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Revista Latina de Comunicación Social 29 mayo de 2000 |
| Edita: LAboratorio de Tecnologías de la Información y Nuevos Análisis de Comunicación Social |
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Una discutible ocupación de las páginas de cultura en el diario madrileño "El País" (3.096 palabras 7 páginas) Dr. José Manuel de Pablos Coello © Catedrático de Periodismo Universidad de La Laguna (Tenerife, Canarias) La cultura es una voz de amplias y gratificantes resonancias. Es cultura el resultado o efecto -lo dice el DRAE y en esta ocasión no se equivoca (1)- de cultivar los conocimientos humanos y de afinarse por medio del ejercicio las facultades intelectuales del hombre (aquí, el diccionario de la Academia debería decir "la persona" o "el ser humano", para evitar una clara expresión machista: tiene errores peores el diccionario oficial de la Academia Española (2). Más atinado, explícito, "Clave" dice que cultura es el "resultado de cultivar los conocimientos humanos mediante el ejercicio de las facultades intelectuales" (3). La otra acepción de la misma voz en el repertorio oficial -no me interesa aquella que habla del homenaje reverente (sumiso) que se tributa a un dios (que "Clave" obvia, bien hecho)- se refiere al "conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época o grupo social"; la remata con un abstracto y poco comprometido "etc.". Este detalle parece poco riguroso en un diccionario canónico. Tal vez sea la opción interactiva que ofrece la Academia Española. Ya sin número de acepción -¿cuestión menor o marginal?- el gran libro hace una referencia final a la cultura popular (que ha dado pie a tanto populismo nacionalista) como "conjunto de las manifestaciones en que se expresa la vida tradicional de un pueblo", en el sentido de comunidad y no de localización. "Clave", igualmente, en acepción segunda, nos habla de "conjunto de conocimientos y modos de vida y costumbres que se dan en un pueblo en una época", para hacer una referencia final a esta entrada, enriquecida, como no hace el DRAE: "Conjunto de valores y comportamientos que comparten los integrantes de una agrupación": 'Al cambiar de trabajo me costó adaptarme a la "cultura" de la nueva empresa'. Hagamos una pequeña objeción a algo de lo que acabamos de ver. Una de las primeras cuestiones que los escolares aprenden en los niveles iniciales de la enseñanza cuando se les habla del concepto definición es aquello de que en la definición no debe aparecer la palabra definida; en tal caso no lograremos comunicar lo que realmente se expresa con la voz analizada. Esto viene a colación porque en la explicación del significado del vocablo cultura aparece el térmico "cultivar". Sabemos que "cultura" viene del latín "cultura" (poco ha cambiado esta voz) y esta palabra, a su vez, llega de "colere", que significa "cultivar". O sea, en la definición viene la voz definida, aunque bajo la máscara de un sinónimo: no hay cultura sin el cultivo de aquello que va a ser la cultura, de ahí que en la definición oficial o académica, al menos, no debería figurar la voz "cultivar", sino alguna otra que comunicara la misma idea y concepto. Hay varias voces que sirven para esta enmienda: cuidar, estudiar, laborar, labrar, practicar, ejecutar, perfeccionar, educarse e instruirse, por ejemplo. Hecho este preámbulo y este nuevo recordatorio a la impasible Academia Española (4), veamos una postura de la información periodística calificada de cultural. En un ámbito maximalista podríamos acordar que todo el periodismo es cultura, porque ofrece a sus lectores, oyentes o televidentes datos e informes que facilitan a éstos una mejor comprensión del momento que les está tocando vivir. La actividad periodística es cultural, pero lo que nos interesa aquí ahora es el ejercicio periodístico ocupado de la divulgación cultural, en un espectro mejor ajustado a la cultura más académica o clásica, sin dejar de lado las nuevas formas de cultura de la sociedad actual. La voz cultura, como hemos visto, es de un espectro tan vasto como la posibilidad de entendimiento del ser humano. Va desde la cultura de las bellas artes o de las artes en general (la cultura por antonomasia cuando hablamos de periodismo cultural) a otras formas de cultura. De éstas, unas están estrechamente vinculadas a habilidades elementales para resolver necesidades de la especie humana, como la cultura de la tierra de labranza (la agricultura), del cuidado de los animales para el sacrificio con destino a la alimentación humana (la ganadería), de la explotación de la corteza terrestre (geología), etc. Otras son formas más modernas y pulidas, ligadas a nuevas maneras de comportamientos sociales: la "cultura del pelotazo" (5) o la de aquellos especuladores que tienen una gran "cultura del cemento". La voz cultura, entonces, es tan amplia como