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I Congreso Internacional Latina de Comunicación Social

Postperiodismo: la información, en la sociedad saturada

[Miércoles, 9 - 12 de diciembre de 2009]

Mesa número 2: Periodismo directo: las fuentes hacen periodismo, las audiencias hacen información

Obama: Transferencia de un relato colectivo y salto en la Mediaesfera 


Obama: Transfer of a collective narration and leap in the Mediaspher
                                          Dr. Antonio Cascales Ramos
                                          Facultad de Comunicación
                                          Universidad de Sevilla
Resumen. La campaña electoral de  Barack Obama ha despertado un gran interés y una amplia literatura académica. Además de los análisis sobre negritud y liderazgo o la catalogación de su retórica en la tradición del sermón jeremíaco americano, este trabajo enfoca el triunfo de Obama en las remotas raíces de su mensaje y en el factor de ruptura que supone la versión en Videoclip colgada en la red.
Abstract: The electoral campaign of Barack Obama has awaked a great interest and an extensive academic literature. Beyond the anlysis on Blackness and Leadership or the enlistment of Obama’s rethoric in the tradition of the American Reclamation Jeremiad, this communication  focus on the distants roots of their message and the rupture factor that suppose  the Videoclip version of “Yes, we can” on the web.
Palabras claves: Obama, elecciones, relato colectivo, Mediaesfera.
Key words: Obama, elections, collective narration, Mediasphere.
 
 
1.- Un giro cultural e histórico. La elección de Barack Obama como presidente de Estados Unidos supone un hito cultural e histórico en su país y una victoria importante para las fuerzas progresistas.
El dramático derrumbamiento del tinglado financiero en las semanas previas a la jornada electoral ha revelado las carencias y miserias del núcleo de poder económico integrado  por especuladores neo-liberales, neo-conservadores y nacionalistas de la extrema derecha, al tiempo que abre una más clara ocasión de desalojarlos del poder.
Como han mostrado en su análisis Harris y Davidson (2009) entre otros, tras la victoria política de Obama está el cambio histórico enraizado en la lucha por los derechos civiles que estalló en la década de los años ’60, y en la figura del líder que ha triunfado en las urnas no solamente hay la persona de un negro sino de alguien “cuyo nombre resuena con la alteridad del Tercer Mundo” (2009,2).
“El haber nacido en Hawai, el más tercer mundista de todos los Estados Unidos, y el haber vivido sus primeros años en Indonesia son datos que añaden a Obama un acento universal como símbolo importante de globalización multicultural.”(2009,2)
El bloque progresista que apoyó  la victoria, según el análisis citado, está significativamente integrado por ciudadanos pertenecientes a los tres grandes bloques que aparecieron en los años ’60 del pasado siglo como fuentes de conflicto y de movilización social: los negros, los hispanos y los jóvenes. Lo que se confirma con el porcentaje de votos que Obama consiguió de tales grupos:
Obama recibió:
            El 97% del voto negro.
            El 67% del voto latino.
            El 63% del voto Asiático-americano.
            El 65% del voto joven. 
Otro dato a destacar es que la insólita movilización ciudadana lograda por la campaña produjera una importante afluencia a las urnas de grupos tradicionalmente poco activos o indiferentes:
El aumento de participación electoral por grupos fue el siguiente 
            Negros   + 14%
            Latinos   + 25%
            Jóvenes (18/29)    + 25% 
Aunque el dato más interesante quizá sea el de los electores blancos que lo votaron, un 43 %. A este respecto, Harris y Davidson  han comparado el dato con los resultados logrados por Harold Washington, un candidato negro y progresista elegido alcalde de Chicago en 1982.
Despreciado por el aparato político y la maquinaria electoral demócrata---la del tristemente célebre Daley---, Harold Washington puso en la calle un ejército de voluntarios de más de diez mil personas y ganó por dos veces las elecciones, aunque solamente logró el 18% del voto blanco de su ciudad. El que ahora Obama, candidato negro, obtenga en todo el país un 43 % del voto blanco es un salto de veinticinco puntos que autoriza a pensar que estamos ante un cambo significativo en la política norteamericana. 
2. Liderazgo y negritud. Este dato del 43% de electores blancos que se decanta por Obama para llevarlo a la Casa Blanca nos enfrenta a la cuestión de la compatibilidad entre liderazgo político y negritud.
En un trabajo dedicado al tema, McIlwain(2007) nos recuerda hasta que punto los prejuicios raciales, resentimientos y temores persistían en los votantes blancos a comienzos del siglo XXI. Es una conclusión en la coinciden varios investigadores (Mendelberg,2001; Valentino, Hutchings&White, 2002). Se trata de un panorama consolidado, en el que, según McIlwain, el enfocar una posible candidatura de Obama en torno a una cuestión –repetida en miles de encuestas—del tipo “¿está América preparada para un presidente negro?”, es un enfoque falso y la pregunta tiene poco sentido (Finkel, Guterback&Borg,1991; Krysan&Couper,2003).
