Revista Latina de Comunicación Social 12 – diciembre de 1998

Edita: LAboratorio de Tecnologías de la Información y Nuevos Análisis de Comunicación Social
Depósito Legal: TF-135-98 / ISSN: 1138-5820
Año 1º – Director: Dr. José Manuel de Pablos Coello, catedrático de Periodismo
Facultad de Ciencias de la Información: Pirámide del Campus de Guajara - Universidad de La Laguna 38200 La Laguna (Tenerife, Canarias; España)
Teléfonos: (34) 922 31 72 31 / 41 - Fax: (34) 922 31 72 54

[Mayo de 1998]

Imagen de América Latina en "La Ilustración Española y Americana", en el siglo XIX

(5.390 palabras - 17 páginas)

Lic. Vivian Jara ©

Resistencia (Argentina)

El presente artículo abordará los aspectos más sobresalientes de la visión que, de América Latina, se tenía en España durante el siglo XIX, más concretamente, durante la segunda parte del mismo, con el fin de elaborar la imagen de nuestro continente en dicha publicación.

La Ilustración Española y Americana es, probablemente la más sobresaliente publicación semanal que se conserva de la época, una de las de mayor tirada y de mayor difusión, tanto en el Viejo como en el Nuevo Continente, y probablemente también una de las de mayor perdurabilidad en el tiempo -comienza a publicarse desde 1856 y continúa hasta bastante avanzado el siglo XX (los últimos ejemplares que se poseen en la biblioteca de la Universidad de La Laguna, donde hicimos este trabajo, son de 1913 y 1914).

En cuanto a su difusión, La Ilustración Española y Americana se publicaba en Madrid -su iniciador, director y propietario fue D. Abelardo Carlos- pero era distribuida a prácticamente todos los países de habla hispana del momento: la propia Península, América y Filipinas. Posteriormente, y ya entrado el siglo XX, extiende sus distribución a Portugal, resto de Europa, Asia, Oceanía y toda América.

Se trabajó con La Ilustración Española y Americana desde 1876 y hasta 1881, inclusive, y con los Almanaques de La Ilustración. Estos Almanaques, cuyos grabados y reproducciones son sumamente bellos e interesantísimos, pues incluyen pinturas y expresiones artísticas de todo tipo en sus páginas -pero que nuestra perspectiva no nos permitió abordar-, debieron ser dejados por el momento, pues sus imágenes en ningún caso se referían a América Latina.

El trabajo consistió en el relevamiento de imágenes de y/o referidas a América Latina. Con tal fin y bajo la dirección y tutoría del profesor Adrián Alemán de Armas, se elaboró una ficha de investigación, la que, luego de algunas modificaciones y ajustes sobre la marcha del trabajo y en función de las necesidades planteadas por el material, condensó definitivamente los aspectos esenciales de dichas imágenes. Paralelamente, se realizó el fotografiado de las mismas con el fin de obtener diapositivas. (En este punto debe agradecer públicamente la inestimable y solidaria colaboración del colega de El Salvador, licenciado Antonio Herrera, en la toma de dichas fotografías).

Asimismo, se realizaron simultáneamente observaciones acerca de algunos aspectos más sobresalientes, en los artículos referidos a América Latina.

Estos son, pues, los primeros resultados de dichas observaciones. Por supuesto, aún queda mucho por releer, re-analizar y elaborar. La mayor tarea de reflexión se realizará, obviamente, con posterioridad. No obstante, hemos querido acercar a ustedes algunas de las apreciaciones iniciales.

En principio, hemos tratado de determinar, desde una perspectiva cuantitativa, el porcentual de espacio asignado a América Latina, en las páginas de La Ilustración Española y Americana. Encontramos que dicho porcentual era absolutamente variable, e iba de acuerdo con las circunstancias del momento, el grado de interés de los hechos y noticias acontecidos en nuestro continente.

