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Revista Latina de Comunicación Social 29 mayo de 2000 |
| Edita: LAboratorio de Tecnologías de la Información y Nuevos Análisis de Comunicación Social |
| [Marzo de 2000] Sociedad actual e imaginarios: marco que 'influye - construye' las instituciones actuales (4.951 palabras 13 páginas) Dra. Paulina Beatriz Emanuelli © Universidad Nacional de Córdoba República Argentina
"...El imaginario social y la institución revela en lo histórico una génesis ontológica, una creación continuada, una autoalteración que va haciéndose a sí misma como institución. Esta institución que es la de los individuos y de las cosas en el mundo y que sostiene en la naturaleza, comporta siempre una dimensión identitaria, pero es esencialmente producto de una magma de significaciones imaginarias..." La institución imaginaria de la sociedad, Vol.2 Cornelius Castoriadis, Pág. 216 En el presente texto se propone un recorrido que aborda las características de la sociedad actual e imaginarios (1) que marcan la existencia de las instituciones. Inicialmente se considerarán el contexto social, económico y político del fenómeno 'globalización' y posteriormente se abordarán los valores y mentalidad de la época postmoderna. Constitución de la sociedad actual: postmodernidad y globalización Hablar de postmodernismo significa la aceptación de que a fines de la década del cincuenta o principios de los sesenta (coincidente con el florecimiento industrial norteamericano) se inicia un corte o debilitamiento, un principio de extinción del movimiento modernista, que contaba con más de cien años de existencia. La constitución de esta "nueva sociedad" ha estado sujeta al análisis desde distintas posiciones teóricas y políticas. Algunos teóricos como Ernest Mandel o Frederic Jameson desarrollan la teoría de que esta nueva sociedad es una tercera etapa o evolución del capital y la nombran como la era del "capitalismo multinacional". Según Jameson: "... consiste precisamente en una etapa del capitalismo más pura que cualquiera de los momentos que la precedieron..." (2). Para otros autores como Lyotard, la postmodernidad sería una edad de la cultura que se corresponde con un tipo de sociedad llamada postindustrial. Para Stuart Hall, el término adecuado que designa esta época es el de "post fordismo" pues: "... sugiere una época diferente con respecto a la era de la producción masiva caracterizada por los productos estandarizados, la concentración de capital y las formas de organización y disciplina del trabajo propio del "taylorismo"..." (3). Esta sociedad emergente del "capitalismo tardío", también llamada "tecnotrónica", se caracteriza por un notable desarrollo de las fuerzas productivas gracias a la adopción de nuevas tecnologías electrónicas y/o químicas que transformaron las economías mundiales y las relaciones de trabajo. Según plantea Manuel Castells, la revolución de tecnológica producida en el campo de la información llevó a la aparición de lo que él llama 'informacionalismo' como cimiento material de la esta nueva sociedad. Los tiempos y las distancias se acotaron, la distribución y formas de trabajo también. Los chips y las computadoras, las telecomunicaciones móviles han sido indispensables en la construcción de los mercados financieros globales e integrados electrónicamente que operan interconectados en un mismo tiempo real. "... los mercados financieros globales y sus redes de gestión son el capitalista colectivo real, la madre de todas las acumulaciones.... las redes financieras globales son el centro nervioso del capitalismo informacional..." (4). En su implementación, estas tecnologías han modificado las relaciones de trabajo. Han generado desocupación al incorporar la robotización a los procesos de producción e industrialización y al mismo tiempo, gran cantidad de mano de obra humana ha encontrado trabajo en el procesamiento del conocimiento y la información. De esta forma, la tecnología ha sido clave en la práctica de los procesos de reconversión y estructuración socioeconómica. Esta adopción de tecnología específica (de información, electrónica etc.) marca una tendencia a la búsqueda de mano de obra especializada. La capacitación es central en esta era. Del mismo modo en que se produjeron transformaciones en los modos de producción también se modificaron las representaciones sociales de trabajadores y directivos. Se sabe que 'Productividad' y 'competitividad' son los conceptos claves en esta nueva mentalidad mercantilista. Se considera que la productividad está sumamente relacionada a la innovación tecnológica y la