Ya que “el barómetro más realista del éxito de Obama se basa no en la voluntad de los votantes para elegir un candidato negro, sino en que los votantes, particularmente los blancos, puedan ver a los negros en general y a Obama en particular como a un líder”(2007;65)
El autor afirma que la cuestión del liderazgo es, para los votantes blancos, una categoría que sustituye a la de raza: la forma más relevante en la que la valoración blanca de un candidato presidencial negro puede ser expresada.
Para apoyar su propuesta, McIlwain analiza otro precedente significativo: los resultados del candidato negro Jesse Jackson en las elecciones primarias norteamericanas de 1988.
Frente a la opinión generalizada de que Jesse Jackson tenía pocas probabilidades de triunfar, los resultaron mostraron que, al final de las primarias, Jackson había recibido un total de 1.218 delegados, quedando en segundo lugar tras Michael Dukakis. A ello hay que añadir otro dato, que resultó determinante. Precisamente en 1988, los estados sudeños habían decidido reunir sus elecciones primarias en una misma fecha, que desde entonces se conoció como el “Super Martes”, para dar más relieve a su presencia en el panorama electoral norteamericano. Debido a esta circunstancia, al final de aquella jornada, Jackson había logrado cinco estados, visualizando el potencial del voto negro eventualmente unido al voto progresista blanco y lanzando su nombre y su candidatura a nivel nacional e internacional.
Mc Ilwain analiza los datos de aquellas primarias comparando dos series de variables: la que medía la percepción de los votantes sobre el candidato Jackson, con una escala de evaluación de los sentimientos (Feeling Thermometer Rating) que evocaba en el electorado, tales como “inteligente”, “compasivo”, “decente”, “líder”,”inspirado”, etc., De otra parte, el porcentaje de votos obtenidos por Jackson. (2007,67).
El resultado del análisis comparativo demuestra que es la condición de líder, el liderazgo, la única que mantiene una correlación significativa con el porcentaje de votos logrados por Jackson. Aplicando un modelo de análisis matemático Mc Ilwain llega a la conclusión de que solamente al evaluar a Jackson ---y no a los candidatos blancos Dukakis o Bush ---el liderazgo se convertía en un factor determinante en función de los votos logrados.
Más aún. Aquellos estados que votaron a Jesse Jackson en un mayor porcentaje fueron los que lo puntuaron más alto como líder fuerte (Virginia, Mississippi y Alabama), con aproximadamente un 29% de rating en “liderazgo”.Lo contrario también se cumple. Donde Jackson logró menos votos (Oklahoma, Kentucky y Massachussets) también obtuvo una puntuación modesta en “ liderazgo”: en torno al 18%.
La conclusión, dice McIlwain, es que “la evaluación de liderazgo para un candidato negro está en función de su raza” y que los resultados del análisis “sugieren que Obama está en desventaja por ser un afro-americano” (2007;70).
Tengamos en cuenta que el trabajo se publica en julio de 2007, cuando ya se cumplen seis meses desde el discurso en Springfield (Illinois) en el que el senador Obama se postulaba como candidato a la nominación por su partido para la contienda electoral.
También se cumplen cuatro meses de otro acontecimiento político importante. El domingo, once de marzo de 2007, en el cuarenta y dos aniversario del “Blood Sunday” que habría de desencadenar la aprobación de la legislación sobre los Derechos Civiles de 1965, la ciudad de Selma, en Alabama, organizó una doble conmemoración. En la Brown  Chapel habló el senador por Illinois, Barack Obama. En la First Baptist Church lo hizo la senadora por New York, Hillary Clinton.  A comienzos de febrero, según una encuesta de Times/Associated Press, Clinton aventajaba a Obama en intención de voto por 41% a 17%., veinticuatro puntos. (Walters, 2007,7), aunque ese margen fue estrechándose semana tras semana, y a finales de febrero era sólo de doce puntos (Balz &Cohen, 2007).
Precisamente en esa época se realizó un análisis de contenido de la cobertura de prensa –tanto en informativos como en editoriales –en relación con la candidatura de Obama.
En un total de siete diarios –entre los que indebidamente? Se incluyó el “London Daily Telegraph”—se analizaron, entre el diez de febrero y el veintisiete de abril de 2007, los contenidos, según un cierto número de variables codificadas. Si el término “liderazgo” aparecía en titulares o en el interior de la noticia; si se mencionaba la experiencia y capacidad del candidato; si tales experiencias y capacidades eran puestas en cuestión; y si la raza se mencionaba en el texto.
Los resultados aparecen en la Tabla 3 (Mc Ilwain, 2007, 71) y de ellos se deduce que el término liderazgo aparece raramente en titulares, aunque con frecuencia en los contenidos. En casi una cuarta parte de los titulares, (22%) se cuestionaba el liderazgo de Obama.
La conclusión para McIlwain es que existe una relación clara entre raza y liderazgo en la evaluación de los votantes. 