En el siguiente cuadro, las cifras indican la cantidad de artículos publicados durante los años seleccionados, discriminadas por países:

País - Año

1876

1877

1878

1879

1880

1881

Argentina

2

1

7

2

2

---

Bolivia

1

3

1

1

1

---

Brasil

---

1

---

---

 

1

Chile

4

1

1

10

6

---

Colombia

1

---

3

---

1

1

Cuba

4

2

8

2

6

4

Ecuador

---

---

---

---

1

1

Guatemala

---

1

2

1

3

1

Méjico

3

1

5

7

5

1

Nicaragua

---

---

2

2

 

---

Panamá

---

---

---

2

2

---

El Salvador

---

---

1

---

2

---

Puerto Rico

1

2

---

---

2

1

Perú

7

3

1

25

5

4

Santo Domingo

---

---

---

1

1

---

Uruguay

3

---

---

1

1

1

Venezuela

---

2

---

2

 

---

Guerra del Pacífico

---

---

---

4

2

2

Relaciones España-A.Latin

---

2

4

1

2

---

Honduras (sólo 1880)

---

---

---

---

1

---

Antillas Holandesas (1880)

---

---

---

---

1

---

Total artículos sobre Am.Latina

28

19

35

61

44

17

 

Realizamos una estadística de la cantidad de artículos de texto y de artículos del apartado 'Nuestros grabados' -sección en la que se publican las imágenes- y pudimos establecer que, en cada número se publicaban entre 8 y 12 artículos de texto, y entre 12 y 14 artículos en 'Nuestros grabados'. Establecimos, a modo de cifras promedio 10 artículos para la primera sección, y 12 para la segunda.

Por lo tanto, cada una de las revistas publicaría a razón de unos 22 artículos -cifra promedio- en cada número.

Si tenemos en cuenta que La Ilustración Española y Americana editaba 48 números por año, obtenemos un total de 1.056 artículos por año.

Dichos artículos se distribuirían de la siguiente manera:

Año

Prom. de artículos p/año = 100%

Cant. de artsículos p/Am. Latina

Porcent.

Artículos. generales.

Porcent.

1876

1056

28

2,65%

1028

97,35%

1877

1056

19

1,79%

1037

98,21%

1878

1056

35

3,31%

1021

96,69%

1879

1056

61

5,77%

995

94,23%

1880

1056

44

4,16%

1012

95,84%

1881

1056

17

1,60%

511

98,4%

 

Es importante destacar que en el año 1879 el incremento de artículos sobre América Latina se debió fundamentalmente al estallido de la guerra del Pacífico, tema que ocupó a todos los países occidentales, de una u otra forma, como veremos más adelante.

El siguiente cuadro sintetiza la cantidad de publicaciones para América Latina, con sus respectivos porcentuales, así como también el espacio -también en porcentajes- destinado a los artículos generales, por año:

Los mismos datos, en gráfica circular, pueden aproximarnos a una idea más concreta:

En una secuencia anual, la gráfica de porcentuales es la siguiente:

Artíc. sobre A. Latina (color azul)

Artículos generales (color morado)

Cabe aclarar que, si bien se fichó sólo el primer volumen de 1881 -pues sólo él se halla en nuestra biblioteca de la ULL- cabría suponer que por lo menos se duplicaría esa cantidad de artículos durante el segundo volumen.

De cualquier modo, al realizar un promedio de artículos publicados por la Ilustración en cada número, las gráficas son más que elocuentes al enfocar una perspectiva cuantitativa de la cuestión. Como es fácil observar, y siempre desde esta perspectiva, cada año se le fue concediendo un mayor espacio a América Latina en las páginas de La Ilustración Española y Latinoamericana. Dicha concesión se debió al estallido y desarrollo de la ya mencionada guerra del Pacífico. A partir del hecho puntual, la cifra de artículos destinados a América Latina volvió a decrecer.

Con respecto a la gráfica que indicaría los porcentuales de textos e imágenes, la misma quedaría representada de la siguiente manera:

Las anteriores obraron a modo de consideraciones formales con respecto a la Ilustración Española y Americana. Desde un punto de vista del contenido, se podrían realizar muchas otras observaciones. Algunas de ellas, de ninguna manera exhaustivas se plantearán a continuación.

Con fines expositivos, dividiremos la siguiente exposición en dos partes: una referida al contenido de los artículos vinculados con América Latina, y otra, a la imagen en sí.