deseemos hacerla; en ocasiones, lo acabamos de ver, no tiene relación alguna con el gozo estético sino con prácticas rechazables y puede llegar a enmascarar acepciones peyorativas como la aplicada a los que hacen negocios de rápido lucro y casi nula inversión con profundo aprovechamiento de la necesidad que la sociedad tiene de algunos productos, como es el caso de la vivienda, con lo que aparece la "cultura del cemento" entre los especuladores. Acordado que el periodismo es una forma de cultivo interior porque enriquece el conocimiento humano, vamos a referirnos sin más dilación al periodismo cultural como especialidad dentro del mundo de la comunicación profesional de datos de interés público. Aquí encontramos algunos detalles que conviene expresar:
De ese modo, las casas de los periodistas culturales que hacen información y crítica de pintura se acaban llenando de cuadros regalados por los pintores, como una forma de rentabilidad mediática, mientras la casa del que informa de fútbol no acaba llena de balones firmados. En cualquier caso, el balón firmado tiene menos valor que el cuadro de la última exposición de aquel pintor "del que nada teníamos...". Así le suelen decir a veces: "No tengo nada tuyo", como recordatorio, más que invitación, al óbolo del artista que desea que en el medio se refleje sus debidos merecimientos. Esa contribución se tiene estimada por todo pintor que desee verse reconocido, porque sabe que tras una muestra de su obra habrá, tarde o temprano, otra. Pero no íbamos a hablar de los vicios de algunos actores del periodismo, sino a adentrarnos un poco en un tipo de información que suele aparecer en las páginas de cultura del diario español de referencia, "El País"; ello, en demérito de la indudable información cultural que ofrece este periódico, en sus páginas diarias o en el suplemento semanal "Babelia", donde no se da el caso, ni por asomo, que aquí vamos a analizar. Con un periódico que ha sido tan importante en la reciente historia española hay que ser más crítico y severos si algún comportamiento manifiesta alguna incipiente tendencia a salirse del marco de lo que se llama "quality press", para acercarse a la más vendible especie de "diario popular"; esto es lo que se sorprende en los últimos años con el citado periódico -en la época de su tercer director-, en un tránsito erróneo pero decididamente planificado (según todas las apariencias) hacia un nuevo modelo de producto impreso. La sección La Cultura va antes de las páginas de Espectáculos y aquí hay una cierta confusión, derivada de que son los mismos operarios los que hacen una y otra, o sea, que es la misma; esto no debe hacerles olvidar que aunque toda la cultura pueda ser espectacular y espectáculo, no todo espectáculo es cultura o con los valores generalmente aceptables para considerarlo cultura, aunque todo esto pueda ser discutible y argumentos habrá para una u otra tendencia. Mas, no parece que haya duda de que algunas noticias que aparecen en Espectáculos tienen un profundo carácter cultural y por esa razón su lugar de ubicación dentro del ejemplar debería haber sido alguna página de La Cultura y no bajo el paraguas de Espectáculos. Por ejemplo (y hay muchos) en la edición del jueves día 12 de febrero de 1998, página 37, encontramos una nota con este título: "Abbado dejará en el año 2000 la Filarmónica de Berlín". Parece muy difícil de entender que un redactor no estimara que tal noticia ha de ir en una página con el folio de La Cultura, porque lo que está claro es que esa nueva nada tiene que ver con espectáculos: no obstante, la aludida página 37 lleva la cabecera de Espectáculos. No se trata de un error de "El País", sino de una forma rutinaria de actuar, de presentarnos las secciones La Cultura y Espectáculo como si tuvieran vasos comunicantes, mejor, "páginas comunicantes o comunicadas"; esto sucede porque funcionalmente sus redactores integran una unidad dentro de la redacción del diario y lo que sobra o no cabe en unas páginas se pasan a la otra sección, porque todo cabe, pero no todo lo que cabe vale (6). Esta localización dentro del esquema de la redacción no da derecho a los redactores al trasiego de notas sin sentido, como acabamos de ver con Claudio Abbado. En algún diario menor, las secciones de Nacional e Internacional las llevan los mismos redactores, pero eso no implica, como en La Cultura / Espectáculos de "El País" es vicio, que si les sobra un despacho de Nacional lo incluyan en las páginas de Internacional. Eso es una aberración periodística, como viene sucediendo en "El País" de los últimos tiempos, donde tal vez hayan descuidado estos detalles de transferencias equivocadas, más preocupados por servir fielmente los intereses empresariales del patrón, con olvido de algunos patrones básicos no ya del buen periodismo sino del puro periodismo, no digo del periodismo puro, porque éste no existe. Si