 
Aún cuando esto parezca ser una desventaja para Obama, el carácter negativo de esa influencia no está claro, ya que vendrá determinado, en gran medida, por hasta que punto los medios hagan del liderazgo, la experiencia y la raza un tema relevante durante la cobertura de la campaña electoral.
Es decir, a la altura de abril de 2007, la negritud no parece constituir precisamente una ventaja para el candidato Obama y además le plantea algunos problemas de identidad, según propia confesión en su primer libro Dreams From My Father: 
      “Si yo había llegado a comprenderme a mí mismo como un americano negro, y así yo lo  entendía, esa comprensión seguía sin estar anclada en ningún lugar. Lo que yo necesitaba era una comunidad, pensé, una comunidad con raíces más profundas que aquella desesperación compartida con mis amigos negros leyendo las últimas estadísticas sobre delincuencia, o la  cesta y puntos que podíamos apuntarnos en una cancha de basket.”     (Dreams From My Father. P.115) 
Sin olvidar que, a medida que crecía su potencial electoral y se acercaba al de Hillary Clintom, Obama encontró la hostilidad de escritores e intelectuales del ala radical del nacionalismo negro, para los que su candidatura era afro-americana pero no en el sentido tradicional.
Así, el columnista negro de The New York Daily News, Stanley Crouch, ponía el dedo en la llaga al escribir que “aparte del color, Obama no compartía y no comparte su herencia con la mayoría de los negros americanos, que son descendientes de los esclavos de las plantaciones.” En el mismo sentido escribió Debra Dickerson, periodista negra que publica en “Salón”, una revista online, y  que utilizó un tono acusador: “La atribución de negritud a Obama es algo así como un anzuelo, ya que se le utiliza como un sustituto de un negro real(…)” (Al votarlo) no está usted adoptando un negro, descendiente de esclavos, sino que está reemplazando al negro por un inmigrante de reciente ascendencia africana, al que usted puede aprobar sin un sentimiento de culpa ni temor.”
Ambas citas corresponden a un trabajo de Ron Walters (2007) dedicado precisamente a Obama y la política de la negritud en el que sistematiza el estado de la cuestión a mediados de 2007. 
a) El caso de Obama, en cuanto que negro pero no descendiente de esclavos, no es tan raro. Los datos demográficos muestran un rápido crecimiento de negros que viven en USA pero han nacido en Africa.
En el siglo transcurrido entre 1891 y 1980, eran menos de 200.000. Pero en el período comprendido entre 1990 y 1999 llegaron a 346.000. Según el censo de la última década, su número se ha disparado hasta cerca del medio millón. (Walters, 2007, 11). 
b) Aunque este dato, y otros, apoyen el debate sobre aquellos factores que atenúan un concepto esencialista de “Cultura negra”, factores tales como el mestizaje, la inmigración, la clase social y otros, permanece una coherencia sustancial de dicho concepto en términos de conducta, como para aportar una legitimidad a su uso instrumental en el campo de la política. 
c) Como ya descubrió  el propio Walter en su libro Pan Africanism in the African Diáspora (1986), el intento de algunos negros norteamericanos que volvieron a Ghana en busca de sus raíces, para identificarse como africanos “tradicionales”, en el atmósfera de euforia independentista de los años ’60, quedó a menudo marcado por la burla de los indígenas africanos y finalmente fracasó. Análogamente, las comunidades negras viviendo en las diásporas de América, Londres. Latinoamérica o el Caribe experimentan las mismas dificultades interculturales en relacionarse los unos con los otros, como mostró en su día Foner (2001). 
c) Tales obstáculos pueden ser superados, según Walters “por la perspectiva universalista de Obama en temas políticos”(2007,13) tal y como lo describe Obama con sus propias palabras en una entrevista concedida National Public Radio, poco antes de su intervención en Selma, Alabama: “siempre ha habido cierta tensión entre el hablar en términos universales y el hablar en muy específicos términos raciales sobre las dificultades de la comunidad afro-americana. Debido a mis orígenes, prefiero hablar en términos universales.” 
d) Obama quiere, desde el comienzo, aparecer en el centro de la escena política.
Fue en el discurso ante la Convención Nacional Demócrata, en 2004, que le dio notoriedad en todo el país, cuando acuñó su famosa fórmula: “No hay una América liberal y una América conservadora—sino los Estados Unidos de América--. No hay una América negra y una América blanca y una América latina o asiática, sino los Estados Unidos de América.” 
Fórmula bienintencionada y conciliadora, pero que hubiera entusiasmado a Ronald Reagan, quien, en la noche del 28 de octubre de 1980, en su debate electoral con Carter, televisado al todo el país, preguntado por el periodista Hilliard del Portland Oregonian cuál creía que era el futuro del país como sociedad multirracial, contestó:
      “Creo en él. Soy eternamente optimista y tiendo a creer que hemos hecho un gran progreso  desde aquellos días de mi juventud, cuando éste país han no sabía que tenía un problema racial…”
Dada la edad de Reagan se estaba  refiriendo a los años ’30, cuando estaba en cota más alta la actividad del Ku Kux Klan.