1- Con respecto a los contenidos de los artículos

Lo que más se destaca en todos ellos, sobre todo en aquellos más cercanos a 1876, son las observaciones referentes a los países latinoamericanos como si aún fueran colonias, o al menos como "menores de edad", quizás de la misma manera en que las leyes de Indias consideraban a los aborígenes al colocarlos bajo el sistema de encomiendas. De este modo, es como si los cronistas de la Ilustración -y esto tal vez pueda ser extensible a todos los cronistas que se ocuparan de América en ese momento- no pudieran resistirse a la tentación de emitir juicios de valor sobre los aconteceres, hechos, personajes, acciones, etc. que se desarrollaran o tuvieran lugar en las ex colonias.

Por ejemplo, para referirse a escritores latinoamericanos, se refieren con expresiones a veces condescendientes e incluso tolerantes, tales como las ponderadas a la "prosa a veces elegante" de algunos de ellos (los cuales nunca llegan a estar a la altura de los escritores peninsulares, al menos según los elogios que se les ponderan). O al comentar los acontecimientos de la Cuba rebelada contra la corona española, y en su incipiente búsqueda de lo que posteriormente será la independencia de ese país, se refieren en todo momento -y durante los varios años que duró esa lucha- como a la "malhadada insurrección cubana", a la "pobre y lastimada América española" en manos de los "generales insurrectos" en medio de un pueblo "harto de sangre y deseoso de paz", de lo cual eran responsables esos generales insurrectos (¿Sentimientos de posesión? ¿Orgullo?).

Otro aspecto importante por destacar es la escasa información que poseían de América Latina, la que pudo haberse debido a la inexistencia de corresponsales en este continente, lo cual es observable a través de los mismos artículos, ya que muchos de ellos se originaron en la espontánea colaboración de suscriptos, quienes ante hechos destacados o simples aconteceres de la vida diaria, enviaban casi siempre imágenes en forma de dibujos y/o croquis y/o grabados. Por supuesto, eran simples habitantes, algunos con más inquietudes periodísticas o historiadora que otros, pero todos ellos aficionados; muchos de ellos incluso sólo enviaban las imágenes, o con algunas pocas palabras, las cuales eran reelaboradas en Madrid -lejos de los acontecimientos- o incluso sin ellas; de modo que la redacción por completo -con la consecuente reconstrucción mental del mismo- quedaba a cargo de una persona en absoluta desconexión con el hecho o la realidad a la que se refería la nota en cuestión.

También podría atribuirse este hecho -el de la escasa información sobre América Latina- a la falta de un auténtico interés por lo que ocurriera en las hasta hacía muy poco tiempo colonias. Esta segunda hipótesis podría sustentarse en el hecho de que la mayoría de los artículos referidos a América Latina durante los años 1876 y 1877 se refieren básicamente a hombres del momento, de acción muy destacada en algún aspecto -por lo general político o cultural-, a su fallecimiento -y entonces sí no se escatimaban adjetivos laudatorios para recordar al extinto- y a vistas del paisaje, provenientes de relatos de viajeros. Algún que otro hecho extraordinario, como el incendio de Iquique, o la captura de algún buque por la flota de un país latino, salpican de tanto en tanto estas páginas. Y con respecto al concepto que de América predomina, sorprende constatar una visión hasta bucólica del medio geográfico e histórico. Ello contrasta con otras perspectivas de la misma Europa. Pues no se omiten en estas páginas referencias e incluso imágenes sobre hambre, miseria y guerras en distintos puntos de ese continente (por ejemplo, hambre en Irlanda, guerra en Croacia, entre otros). Hemos supuesto que todo ello provenía del desconocimiento sobre América que predominó en esta etapa. Esta visión sólo se alterará más tarde, a partir de los enfrentamientos en la guerra del Pacífico y sus consecuencias en la población, viviendas y personas.

