Revista Latina

Reseñas de libros - 2010

CONTRERAS, Fernando R. Re(d)unidos: Cultura, innovación y comunicación. Barcelona: Anthropos, 2009.

ISBN: 978-84-7658-929-8

160 páginas. Editorial Anthropos, Barcelona, 2009.

Desde una perspectiva multidisciplinar, que no se limita a los estudios de medios, el ensayo reflexiona desde una postura crítica acerca de los aspectos correlativos entre cultura, innovación y comunicación. Las tensiones y contradicciones de un mundo tecnoconectado, donde las cibercomunidades homologan valores, prácticas y sentidos, mientras los particularismos y las tradiciones locales son marginalizadas, precisan conceptos nuevos para criticar estas realidades históricas. Por ello, el autor se basa en ínclitos escritos de la escuela frankfurtiana, desde Theodor Adorno hasta Max Horkheimer y el más reciente Jurgen Habermas, para abordar la influencia de los procesos de tecnificación en una cultura globalizada.

contreras

Es necesario apostar comentarios desde el presente a unas teorías que sentaron las bases de la crítica cultural contemporánea, justo cuando la explosión comunicativa comenzaba a erigirse como Industria Cultural. Uno de los puntos que enfatiza Fernando Contreras radica en la lógica del conflicto que nace, paradójicamente, de esta era de comunicación virtual. De ahí la remisión imperativa a la teoría crítica. Sobre todo, teniendo en cuenta la aceptación inmediata y sin debate de cualquier tipo de innovación tecnológica.

El capítulo primero trata sobre la “economía moral de la innovación”. A medida que las tecnologías de la información hacen crecer nuestros conocimientos sobre el mundo, también las responsabilidades y reciprocidades aumentan. Sin embargo, como señala Contreras, hay una carencia esencial para afrontar con garantías de solidaridad el encuentro entre los particularismos: un sistema de universalismos como los de la dignidad humana. Tanto más necesario por cuanto la comunicación tecnológica apunta hoy a interacciones entre sujetos en cierto modo anómicos. El posible resultado puede ser el choque cultural y la destrucción de las bases orgánicas de las culturas. La reivindicación de la economía moral es así un requisito fundamental para que la participación de los usuarios en la red tecnológica no nos dirija hacia a nuestro sojuzgamiento a cargo del sistema tecnomercantil, sino hacia la felicidad común.

El capítulo segundo incide en la idea de las redes no ya como medio de comunicación, sino de contacto masivo. La red, nos dice Contreras, es un “protocolo de reunión” que no tiene por qué entrañar una relación de comunicación. Siguiendo la teoría de sistemas de Niklas Luhmann, la pregunta formulada en este capítulo trata sobre la probabilidad o improbabilidad de comunicación en las redes tecnológicas. La funcionalidad operativa de las redes ha de dotarse de “intenciones”, estar dirigidas a, en este caso, el consenso dialogado.

En el tercer capítulo, “justificación, poder e innovación”, surgen los interrogantes sobre el poder de la tecnología sobre la naturaleza y, en última instancia, sobre los hombres mismos. Cabe subrayar aquí las referencias a la ética de la responsabilidad de Hans Jonas y Richard Rorty. En un mundo que proclamó el fin de la Historia tras la caída del Muro de Berlín (Francis Fukuyama), las utopías parecen centrarse en la vida del presente. Más bien la Utopía se ha realizado. Se trata del presentismo que François Hartog delineó en sus “regímenes de historicidad”. De ahí que la mirada responsable al futuro tecnológico y la propagación de los derechos humanos en Rorty se hagan indispensables para cualquier planteamiento sobre la sociedad interconectada.

Los capítulos 4 y 5 se ocupan de realizar lecturas contemporáneas de conceptos ya tratados en la teoría crítica. Ilustración, razón instrumental, tecnocracia son algunos de los núcleos teóricos que han de fundamentar nuestros análisis del presente. El utilitarismo y la falta de sentido, que en definitiva es también la carencia de fines y la primacía de los medios, no conducen a la felicidad de los hombres. Al menos, habría que precisar, a una felicidad auténtica y no ficticia. Además, la aproximación a estas realidades ha de tomar una postura inequívoca. En otras palabras, la tarea del investigador no puede verse relegada a la observación empírica y objetivista de la sociedad. Ha de suscitar controversias, abrir caminos para el debate, el consenso público y la transformación conforme a las voluntades colectivas. El totalitarismo de la racionalidad instrumental abole el diálogo social. Es éste el peligro señalado por Contreras a propósito del decisionismo científico: “Una sociedad regida por las decisiones científicas se vacía de contenidos para la discusión pública. Elimina la racionalidad dialógica. Surge el poder monológico de los expertos, que desemboca en arbitrariedades irracionales, efecto de deseos y de intereses particulares” (129).
El quinto y último capítulo concluye con la llamada a la racionalidad teleológica y axiológica. A través del pensamiento de Max Horkheimer, el ensayo discute la idea de una moral para la racionalidad, de modo que se superen las solidificaciones de las estructuras de poder. La cuestión parece plantearse en los términos de conflicto entre los intereses individuales, los colectivos y las posibilidades concretas de hacer efectivo un consenso desde las estructuras económicas, políticas, sociales y, en definitiva, culturales. Desde una suerte de “politeísmo de valores”, Contreras llega al convencimiento de no poder designar nunca la verdad absoluta. Niega así una vía dogmática que vehicule una comunicación normativa, solidaria y universal en su defensa de la dignidad humana. “No podemos olvidar que nuestra felicidad se yergue sobre el sufrimiento de otros seres humanos, de animales y criaturas” (156). El único dogma conveniente sería el de la denuncia de los males y el de los universalismos cosmopolitas que diluyen las injusticias y lo horrores.

En conclusión, se trata de una monografía que da cuenta de los problemas filosóficos y morales que atañen a la emergencia de lo que Castells denomina “autocomunicación de masa”. Los riesgos de exclusión tecnodarwinista, los conflictos interculturales, las homologaciones globales, la subordinación de los individuos al aparato tecnocrático: todas ellas son cuestiones a las que nos debemos enfrentar desde múltiples campos teóricos. El libro de Fernando Contreras trata de someter a juicio los mundos virtuales y la sociedad que él denomina tecnoconectada. Tanto más en un mundo que parece abocado irremisiblemente a la deshumanización y a la pérdida de los valores fundamentales de dignidad humana.

Antonio Fernández Vicente