capacitación. En tanto la competitividad se relaciona a la flexibilidad y adaptabilidad tanto en términos de producción (poder de adaptación y reconversión) como de circulación de los productos. Las recetas norteamericanas y japonesas para aumentar la productividad, competitividad y eficiencia -aún en plena vigencia- se fueron imponiendo y acarrearon consigo la idea de desarrollar en forma óptima la 'human engineering'. Es decir, la formación de directivos ejecutivos competentes, suficientemente capacitados en el manejo de las nuevas tecnologías y políticamente inmunes y obedientes. Esta 'Ciencia de la dirección empresarial', en su apoyo a la consolidación de un proyecto económico universal, reacomoda la estructura de clases diferenciando por un lado a los titulares de los derechos de la propiedad del capital y por otro a los asalariados. Si bien se plantea a la clase directiva o 'productores informacionales' en un marco de asepsia 'tecnócrata' apelando a 'marcos de referencia especializados' estos están ocupando lugares centrales y construyendo nuevas modalidades de mediación. Por un lado, las nuevas capas profesionales están en pleno auge mientras se ha desplazado de su tradicional centralidad a la clase y movimiento obreros. Al decir de Manuel Castells: "... Las divisiones sociales verdaderamente fundamentales de la era de la información son: Primero, la fragmentación interna de la mano de obra entre productores informacionales y trabajadores genéricos reemplazables. Segundo, la exclusión social de un segmento significativo de la sociedad compuesto por individuos desechados cuyo valor como trabajadores/ consumidores se ha agotado y de cuya importancia como personas se prescinde. Tercero, la separación entre la lógica de mercado de las redes globales de los flujos de capital y la experiencia humana de las vidas de los trabajadores..." (5) Esta "segunda" revolución industrial o "tecnológica" implica el avance de las economías del oeste como las de Estados Unidos, Alemania en detrimento de la economía británica. Como contrapartida, se da una declinación de la manufactura y de los procesos de trabajo con esa modalidad. Decrecen las culturas y regiones cuya fuente de trabajo es de base manufacturera y se produce el fenómeno del crecimiento del este (Japón) y sus regiones de influencia a partir de industrias de alta tecnología basada en la computación. Es importante destacar que en este contexto crece lo que se denomina el tercer sector que se refiere a la producción de servicios, y es allí donde se concentra gran parte de la población económicamente activa. De lo antes expuesto se deriva una clara transformación en la clase trabajadora. Una disminución en la cantidad de obreros industriales y agrícolas, y el crecimiento de empleados medios y profesionales independientes, técnicos y científicos. En cuanto al tiempo de trabajo, hay un crecimiento del tiempo parcial o tiempo más flexible, que implica mayor inclusión de la mujer y de sectores étnicos diferenciados, en el mercado laboral. Otra importante característica es la transformación de los productos, la comercialización de los mismos y del consumo. Los productos ya no se elaboran en serie y masivamente, por el contrario, se elaboran en pequeñas series y con expectativa de vida útil mucho menor. Es decir, hay gran variedad de artículos de una misma especie que duran poco tiempo. Esto lleva a un recambio casi permanente de los mismos. Además, hay una gran gama de productos para elegir en un mismo rubro. Las modificaciones que se han dado en los productos han implicado cambios en los modos de comercialización de los mismos. En un inicio fue el supermercado donde se encontraban gran cantidad de productos pero poca variedad. Más adelante, los hipermercados incorporaron la gran gama de productos de un mismo artículo acrecentando también la diversidad de rubros ofrecidos. Pero, quizás el espacio de comercialización que ha surgido como claro representante de esta nueva era sea el "shopping" o "mall". Según Beatriz Sarlo, la irrupción de los shoppings aparece como apéndice de la implementación de la "cultura del mercado" y se da: "Donde las instituciones y la esfera pública ya no pueden construir hitos que se piensen eternos, se erige un monumento que está basado precisamente en el flujo mercantil..." (6). Los "shoppings", más allá de ser gigantescos centros comerciales, han transformado y reorganizado la vida de miles de personas en el mundo, poco a poco se están convirtiendo en las plazas de nuestra vida pública. Nacidos en Estados Unidos, se han extendido por Europa, Japón y también por