Una tercera hipótesis -aunque no excluyente de las anteriores, sino complementaria- podría basarse en el hecho de que los hechos acontecidos en estos incipientes nuevos países -recordemos que las independencias se habían producido en América Latina en la década del 10 (entre 1810 y 1820 se independizaron todas las colonias americanas dependientes de España, con excepción de Cuba)- podrían tener, indudablemente, escasa o nula injerencia en los asuntos españoles o europeos; esto se da a tal punto, que si observamos los segundos volúmenes de los citados 1876 y 1877, los que a menudo cuentan con suplementos, editados en fechas intermedias a las específicas de las ediciones semanales, en ninguno de esos suplementos hay un solo artículo sobre América. Es decir, cuando era necesario un suplemento porque la cantidad de información había superado a la que podía contener la tirada semanal, en ningún caso esa edición especial se realizaba por una necesidad de espacio impelida por América. Del mismo modo, es curioso observar que los artículos de estos dos años referidos a hombres de destacada actuación en América eran más extensos si esos hombres eran españoles (aunque su trayectoria dentro de la península hubiese sido escasa o incluso nula), o si por lo menos, eran americanos pero habían estudiado en España o en Europa. E incluso, entre estos últimos -entre los americanos- su actuación había sido más destacada y por lo tanto alabada si su familia era descendiente de "noble familia española", o con algún ascendiente europeo (por ejemplo, italiano).

Es importante destacar -para ayudar o completar la visión de conjunto- que estos artículos conviven con otros numerosos referidos a España peninsular -muy pocos a la insular, y sólo dos a Tenerife en todos los años fichados-, a sus hombres, su pasado reciente, y a numerosos artículos referidos a América del Norte.

Para darnos una idea de cuánto le costaba a España la idea del desprendimiento de sus colonias -un dolor palpable y tangible, presente en todas o la mayoría de sus páginas- en el Nº 8, Vol 1º, Tomo: XXVII, Año: XXIII, pág. 140, del año 1879, uno de los cronistas que contaba con mayor espacio en las páginas de la Ilustración, con motivo de unos "Apuntes de Granada de Nicaragua" expresa: "Aunque emancipadas de la tutela de España, las repúblicas de América que todavía se designan en el universo entero por el nombre de "Repúblicas Hispanoamericanas", son y continuarán siendo españolas por el habla, por las costumbres, por las leyes, emanadas de nuestra legislación, y más que todo, por esa tradición que sobrevive a través de los tiempos. Por este motivo, siempre tenemos una satisfacción cuando nos es dado dedicar a nuestras páginas un recuerdo, por modesto que sea, a aquellos apartados pueblos, por tantos conceptos asimilados al nuestro, y acreedores por más de un título a las simpatías de la nación española". O cuando el columnista don J.M.G. dice dirigiéndose a Venezuela: "... deseamos al General Guzmán Blanco y a su patria -que moralmente al menos, es una dilatación de la nuestra- todo género de prosperidades" (Año XXIII, Vol. 1º, Tomo XXVII, Nº: XXI, pág. 372.).

Hacia el año 1878 se observa un indicativo aumento de la cantidad de artículos referidos a América Latina -un incremento de 16 con respecto al año anterior-. Probablemente, ello se deba a que ya la Ilustración empieza a contar con corresponsales más o menos estables en algunas localidades de América, según se desprende de algunos comentarios en sus artículos, tales como "según nota" o "según fotografía de nuestro corresponsal en...". Sin embargo, no nos fue posible determinar en este corto tiempo de la investigación a partir de qué momento la Ilustración comenzó a contar con ellos, o a qué lugar se envió al primero de ellos. E incluso, en este sentido, todo lleva a suponer que no fueron corresponsales expresamente enviados desde la península hacia América, sino que algunos de ellos -al menos los primeros- fueron esos iniciales colaboradores espontáneos que enviaban sus imágenes y sus escasas notas. Ello se puede deducir a partir del hecho de que, conforme avanzó el tiempo y se sucedían los aportes de algunos de estos colaboradores, la redacción de la Ilustración se refirió a ellos, algunos números después, como a "nuestro corresponsal en ..." (por ejemplo, el señor Francisco Batlle, luego de varios primeros aportes, es "nombrado" como el corresponsal de la publicación varios números después.

