Revista Latina de Comunicación Social 52 – octubre - diciembre de 2002

Edita: LAboratorio de Tecnologías de la Información y Nuevos Análisis de Comunicación Social
Depósito Legal: TF-135-98 / ISSN: 1138-5820
Año 5º – Director: Dr. José Manuel de Pablos Coello, catedrático de Periodismo
Facultad de Ciencias de la Información: Pirámide del Campus de Guajara -

Universidad de La Laguna 38200 La Laguna (Tenerife, Canarias; España)
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Teoría de la segregación de públicos al servicio de la propaganda política  

Lic. Concha Mateos Martín ©
Doctoranda en Ciencias de la Información - Universidad de La Laguna (Tenerife, España)
Experta universitaria en gestión y comunicación política (UCM)
Equipo Latina de Comunicación Social (La Laguna, Tenerife)
cmateos@ull.es

La información económica a veces, como las chicas malas, duerme fuera de casa.

La información económica es un contenido informativo especializado. Esto quiere decir que sus fuentes, sus autores, sus canales, son expertos en una materia temáticamente acotada, trabajan sobre territorio de la realidad determinado, especial, no generalista. Por esa razón, la información económica suele encontrarse en espacios informativos propios: secciones del periódico dedicadas a economía, programas sobre economía, espacios radiofónicos específicos, publicaciones especializadas, suplementos. Y por esta razón también, suele convocar a un público especial, homogéneamente interesado o afectado por los asuntos económicos.

¿Significa esto que la información económica sólo puede habitar en esas secciones y publicaciones especializadas, escrita o elaborada sólo por expertos y dirigida o consumida sólo por los directamente actuantes de la vida económica del país? Evidentemente, no.

La información especializada –en nuestro caso, la económica– a veces sale de casa, y se queda de okupa en las secciones generalistas de los periódicos. Así resulta que contenidos informativos que requieren un conocimiento especializado terminan siendo abordados fuera de las publicaciones y de las secciones que les son propias. Y, claro, terminan siendo elaborados también por manos que no le son propias.

Este paseíllo extradomiciliario encuentra en las políticas de audiencias razones que lo justifican. La información económica también provoca un interés general y el público general también la necesita para poder estar adecuadamente informado, como requiere la salud electoral de un estado social y democrático de derecho típico, digamos, por ejemplo, España.

Es decir, la información económica es especial pero no sólo interesa a los especiales (o especialistas). Y por ello a veces duerme fuera de casa, como debe ser, a favor del interés público de nuestro sistema de información social.

El asunto es: ¿Qué pasa cuando esto pasa? ¿Qué ocurre con esa información deslocalizada, sacada de su domicilio genérico? ¿Mantiene su carga informativa, su calidad periodística, su valor de conocimiento-dato para interpretar la realidad y permitir a los lectores disfrutar de una correcta salud informativa?

De las respuestas a estos interrogantes nos ocupamos en las dos partes de este análisis. Y para esclarecerlas planteamos la investigación de un caso, a raíz del cual hemos encontrado lo que no buscábamos: un rosario de pautas periodísticas para aprender cómo un diario regional puede servir –servilmente– a los intereses de un gobierno local, neoliberal, controlador, y –por lo que se aprecia– poco preocupado por la buena salud informativa de los ciudadanos que tienen que elegir(le) en las urnas.

Descripción del caso

Contenido: informaciones sobre IPC (Índice de Precios al Consumo).

Periódico: diario La Rioja (España)

Sección del periódico: Región (la sección de contenidos generales de ámbito autonómico)

Periodo: de enero de 2001 a junio de 2002.

La pregunta: ¿da lo mismo que una información sobre IPC aparezca en páginas especializadas o en la sección Región del diario La Rioja? ¿El lector se puede informar igualmente del IPC en unas páginas o en otras?

LECTORES ESPANTADOS, NOTICIAS ESPANTOSAS

Hay lectores que sólo se informan de contenidos económicos en espacios de información general, es decir, lectores que sólo leen sobre economía en las secciones no-de-economía, en nuestro caso, en la sección sobre información regional del diario La Rioja.

