Revista Latina de Comunicación Social 38 – febrero de 2001

Edita: LAboratorio de Tecnologías de la Información y Nuevos Análisis de Comunicación Social
Depósito Legal: TF-135-98 / ISSN: 1138-5820
Año 4º – Director: Dr. José Manuel de Pablos Coello, catedrático de Periodismo
Facultad de Ciencias de la Información: Pirámide del Campus de Guajara - Universidad de La Laguna 38200 La Laguna (Tenerife, Canarias; España)
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[diciembre de 2000]

Estudio cuantitativo de las fuentes en el periodismo español especializado en ciencia

(5.673 palabras - 11 páginas)

Dr. Carlos Elías ©
Investigador FPI - Departamento de Ciencias de la Información de la Universidad de La Laguna

Metodología

Se han seleccionado seis meses del año 1998: febrero, marzo, abril, mayo, junio y julio. Se ha eliminado enero, porque muchas de las informaciones proceden de 1997 y porque al contener un periodo vacacional largo –el de Navidad- no es un mes representativo del año pues algunos suplementos dejan de publicarse. Hemos finalizado en agosto porque también es un mes atípico: los periódicos disminuyen su número de páginas, desaparecen los suplementos de ciencia y mucha de la información está elaborada por becarios, por lo que no se puede analizar con los mismos parámetros que la de otros meses.

Debo aclarar que el uso de modelos cuantitativos basados exclusivamente en estadísticas tienen escaso valor probatorio de hipótesis propuestas, según las últimas investigaciones relativas a los estudios de metodologías adecuadas en estudios sobre comunicación de masas. Los resultados estadísticos pueden variar de forma importante de un año a otro. La información es algo muy cambiante y, por tanto, no se deben extender las conclusiones de un periodo de tiempo a otros diferentes. Investigadores en metodología como Roger D. Wimmer y Joseph R. Dominick (1) consideran que los resultados cuantitativos de una única medición empírica sólo pueden interpretarse como una indicación de lo que puede existir. El estudio aislado, señalan los investigadores, proporciona un tipo de investigación que equivale a decir: "Esto es lo que podría ser la situación" (Wimmer, 1996: 40). Como no existen estudios parecidos en la bibliografía a la que he tenido acceso, los resultados concernientes a estos seis meses los presento desde la perspectiva de "por estos derroteros parece que va este asunto", pero obviamente nos gustaría que más investigadores los reprodujeran y, sobre todo, que estudiaran otros periodos de tiempo para averiguar si los resultados obtenidos coinciden con los nuestros.

Con el objeto de minimizar los errores derivados de cuantificar temas de gran variabilidad, se ha evitado realizar estadísticas de, por ejemplo, los asuntos más difundidos, pues éstos varían con el tiempo y su estudio en un periodo determinado no deja de ser anecdótico. Así, por ejemplo, mientras que en 1995 y 1996 el sida fue la información biomédica más repetida en la prensa española (2), en 1997 y 1998 fue, sin duda, la clonación. Un análisis estadístico sobre tipos de informaciones sólo tiene valor de forma coyuntural para el periodo de tiempo en el que fue realizado, pero no pueden realizase generalizaciones a partir de los mismos.

En esta investigación se ha intentado estudiar sólo aquellos parámetros que, aunque coyunturales, tienen tendencia a consolidarse. Así, debido tanto a la experiencia profesional como periodista como a recientes estudios de investigadores de la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense que aseguran que más del 70 por ciento de las informaciones que se publican en la prensa española son inducidas, en especial por los gabinetes de comunicación, creí oportuno averiguar la proporción de la información científica total que provenía del centro científico más importante de España –el CSIC- y de su gabinete de comunicación, pues no existía ningún estudio sobre su impacto en prensa española.

También había observado una tendencia de "internacionalización" de la información científica. Se sabía que en España sólo se genera el 2,08 de la producción científica mundial por lo que la mayoría de las noticias tendrán, obviamente, que producirse en el exterior. Pero hasta ahora no existía un dato concreto y sospechaba que con las nuevas tecnologías de la información, en especial de Internet y de los adelantos informáticos, los periodistas españoles estaban cada vez más cerca de los científicos internacionales. Había que averiguar qué porcentaje de la información científica publicada en España tenía como fuente a un científico o un centro extranjero.

También se creyó relevante conocer el impacto de las diferentes revistas científicas en prensa española. Las revistas relevantes como Nature o Science disponen de gabinetes de prensa y de una política comunicativa cada vez más agresiva con los medios de comunicación. Tampoco existía un estudio de ese tipo (3) relativo a la prensa española (4) por lo que creí conveniente acometer un recuento de las informaciones procedentes de revistas internacionales así como en qué medios aparecían y cuáles de ellas eran más utilizadas por los periodistas españoles.

