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Revista Latina de Comunicación Social 47 febrero de 2002
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| Edita: LAboratorio de Tecnologías de la Información y Nuevos Análisis de Comunicación Social |
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Figuras del otro: formas de la diferencia en la prensa argentina actual Lic. María Ximena Ávila Barei © Resumen El presente trabajo se plantea leer algunas de las formas actuales de construcción del discurso acerca del "otro" en circulación en nuestra sociedad. El tratamiento de la información en la prensa gráfica muestra formas de discriminación de los sujetos que se perciben desde la "diferencia", sea ésta sexual, racial, ideológica o cultural, y entran en juego operaciones complejas que en la actualidad se entienden como actitudes discriminatorias aún cuando no lo parezcan explícitamente. Históricamente, estas operaciones han estado en relación con los intereses simbólicos y los juegos de poder de los grupos sociales. Desarrollamos breves consideraciones acerca de la construcción social del discurso estigmatizante y ejemplificamos con distintos modos de circulación de este discurso en la actualidad. 1. Subjetividades e imaginario social Nos preguntamos inicialmente acerca del modo en que la combinación de fuerzas de los discursos sociales y los juegos de poder dan existencia a la construcción del entramado particular que conforma ciertos discursos periodísticos de carácter denigratorio que constituyen finalmente una forma de exclusión de los sujetos. Sabemos que el discurso social (Angenot, 1992) contribuye a sostener el imaginario social y cómo ofrece a los sujetos figuras de identidad -de sí mismo- y de identificación -del otro- fuertemente marcadas por los prejuicios epocales. El lenguaje crea imágenes de lo real y concretiza los modos en que la sociedad refuerza o modifica sus representaciones de mundo. Crea objetos "invisibles" que el psicoanálisis entiende ligados al principio del placer y al principio de la realidad. Pero la realidad es también una construcción -una "significación imaginaria", dice Castoriadis, es decir que está dotada de sentido para los sujetos (1999). Lo que aquí nos interesa pensar es cómo en el presente la institución periodística ha impuesto una clausura sobre el hacer de ciertos sujetos y pensar a esta clausura críticamente. Para la psicología clásica, cada persona constituye un sujeto independiente en el universo, un sistema motivacional y cognitivo singular, único, delimitado e integrado, que es el centro de la conciencia y de la vida emocional. Sin desestimar este paradigma, pero desde otro punto de vista, a los estudios centrados en el discurso y la ideología les interesa explorar las posibilidades de definir al sujeto como resultado del proceso humano de la "interacción" que produce significados por medio del uso del lenguaje. Y el lenguaje nos precede. Está cargado de evaluaciones sociales, de ideología, de maneras de mirar el mundo. En el lenguaje, crear nuevos significados, implica recuperar discursos y recrearlos. En el mejor de los casos, no somos más que coautores de discursos en permanente cambio, inmersos en historias que vienen del pasado y que se transforman al circular en contextos actualizados. Esto hace que la naturaleza de nuestros discursos y la de nuestras subjetividades sea en realidad, un fenómeno intersubjetivo: el producto de decirnos a nosotros mismos, a los otros y de leernos en los discursos que otros dicen sobre nosotros y/o a nosotros. La compleja red de discursos es el producto de intercambios y prácticas sociales, del dialogismo y la polifonía propias de todas las culturas que alteran en mayor o menor medida su imaginario, según la fuerza que imponen los cambios históricos. Entendemos con Edgar Morin (1994) que el principio de incertidumbre -utilizando metafóricamente una noción de la física cuántica (1994)-, es el que rige la constitución de las subjetividades: el sujeto es una organización biológica pero también cognitiva y por lo tanto, su asociación con las nociones de exclusión e inclusión, marca la imposibilidad de determinar exactamente quién habla: si soy yo, si soy