El análisis que presentamos a continuación se desarrolla en un marco de florecimiento del periodismo especializado (en los últimos veinte años en España han aumentado las publicaciones sobre economía, los suplementos, las secciones, las plantillas de periodistas de información económica, la oferta formativa de periodismo económico, los cursos de postgrado especializados en economía, así como los escándalos relacionados con la economía y los actores económicos, y también, por ejemplo, el número de personas que puede considerarse pequeños accionistas o inversores privados). La economía se ha instalado en la conversación cotidiana de muchos hombres y mujeres, a pesar de ser un espacio temático difícil y poblado de tecnicismos. Ahora es frecuente escuchar en una cafetería a dos personas hablando sobre IPC, casi olvidadas del aquel más arcaico e ingenuo concepto de "coste de la vida".

Nuestro ejercicio de análisis indaga en la capacidad informativa de las informaciones que llevan y que no llevan marca de especialización. Nos preguntamos ¿tienen la misma capacidad de informar las informaciones con marca de especialización y las sin marca? En definitiva: ¿la información económica sin tratamiento especializado tiene capacidad de informar?

Nuestra hipótesis es que la información con marca económica sigue teniendo una audiencia limitada y cualificada, y por tanto una audiencia capaz de afrontar los contenidos con mayor rigor y de forma menos tendenciosa; mientras tanto, la información de contenido económico que se ofrece en los espacios generales mantiene una audiencia menos cualificada temáticamente, razón por la cual estos espacios se revelan como un campo ideal para el periodismo tendencioso y desinformativo, especialmente en la esfera de los titulares.

El tratamiento que reciben las noticias económicas implica una dificultad para los lectores que obstaculiza una correcta y fácil comprensión de las informaciones. Ello explicaría según nuestra hipótesis:

Entenderíamos, por tanto, que ocurre la siguiente secuencia de hechos:

Esas trabas que logran espantar a los lectores (dirigirles hacia otro lado del periódico) provienen de la suma de una serie de circunstancias que caracterizan al periodismo económico especializado. Por eso más adelante vamos a dar un repaso rápido de las características que adornan ese periodismo en España. De momento, para plantear concisamente nuestra hipótesis diremos que esta prensa especializada espanta lectores porque está codificada técnicamente, emplea un lenguaje árido, responde prioritariamente al interés informativo de las mismas fuentes que lo alimentan y tienen un carácter mayoritariamente empresarial y urbano. Este grado de comprensibilidad tan hermético y ese marco de interés tan focalizado espantan lectores. Provocan migraciones de lectores hacia la calderilla informativa en materia económica que ofrecen las páginas de los diarios generalistas. Una calderilla más fácil de manejar, de leer. Ese carácter mayoritariamente empresarial de las informaciones y la relación endogámica de los espacios económicos con sus fuentes informativas hacen sentir a muchos lectores que esas páginas no son una fiesta a la que ellos pueden estar invitados.

Una espantada de lectores como ésta, realizada de forma controlada, permitiría pues seleccionar públicos: unos que lean la información de clase A y otros la de clase B. A su vez, tal segregación favorecería el estatus quo del reparto de la capacidad de análisis: los que saben más aprenderían más y los que saben menos (de economía) sabrán menos, se bañarían una y otra vez en informaciones confusas que les ayudarían a seguir en la confusión y la ignorancia. O sea, que alimentando por separado a los distintos tipos de lectores se garantiza que no crezca la parte de la opinión pública que pueda llegar a ser crítica en los análisis de la realidad circundante.

Ése es, según nuestro punto de vista, el gran éxito neoliberal de la segregación de los públicos: lograr que cada uno se quede donde y como estaba. Que todo siga sin ser cuestionado: que los que saben acudan a las páginas que saben y las puedan leer al completo; y que los que no saben, se queden en las páginas "para todos los públicos" –páginas de las que no saldrán seguramente nunca, porque están diseñadas como alimento de fácil digestión y sin efectos secundarios propiciatorios de pensamiento crítico–. El poder conservador siempre ha soñado con dispositivos de exterminio selectivo intelectual de este tipo.

Si confirmásemos que tal situación se está produciendo, delataríamos un estado de máxima gravedad, porque equivale a decir que podemos estar permitiendo un sistema de información con prensa libre que sirve para que los ciudadanos no se enteren, y, lo que es peor, que tengan cada día más difícil enterarse. Informar para desinformar y deformar. O sea, un cuadro típico de los regímenes dictatoriales autoritarios. Estaríamos no sólo ante ciudadanos espantados sino ante una información espantosa, intelectualmente.