países subdesarrollados donde en pequeñas porciones de primer mundo con aire acondicionado, los ricos de los países pobres, viven el sueño de remedar la vida de las grandes naciones. La gran diversidad de artículos y productos, las facilidades en la producción y las abundantes ofertas han llevado a los empresarios a mejorar las políticas de comercialización. Las empresas basaron la estructura de la venta diseñando políticas de mercadotecnia muy cuidadas para intentar diferenciarse de los competidores, considerando las necesidades y deseos de sus clientes. En la elaboración de estrategias de comercialización entran en juego no sólo las necesidades materiales de los clientes, sino sus deseos psicológicos, simbólicos, en fin, sus estilos de vida. Al respecto, S. Hall plantea: "...Por supuesto, la preocupación por el consumo y el estilo puede parecer trivial. Pero el hecho es que cada vez más hombres y mujeres, a pesar de su pobreza, juegan el juego de usar cosas para significar quiénes son. Cualquiera sabe que hoy las mercancías constituyen signos sociales y producen energía pero también sentidos..." (7). Los cambios en las estructuras y modelo económico no han sido únicamente producto de las transformaciones tecnológicas. En los años setenta, los modelos de desarrollo económico, capitalistas o estatistas, entraron en una profunda crisis. Los países capitalistas fueron moldeando, a través de medidas económicas y políticas, su propia reubicación que permitiera la constitución de esta nueva forma capitalista. El espacio central que ocupaba el estado de bienestar o benefactor en la modernidad fue desintegrándose para dar paso a un estado 'eficiente' y ejecutivo finalmente mediador, sumamente permisivo con los capitales privados. Un estado que tiende a descentralizar la autoridad en gobiernos regionales y locales, con escaso compromiso en políticas sociales y menos poder ya no ofrece a los ciudadanos garantías de defensa de sus intereses. El estado - nación como se pensaba en la modernidad está desapareciendo al dibujarse una nueva red y estructura de poder donde los regionalismos o los gobiernos provinciales juegan un papel sumamente importante. Se gesta una nueva concepción de la práctica política basada en juegos estratégicos, representación y liderazgo individualizados que se construyen primordialmente a través de los medios masivos. Esta 'economía global' se caracteriza por una importante concentración de capitales, gran flexibilidad organizativa y mayor poder de las empresas para establecer las condiciones laborales con sus empleados. "... Las nuevas tecnologías de la información desempeñaron un papel fundamental al facilitar el surgimiento de este capitalismo flexible y dinámico, proporcionando las herramientas para la comunicación a distancia mediante redes, el almacenamiento/procesamiento de la información, la individualización coordinada del trabajo y la concentración y descentralización simultáneas de la toma de decisiones..." (8). Las características que enmarcan estos procesos a nivel macroeconómico definen una economía dominada por las multinacionales y la globalización de los mercados financieros. Esta nueva forma económica que Castells llama "economía global interdependiente" o " informacional", se consolida mientras se produce un desmembramiento de los sindicatos acompañada con una fuerte flexibilización laboral. La creciente necesidad de mejorar producción y abaratar costos para elevar el nivel de competitividad en el mercado, produjeron un marcado desmejoramiento en las condiciones de trabajo y vida de los asalariados. Frente al avance de esta economía globalizada, un frente de contradicciones se abre en cada nación - estado. Justamente producidas por las consecuencias que tiene este sistema económico generando desigualdad y exclusión en grandes sectores sociales nacionales:
Las multinacionales propician una nueva división del trabajo y poseen mayor autonomía frente a estados débiles que priorizan los capitales privados sobre el bienestar social. Con agrupaciones obreras y profesionales debilitadas y estados permisivos, las multinacionales han invadido las naciones y al concretar sus planes de centralización económica y de poder apuntalan el crecimiento y formación de "nuevos pobres". Para finalizar, es interesante esta reflexión de S. Hall que trasciende lo puramente económico y plantea la dimensión social y cultural en esta nueva sociedad: "... (Postfordismo)... indica la existencia de una gran fragmentación y pluralismo social, el debilitamiento de viejas solidaridades colectivas y de las identidades concebidas como "bloques" ante la emergencia de nuevas identidades. Por eso la maximización de elecciones individuales a través del consumo personal son dimensiones igualmente significantes de las tendencias hacia el postfordismo..." (9). Esta nueva sociedad existe sobre profundos cambios económicos y no son menos importantes las transformaciones culturales a las que ha dado lugar. La aparición del consumo de masa en EEUU alrededor de los años veinte sumando al hedonismo que hasta el momento era patrimonio de una minoría de artistas e intelectuales cambió la vida de la gente produciendo una verdadera revolución cultural. La difusión a gran escala de objetos hasta el momento superfluos, la publicidad, la moda, los medios masivos y sobre todo el crédito que socava directamente el principio del ahorro se abre paso el culto del consumo, el tiempo libre y el placer. Según D. Bell: "... La ética protestante fue socavada no por el modernismo sino por el mismo capitalismo. El mayor instrumento de destrucción de la ética protestante fue la invención del crédito. Antes para comprar había que ahorrar. Pero con una tarjeta de crédito los deseos pueden satisfacerse de inmediato..." (10). Este estilo de vida consumista y hedonista se difunde, con el aporte de la tecnología y los nuevos diseños. La "estética" ha penetrado el mundo de la producción moderna acorde a los "nuevos tiempos". La "imagen" se ha vuelto un lugar clave en la comercialización y el consumo. El estilo y su representación en el cuerpo son puntos clave donde se apoya el consumo de hoy. Más aún, a través de la publicidad existe una proliferación de mundos que tienen sus propios "códigos de comportamiento" que remiten a ciertas "escenas", "economías" y "placeres" que sólo pueden ser alcanzados, como en un espejismo, a través del consumo. La sociedad postmoderna va más allá del consumo, sencillamente lo exalta y honra. Imaginario y valores postmodernos Postmodernidad supone para algunos autores referirse a una condición contrapuesta a la modernidad. Para otros, postmodernidad es apenas un paso lento y complejo hacia un nuevo tipo de sociedad, de cultura y de individuo que nace del mismo seno y como prolongación de la modernidad. La modernidad surgió en Europa y se extendió, en nombre de lo universal, de una manera avasallante hacia Asia, África y América. Regiones que carecían de un desarrollo científico similar al europeo. Sin embargo, allí donde había fuertes culturas autóctonas, la modernización sólo fue parcial y hasta puede hablarse de una modernidad periférica. En cambio, donde la inmigración europea tuvo un lugar privilegiado, por ocupar un espacio vacío o por despojar el lugar de los indígenas, los principios de la modernidad calaron hondo. Hoy, en medio de la crisis de la modernidad surgen los particularismos culturales que en su momento fueron sometidos. La "nueva era" teñida de desencanto pone en jaque a los valores o "ideas" que Lyotard llama "grandes relatos" de la modernidad. Una de las "ideas" de la modernidad se relaciona con la búsqueda de libertad del espíritu humano y el supuesto de que todo lo real es racional y todo lo racional es real. La razón es concebida como el instrumento privilegiado para procurar el progreso, la justicia y la felicidad de la comunidad social. Otra de las grandes "ideas" que movilizaron la época fue la emancipación de los trabajadores y la lucha por una sociedad sin clases. Naturalmente se hace referencia aquí a la perspectiva marxista surgida del materialismo dialéctico. Otra "idea" del imaginario moderno y de base positivista se refiere a un mundo de bienestar para todos basado en el desarrollo de la ciencia y la industria. Con el correr de los años, especialmente los últimos cincuenta años y la evolución de los acontecimientos históricos, estas ideas centrales entraron en crisis. Desde los campos de concentración a la degradación del ambiente se puso en crisis la idea de que todo lo real es racional. Ya no puede hablarse de una razón universal como fundamento del pensar y del hacer, sino de diferentes razones que sostienen intereses distintos y frecuentemente contradictorios entre sí. Con la crisis del marxismo en los gobiernos de los países del este europeo entró en crisis el ideal de la "sociedad sin clases". Por último, el optimismo tecnológico científico estalló en Hiroshima y Nagasaki y profundizó su crisis frente a la carrera armamentista de los dos grandes bloques políticos. De este modo, parecería que tanto la búsqueda del bienestar humano y su emancipación desde diferentes concepciones ideológicas han fracasado. Como consecuencia del "fracaso" de los