Un hecho importante por destacar y que mereció una activa y constante preocupación desde las páginas de La Ilustración Española y Americana fue la guerra del Pacífico, entre Perú, Bolivia y Chile. Así, de 35 artículos destinados a América Latina en 1878 -recordemos, de un total promedio de 1.056 artículos anuales- en 1879 se le destinaron 61, es decir, 26 artículos más que el año anterior, y 42 artículos más que el año 1877. Antes de ir a los números es necesario hacer una aclaración: en principio no se la denominó como guerra del Pacífico, sino como a la guerra entre Perú, Chile y Bolivia, por tanto fueron fichados, en el rubro de referencia o tema y en el de síntesis de temas, con los nombres de los países implicados en el conflicto. Así, del total de 61 artículos de este año 1879 en el que estalla la guerra, cuatro están destinados específicamente a la "guerra del Pacífico" -como se la empieza a denominar hacia los últimos meses del año- 25 a Perú, 10 a Chile, y 1a Bolivia. Es decir, acaparan 40 del total de los artículos.

La crónica de esta guerra comienza a ser llevada a partir del Nº XXI, Vol. 1º, Tomo XXVIII, Año: XXIII, pág. 375, de la Ilustración Española y Americana.

En este punto es importante destacar la solidaridad manifestada para con los pueblos que se ven envueltos en esta guerra. Así, en el Nº XXI del citado 1879, página 375, el cronista Guillermo Graell critica la posición adoptada por el concierto de los países del mundo, quienes, en apariencia, miraron con aire sonriente y despectivo este conflicto, como quien ve a dos niños pequeños pelear por un juguete, es decir, como a un berrinche que no pasaría a mayores, sin detenerse a observar a quiénes, en el medio del torbellino desatado, sufrirían las consecuencias (los débiles y desposeídos de siempre), y escribe: "Algunos periódicos de los Estados Unidos, así como varios europeos, principalmente ingleses, tratan en son de burla de la guerra que acaba de estallar entre las tres repúblicas del Pacífico, calificando sus ejércitos de pigmeos, mofándose del gran número y calidad de sus generales y oficialidad, y haciendo sorna de sus combates navales. No imitaremos ciertamente su conducta: antes, por el contrario, vemos con el más profundo dolor esgrimir el arma del ridículo, la más cortante de todas, contra nuestra raza, que, si adolece de defectos, está también dotada de cualidades muy superiores."

"Es en extremo deplorable un desdén que sólo nace del desconocimiento de pueblos donde se anida una civilización vigorosa, que por múltiples circunstancias, históricas unas, políticas otras, hasta etnológicas, no ha podido desenvolverse con la precocidad y rapidez que en las colonias anglosajonas del Norte. La aristocrática Europa menosprecia una democracia de ayer, agitada por frecuentes contiendas civiles, en la cual no ve sino ó (1) sus luchas, ó los Rosas, los doctor Francia, los López, los Santa Ana, Monagas y Belzú, y considera aquellos países como a berberiscos ó haitianos, sin tener en cuenta sus grandes hombres, sus eminentes literatos, una prensa que raya á gran altura, ciudades tan cultas y hermosas como Méjico, Santiago de Chile, Lima, Caracas, Buenos-Aires y Montevideo, sin hacerse cargo de que nacieron poco há á la vida política de dificultades inmensas, resultado del cruzamiento de sus razas; de la índole de su inmigración; de la distancia que separa el Pacífico del mediterráneo y el canal de la Mancha."

"La fatalidad ha querido que España, que debía haber impulsado el desarrollo intelectual y económico de sus hijas menores, darlas á conocer á Europa, hacer admirar con la autoridad de su nombre sus bellas dotes, se ha obstinado en no reconocer una independencia que era inevitable, en hostigarlas, en seguir mirándolas como campo de granjería. Nuestro sistema colonial se reducía al guarda fiscal, al estanquillero, al alcabalero, y creímos que, aherrojándolas, aquellas colonias no se emanciparían jamás. ¡Cuán caros hemos pagado los pasados errores, que hoy todos reconocemos!".

"Pero si es ya difícil, y punto menos que imposible, una confederación social entre España y sus antiguas colonias, como deseaban algunos, todavía cabe una confederación literaria y económica, una solidaridad íntima de intereses é ideas; de aquéllos por medio de nuestros buques, cambiando sus ricos productos con los nuestros, no menos ricos; de éstas, hermanando su apasionada literatura con la nuestra, tan fecunda en bellas y grandiosas imágenes y rebosando ingenio."

