Revista Latina de Comunicación Social 2 – febrero de 1998

Edita: LAboratorio de Tecnologías de la Información y Nuevos Análisis de Comunicación Social
Depósito Legal: TF-135-98 / ISSN: 1138-5820
Año 1º – Director: Dr. José Manuel de Pablos Coello, catedrático de Periodismo
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Después del artículo de Carlos Fuentes

La 'tecnofobia', desde Gutenberg hasta la Internet

Román Mazzilli

Buenos Aires (Argentina)

rmazzilli@interlink.com.ar

Marta Carbonero de Bellora, a raíz del artículo de Carlos Fuentes, escribe (*): Además, pareciera ser que este medio de comunicación viene a oponerse y reemplazar a los existentes, cuando en realidad habría que proponerse que se sume.

El Dr. Angel Rodriguez Kauth manifiesta (*): El texto de Carlos Fuentes me hizo recordar a aquellos homínidos que cuando se inventó la rueda, se alarmaron porque ya la gente no iba a caminar y los niños nacerían sin piernas.

O a aquellos monjes medievales que, cuando Don Guten inventó la imprenta, creyeron que se iban a quedar sin trabajo, sin ver las posibilidades inmensas que abría a la lectura tal desarrollo.

* * *

Comparto los comentarios de Marta y de Ángel.

Creo, eso sí, que es bueno para el debate que se expongan todas las razones y las 'sinrazones', para no quedar divididos frente a estos fenómenos en 'apocalípticos' e 'integrados'.

La 'tecnofobia', desde Gutenberg hasta la Internet es un artículo que viene a colación:

En toda epoca existio la encarnadura del mal.

Aquello que nos hace 'perder humanidad', o por lo menos 'la cabeza'.

Y no me refiero a las tentaciones de la carne ni a la poca disponibilidad interna de muchos sujetos para recibir la salvación.

No. Me refiero, sí, a aquellos fenomenos que 'sirven' para ver afuera de los

individuos razones muy potentes que explican desvíos de lo 'correcto', alienación y adicciones diversas.

Puntualmente voy a hablar de las tecnologías. De lo que hoy se llaman las nuevas tecnologías en el campo de la comunicación.

A lo largo de este siglo aparecieron diversos inventos tecnológicos que modificaron radicalmente el mapa cotidiano de la gente: la radio, el cine, la televisión, la computadora y, recién sacada del horno, Internet.

Obviamente que no son tecnologías salidas de la nada y sin historia. So producto del largo desarrollo de la experiencia cotidiana, de la ciencia y la técnica, que reconoce innumerables hitos de los cuales la creación de la imprenta y el teléfono son sólo dos de los más impactantes y relativamente cercanos en el tiempo.

 ¿Encarnadura del mal la imprenta?...

 La pregunta viene bien para empezar, por que, hoy en día, el libro es un objeto de culto en nuestra sociedad, así como los diarios y revistas en general.

Pero, ¿qué pasó cuando Gutenberg dio a luz las primeras copias de la Biblia, desencadenando uno de los fenómenos de multiplicación más impresionantes después del de los panes y los peces?

Se alzaron las voces cultas de la sociedad de entonces, los monjes cuidadores del saber y de los libros manuscritos, alegando que la imprenta, la reproducción de los libros, iba a llevar a la humanidad a la perdición.

No estaba la gente preparada para leer, para leer lo que le cayera en las manos sin filtro de los custodios del saber.

En 'El nombre de la rosa', el excelente texto de Umberto Eco, el 'Libro de la risa', supuesto tercer tomo de la Poética aristotélica, era guardado por el venerable Jorge, para que nadie tomase contacto con un texto que negaba las sagradas escrituras, que era portador de otra moral y otra filosofía. Así, también en la trama de esa novela, los sacerdotes copistas eran asesinados uno a uno por la curiosidad de lectura del libro prohibido. La imprenta vino a patear el tablero de la exclusividad del saber y de su almacenamiento.

Hoy sabemos que fue un arma imprescindible en la lucha por la democratización de la sociedad, empuñado por los sectores progresistas de cada época.