Esta decisión de aparecer en el centro de la escena política le lleva a sacrificar algunas opiniones y a negar a su guía espiritual hasta ese momento, el pastor Jeremiah Wright Jr., personaje muy destacado en su autobiografía Dreams of my Father, con decisiva influencia en su  madurez como persona y en su compromiso como ciudadano. Pero el personaje desaparece de su siguiente libro, The Audacity of Hope, a pesar de que ese título procede, precisamente, de uno de los sermones del pastor negro.
Cuando, en marzo de 2007, a raíz de una entrevista en el canal TV Fox News, presentada por Hannity, el pastor Wright J. explica  el sistema de valores de la comunidad negra y su programa de liberación, el ataque conservador se desencadena, acusando al pastor y su grey de practicar un culto sectario y un racismo anti-blanco, frontero al terrorismo fundamentalista. Ello obliga al candidato Obama a marcar las distancias, con un celo quizá excesivo. En su discurso de Springfield (Illinois), anunciando su candidatura a la nominación por el partido Demócrata, aunque aparece una famosa cita de Lincoln referida a la esclavitud y la abolición – “una casa dividida contra sí misma no puede perdurar”,-- no aparece ninguna alusión a los problemas raciales americanos, ni referencia alguna al color de su piel, ni llega a pronunciar las palabras “negro” o “afroamericano”. Y en su discurso sobre la raza, en el Constitution Center, en Filadelfia, el 18 de marzo de 2008, corta definitivamente las amarras con su guía espiritual:
 Los comentarios del Reverendo Wright no sólo son erróneos, sino que generan la división, en un tiempo en que necesitamos la unidad; racialmente enconados en un tiempo en que necesitamos estar unidos para resolver una serie de problemas monumentales…
Obama resalta su papel en la cúspide de una nueva generación, como John Kennedy, y plantea  enérgicamente su deseo de liderar un proceso de transformación al resolver algunos de los más humillantes problemas de salud, educación, economía, de la tiranía de las petroleras, o el retorno a casa de las tropas en Irak para marzo de 2008. (Walters, 2007, 19).
Además de este posicionamiento en el centro, distante del gobierno Bush y del ala radical nacionalista negra,  el candidato Obama se ve obligado a adoptar lo que Walter llama, con suavidad diplomática, “los requisitos estructurales de la campaña”, es decir, la recaudación de fondos para comprar espacios en los canales de televisión  que mantengan al candidato visible y en contacto con el electorado, una de las más graves lacras del sistema político norteamericano.
En este apartado, Obama se muestra también como un organizador hábil y dotado. Mientras que Jackson no logró más de 3.5 millones $ en 1984 y no llegó a 10 millones $en 1988, veinte años más tarde, el candidato negro había logrado una capacidad de recaudación análoga a la de la senadora Clinton, en torno a los 20 millones $. Ello fue posible por la organización de cenas en las que mostraban su apoyo algunos famosos de Hollywood, como Spielberg, Clooney, Eddie Murphy o Barbra Streisand.
Aunque, probablemente, el respaldo decisivo, en esta fase de la carrera electoral, fue el que le prestó  Oprah Winfrey, una celebridad negra, con un programa diario de televisión que congrega a casi ocho millones y medio de espectadores y directora de una revista mensual con una difusión controlada de dos millones de ejemplares. Oprah, con un público fiel y entusiasta, cuyo estilo coloquial y cuyas claves emocionales domina, patrocinó una serie de eventos en ciudades de los estados más disputados –Iowa, Carolina del Sur, New Hampshire – en los que se reunieron multitudes de entre diez y treinta mil personas.
El apoyo de Oprah y su eco en los medios, así como el efecto conjugado de ambos factores sobre el electorado ha sido estudiado por Pease &Brewer (2008).
Tras la llegada de Obama a la Casa Blanca, la literatura académica en torno al fenómeno crece, y aparece documentado un “efecto Obama”, con una serie de tests que demuestran hasta que punto el ejemplo de su triunfo resulta benéfico: sube la nota de los estudiantes negros (Marx, Jin Ko, Friedman; 2009) y rebaja los prejuicios raciales de los blancos  (Ashby Plant y otros; 2009).
Como ejemplo del carácter fulgurante y quizá volátil del fenómeno, los resultados de otro test, publicado quince días después, desmienten dicho efecto.(Aronson, Jannone, y otros,2009). 
3. Dos factores poco estudiados: la transferencia del relato colectivo y el cambio de Mediaesfera.
Creemos que el enfoque del triunfo de Obama desde las claves de la negritud y le liderazgo pudiera ser ajustado y enriquecido si nos ocupamos del mensaje vertebrador de su campaña, de sus remotas raíces y del factor de innovación radical que supone la versión de “Yes, we can” en vídeo clip, desencadenando un triple efecto conjugado:

El crecimiento exponencial de la audiencia alcanzada.