Asimismo, es sumamente conmovedor y reconfortante observar no sólo el cambio de perspectivas, sino también el hecho de que esa mirada se vuelve más reflexiva y empieza a aceptar a América Latina como un todo, hecho que, en ese mismo momento -ni quizás hoy- todos los latinoamericanos estemos preparados para tener: "Rodeadas de obstáculos y enemigos, las tras repúblicas del Pacífico, en lugar de alimentar funestas rivalidades y aspirar á precoces é intempestivos predominios, debieran mancomunar sus intereses, agruparse para fines comunes, formar una liga, un Zollverein político y económico, que las haría respetables á la faz del mundo y allanaría el cumplimiento de altos destinos. Todas estas bellas esperanzas disipará la actual guerra, ¿y guerra por qué? por unas minas".

Entre 1876 y 1879 el modo de mirar a América Latina ha sufrido un giro importante, el que termina de completarse, como vemos, ante este inminente desastre.

Es notablemente curioso observar una entre leve y marcada -según sean las circunstancias- inclinación de España por Perú durante el conflicto. No sólo en la cantidad de espacio que se le destina en desde sus páginas, sino también, y más detectable, en las opiniones que se dejan deslizar en sus notas. Así, después de que la ha ido diciendo entre líneas en los sucesivos artículos, en la pág. 191, del 2º Vol., Tomo XXVIII, Año XXIII, Nº 36, el cronista reconoce al gobierno del Perú grandes esfuerzos por evitar la guerra: ¿Cuál es, pues, en nuestro sentir, la falta del gobierno chileno? La de haber precipitado la guerra". Califica a los generales chilenos de guardar "actitudes antiamericanas" tales como el deseo de prevalecer por sobre las otras naciones, y le dedica frases como "no debió..." (apresurarse a enviar sus buques blindados a aguas de Bolivia); "debió..." (aceptar el arbitraje). Aparentemente, España habría firmado en esos momentos un tratado con Perú, de modo que primarían intereses económicos. Pese a ello, no puede dejar de reconocer que "en la cuestión técnica del derecho y del momento, Chile tiene razón pues se ha violado un tratado; pero la cuestión moral es unánimemente resuelta contra ella, y su prestigio y respeto en América quedan muy quebrantados".

Finalmente, ante el avance de Chile sobre Perú (lo que implicaría una inminente caída del gobierno de este país), el cronista se apresura a poner las cosas en su lugar: "El terreno absolutamente imparcial en que nuestro periódico se ha colocado desde el principio de la encarnizada lucha entre el Perú y Chile, no nos inspira más que un deseo: el de que una paz honrosa para ambos contendientes ponga término muy en breve a una guerra que, si por lo tenaz y bravamente sostenida por ambas partes quedará como legendaria en la historia americana, dejará durables y dolorosas huellas en el país de los vencedores y en el de los vencidos".

"Por iguales razones, ansiamos que no resulten ciertos los rumores que estos días han circulado sobre la proximidad de una conflagración entre las repúblicas chilena y argentina, á causa de la eterna cuestión de la Patagonia".

De igual modo, es interesante destacar que se dedicó importante espacio al tema del canal de Panamá -aunque aún no estemos en posición de determinar un cálculo exacto-, tema que, curiosamente comenzó a ser seguido a partir del mismo número en el que se comenzó con la guerra del Pacífico.

No quisiéramos dejar de destacar un hecho por demás curioso, también presente en las páginas de la Ilustración: el cruce de América del Sur por su parte de mayor anchura. Dicha empresa fue llevada a cabo por el explorador Mr. Wiener, vicecónsul de Francia en Guayaquil, quien ya había visitado palmo a palmo en toda su extensión el Perú y Bolivia. Su misión, encomendada por el ministro de Negocios Extranjeros de Francia consistía en bosquejar el proyecto de una vía de comunicación entre Quito, capital del Ecuador, y el Atlántico, pasando por el río Amazonas, atravesando América del Sur por su mayor anchura.