hablado, si alguien habla por mí, tal como observara Bajtín. De allí que sea necesario, desde nuestra perspectiva, pensar a la subjetividad/intersubjetividad dentro del dinamismo de los discursos sociales. Pero -creemos nosotros-, que es justamente el discurso el que se ofrece como regulador de esta incertidumbre porque los sujetos producen activamente determinados tipos de discursos que están regidos por reglas más o menos comunes a todos los grupos -el discurso de la xenofobia o las formas de estigmatización, por ejemplo, se sostienen en el principio de exclusión que ha sido una constante en todas las historias de las culturas-, pero les otorgan sentido sobre la base de procedimientos compartidos por el grupo social o la comunidad a la que pertenecen. La constitución discursiva del imaginario ofrece a los sujetos representaciones de mundo dotadas de sentido: saberes doxásticos que imponen tabués y censuras, tópicas y retóricas del lenguaje e ideologemas dominantes o emergentes. Si bien el discurso estigmatizante es patrimonio -en mayor o menor medida- de todas las comunidades, en sus manifestaciones prácticas y de lenguajes no es igual con respecto a las evaluaciones acerca de los comportamientos, la raza, la sexualidad, el género o la clase social. En uno u otro caso, hay concepciones en mayor o en menor grado restrictivas, intolerantes o violentas. Las marcas de la identidad y de la alteridad, tienen que ver con las historias de cada cultura, con los procesos de socialización impuestos a los sujetos, por aquello a lo que una sociedad otorga sentido (en este caso el "otro" suele ser quien transgrede los límites del territorio, de la sexualidad permitida, las divisiones de clase, etc.) y por lo tanto, aquellas significaciones imaginarias en las que los individuos se reconocen. Y el discurso refuerza, se mueve en las fronteras o desarticula estas doxas para crear otras nuevas. ¿Cómo opera particularmente, el discurso discriminatorio en relación con estas significaciones imaginarias? Creemos que al reforzar la hegemonía, opera como elemento de control social y limita fuertemente la posibilidad de alteración de las significaciones sociales operando siempre desde el interior de su clausura. Porque justamente el modo en que las sociedades sostienen discursos de exclusión devela el hecho de que toda significación social puede volverse antinómica, es decir, que hay sujetos -y discursos- que trabajan entre sus fisuras y pueden resultar en mayor o menor medida "peligrosos". De esta manera posibilita que los integrantes de una comunidad sostengan, muchas veces sin saberlo, la certeza de que el origen de un saber, una creencia, un modo de mirar el mundo, un sistema de valores, está en discursos sociales internalizados como verdaderos, y sea incapaz de establecer nuevas reglas y de pensar como suprimibles antiguas prohibiciones. Lo que todos sabemos es que ciertos sujetos o ciertos grupos se sitúan no en la clausura de orden centrípeto, sino en las fronteras, en umbrales de inestabilidad desde donde fisuran de los modelos a través de los cuales las sociedades autoorganizan su imaginario y se perciben. Ellos suelen ser el blanco de la discriminación. ¿Qué discursos de exclusión vehiculiza la prensa y qué acciones provoca? La autorepresentación positiva de unos (Nosotros) y la representación negativa de los otros (Ellos) parece ser una propiedad fundamental de las formas sociales de estigmatización -es extranjero, es loco, es negro, es homosexual, etc.- a través de las cuales se definen la identidad y los intereses de los grupos. Este discurso puede observarse como patrón organizativo de un gran número de creencias y acciones (ideológicas por antonomasia) de los miembros de una cultura. Y se manifiesta en representaciones sociales que, como veremos, representan, ponen de manifiesto actitudes estigmatizantes, discriminatorias y de exclusión que se sostienen en prejuicios sociales. Los juicios previos Lo que cuenta en la construcción del pre-juicio son los intereses y valores del grupo que representa negativamente -estigmatiza- al otro, como diferente, desviado o peligroso. El contexto, es decir, dimensiones pertinentes a la estructura social, al imaginario y las