sistemas de ideas que apuntan al futuro y prometen, cada uno a su manera, emancipar a la humanidad, se propone la muerte de las utopías y de las ideologías. Estas afirmaciones ponen en evidencia que se está asistiendo al colapso y declinación de los ideales modernos. La ausencia de trascendencia, consecuencia de la falta de ideales y la desacralización de la modernidad establece su dominio en la postmodernidad. Esta situación conduce a lo que Lyotard llama "condición postmoderna", un estado de cosas en el que vive el hombre contemporáneo de los países desarrollados. Se trata de una cultura identificable por varios signos: búsqueda de calidad de vida, pasión por la personalidad, sensibilidad ecologista, abandono de los grandes sistemas de sentido y generación de un culto a la participación y expresión, instauración de la moda retro, rehabilitación de lo local, de lo regional, de determinadas creencias y prácticas tradicionales. Una mayor flexibilidad y diversificación que apoya las elecciones privadas y las singularidades individuales. Es la sociedad del hombre postmoderno. La consigna de este sujeto es mantenerse joven y hermoso. Se encumbra el placer y el cuerpo. Ya no se habla de dietas, gimnasias o tratamientos médicos para sentirse físicamente bien, sino para lucir un "envase" o "envoltorio" atractivo y lo más joven posible Esta apoteosis del cuerpo se acompaña con una exaltación de los sentidos y de un hedonismo que a veces conspira contra la salud. El individuo se reconoce como un sujeto con un cuerpo con necesidades que deben ser satisfechas constantemente y que al mismo tiempo se consume irremediablemente no obstante las terapias o tratamiento que haga. El sujeto moderno se inscribía en proyectos colectivos de acuerdo con el ideal moderno de subordinación de lo individual a las reglas racionales colectivas. En la postmodernidad, este ideal se ha pulverizado y el valor fundamental pasa a ser la realización personal. La imagen de realización de este individuo pasa por la felicidad que es el "relax" con una total ausencia de tensiones, aunque el lograrlo no sea fácil y haya que hacer grandes concesiones para alcanzarlo. De esta forma, la vida se reduce a la búsqueda y consumo de confort, objetos de lujo, dinero y poder que supuestamente acercan al "relax" (léase placer y no conflicto). Muy lejos se halla el sujeto que hacía de su conciencia, coherencia y culto al esfuerzo su mayor orgullo. Hoy, por el contrario, las cosas deben lograrse sin esfuerzo por ejemplo adelgazar sin esfuerzo, estudiar un idioma sin esfuerzo o dejar de fumar sin esfuerzo. Aislado, el individuo vive su existencia como presente perenne, con un pasado que es el tenue recuerdo de frustraciones y reparaciones y con una visión del futuro que apenas es concebido como un juego donde surgirán nuevas necesidades que deberán ser satisfechas. Sobretodo en esta sociedad donde "soy por lo que tengo". A nivel macro, Lipovetsky define a la sociedad postmoderna como: "... aquella en que reina la indiferencia de masa, donde domina el sentimiento de reiteración y estancamiento, en que la autonomía privada no se discute, donde lo nuevo se acoge como lo antiguo, donde se banaliza la innovación, en la que el futuro no se asimila ya a un progreso ineluctable. La sociedad moderna era conquistadora, creía en el futuro, en la ciencia y en la técnica, se instituyó como ruptura con las jerarquías de sangre y la soberanía sagrada, con las tradiciones y los particularismos en nombre de lo universal, de la razón, de la revolución. Esa época se está disipando a ojos vistas; en parte es contra esos principios futuristas que establecen nuestras sociedades, por este hecho postmodernas, ávidas de identidad, de diferencia, de conservación, de tranquilidad, de realización personal inmediata; se disuelven la confianza y la fe en el futuro, ya nadie cree en el porvenir radiante de la evolución y el progreso, la gente quiere vivir enseguida, aquí y ahora, conservarse joven y no ya forjar el hombre nuevo... La sociedad postmoderna no tiene ni ídolo ni tabú, ni tan solo imagen gloriosa de sí misma, ningún proyecto histórico movilizador, estamos regidos por el vacío, un vacío que no comporta, sin embargo, ni tragedia ni Apocalipsis..." (11). Fredric Jameson entiende al postmodernismo más que un estilo, una dominante cultural, un concepto que incluye la presencia y aun la coexistencia de una gran cantidad de rasgos muy diversos aunque subordinados. Como características, Jameson enuncia:
Sistema que materializado en un mercado global informatizado está en pleno auge y en constante expansión mundial.