En total, para esta investigación, he estudiado desde distintos puntos de vista un total de 1.458, informaciones de las que 439 proceden del CSIC.(5)

Las condiciones para clasificar las informaciones fueron las siguientes:

1.- Se han seleccionado los diarios de tirada nacional: El País, Abc, El Mundo, Diario 16, La Vanguardia y El Periódico de Cataluña.

2.- Se han incluido las noticias de la sección de sociedad de los diarios así como las que aparecen en sus suplementos dominicales tipo revista. También aquellas que se publican en los suplementos científicos y se han diferenciado de las que aparecen en la sección de sociedad, para averiguar el impacto de los suplementos de ciencia.

3.- Como la definición de ciencia es muy abstracta y cada vez más amplia: ciencia es la lingüística, es el estudio de la literatura, del arte, de la sociología o de la economía; hubo que acotar la definición para poder tener un criterio estricto a la hora de seleccionar las noticias que entrarían en la estadística. En esta investigación se pretendía estudiar las informaciones referidas a lo que normalmente se conoce como ciencias experimentales, pero esta definición tampoco está clara. Tras largas disquisiciones, se tomó como base para este estudio aquellos artículos periodísticos que consideran, amplían, explican o informan sobre aquellos aspectos incluidos como conocimientos de ciencias en la Educación Secundaria Obligatoria (ESO) española. Es decir, básicamente lo que se imparte en las asignaturas de ciencias de la naturaleza y física y química. Esto abarca temática tan diversa como la física nuclear, pues en la ESO se explica el átomo, el cáncer o la clonación, pues se imparte la célula; la Tierra y el universo, pues en el temario está la geología y el medio ambiente en general, pues en la ESO también se explican nociones de botánica, zoología y meteorología. Me gustaría resaltar que aunque esta definición parezca escueta, en la realidad no lo es, pues de hecho en ella entran, incluso, todas las informaciones biomédicas pues no hay que olvidar que en la ESO también se imparte el cuerpo humano.

Debo aclarar que bajo esta definición se ha desechado la información exclusivamente institucional que no aporta datos científicos. Un acuerdo para construir un nuevo hospital o una huelga de médicos no lo hemos considerado como información científica. Sí se ha incluido la referida a la ciencia como cuerpo doctrinal y a los científicos. Sus problemas, sus estadísticas o estudios sociológicos que les afectan. Esta aclaración es relevante, pues en 1998 se produjeron numerosas huelgas y manifestaciones de jóvenes científicos en paro.

4.- Las entrevistas a investigadores, aunque no expliquen en ella ningún concepto científico, si trabajan en las áreas descritas y hablan de temas relacionados con las ciencias, también se han incluido.

5.- Asimismo se han contabilizado los artículos de opinión, escritos por científicos o no, pero que tratan sobre el conjunto de problemas que afecta a la ciencia. No se han incluido los artículos de opinión escritos por científicos pero relativos a otras materias. (6)

6.- Tampoco se han incluido, obviamente, las paraciencias, aunque no se han descartado aquellas informaciones que tratan de un descubrimiento científico pese a que en la información se ignore la revista científica en la que se han publicado los resultados. Este punto suscitó diversas deliberaciones en el sentido de qué criterio elegir. Si sólo considerábamos aquellas noticias en las que se explicitaba la revista corríamos el riesgo de perder informaciones relevantes. La inexperiencia o la falta de periodistas especializados en ciencias provoca que en muchas ocasiones el redactor no considere relevante citar la revista que ha publicado los resultados del hallazgo. Esto suele suceder, sobre todo, cuando la revista es poco conocida. Por tanto, el criterio se definió en función de la fuente. Si ésta era un profesor universitario o de algún centro de investigación reconocido asumimos que lo que decía era ciencia. (7) Debe insistirse en que tan importante como el hallazgo es la revista y la sección de ésta en la que se publica.

7.- Todas las informaciones en las que aparece el CSIC se cuentan como de esta institución. El problema surgió cuando una información era publicada en Nature, Science o cualquier otra revista pero la fuente era un investigador del CSIC. Se tuvo en cuenta que como en estos casos es el CSIC y no la revista en concreto quien informa a los periodistas, lo lógico, al pretender estudiar la influencia real de los emisores en el proceso de comunicación social de la ciencia era contabilizar esas informaciones como del Consejo.( 8) Si las hubiésemos incluido en la contabilidad de las revistas se hubiesen falseado los datos, pues los medios de comunicación le dedican más espacio a una información que viene redactada desde el gabinete del CSIC, que cuando son ellos los que deben acudir a Nature y traducir la información.

Tampoco parecía lógico contarlas dos veces –una por el CSIC y otra como revista científica- pues la estadística final estaría falseada; como se ha mencionado anteriormente, una de las variables a estudiar era la procedencia de la fuente. A mi juicio, está claro que en el caso de noticias relacionadas con científicos del CSIC, la fuente es española aunque publique en una revista extranjera.