PRESUPUESTOS CONCEPTUALES DE ANÁLISIS

En nuestro análisis, partimos de varios presupuestos.

LAS RAZONES DEL CONSUMO DE INFORMACIÓN ECONÓMICA Y LA AUDIENCIA AISLADA

La historia del periodismo económico es la historia de un utilitarismo persistente. No en vano nació como instrumento de la burguesía mercantil. Antes de Gutenberg ya se habían establecido importantes cauces de comunicación sistemáticos que favorecieran los intercambios comerciales que mantenía esta clase social. Los hombres de negocio –¿siempre hombres?– necesitaron desde el principio manejar noticias sobre precios de mercado, haciendas reales, movimientos mercantiles. Por alguna razón, el periodismo financiero nació allá donde más pronto se desarrolló el sujeto económico del la Revolución Industrial, Inglaterra, que se adelantó en un siglo al resto de los países, o a la que el resto de países tardó cien años en imitar.

No vamos a entretenernos en detallar la evolución histórica del periodismo económico, pero sí es interesante que atendamos a los rasgos que caracterizaron a los primeros periodistas económicos y a sus informaciones: ellos eran expertos y ellas eran útiles.

El siglo XIX arranca con un gran crecimiento de la riqueza y en consecuencia se desata un fuerte impulso de la demanda financiera. La conquista de la India y la Segunda Revolución Industrial animan a muchos burgueses ahorradores a buscar un destino interesante y rentable para sus ahorros y se convierten en inversores. Esta conversión numerosa o masiva genera una demanda social de información que va a derivar en el nacimiento de un nuevo periodismo. Las casas comerciales europeas quieren saber datos sobre cotizaciones de todo tipo, datos sobre productos en otras plazas del continente o de las colonias, movimientos en los puertos, demandas, etc. Un nuevo periodismo por definición destinado a servir a los que tienen (dinero). Y este nuevo periodismo es desarrollado por personas que también tienen, no dinero necesariamente, sino relaciones y datos. Se trataba de personas con buenas maneras, buena educación, cierto prestigio o experiencia en banca y comercio, y condición y posición adecuadas para mantener contacto con industriales y financieros en una relación de igualdad.

En definitiva, los que la generan y los que la consumen son casi los mismos, porque vigilar a la competencia y estar al día de las oportunidades de negocio es el sentido primordial de esta información económica naciente. Y los que se encargan de difundirla quedan desde el principio incluidos en el coto de los afectados por la cosa. Utilitarismo, retroalimentación y endogamia desde la cuna.

La información económica tardó mucho en salir del círculo de actores interesados de primera mano en los datos económicos. Las crisis del petróleo en la década de los setenta representaron uno de los primeros móviles de interés general para que la información económica salpicase las preocupaciones de lectores no directamente implicados en la vida económica de los países.

Pero siempre ha sido a golpe de crack, drama y escándalo cómo la prensa económica ha ampliado audiencia. Factores a los que se ha unido en los últimos años la popular avalancha de pequeños inversores (pequeños ahorradores) que ha desembarcado en los mercados bursátiles.

Las cosas de la economía han empezado a importar a más lectores, las crisis cíclicas han dotado de mayor importancia a los medios especializados y los asesores, la economía especulativa se ha extendido y con ella su necesidad de manejar información, las sociedades de inversión han aumentado sus necesidades de propaganda y publicidad, la fiebre de fusiones empresariales y macrooperaciones de adquisición se ha desvelado como un filón insustituible de ítems informativos con todos los ingredientes de una buena historia periodística: actores importantes, nudo y desenlace.

El salto al estrellato de los asuntos económicos ha sido imparable en un entorno sociocultural en el que la idea de que el poder político ha sido suplantado o superado por el poder económico circula de forma generalizada por todas las autopistas de la opinión pública.

Hay que saber de economía y hablar de cosas económicas si uno quiere quedar bien ante sus compañeros de oficina o de andamio. Así es que la demanda de información económica fácil es muy grande y promete una receptividad muy voraz. El gobernante sabe apreciar esta permeabilidad social y procura surtir de alimento informativo suficiente a sus administrados, pues es consciente de que los datos se consumen bien y con baja resistencia por sospecha, es decir, con alta credibilidad.