Máquinas de exclusión: las instituciones en la sociedad actual Sobre el concepto de institución hay distintas perspectivas que plantean diferentes aproximaciones. Así, encontramos desde la perspectiva del orden, la función y la adaptación al sistema social, un concepto de institución como lo establecido o instituido, más próximo a un lugar físico y las normas que lo regulan. Las instituciones son concebidas como receptáculos de la racionalidad y del consenso y como estructuras invariantes. Se refuerza la necesidad de interiorización de las normas institucionales por los individuos y no puede visualizarse la capacidad instituyente de estos mismos individuos. Hay una supremacía del nivel de análisis sincrónico que privilegia los conceptos de estructura y función sobre un nivel de análisis histórico. Justamente desde otra perspectiva, se plantea que "... Una sociedad dada, en un "modo de producción" instituye un conjunto organizado de relaciones sociales mediante un "hacer instituyente" que se apoya en "una situación dada", en "creaciones del pasado aún vivas", en el hecho de que ya existe una sociedad instituida cuando el nuevo hacer instituyente la trans-forma. No todas las instituciones son nuevas cuando la nueva sociedad se construye: la iglesia, el ejército, la familia, el estado no son instituciones que aparecen con el capitalismo. Pero la institución del capitalismo modifica profundamente sus articulaciones, su sitio en las nuevas relaciones sociales, su equilibrio y su poder. Lo que se instituye, a través de estos reacondicionamientos y también esas producciones de instituciones nuevas es "una nueva definición de la realidad, inscripta no en los libros sino en el actuar de los hombres, sus relaciones, su organización" (Lapassade, 1973: 200). En esta cita de George Lapassade se expresa claramente el dinamismo del concepto de 'institución' ampliando la dimensión a 'lo instituyente' más que a 'lo intituido'. Institución, en este caso, se percibe más que como un establecimiento físico o un conjunto de normas que lo regulan, como el producto de interacciones sociales que nunca son definitivas sino que por el contrario se transforman. Estas modificaciones se producen en y con los diferentes modos de producción, pero además, con los propios desarrollos teóricos de las ciencias sociales que lo han abordado y que desde luego no son ajenas a la realidad histórico social. La importancia del hacer de los hombres, sus relaciones, organización y percepción de lo que es y lo que desea ser como el uso de los propios productos que elabora son instituyentes de una nueva realidad y un nuevo modo de existencia histórico - social. Por ende, de una forma de pensar y abordar esa misma realidad instituyente. Institución, entonces, pertenece tanto a lo instituido como a lo instituyente y plantea en su existencia un dinamismo entre las formas de existencia de las instituciones y el contexto de donde se construye y actúa. En la sociedad actual, en el sistema económico al que se refiere Frederic Jameson como dijimos anteriormente, se materializan las innovaciones tecnológicas -productivas e informáticas-, las crisis económicas así como las transformaciones histórico - culturales producidas en cada sociedad. "... La interacción de estos procesos y las reacciones que desencadenaron crearon una nueva estructura social dominante, la sociedad en red; una nueva economía informacional / global; y una nueva cultura, la cultura de la virtualidad real..." (12) a la que corresponde la construcción del imaginario imperante. En la actualidad, los valores del imaginario postmoderno dominante y el imperio de los criterios de la "economía global interdependiente" o "informacional", como las bases de la 'ciencia de la dirección empresarial o administrativa', están instituyendo las nuevas relaciones sociales y transformando las instituciones concretas. La presencia omnipresente de la economía global y la lógica del mercado plantean una proyección de la idea de empresa a cualquier tipo de institución social. Los conceptos de eficiencia, competitividad y productividad son el fundamento de la acción institucional. La combinación de los valores del hombre postmoderno, el trabajo individualizado y de alta capacitación, la gran competitividad y la escasa organización colectiva convierte a las instituciones en espacios de intereses contradictorios y de duros enfrentamientos entre sistemas de valores y formas de trabajo. Un campo de lucha que trasciende los marcos de 'las instituciones' u organizaciones, como generalmente se llaman y remodela toda la estructura económica, social, cultural del mundo actual. De esta forma, dentro de los mismos países integrados a la economía global existe una marcada tendencia hacia la exclusión, la desigualdad y la polarización social. Se margina a un importante segmento social, en general sectores sociales populares, compuesto por individuos cuyo potencial como trabajadores (por ser demasiado atrasados y/o poco educados) y como consumidores (por ser pobres) se ha extinguido y en consecuencia son inservibles a la lógica del mercado. Fatalmente, estos sectores no tienen valor como actores sociales ni como seres humanos, pues no son funcionales (útiles) al sistema económico. A nivel macrosocial, cada vez más se perfilan áreas de ciudades, regiones o países enteros que por distintos motivos no pueden acceder a estas redes de capital informatizado y global. Éstos constituyen un masivo bloque de excluidos, el llamado "cuarto mundo", para quienes el futuro ya está condicionado. Sin embargo, es importante señalar que esta tendencia hacia la desigualdad y la exclusión no es inexorable: puede controlarse y siendo optimista hasta neutralizarse, mediante políticas públicas adecuadas y asociaciones de entre países o regiones. El rol del estado debe recuperarse como principal garantía del bienestar de todos los ciudadanos sin importar su adecuación o utilidad a la lógica del mercado. BIBLIOGRAFÍA
Notas
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