Con tal fin, Mr. Wiener parte de Quito el 20 de mayo de 1880, al frente de 50 "indios" (el grabado que acompaña esta nota representa un puente aéreo). Luego de enfrentar la múltiples dificultades propias del terreno, y las fiebres palúdicas, y después de un largo y arduo mes, llegan al origen del río Napo, con 22 hombres enfermos y 3 muertos. Siguen en piraguas por el río Nao, hasta la confluencia con el Amazonas. En el transcurso de este tramo, chocan con un peñasco y deben sobrellevar una sublevación de los aborígenes que lo acompañaban.

Finalmente, el 6 de octubre llegan a Para, en la costa del Atlántico. Wiener demuestra que el río Napo es navegable, y que es posible una fácil comunicación de Ecuador con el imperio del Brasil, con mayores elementos que con los que él había contado, por supuesto. El viaje duró cuatro meses y medio.

Es importante fijar la atención en cómo, en tan pocos años -desde 1876 a 1879- cambia la perspectiva que se tiene -al menos desde estas páginas- de América Latina: desde la casi desinformación a una atención constante y continua. Un hecho muy importante, que merece un análisis detenido -por realizarse también en otro espacio-, y en el que no podrán faltar las visiones del concierto de las naciones europeas y de los Estados Unidos.

Otro hecho importante por destacar, es un artículo sobre el músico y compositor cubano el señor Brindis de Salas, notable violinista cubano, de raza negra, que había triunfado en Europa. Este artículo aparece en el Nº XVII, Tomo: XXVII, Vol.: 1º, Año: XXIII, pág. 312, de l879. Y es importante en este punto recordar que, pese a que probablemente la mayor parte de la población de América estaba compuesta aún por aborígenes y un importante sector de la misma por habitantes de raza negra, en ningún momento -fuera de este pequeño artículo- se hace siquiera mención de ellos.

Por último, y aunque no haya sido tema específico del trabajo de investigación que se realizó, desearía comentar un artículo a cuya lectura no pude sustraerme cuando al hojear las páginas de la Ilustración hallé el significativo título de "Educación de la mujer". En el Nº XI, del 22 de marzo de 1881 (Año XXV, Vol. 1º, Tomo XXXI), el columnista se manifiesta horrorizado ante la idea que ha comenzado circular y a ganar adeptos en ese momento: esta idea pregona la igualdad del hombre y la mujer. Y critica a un pensador del momento, Emilio Girardin, a quien llama "apóstol mujeriego de última hora", acusándolo de querer hacer perder femineidad a la mujer, atentar contra la familia, pretender hacerla desaparecer y contrariar el destino de la mujer en la tierra:

"De todas las aberraciones a que ha dado margen el fecundo principio de la asociación, no conocemos ninguna más funesta ni acaso más extravagante que la de querer acabar con la familia; pretensión formalmente declarada y perseguida por la más flamante de las escuelas socialistas. Lo absurdo de tal pretensión por parte del socialismo se muestra en que conduce á negarse á sí mismo, a negar el principio de la asociación; conduce á la exageración del individualismo más antisocial y más anti-humano, si nos es lícita la palabra. Hacer de la mujer un hombre, un elector, un elegible, un letrado, un político, funcionario público... no sólo es contrariar el destino de la mujer sobre la tierra, es privarla del seductor atractivo de su pudorosa timidez y dulzura; es desnudarla de sus más poderosos medios de influencia; es robarla todos sus encantos. ¿Qué es la mujer ni qué influencia saludable puede ejercer fuera del hogar doméstico, fuera del seno de la familia? Ésta y aquél son las verdaderas oficinas de la mujer. allí su campo de operaciones, su natural y bienhechora esfera de acción; allí su trono".

"La mujer, tan delicada, tan fina, tan sensible, tan tímida, tan pudorosa de suyo, ¿ha nacido, acaso, para ganar la vida arando, cavando, trabajando, ruda y penosamente como los hombres? ¿Dónde se ve eso más que en las hordas semi-salvajes o entre las últimas y más abyectas capas de un pueblo por civilizar? Y la vista de semejantes escenas, ¿no nos causó tedio, lástima y a veces indignación? Sólo donde la mujer es esclava del hombre puede hacerse y se hace semejante uso ó abuso de sus aptitudes, de sus facultades y de sus fuerzas".

"La familia es el primer centro de actividades y de vida del organismo social. Suprimid la familia, y el Estado se descompone y la sociedad se disuelve".