Y dentro de ese panorama, en un tiempo en el que además la entrada en vigor del euro como moneda única en los países de la Unión Europea se ha convertido en asunto de preocupación popular, la información sobre el comportamiento de los precios se destaca considerablemente entre los asuntos de sensibilidad social que van a encontrar mejor audiencia.

Las informaciones sobre IPC no es que sean informaciones económicas, es que hablan directamente de dinero y además cifrado en un parámetro que afecta a la vida cotidiana de los lectores de a pie, no sólo de los lectores-actores económicos.

Así es que, finalmente, tenemos el siguiente cuadro:

Recordemos que hemos elegido estudiar las informaciones sobre IPC en las páginas de región de un diario regional. Y los hábitos de lectura de la mayoría de los españoles no incluyen el consumo de más de un diario simultáneamente en la misma jornada. La audiencia de los diarios regionales suele ser exclusiva, es decir, el periódico en España se consume de forma disyuntiva: o compro éste o compro el otro.

Así es que los lectores cuyo alimento informativo estudiamos en este análisis son lectores muy monolectores, lectores muy aislados, y por tanto la información que reciben de las páginas del diario La Rioja es para la mayoría muy difícilmente contrastable con otras informaciones.

Los lectores que se informan sobre el comportamiento de los precios en las páginas de Región del diario La Rioja no son lectores que después contrasten la información con los datos de otras secciones especializadas ni de otros diarios. Y además tampoco son lectores que lean la información del IPC porque busquen ese tipo de informaciones, sino más bien son lectores que se encuentran con información sobre IPC cuando pasean por el jardincillo de informaciones sobre lo que pasa en la comunidad autónoma de La Rioja, ya que son lectores producidos por el interés riojanista, no por el interés economicista, pues lo que ellos leen y consumen no es la sección de economía sino las quince primeras páginas de un periódico que se llama La Rioja y que se abre lógicamente con la sección de más gancho para su público, la sección Región, la más amplia de este diario, la más importante y la que confiere identidad a este producto editorial. Quien quiere comer salmón no compra macarrones.

Todo eso configura nuestro cuadro de consumo informativo sin que además hayamos hablado de un factor exógeno que acentúa mucho la gravedad de la indefensión en que nuestro universo de lectores afectados consume las informaciones que vamos a analizar: la falta de tradición de prensa económica en España. Una carencia que explica y a su vez se explica por la rala cultura media económico-financiera del capital humano de este país.

Las informaciones que hemos analizado en este estudio denuncian unas deficiencias muy agudas desde el punto de vista informativo. Se trata de informaciones de muy escasa calidad, que si pueden ser consumidas sin alarma o sin rechazo es en parte debido a que falta capacidad crítica. Y si falta esta capacidad es también en parte debido a esta escuálida capacidad cultural. De modo que, cuando nuestro país adquiera la cultura económico-financiera necesaria, seguramente el umbral de permisividad de la audiencia elevará la exigencia de calidad sobre estos contenidos y estos productos propagandísticos con piel de corderos informativos.

EL EFECTO FRONTERA DE LA INFORAMACIÓN ECONÓMICA

Igual que ocurrió en otras áreas de la creación de bienes y servicios, en periodismo la especialización ha llegado como resultado del desarrollo de la producción y la consiguiente división del trabajo. En información periodística se entiende por especialización "el conjunto de actividades encaminadas a la recogida, elaboración, transmisión y recepción de informaciones y conocimientos relativos a un área concreta del periodismo" (1).

En esa lógica, la información económica ocupa una parte del periodismo expresamente dedicada a contenidos de macroeconomía (datos de inflación, producto interior bruto, gasto y déficit públicos, paro, contabilidad por cuenta de caja, tipos de interés…), microeconomía (balances y estado económico de una empresa, fusiones, absorciones…), coyuntura sociolaboral, mercados financieros (valores contratados, cotizaciones en las bolsas españolas y en el resto de plazas bursátiles internacionales, divisas…), y asuntos relacionados con los sectores productivos (fusiones, regulaciones internacionales de mercados, normativa comunitaria...).

En la radio y en la televisión generalistas la información especializada económica suele insertarse en programas informativos de carácter general. Entre esos espacios y las cadenas temáticas (Bloomberg, Radio Intereconomía) no suelen encontrarse formatos intermedios (programas específicos de economía). Lo más específico son los boletines de información bursátil, generalmente vinculados a una programación informativa general. Por tanto, la línea de separación de audiencias es nítida y gruesa.