La movilización de un voluntariado entusiasta y decisivo en el triunfo.
La dimensión global que el nuevo soporte añade a la notoriedad de Obama.  
En cuanto al mensaje vertebrador, “Yes, we can”, creemos que merece mayor atención, en cuanto a su arquitectura emocional y en cuanto a sus remotos orígenes.
“Yes, we can” es una afirmación, un estribillo, que brota en el discurso que Obama dedicó a sus seguidores, el 8 de enero de 2008, al cierre de unas primarias en el estado de New Hampshire, primarias que había ganado su rival, Hillary Clinton.
Tras una declaración de propósitos, grave y comprometida, que subiría inmediatamente a los titulares de prensa –“cuando sea Presidente terminaré la guerra de Irak y traeré nuestros soldados a casa”—comenzó a desgranar su letanía de afirmaciones que se cerraban con el “Yes, we can”
La primera se refiere al la singularidad del carácter y el destino del pueblo norteamericano: “Cuando tuvimos que afrontar adversidades insuperables (…) generaciones de americanos respondieron con un simple credo que resume el espíritu de un pueblo: Yes, we can. Yes, we can. Yes, we can.”
En un crescendo emocional contenido, el senador culminó su discurso con cinco párrafos que se cerraron con el mismo slogan, coreado por el público.
En estos párrafos encontramos el protagonismo de un sujeto colectivo. De los redactores de la Constitución; de los esclavos y abolicionistas y de los reformadores sociales. Protagonismo colectivo que, en el cuarto párrafo, se encarna en héroes contemporáneos, John  Kennedy y Martin  Luther King: “ el presidente que señaló la luna como nuestra nueva frontera y un rey que nos llevó a la cima de la montaña y nos señaló la tierra prometida”. Todo ello,  sin nombrarlos, mediante el uso de la metáfora.
Nunca mejor dicho: metáforas en el sentido más literal del término, donde el lenguaje va más allá de lo dicho y dispara su eficacia desde el sentido recto al figurado, de modo que todos los ejemplos son, en sí mismos,  estrofas de un relato épico de progreso ilustradas con imágenes de un caminar colectivo en el tiempo.
      a) El de los padres fundadores que inscriben en el texto constitucional las claves que, en el correr de los años, revelarán el destino de la nación. Una elevación de la Constitución a Escritura , un texto que se revela en el tiempo, una palabra que se cumple, una sacralización.
      b) El susurro de los esclavos y los abolicionistas, mientras abren, en la más negra noche, un sendero hacia la libertad.
      c) La canción que traían los inmigrantes llegados desde muy lejos y llevaban los pioneros que sea  abrían paso hacia el oeste.
      d) La consigna que unió a los trabajadores en sus incipientes organizaciones sindicales, a las mujeres en su lucha por conseguir el voto.
Tenemos aquí el despliegue de una épica sin claroscuros, en la que no aparece ni la represión sufrida por los sindicalistas –Obama se olvidó, en su discurso final en el parque Grant de Chicago, de los “mártires de Chicago” que en todo el mundo se recuerdan cada primero de mayo --, ni el exterminio racial llevado a cabo por los pioneros. Pero, sin duda, un tapiz de metáforas deslumbrantes.
Las metáforas, avisa Sfez (1988)”desbordan nociones y estructuras, nos remiten a otro tejido de propiedades que, por acumulación, dejan ver otra cosa distinta del objeto estricto que había servido de punto de partida” (…)”generalmente, la metáfora es constitutiva, es decir, fundadora” (1988,38)
Al poner en escena la gran metáfora del grupo que se autoafirma y consolida su identidad a través de una dura prueba, de una larga travesía en el desierto oceánico o territorial, en la dureza y la adversidad, Obama desborda  el ámbito de la lucha electoral por la nominación demócrata –aún está en la fase de las elecciones primarias –y nos remite a “otro tejido de propiedades”, a un fondo emocional insospechado y compartido, acumulado en muchas generaciones y reactivado por su palabra y su presencia.
Lo hace en un tono claramente homilético, en una línea que ya marcó en su libro The Audacity of Hope: Thoughts on Reclaiming the American Dream,(2006) y que pronto fue reconocido y catalogado como parte de una tradición norteamericana, el “sermón jeremiaco americano” (American Reclamation Jeremiad) y analizado en esa clave por Harrell,Jr.(2009). El pensamiento de Obama, expresado en su libro, compartía las tres características del sermón o exhortación jeremiaca: una advertencia a la sociedad, porque ha pecado violando sus valores básicos; un aviso de inminente catástrofe si la sociedad no retorna a sus valores; una llamada a la vuelta a dichos valores para evitar la destrucción.
