se habían metido en los años del dinero fácil: los riesgos asumidos, las tácticas de enmascaramiento empleadas… Pero, ¿qué información nos daban, entonces? Otte nos muestra cómo la información económica es, en realidad, un conjunto de mentiras con las que se desorienta a los ciudadanos. Las estadísticas, esto ya lo sabíamos antes de Otte, mienten.

La inflación subyacente se reduce sacando de la “cesta de la compra” los productos que la aumentarían demasiado; las cifras de desempleo se mejoran si no se cuenta a los parados enfermos, a los que hacen cursos de formación o a los que tienen un trabajo de un euro la hora; se hace subir el Producto Interior Bruto o la productividad del país con diferentes artimañas estadísticas que al final, sólo generan números que nos significan nada.

Estas malas prácticas fagocitan a casi todo el sistema productivo, pues el gusto de jugar con los números llega a todos los sectores donde el prestigio o el desprestigio pueden influir en la cuenta de resultados.  Incluida la educación, otro gran negocio: Las listas de las mejores universidades, las mejores escuelas donde obtener un MBA, las universidades donde los licenciados encuentran más rápido su primer trabajo… suelen ser listas profundamente subjetivas, que se basan en la pesudoinformación derivada de trucos estadísticos o de las opiniones de especialistas cuya capacidad de contrastar lo que evalúan es más buen baja. La mala información se une a la sobreinformación, otro mal endémico de nuestra sociedad, para contribuir a la desinformación de los públicos.

Nuestra sociedad produce enormes cantidades de información que no pueden ser comprendidas ni contextualizadas por la mayoría de las personas, que caen en la confusión.

Otto analiza las campañas de publicidad, marketing, relaciones públicas… La sociedad industrial moderna, cuya sostenibilidad económica se basa en al aumento constante el consumo, crea en los ciudadanos —reducidos a meros consumidores— nuevas necesidades superfluas, antes insospechadas. Ejércitos de publicistas se especializan en la tarea de jugar con las emociones, fundamentales en la decisión de compra en un mercado cada vez más homogeneizado en cuanto a la variedad real de sus productos.

El sector de la alimentación se encuentra a la cabeza de la desinformación, con legislaciones tremendamente blandas sobre aspectos como el etiquetado o la información nutricional, que dificultan al consumidor en su tarea de comprender las características del alimento que está adquiriendo. También podemos encontrar engaños escandalosos en el mercado de las telecomunicaciones, con compañías que nos niegan una copia escrita del contrato verbal que hemos acordado, o que nos pierden en una nube de tarifas que provocan que al final no sepamos cuánto nos cuesta el minuto de conversación en el teléfono móvil.

¿Cuáles son las salidas propuestas por Otte a la situación? Ante la práctica eliminación del poder real de los estados, maniatados por los poderes reales (los económicos, la banca fundamentalmente), y al constatar que las  consecuencias políticas o legales de la crisis han sido mínimas, el autor ofrece una solución socialdemócrata a la vieja usanza, reclamando “más poder para los estados”, pero sin alterar en lo sustancial las reglas del juego económico-social.

Propone, en esencia, la “tercera vía” postulada tras la Segunda Guerra Mundial por Alexander Rüstow, en la que se fortalecen los controles al poder económico, pero no se toca la propiedad privada de los medios de producción y la banca. Además, propone una serie de consejos a nivel individual, para entender lo que sucede en las diversas facetas de nuestra vida y sortear, en la medida de lo posible, la desinformación.

Crear redes sociales, con relaciones personales en las que se construyan vínculos de confianza, elegir proveedores de servicios de confianza y que permitan tratar con otras personas (y no con máquinas) o algo tan sencillo y pasado de moda como leer libros. Ofrece también consejos para el pequeño inversor, que pasan, por ejemplo, por “invertir sólo el dinero que no se vaya a necesitar durante los próximos cinco años”.

¿Será suficiente con medidas de este tipo?, ¿realmente se puede recuperar el estado de bienestar dejando vía libre a los poderes que han conseguido subyugar a los estados, pervirtiendo con ello la democracia y la soberanía popular? Quien pretenda encontrar en Otte a un economista heterodoxo que proponga una crítica a las bases mismas del sistema o que plantee un cambio radical en la esencia de la economía financiera, que compre otro libro.