La estrella del periodismo económico especializado es el dato. Dato, como las tablas de cotizaciones bursátiles, que pueblan de espesor informativo los territorios de este tipo de periodismo. Datos complejos, que sólo un ojo afectado, especialista e interesado, sabe recorrer para localizar lo que le interesa. Y junto al dato, el léxico tecnicista y riguroso.

Esta caracterización consolida el efecto frontera que separa la información económica de la información general. Se alza una barrera, que de momento sigue siendo barrera cultural, presente de forma indudable en la conciencia de la mayor parte de la audiencia, que tiene muy claro si dispone o no del pasaporte –conocimientos específicos sobre el tema– que le permitiría entrar en el territorio de la información económica. La mayor parte de esta audiencia –considerada conjuntamente, la de televisión, radio y periódicos– sabe que no dispone de ese pasaporte, por lo cual no acude a las secciones especializadas.

En la televisión, ese territorio especializado, como hemos visto, no cuaja, se reduce a pequeños tiempos insertados en otros espacios informativos, por lo cual el receptor los consume pero sin atención garantizada, es decir, si los rehuye es por vía de la desatención temporal. Lo mismo ocurre en la radio, excepto que hay una cadena especializada que sirve para un perfil de audiencia altamente específica y homogénea (oyentes con intereses personales directamente vinculados al sector económico), que entonces escucha de forma cualificada.

Nos queda el periódico, un medio en el que el territorio exclusivo de contenido económico se puede eludir directamente por la vía de no visitarlo, no entrar siquiera, no abrir las páginas salmón o las secciones encabezada con el término Economía. Sin embargo, y como veremos más adelante, existen unos resquicios de información de contenido económico que se cuelan en otras secciones del periódico, unos resquicios de información deshilachada, un refugio de datos económicos intercalados en la información general, que, precisamente por ser hilos sueltos que se cuelan disimuladamente en el menú general, son consumidos sin cautela, leídos por el público en general, y son de esta forma un medio ambiente informativo ideal para colar interpretaciones muy interesadas de la situación económica, campo propicio para el dirigismo desinformativo más impúdico.

El periodismo sigue siendo para muchos identificado como el cuarto poder. Un planteamiento que Ignacio Ramonet considera totalmente rebasado por una nueva ordenación de los poderes. (2) Pero, tanto en uno como en el otro planteamiento, la capacidad de influencia del periodismo sobre la opinión pública resulta indiscutida.

Así, a las funciones clásicas de seleccionar los contenidos de la realidad, divulgarlos, y formar e informar sobre ellos a la audiencia, y entretener, se unen entonces las disfunciones derivadas del uso pervertido de ese poder. Disfunciones como la superespecialización y la desinformación, entre otras.

Combinando el uso de ambas se consigue lo siguiente: unos espacios muy especializados (superespecializados) ahuyentan a la audiencia (porque no entiende nada y siente que no tiene carnet para visitarlos) y la espantan obligándola a buscar refugio en otros espacios (sin especialistas) que la desinforman (le hacen creer que se ha informado aunque no se haya enterado de nada).

Coca y Diezhandino (3) nos hablan de otra clasificación de las fuentes de información económica atendiendo a la disponibilidad: fuentes difíciles en la información económica, que sólo mantienen contacto con los medios cuando les interesa y tratan de huir cuando les perjudica; y fuentes básicas del periodismo económico (estudios, estadísticas y análisis económicos). En el análisis que realizaremos sobre el diario La Rioja veremos que las fuentes consultadas o atendidas no estables, siempre las mismas, no contrastadas, y muy muy interesadas en aparecer en los medios –aunque este interés no se nos desvele expresamente, sino todo lo contrario–.

Para la credibilidad de un redactor especializado resulta fundamental disponer de una agenda de fuentes informativas bien surtida que le permita contrastar informaciones, filtraciones, rumores e informaciones procedentes de gabinetes de comunicación e imagen. La información que ofrece voluntariamente una fuente informativa no suele contener, como es lógico, una panorámica equilibrada y completa de todos los aspectos que rodean un dato informativo. El periodista económico trabaja con contenidos especializados que cuando son ofrecidos por una fuente de forma voluntaria requieren que un analista independiente los considere. Ese analista puede ser el propio periodista, si tiene la formación adecuada y suficiente para ello, o, si no, otra fuente informativa. Los años de experiencia suelen llenar la agenda de los buenos periodistas con nombres de personas que saben hacer esas funciones de contraste. Aunque, en los últimos tiempos, dominados por un periodismo que se limita a copiar los despachos de agencias y los comunicados de gabinetes de prensa, los periodistas casi han perdido el contacto con las fuentes, trabajan en sus mesas en muchas ocasiones durante casi toda su jornada y cumplen con su trabajo en una lógica muy parecida a la de los oficinistas.