relaciones de poder, se pone en evidencia frente a sujetos que tienen interpretaciones, evaluaciones del mundo y creencias diferentes. Sabemos que todo conocimiento de mundo está constituido por creencias social y culturalmente compartidas, evaluaciones que sirven a un grupo para pensar lo que es verdadero y lo que es falso, lo que es agradable o desagradable, lo permitido y lo prohibido, etc. La historia relatada por Carlo Guinzburg sobre Menocchio, un molinero italiano del siglo XVI, muerto en la hoguera por orden del Santo Oficio, muestra claramente de qué manera se discursivizan en una época ciertas representaciones de mundo, un imaginario que no se limita a lo que existe sino que comprende todo el sistema de creencias que fundamentan un conocimiento compartido. Como Galileo en la misma época, Menocchio comenzó discutiendo el uso del latín: "la opresión que ejercían los ricos sobre los pobres mediante el uso, en los tribunales, de una lengua incomprensible como el latín" (Guinzburg; 1981: 42) siguió con la discusión de la virginidad de María y la santidad de Cristo y finalizó sosteniendo que el diseño del universo era similar al de un enorme queso con orificios por donde circulaban los gusanos, idea propia de la cultura popular de la época, como lo demuestra Guinzburg y de los ámbitos de la literatura herética. Pero este saber y esta literatura tenían una circulación clandestina y estaban prohibidos de antemano por la iglesia. De modo que el juicio a Menocchio, ya era "cosa juzgada", pues partía de un pre-juicio, un juicio previo sancionado desde las estructuras del poder. Actualmente sabemos no solo que la Tierra gira alrededor del Sol, sino que la idea del Universo como un gran queso horadado no es en absoluto descabellada y se aproxima bastante al diseño que han propuesto los astrofísicos en el siglo XX. Solo que en el siglo XVI la metáfora no respondía de ningún modo al imaginario de la época. Y el molinero Menocchio fue quemado por hereje. Episteme y doxa -conocimiento científico y saber popular- no estaban profundamente divorciados y sin embargo comenzaban a mostrar en cada uno de sus cuerpos (marca, señal, huella, lesión, orificio, trastorno), una fractura por donde habría de entrar el pensamiento disidente. Guinzburg señala claramente en su investigación las analogías entre una y otra cultura como coincidencia entre "... las tendencias de fondo de la cultura campesina y la de los sectores más avanzados de la alta cultura del siglo XVI. Explicar estas analogías mediante la simple difusión de arriba abajo, significa aceptar sin más la tesis insostenible, según la cual las ideas nacen exclusivamente en el seno de las clases dominantes. El rechazo de esta explicación simplista indica, por una parte, una hipótesis mucho más compleja sobre las relaciones... entre cultura de las clases dominantes y cultura de las clases subalternas" (pág.184) 3. La discriminación Nos preguntamos: ¿cómo opera actualmente la victimización del otro mediante el discurso social dicriminatorio? Sabemos que el discurso social es "todo lo que se dice, todo lo que se narra y argumenta en un estado dado de sociedad" (Marc Angenot, 1992). Cuando decimos "discurso social discriminatorio" agregamos un complemento que limita el "todo" angenotiano, imposible de aprehender. Sabemos también que el Discurso Social Hegemónico (DSH) se manifiesta en formas legítimas del lenguaje, comporta tabúes y censuras, legitima hegemonías e impone ideologías. En el caso del discurso discriminatorio, se hace hincapié en la circulación de un sistema de valores legitimados socialmente que hacen posible de ser estigmatizado (y catalogado como "otro-diferente") al sujeto a quien se atribuye la no observancia de los valores legitimados, la diferencia con el poder. Las operaciones de estigmatización desde el discurso periodístico se manifiestan, según nuestro criterio, de varios modos: Se estigmatiza según tabúes y censuras que se adscriben a formas de sexualidad: ser gay, ser travesti, ser lesbiana, ser prostituta. Por eso se ocultan todas las formas de la prostitución, los llamados "actos sexuales perversos", se discrimina (incluso legalmente) a la madre soltera y a las parejas homosexuales. Ejemplos: - “Se trata de gente que con solo mirarla se adivinan qué hacen” (travestis y prostitutas) – Clarín, 20 de marzo de 2001. - “Como se trata de una travesti, la policía y la justicia no hacen nada para resolver el caso” – La Voz del Interior, 10 de marzo de 2000. La discriminación opera de manera dominante sobre los atributos de la inteligencia: o se es tonto o se es loco. El primero es fruto de toda clase de ridiculización y basta solo pensar en los chistes "de gallegos" (entre los argentinos), "de argentinos" (entre los españoles), "de belgas" (entre los franceses), etc., para ejemplificar: el tonto, el loco, el raro, no entiende los códigos del discurso hegemónico y por eso provoca risa. El choque de culturas o la traslación de un sujeto de un espacio al otro lo estigmatiza como "ignorante", "torpe", "inculto", "raro", "insoportable", etc. Este discurso discriminatorio muestra formas ocultas o explícitas de la xenofobia. El DSH que estigmatiza aún más desde el poder, es el de quien piensa fuera del canon dominante. A veces la peligrosidad radica en la independencia de una inteligencia o un pensamiento creador (los artistas "raros"). No responde fácilmente a los moldes del DSH, a lo que "debe" decirse o hacerse. Al salirse del canon, se "vuelve loco" o "es raro". Y en una sociedad acostumbrada a "vigilar y castigar", el discurso acerca de la supuesta locura de alguien, es sumamente creíble. Ya sea "manso", "lindo" o "peligroso", el supuesto "raro" o "loco" es estigmatizado porque socava seguridades o corroe verdades dogmáticas. Habla aquello que para otros (o alguien) no es decible o tolerable. Ejemplos: - “Si hay un tipo piola, realmente piola en la televisión de estos días ese tipo es sin duda el Gran Hermano”. Clarín, 19 de agosto de 2001 3. Se estigmatiza atribuyendo a alguien vicios y adicciones condenables: el alcoholismo, la drogadicción, la ludopatía y más recientemente, los fumadores empedernidos. Acá, el discurso social roza lo no dicho o lo dicho entre líneas o en baja voz, utilizando casi siempre los mecanismos del chisme, del rumor y del chiste por medio de formas no legítimas del lenguaje que componen un sociolecto compartido: "se emborracha todos los días", "se zarpa por la noche", "se da con todo", "fuma como un murciélago", "se juega todo", etc. La imagen estereotipada de los chistes sobre borrachos por ejemplo, se contrapone en apariencia al dogmatismo y seriedad de las normas sociales, pero en realidad sostiene una doxa que corrobora los límites de lo aceptable. Ejemplos: - “Los verdaderos asesinos estaban todos faneados” – La Voz del Interior, 18 de agosto de 2001. - “Que George hijo fue alcohólico, estudiante mediocre, empresario en quiebra y político por obligación, ya no es una novedad”. La Voz del Interior, 16 de septiembre de 2001. 3. Desde la más remota antigüedad, se discrimina atribuyendo a alguien enfermedades graves, incurables en su época o contagiosas. En siglos anteriores se discriminaba a los portadores de lepra, de sífilis o peste. Ahora, ligado a la estigmatización sexual, está el Sida; y por supuesto, en relación con el tema "locura", toda clase de enfermedades psíquicas y psicosomáticas, aún aquellas vinculadas con el uso de las nuevas tecnologías y también, su simple enunciación merece una serie de discursos descalificantes a nivel de doxa (que vehiculiza de manera ingenua las formas del DSH): "se volvió loco", "está de la nuca", "que vaya a terapia", “es un fanático”, "tiene un trauma infantil", "hay que comprenderlo porque es hijo de padres separados", "que lo encierren en un loquero", etc. Ejemplos: - “Lo único que necesita es conectarse junto con otros fanáticos de la red, para que la realidad se disuelva, los pensamientos se desvanezcan”. Revista Noticias, 18 de marzo de 2000. - “Hombres jóvenes, socialmente incapacitados” (los denominados ciberadictos). Revista Noticias, 18 de marzo de 2000. 