Pero el autor del artículo, Harrell,Jr., de una parte, sitúa a Obama en una línea de grandes voces proféticas, líderes de la emancipación negra y la reforma social, como Frederick Douglass, W.E.B. Du Bois o Martin Luther King, pero de otra parte, en la bibliografía con la que apoya su categorización, cuatro de los cinco autores citados (Johannsen,R;1986), (Jones&Rowland,2005),(Murphy, 2009),(Ritter&Henry,1992) se centran en la figura de Ronald Reagan, cuyo canto a la libertad se refirió menos a la libertad de afiliación sindical que  a la libertad de crear una empresa.
“De acuerdo con Bercovitch (1978) el sermón jeremiaco americano “fue un viejo latiguillo formulario, una forma ritual importada hasta Massachussetes en 1630, desde el viejo mundo europeo…”(2009,6). 
4.-Un impulso que viene de lejos. En la Biblia, en el libro del Éxodo, habla Yavé: “Yo os libertaré de los trabajos forzados de los egipcios y os salvaré a brazo tendido y por grandes juicios. Yo os haré mi pueblo, y seré vuestro Dios…”(Ëxodo 6;6-8)
El pueblo se constituye al ponerse en marcha (Cascales, 2009). La metáfora es fundacional y descubre las raíces de Israel como nación teocrática , organizada en torno a Yavé, que da instrucciones precisas – y sanguinarias- para propiciar la huída. Y con la puesta en marcha arranca el tiempo histórico, el tiempo memorable.” Este me será para nosotros el comienzo del año, el mes primero del año.”(Ëxodo,12;2).
Esta liberación de la tiranía del faraón tiene su eco, siglos más tarde, en el episodio de la cautividad de Babilonia, que termina cuando Ciro el grande permite a los judíos volver a su tierra.
Ambos relatos marcados por el sufrimiento, la nostalgia y la liberación terminan construyendo un relato mítico de esperanza colectiva, alimentada por la memoria y la tradición oral, refrendada por los textos bíblicos, y proyectada en el horizonte histórico de cada tiempo y lugar.
Cuando, en 1492, las juderías castellanas reciben la orden de expulsión de los Reyes Católicos, el cronista Andrés Bernáldez utiliza el relato de la huída a Egipto en clave acusatoria, para justificar la atmósfera hostil que preludia la expulsión (Cascales, 2009,3). En el imaginario de los judíos, la figura del faraón es sustituida por la de los cristianos, aunque los judíos creían que Yavé milagrosamente los defendería y que por su mano serían llevados a la tierra prometida. Cuando se cumple el plazo marcado en el edicto de expulsión, el cronista, testigo presencial,  relata la trágica decepción:
      “…los que fueron a embarcar por el puerto de santa María e Cáliz, así como vieron la mar davan muy grandes voces e gritos, onmbres e mugeres, grandes e chicos, con sus oraciones demandando a Dios misericordia, e pensavan ver algunas maravillas de Dios que se les avía de abrir camino por la mar.E desque estuvieron allí algunos días e no vían sobre sí sino mucha fortuna (infortunio) algunos no quiseron ser nascidos.” (Bernáldez, 1988,258). 
En el primer  tercio del siglo XVI, tras la llegada de la imprenta, la traducción del antiguo y el nuevo testamento a las lenguas vernáculas protagoniza uno de los grandes debates de la cultura europea.
En 1611 aparece en inglés la King James versión, ordenada por el monarca, una obra madura y canónica, que evita los arcaísmos y utiliza un inglés claro y bello. Supone un salto en la Mediaesfera, en el sentido de Debray (1991), desde la tradición medieval, oral o manuscrita, a una versión impresa. Las Biblias vernáculas, teñidas de clandestinidad y desafío a la autoridad pontificia, incorporan los relatos de la huída de Egipto, del paso del mar Rojo por Moisés y la cautividad de Babilonia, entre otros muchos, a la tradición evangélica.
En la liturgia protestante, la Palabra se convierte en la protagonista del servicio dominical, basado en un texto de la Biblia leído y predicado como autoridad suprema en materia de fe y de orden social.
Escribe Cassirer (1989) que “el mito no hace más que trasladar a la forma de narración un determinado fondo de representación que como tal está dado” (1989,29).
El relato mítico de la esperanza colectiva  se proyecta, en 1620,  en otro horizonte, los puritanos cruzan ahora otras aguas peligrosas, que ya no son las del mar Rojo sino las del Atlántico y huyen de un faraón despótico e impío, la sombra de la restauración absolutista y católica en Inglaterra, con la certeza de que la mano divina guía sus pasos y bendice su empresa.
Pero su empresa es, fundamentalmente, una empresa de blancos. Y en el escenario de la tierra prometida aparecerán pronto otros personajes, los negros, que llegan hasta allí contra su voluntad.
Dos negros nacidos  en la esclavitud y que rescataron su libertad, Absalon Jones y Richard Allen, fundaron en 1787 la Free African Society, la primera asociación religiosa y benéfica dirigida por negros y dedicada a ellos en la historia de los Estados Unidos. En ese año se redacta la versión final de la Constitución norteamericana, en la que se alude de pasada a la población esclava, contabilizando a cada negro, a efectos demográficos, por las tres quintas partes de una persona blanca.