la noticia del director de ópera es el reportaje sobre el concierto que va a dar o ya dio, la información de ese acto, indudablemente un espectáculo, sí cabría en las páginas de Espectáculos, pero no es ése el caso, sino el de una transferencia equivocada de notas entre la sección canónica, La Cultura, hacia una errónea, Espectáculos. Pero lo contrario también ocurre, aunque ahora por motivos en apariencia extraperiodísticos. Me refiero a la cobertura, que en "El País" ya empieza a ser norma, de los diferentes desfiles de modelos (femeninos, por supuesto) que se ofrecen en la sección La Cultura y no en Espectáculos. Es admisible que la alta costura, como la costura popular, es una forma de cultura. Indudable. Eso de transformar una pieza de tela en un traje que hermosea y destaca una figura de hombre o mujer es todo un arte y, como tal, una forma de cultura, sea un vestido complejo y original, sea una labor de pueblo, para diseñar y confeccionar un traje típico. No se puede dudar del carácter cultural de la costura, de la artística o tradicional creación de vestimenta. No obstante, la convocatoria de pasarelas para ofrecer las propuestas de los modistos de fama es más un espectáculo que una actividad estrictamente cultural, de las que naturalmente queremos encontrar en las páginas de cultura: teatro, literatura, pintura, música, escultura, cine, diseño, fotografía, grabado, danza, vídeo, comunicación, ciencia... Pero, así y todo, la moda femenina aparece con toda contundencia en la sección La Cultura de "El País", cuando es puro espectáculo por lo que, en consecuencia, debería ser ése su lugar de aparición. También es una actividad económica, ¿alguien lo pondrá en duda?, pero a nadie se le ocurre insertar esa información en las páginas de la sección "Economía EL PAÍS Trabajo". Sólo encontraríamos este tipo de información en estas páginas económicas o laborales si se tratara de un informe sobre el negocio de esa actividad o sobre la gente a la que da empleo. En tal caso, en "El País" actual (7) lo más probable es que ese sesudo texto riguroso sobre los recursos económicos que genera o sobre el trabajo que origina el subsector de la moda se ilustraría con una fotografía de una hermosísima modelo. Ésta, además, llevaría puesto uno de los trajes transparentes que conocemos por las páginas de "El País" y no por el cine o la TV. Ese traje nos dejaría ver los senos apetecibles de la joven, cuando no se hubiera seleccionado una foto de archivo donde la muchacha llevara puesto uno de esos modelos a medio hacer que nos enseña su orondo culito prieto, sus muslos colosales o cualquier otra zona erotizadora de su cuerpo formidable, todo en una sucesión de imágenes de espléndidas y deseables mujeres codiciables para el lector... masculino del diario (no todos, claro, pero sí una mayoría), que agradecen (agradecemos). Así, hasta que nos damos cuenta de algo bajo cuerda, que actúa de manera subliminal [lo que siempre es una forma de manipulación]: nos están erotizando las páginas del periódico (8), desde aquella zona que (lo dijimos antes) tiene menos interés comercial para la empresa editorial, como son las páginas dedicadas a la cultura. O sea, ya que hay menos lectores, vamos a subir el interés por ellas, vamos a mostrar senos gloriosos bajo los velos (no siempre) del diseñador de moda que sabe las ansias de casi toda redacción; vamos a dar cumplidísima cuenta de todas las pasarelas habidas y por haber, importante o no, vamos a establecer una sinergia con los modistos que necesitan aparecer en nuestras páginas: espacio a cambio de carne, carne por cultura. Surge así una estrategia y una alianza, que con toda seguridad no está escrita pero sí fotografiada. Todo modista sabe que el día de su desfile podrá optar por una estampa en prensa, al menos en "El País" de Jesús Ceberio, su tercer director. Bastará con sacar a la más rumbosa de las caras modelos con el pecho hermoso al flash del fotógrafo o con su culito sensacional al aire cuando la chica se da la vuelta. Allí, en aquel recodo de las pasarelas, están los advertidos fotógrafos especializados del diario de referencia para estampar con toda limpieza esa aportación a la erotización del medio, como una gota gorda y fría en el tránsito del periódico serio, riguroso y de referencia hacia el más vendible diario popular. Todo sea por los números, por la difusión, por seguir siendo el de más venta, jaleado por las cifras de un periódico deportivo ("Marca") que algún año ha llegado a vender más ejemplares diarios. No parecen importar los aspectos profesionales y deontológicos aquí expuestos; tampoco el respeto a la misma y gloriosa historia, todo lo cual parece erróneo e inadmisible. ¡País! Por eso hay que empezar a estudiarlo y a comunicarlo. Sabiendo que lo sabemos, tal vez retornen al modelo primigenio. Notas
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