Repasemos en forma de compendio ahora, antes de pasar al análisis del caso, algunas características de la información económica especializada que rodean y agudizan el efecto frontera:

Este predominio de la información empresarial genera un efecto que contribuye a lo que hemos llamado lectores espantados que buscan refugio en la información general. El periodista, en vez de dirigirse al público en general, centra su atención con frecuencia de forma excesiva en las propias fuentes de las que se nutre, es decir, se produce una espiral envolvente en la que habita una información endogámica que parte de las fuentes y vuelve a las fuentes. Sin duda, se trata de una dinámica perversa que desenfoca el tratamiento informativo y que favorece que ciertos lectores, que no tienen carnet de expertos para entrar en ciertas secciones complejas del diario, se refugien en las páginas fáciles –las que analizaremos en la segunda parte de este análisis, del diario La Rioja–.

Además de ese efecto desequilibrado, esta reflexividad informativa desencadena otro riesgo: el de que se haga publicidad encubierta favorecedora de determinados intereses, máxime cuando se trata con frecuencia de empresas ligadas a grupos financieros o empresariales que pueden tener vinculación con la propia empresa informativa que habla sobre ellas y a la que ellas ofrecen su información. En el caso que vamos a analizar no encontraremos un ejemplo de empresa informativa que hace publicidad encubierta de otra empresa, pero sí ejemplo de protección de una fuente informativa, el gobierno.

Por último, para cerrar este apartado dedicado a la caracterización de las páginas de información económica de los diarios de información general, vamos a dedicar nuestra atención a la estrategia de relación entre emisor y receptor.

Vamos a empezar con unas consideraciones generales. Por ejemplo, cada medio intenta destacar siempre aquellas noticias que presume interesantes para sus lectores. Es lógico. Como también es lógico que los especialistas o periodistas económicos especializados en España están aún en fase de formación, pues, recordemos, la especialización en información económica en España ha florecido digamos que hace relativamente poco tiempo.

Los lectores de esta sección informativa especializada resultan un tanto especiales: se trata de un perfil de lector cualificado, porque el grueso de los lectores no se detiene en estas páginas. Pero tanto los que se detienen como los que no, los que tienen carné de conducirse en la información económica y los que no lo tienen, ambos están convencidos de que lo que esta sección recoge resulta muy relevante y es de una importancia básica para la vida del país. El que una parte de la audiencia no se quede en las páginas económicas no quiere decir que no considere importante lo que estas páginas cuentan. Estos lectores que huyen no se llevan la información de la sección de economía pero sí se llevan la valoración de que los datos económicos son más importantes que muchos otros datos y que lo que ellos representan hay que tenerlo en cuenta. Por eso, cuando los espantados lectores beben información económica en las páginas de información general, la beben con fe, con la fe de que hay que tener muy presente esos datos. Y esto es lo que tememos que ocurre en el caso del diario La Rioja cuando informa sobre evolución del IPC (Índice de Precios al Consumo). Digamos que los contenidos económicos, vayan en la sección que vayan, gozan de esa pátina de interés suplementario que ha cultivado la información económica especializada. Y esto puede aportarle una capacidad de influencia mayor y, por tanto, también más peligrosa en la medida en que si no se elabora con rigor se estará malformando a la opinión pública.

Los lectores de información económica son tradicionalmente personas de un nivel económico superior a la media, de edad madura y con estudios técnicos o superiores. Y el interés por las informaciones de este tipo es mayor entre quienes son lectores asiduos o diarios. La inmensa mayoría sigue de lejos informaciones económicas no tanto para satisfacer meramente un deseo de información como prever repercusiones en la propia vida. La información económica sólo suscita un máximo interés generalizado en la opinión pública cuando adquiere un carácter extraeconómico o cuando se dan situaciones de crisis.