En el sur aparecen los primeros pastores negros de confesión baptista en Georgia y Carolina del Sur. Es el caso de Andrew Bryan, nacido esclavo en 1737, en una plantación cerca de Charlestón. Era el cochero de su amo blanco, Bryan, arrestado por predicar la Biblia a los esclavos. Temiendo que el mensaje de igualdad –aunque sólo fuera espiritual – de todos los cristianos, y las historias bíblicas de liberación provocaran una sublevación de los negros, los plantadores de Georgia prohibieron a sus esclavos oír los sermones del pastor  Andrew  Bryan, y quienes se atrevían a hacerlo eran azotados y encarcelados. No obstante, y con el apoyo de algunos simpatizantes, Andrew fue ordenado y su iglesia consagrada a 1788. Más adelante, levantó en Savannah la Bryan Street African Baptist Church, la primera iglesia negra en Estados Unidos.
Esa es la historia oficial, la que se recoge en los archivos. Pero hay otra historia, que funciona en otra Mediaesfera, la historia oral, como la recogida de viva voz por T.W. Higginson y publicada en la revista Atlantic Monthly(1867).  
 
5.- La Biblia oral. En esa historia oral de las canciones de esclavos que se reúnen al anochecer, en medio del campo, están los ecos de la mítica historia de liberación de un pueblo, que los amos blancos cuentan en sus iglesias, y que los esclavos repiten en sus claves de fervor ágrafo.
Allí está Canaan, la tierra prometida por Yavé a su pueblo:
“Hold your Light, Brudder Robert
Hold your Light
Hold your Light on Canaan’s shore.”
  Allí está el río Jordán como destino, aludiendo al Ohío, frontera entre tierras de esclavos y tierras de hombre libres:
“Jordan River, I’m bound to go
Bound to go, bound to go
Jordan River, I’m bound to go
And bid’e in fare ye well.” 
En algunas de estas letras de espirituales brota el prodigio de las aguas del mar Rojo, que primero se abren y luego se cierran, ahogando al ejército del Faraón de Egipto:
“My army cross over
My army cross over
O, Pharaoh’s army drownded!
My army cross over.”
Tras cruzar en la tradición oral  de la Diáspora el medioevo europeo, tras aparecer en la versión vernácula e impresa de la King James Bible, el soporte narrativo vuelve a ser oral, deformado y cadencioso.” Nunca el fabuloso relato de dolor, esperanza y liberación había encontrado un pueblo como el de los esclavos de las plantaciones, tan subyugado y atento, una carne tan castigada y propicia” (Cascales, 2009). 
Esta tradición oral ritualizada perdura a lo largo de todo el siglo XIX en las comunidades negras, y aflora con vigor en las marchas por los Derechos Civiles de la década de 1960. Cuando en The Audacity of Hope Obama hace una llamada a sus conciudadanos para que cambien su rumbo, insiste en  el optimismo que ha sustentado los principios democráticos de la nación, “una tradición que fluye desde los días fundacionales de la nación hasta la gloria del movimiento por los Derechos Civiles” (Harrell Jr.,2009,2). En su discurso de Selma, Alabama, el senador confesó que su vida “se asentaba en los hombros del movimiento de Derechos Civiles”, que hizo posible que su padre viniera a América, y sin el cual él no hubiera llegado a nacer, y que era la responsabilidad de esta generación – “Joshua generation”—transmitir el movimiento a la siguiente centuria. (Walters, 2007, 22).
Obama contó en su autobiografía su experiencia en la iglesia negra del Pastor Wright, y consideraba ese texto lo suficientemente importante como para leerlo en su discurso en el Constitution Center de Filadelfia. 
      La gente comenzó a gritar, a levantarse de los asientos, a dar palmadas y llorar, un viento poderoso arrastraba la voz del reverendo hasta la gente(…) Y en esta simple nota --¡esperanza!—yo escuché algo más; al pie de este crucero de iglesia, en el interior de los miles de iglesias de la ciudad…
Y aquí, arrastrado por sus propias palabras, el autor evoca otra poderosa figura del imaginario nacional, el padre Mapple con su púlpito  terminado en el espolón de proa de un barco, en  “Moby Dick” (Melville,2009,84)
… imaginé las historias de sencilla gente negra mezcladas con las historias de David y Goliat, Moisés y el Faraón, los cristianos en el cubil de los leones(…) Aquellas historias –de supervivencia, libertad y esperanza—se convirtieron en nuestras historias, en mi historia; la sangre derramada era nuestra sangre, las lágrimas, nuestras lágrimas; hasta que esta iglesia negra, en este día luminoso, más pareció un navío llevando la historia de un pueblo hasta las futuras generaciones  y hacia un mundo más ancho. 