2. Con respecto a las imágenes

En cuanto a las imágenes que acompañaron los artículos dedicados a América Latina, abría que ver las diapositivas realizadas durante el presente trabajo, ya que sólo observándolas podrán captarse en su entera belleza. Sólo diré brevemente que pueden hallarse en las páginas de la Ilustración una amplia y variada muestra de las imágenes de la época. Con o sin recuadros, de las formas más variadas -ovales, cuadradas, rectangulares, circulares, de contorno irregular, ocupando pequeños espacios o páginas completas subdivididas en forma más o menos definida, más o menos dibujada con abundantes elementos provistos por la imaginación, las imágenes en su mayoría provenían de la diestra mano de dibujantes americanos. Ellos enviaban sus bocetos, y en Madrid eran nuevamente elaborados para los grabados. En cualquier caso, casi siempre aparecen los nombres de los autores originales, aunque el resultado final probablemente haya sido bastante diferente del primigenio, y casi nunca los nombres de aquellos quienes retocaban el trabajo. Del mismo modo, si el trabajo provenía de fotografías -los cuales abundaron conforme se acercaba el fin del siglo- siempre se menciona a los fotógrafos aficionados que lograban las tomas.

Progresión de cantidad y tipo de imágenes por año

 

 

 

Siempre y de todas maneras, la imaginación recreando situaciones y poniendo los ingredientes que faltaban en las paletas de dibujantes y fotógrafos. En muchos casos, retratos provenientes de fotografías, y grabados provenientes de croquis y dibujos, eran obviamente completados en la redacción a partir de los hechos comentados en las notas por los mismos colaboradores. Las imágenes, en general sencillas, con mucho trabajo de elaboración en sí en el dibujo y parcos detalles de diseño, cumplían su cometido -como trabajos de interpretación que acompañaban a trabajos de interpretación (2)- junto a las notas y comentarios de este periodismo incipiente, que más que periodismo de información fue, indudablemente, periodismo de opinión. Probablemente uno de sus objetivos fue precisamente el de crear, formar y orientar la opinión en América Latina.

No se trata, pues, de un periodismo al que se le puedan aplicar los parámetros del periodismo contemporáneo, o al que se le puedan exigir objetividad, criterio científico; o periodistas a quienes los pruritos de la subjetividad pudieran preocupar. Demasiado ocupados en vivir, en registrar, en una época en que la noticia se publicaba no sólo semanalmente, sino fácilmente meses después -por lo menos, en el caso de las provenientes de América-, sin tiempo ni técnica suficiente como para que estas cuestiones, demasiado apasionados como para intentar la utopía de la objetividad, escribían con alma y cuerpo, sin preocuparse de si delimitaban los ámbitos de competencia de cada tema, o por la mayor o menor veracidad en notas e imágenes. Lo prioritario era que, de todas y de cualquier manera, la noticia llegase. Por ello, ni mejor ni peor que el de nuestros días, prosaico, sí, e incipiente, de aficionados; hasta rudimentario, estudiar el trabajo de este periodismo constituyó una verdadera bocanada de aire fresco, de oxígeno, al poder volver a casi los orígenes de ese periodismo casi heroico.

BIBLIOGRAFÍA 

Específica:

La Ilustración Española y Americana. Madrid, 1876-1881.

General: 

Copple, Neale. Un nuevo concepto del periodismo. México, Pax, 1968.

Charnley, Mitchell V. Periodismo informativo. Buenos Aires, Troquel, 1971.

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Notas

  • 1 Se respeta siempre la ortografía de la publicación.

  • 2 "Las escuelas norteamericanas que se han dedicado a precisar las técnicas utilizadas por el periodismo interpretativo sitúan el nacimiento de este nuevo tratamiento de la información en el período de entreguerras mundiales. Casi todas citan el timestyl comosu primera manifestación.


FORMA DE CITAR ESTE TRABAJO EN BIBLIOGRAFÍAS:

Jara, Vivian (1998): Imagen de América Latina en "La Ilustración Española y Americana", en el siglo XIX. Revista Latina de Comunicación Social, 12. Recuperado el x de xxxx de 200x de:
http://www.ull.es/publicaciones/latina/a/
02hvivian/vivian.htm