Sin embargo, el perfil de los lectores de las páginas generales, y en especial de las páginas de información regional, es mucho menos cualificado, y tiene motivaciones más localistas: saber qué pasa en mi entorno cercano para poder conectarme a lo que se habla aquí y allá. Es una información (la información local-regional de carácter general o no especializada temáticamente) de consumo social, para facilitar a los lectores vínculos comunicativos, tema de conversación con sus conciudadanos, prestigio de estar informado. Y esto significa que se consume de forma pública, es decir, con repercusión o efecto altavoz. Lo que dice hoy el diario La Rioja tiene como objetivo servir de comidilla en la conversación pública local. Si sumamos el dato de la poca cualificación media de los lectores, el consumo generalizado y el uso conversacional de los contenidos, reconoceremos fácilmente el riesgo de que esta información no se haga con el rigor debido que exige el periodismo de calidad y la ética de los profesionales acreditados. Si un alimento informativo que va a transitar de conversación en conversación por el cuerpo social de una comunidad pequeña va adulterado, modificado genéticamente, amarilleado (que es como decir podrido informativamente), el resultado es una patología grave en el tejido ciudadano, muy grave, porque este tejido en democracia merece ser cuidado con todo el mimo, dado que en él reside la soberanía nacional, en él y en sus decisiones –a la postre, las decisiones sólo son hijas de la información que maneja el decidiente–.

Otros rasgos que definen al lector de las páginas especializadas en economía es que se suele colocar en un nivel de renta alto y también con alta preparación intelectual; aunque también se encuentran lectores de más bajo nivel económico, menor salario y preparación, pero con dedicaciones profesionales relacionadas con la economía, la política o el ámbito sindical y administrativo. Lectores que ejercen un papel fundamental en el tejido de líderes de opinión social.

En cuanto a sexos, son más los (4) hombres que las mujeres, más asiduos visitantes (95 por ciento hombres, frente a un escuálido 5 por ciento). Este dato se explica parcialmente por la escasa presencia de mujeres en los cuadros directivos de las empresas españolas, bancos o consejos de administración. No tenemos datos de estos porcentajes referidos a las páginas de información regional del diario La Rioja, pero parece obvio deducir que las lectoras femeninas no se limiten al 5 por ciento y que su grado formativo y de capacidad crítica, al igual que el de los lectores de este diario, no alcance el nivel de los lectores de información especializada en economía. Este diario no se lee por selección temática vinculada con el salario, el nivel de renta o el grado formativo, se lee por razones sociales vinculadas al lugar en que se vive –síndrome del localismo informativo-.

Notas

(1) ROMANO, V. (1984): Introducción al periodismo. Ed. Teide. Barcelona.

(2) RAMONET, I. (1998): La tiranía de la comunicación. Ed. Debate. Madrid. 2001. El poder económico se coloca el primero y la comunicación, la segunda, relegando por tanto a los poderes políticos tradicionales. Además, si en el esquema tradicional el poder de la prensa, cuarto poder desde ese punto de vista, se dedicaba esencialmente a controlar, regular, evaluar y vigilar a los otros tres más poderosos, ahora, en el nuevo esquema, la función se invierte –pervierte– y el ahora segundo poder, la comunicación, funciona siempre al servicio de la consolidación de los valores del primero, consolidación de al ideología del mercado como máxima y única norma de ordenamiento. También en "Los periodistas están en vías de extinción", en el sitioweb Sala de Prensa, número 46, agosto de 2002, año III, en

http://www.saladeprensa.org/blanco.gif, consultado el 2 de septiembre de 2002.

(3) COCA GARCÍA, C.; DIEZHANDINO, M.P. (1991): Periodismo económico. Paraninfo. Madrid, y COCA GARCÍA, C.; DIEZHANDINO, M.P. (1997): Información económica. Teoría y práctica. Cims. Barcelona.

(4) NAVAS, R. (1998): La prensa económica en España: factores exógenos y endógenos que determinan la crisis de su audiencia. Universidad Complutense de Madrid. Facultad de Ciencias de la Información.


FORMA DE CITAR ESTE TRABAJO EN BIBLIOGRAFÍAS:

Mateos Martín, Concha (2002): Teoría de la segregación de públicos al servicio de la propaganda política. Revista Latina de Comunicación Social, 52. Recuperado el x de xxxx de 200x de: http://www.ull.es/publicaciones/latina/20025217mateos.htm