¿Qué se dijo del libro en la época de su nacimiento? Que era un arma del diablo que enfermaba las mentes de las personas, que les cambiaba hasta el color de piel y ensombrecia el semblante -piénsese que se leía a la luz de velas, muchas veces a escondidas-. Además, era un objeto que venía a destruir la comunión de la gente que hasta ayer nomás formaba rondas para escuchar las narraciones orales y hoy se aislaba para establecer contacto con un objeto: el libro.

¿Les suena esto?

El sujeto y un objeto... horror! Un evidente ataque al vínculo de las personas perpetrado por un aparato que apareció hace quinientos años y

todo indica que tiene para largo aún: la imprenta, y su producto preferido, el libro.

De ahí, es más, cada nueva tecnología en el campo de las comunicaciones fue recibida no sólo con impacto y expectativas. Siempre era, para ciertos círculos ligados al saber, un elemento de engaño para las masas, un peligro que ellos debían detener o al menos denunciar ya que la gente 'compraba' acríticamente.

¿Recuerdan las infinitas polémicas acerca de la televisión?

La caja boba, la inductora de violencia para las criaturas, la estupidizadora, la fragmentadora, la manipuladora, etc, etc.

Cada tanto reaparece, aunque sin la fuerza de otrora, en algún artículo de nuestros periódicos, en algún debate... televisivo o en los congresos de los científicos sociales y psicólogos, puestos a custodiar el Libro de la Risa de Aristóteles u Olmedo.

Y aparecieron los 'apocalípticos y los integrados', los fanáticos de los medios en sí y los críticos a izquierda y derecha.

En nuestros ámbitos Psi, es casi el 'tiro al pichón': la TV empobrece los vínculos, aliena al sujeto, inyecta violencia y sadomasoquismo...

'Yo no veo televisión' era casi un guiño en la década del '70 de un buen número de intelectuales y de gente de ideas.

Y, claro, ¿cómo compartir los gustos con la masa, no? Algo debía andar mal ahí, claro.

La TV fue un blanco exquisito del ataque de la inteligencia durante más

de treinta años hasta que apareció (sonido de clarines, por favor) la computadora.

Otra vez 'el mal' encontraba una manera de seguir robando la mente y la voluntad de los niños inocentes e incautos, otro ataque a los vínculos, nuevamente el sujeto, solo, con un objeto.

'¿Qué va a pasar con esos chicos que pasan horas jugando solos con los videogames?'. 'Ya no necesitan de un otro, se volveran autistas', se desesperan los profesionales del diván.

Y los pibes, y no tan pibes, siguen frente a las pantallas como si nada.

Para colmo, como si la computadora y los 'jueguitos' fueran poco, aparece Internet (¿red de redes o rey de reyes?) y, ahora sí, grandes, chicos, hombres y mujeres, todos solos con la computadora, soñando que se comunican con el mundo mientras venden, sin saberlo quizas, el alma al mismisimo diablo.

Como antes con el libro, podríamos decir ahora que la piel de los que pasan horas navegando en la Internet se palidiza, su semblante se oscurece y que pierden horas de sueño y vínculo tecleando solos frente a una pantalla luminosa.

¿El fin de la familia? ¿El fin de la comunicación cara a cara? ¿El fin del amor? ¿Lo virtual es lo real?

Como ustedes imaginaran, yo tengo algunas respuestas para estos interrogantes. Pero como esta nota se hizo demasiado larga, las dejo para la próxima vez, no sin antes dejar picando una hipótesis provocativa: en la esfera de lo humano, tal vez nada sea más real que lo virtual.

Roman Mazzilli (rmazzilli@interlink.com.ar)

Psicólogo social y comunicador; coordinador de lalista grupal, desde Buenos Aires (Argentina)

(*) textos publicados en la lista grupal@hipernet.ufsc.br


FORMA DE CITAR ESTE TRABAJO EN BIBLIOGRAFÍAS:

Mazzilli, Román (1998): La 'tecnofobia', desde Gutenberg hasta la Internet. Revista Latina de Comunicación Social, 2. Recuperado el x de xxxx de 200x de:
http://www.ull.es/publicaciones/latina/z8/
Roman.Mazzilli.htm