6. El cambio de Mediaesfera. En un texto brillante y polémico, Cours de mèdiologie gènerale, Debray(1991) sentó las bases de una disciplina a la que llamó “mediología” y que, en la huella de la Escuela de Toronto, enfatizaba el papel del soporte  de toda comunicación como creador de sentido y de cultura. Alejándose tanto de la tradición de Peirce y Morris que parte del concepto de signo como elemento primario de todo el sistema semiótico, como de Saussure y sus seguidores que toman como campo de trabajo la antinomia Lengua/Habla, Debray (1991) dedicó la octava lección de su tratado a proponer la idea de “Mediaesfera”, según la cual no se puede separar la operación del pensamiento, en ninguna época, de las condiciones técnicas de inscripción, transmisión y almacenamiento que la hacen posible.
Afirma que cada Mediaesfera  suscita un espacio/tiempo particular, o sea,  un realismo diferente. No so trata del mismo mundo según que esté soportado por papel, celuloide, cinta magnética, ondas hertzianas o bloques de datos digitales. De ello resulta, en cada ocasión, otra certidumbre y otro sentido de la orientación.
La difusión del “Yes, we can” estuvo a cargo no sólo de la prensa, radio y  televisión. El 2 de febrero se puso en la red un Videoclip, grabado en un estudio de Los Angeles, de cuatro minutos y medio de duración, en el que sobre una base de estilo Rhytm and Blues, trozos del discurso de Obama se mezclaban con una versión cantada por una estrella del hip-hop y otros treinta y ocho artistas. Con ello el impulso ancestral, encarnado en el “Yes, we can”, ingresaba en una nueva Mediaesfera.
Antes de que terminara el mes había  recibido doce millones de visitas, y en marzo pasaron de los veintidós millones.
Al concluir la campaña, confirmado el triunfo de Obama, tuvo lugar una cumbre dedicada al instrumento Web 2.0 , --Web 2.0 Summit, San Francisco—en la que Arianna Huffington, editora de “The Huffington Post”, resumió la experiencia:” De no haber sido por Internet, Barack Obama no hubiera llegado a presidente. De no haber sido por Internet, Barack Obama un hubiera sido candidato.” (B.C.Miller, 2008). En la reunión estaba el asesor de la campaña del candidato Howard Dean en 2004, pionera en el uso de Internet para conseguir pequeños donativos de millares de simpatizantes. Este asesor, llamado Trippi, insistió en que “las herramientas cambiaron entre 2004 y 2008(…) Usando la Web 2.0 interactiva, la campaña de Obama ha cambiado el modo en que los políticos organizan a los simpatizantes, se anuncian ante los votantes, se defienden de los ataques y se comunican con la gente”. “El clip oficial de la campaña, que crearon especialmente para You Tube, fue visto durante un total de 14.5 millones de horas. Comprar ese tiempo en televisión hubiera costado 47 millones de dólares”(B.C. Miller; 2008, 1).
La nueva Mediaesfera cambió la orientación del relato de esperanza colectiva, provocó un crecimiento exponencial de la audiencia, desencadenó una movilización sin precedentes del voluntariado, logrando más de tres millones y medio de personas, y proporcionó a Obama una dimensión global. Radhika Parameswaran, que ha estudiado éste aspecto del fenómeno (2009), describe otras versiones del culto a Obama aparecidas en YouTube, “una versión que transfiere su estatus de celebridad y su identidad negra al lenguaje popular y global de Bollywood”(2009,200). “Bollywood Obama” mezcla imágenes de Obama pronunciando discursos electorales con trozos de films de Bollywood con jóvenes indias danzando frenéticamente. En una escena, cuando Obama empieza a hablar, su boca se llena con imágenes de jóvenes indias con adornos tradicionales que escenifican la erótica habitual de las fantasías musicales de Bollywood. Otros signos visuales—la bandera india yuxtapuesta a Obama, que habla; la cara de Obama retocada con marcas de henna; el nombre de Obama que destella a través del Taj Mahal—contribuyen a la tarea de transformar a Obama en un icono global, llamado un DESI en Asia meridional.” (2009,200).
Para concluir, Steven V. Roberts, de The International Journal of Press/Politics, organizó una reunión para debatir el papel de la prensa en la campaña electoral de 2008. En esa reunión, Jurkowitz, director adjunto del Project for Excellence in Journalism, afirmó:
Pienso que es imposible ignorar el impacto del fenómeno viral del vídeo en esta campaña. Dos eventos son importantes .Uno, los sermones del Reverendo Wright, que pronto fueron favoritos en You Tube, y el discurso sobre la raza pronunciando el 18 de marzo por Obama para afrontar este asunto .Ante todo, millones de personas verán, observarán y analizarán dichos eventos online, más de las que nunca hubieran conectado un canal mostrando los videoclips. O sea, que hay una expansión dramática de la audiencia. Dos, la gente puede hacerse su propia opinión sin ningún tipo de influencia por parte del medio. Esto es un factor enormemente significante.

 

7.- Bibliografía y notas
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