5. Se discrimina por pertenencia a otro país, zona de frontera, raza, etnia, color de piel, costumbres o rasgos culturales. Es común en Argentina llamar “gringos” a los italianos, “gallegos “ a los españoles, turcos, “perucas” a los peruanos, “bolita” a los bolivianos, etc. Como ya hemos dicho, las marcas de la identidad y de la alteridad, tienen que ver con las historias de cada cultura, con los procesos de socialización impuestos a los sujetos, por aquello a lo que una sociedad otorga sentido (en este caso el "otro" suele ser quien transgrede los límites del territorio, quita el trabajo o impone nuevas costumbres) y por lo tanto, aquellas significaciones imaginarias en las que los individuos se reconocen. Ejemplo: - “Los ilegales, que a veces son mujeres, incluso embarazadas, tienen que desaparecer tierra adentro para evitar las patrullas de control”. Clarín, 19 de agosto de 2001. - “Reúne condiciones ideales para ser proclamado el enemigo público número uno del mundo occidental, por sobre todo, es musulmán”. La Voz del Interior, 16 de septiembre de 2001. 6. Se discrimina por edad y clase social a los niños de la calle, los habitantes de las villas miserias, los jóvenes de pertenencias diferentes (villeros, rockeros, cuarteteros, etc.) Ejemplos: - “Hay varios aguantaderos donde se refugian los que vienen escapando de la policía” (villeros) – Clarín, 19 de agosto de 2001. - “Estuvieron pululando en el estacionamiento, un lugar exclusivo para socios” (barrabravas) – Clarín, 19 de agosto de 2001. 7. Por último, se discrimina por filiación política según el gobierno de turno o las ideologías dominantes. En la Argentina de los 80, las Madres de Plaza de Mayo eran llamadas “las locas de Plaza de Mayo”, solo porque emprendieron una lucha sin pausa en búsqueda de sus hijos y nietos desaparecidos. En la actualidad “las locas” son otras mujeres cercanas al poder que se han atrevido a denunciar la existencia de mafias y de graves casos de corrupción (Caso Zulema Yoma, quien denunció la existencia de mafias en el poder menemista o caso Elisa Carrió, quien denuncia actualmente, en medio de un gran silencio y vacío a su alrededor, la existencia de poderosos intereses políticos y económicos ligados al narcotráfico). Ejemplos: - “Felizmente, sesudos politólogos acudieron rápidamente para cubrir ese vacío...” La Voz del Interior, 16 de septiembre de 2001. Inserto en una red de relaciones intersubjetivas, de discursos, instituciones y poderes, este sujeto-otro, no es, sin embargo, un sujeto aislado. Pero su práctica y su discurso generan la distancia, el juego de la diferencia y la consiguiente réplica estigmatizante. El sujeto no ha dicho o hecho tanto lo opuesto, sino algo distinto, algo-otro, generalmente una percepción "distorsionada" del mundo que pone en evidencia los errores de la ciencia, la hipocresía de la moral o las costumbres, el estado policíaco, la corrupción de los poderes, etc., que se sostienen en ciertos discursos hegemónicos como necesidad de imponer homogeneidades y sumisiones sociales. Como señaláramos inicialmente, el discurso contribuye a crear el imaginario social y ofrece figuras de identidad y de identificación -en este caso, del otro en tanto "diferente" y por lo tanto, estigmatizable- fuertemente marcadas por los prejuicios epocales. De este modo, la sociedad refuerza o modifica sus representaciones de mundo, elimina el disenso y dota de un cierto sentido al mundo que nos rodea imponiendo una clausura sobre el hacer de ciertos sujetos. Asimismo, el periodismo como generador de discursos y contradiscursos sociales también ofrece figuras de identidad y de identificación a veces marcadas por prejuicios que se alejan del discurso de la verdad objetiva informativa que rige la ética profesional como una de las principales reglas a respetar. De esta manera posibilita que los integrantes de una comunidad sostengan, muchas veces sin saberlo, la certeza de que el origen de un saber, una creencia, un modo de mirar el mundo, un sistema de valores, está en discursos sociales internalizados como verdaderos, como es el caso de la prensa, y sea incapaz de establecer nuevas reglas. Aunque en algunos casos estos juicios se disfracen de citas textuales, tomadas de algún entrevistado, el énfasis que se les adjudique en el discurso puede reforzar o modificar las evaluaciones del mundo generando en su práctica distancias, diferencias, estigmatizaciones y exclusiones. BIBLIOGRAFIA ANGENOT, Marc; (1992) "CIADEST. 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