8.- Se han descartado las noticias científicas calificadas como "breves". Habitualmente estas informaciones científicas breves aparecen en los suplementos científicos. En El País se incluyen en la sección "Moléculas" con una media de 6 breves en cada suplemento. En Abc se insertan en la sección "Periscopio" y en ella tiene cabida una media de 8 breves (9)

9.- En este trabajo de investigación hemos considerado noticia con fuente extranjera el siguiente tipo de información:

  1. Aquella en la que el científico es extranjero y trabaja en un centro del extranjero. Con esta premisa consideraremos como información procedente del exterior no sólo, obviamente, la facilitada por periodistas de medios internacionales como Reuter, Le Monde, The New York Times, etc., sino a aquella firmada por corresponsales de diarios españoles en el extranjero y referida a científicos de otros países. Sin embargo, la de corresponsales españoles en el extranjero referida a científicos españoles, por ejemplo los que participaron en la misión del Neurolab, la hemos considerado información con fuente española.

  2. Como nuestro criterio básico ha sido el origen de la fuente, hemos considerado como noticia con fuente extranjera todas aquellas entrevistas realizadas en España por redactores españoles a científicos extranjeros que han venido al país, por ejemplo, con motivo de un congreso internacional.

  3. También son noticias con fuente extranjera las publicadas por las revistas internacionales, con la excepción ya comentada de aquellas en las que el autor sea del CSIC. Esto lo hemos diferenciado, repito, por la constancia que tenemos de que en el caso del CSIC la delegación de Nature en Madrid avisa al gabinete de prensa de la institución para que elaboren ellos y no Nature el plan de comunicación. En el caso del resto de las instituciones o universidades españolas, Nature no tenía en 1998 ningún contacto, por lo que en el caso de que se publicara una investigación elaborada por científicos de una universidad española, los redactores de los medios nacionales se enteraban por Nature o por Science, no por el gabinete de esa universidad en concreto, especialmente si la universidad no estaba ubicada en Madrid o Barcelona. Esta circunstancia, corroborada por Amanda Wren, nos hizo tomar la decisión de considerar como fuente extranjera aquellos artículos escritos por españoles pero publicados en revistas internacionales, siempre y cuando la información facilitada sea simplemente el resumen de Nature o de cualquier revista científica y no existiera una entrevista directa con el investigador. Cuando ocurre que el investigador español firmante de un artículo en una revista extranjera habla directamente con el periodista, hemos considerado la fuente como española.

10.- También se han incluido en este recuento los artículos de opinión que expresan algún aspecto de la ciencia o del quehacer científico. Se han eliminado las cartas al director que expresan estos temas. Esta última decisión también puede ser discutible, pero hemos considerado que para conocer el verdadero impacto de la información científica es más relevante averiguar qué cantidad de noticias de ciencia aparecen: lo cual implica que de entre todas las disponibles se haya optado por las científicas y desdeñado otras informaciones. Ese era nuestro sistema de estudio. Las cartas al director no sabemos con qué criterios se seleccionan a la hora de publicarlas y, a nuestro juicio, no son representativas del impacto de la información científica en 1998. Por ello se han excluido del recuento.

Exposición general de los resultados obtenidos

Como ya hemos señalado, en los seis meses estudiados hemos contabilizado un total de 1.458 noticias publicadas en los seis diarios estudiados y relacionadas como temas científicos. Todas ellas se han seleccionado en el sentido descrito en páginas anteriores. Una media aritmética nos llevaría a afirmar que se ha publicado una media de 243 noticias cada mes o, lo que es lo mismo, 8 noticias diarias. Teniendo en cuenta que se ha seleccionado 6 diarios, podríamos concluir que, cada día, cada uno de ellos publica como mínimo una noticia y que dos de ellos incluyen dos. Sin embargo, la realidad no es tan plana y admite múltiples matices.

En primer lugar, el 52 por ciento de esas noticias aparecieron en los suplementos de ciencia o salud de los diarios El País, El Mundo y Abc. En segundo lugar, porque, como también veremos, no todos los diarios estudiados publican la misma cantidad de noticias científicas.

Resulta relevante que de las 1.458 noticias, 439 tengan como fuente el CSIC, lo cual supone el 31,1 por ciento del total y el 48,1 por ciento de todas aquellas cuya fuente es un investigador o centro español. Es decir, casi la mitad de las noticias publicadas en los principales periódicos españoles procede de científicos que investigan en el CSIC. Este porcentaje no se corresponde con el número de investigadores que es un 4,25 por ciento (10) del total nacional ni con el de la investigación realizada, un 20 por ciento (11) de toda la que se hace en España, aunque existen estudios que la sitúan en un 16 por ciento. Debe aclararse asimismo que para este cálculo se han eliminado todas las informaciones del accidente ecológico de Aznalcóllar en las cuales aparecía el CSIC, pues fue esta institución la encargada de elaborar los informes científicos. El CSIC apareció entre febrero y julio en 246 noticias relacionadas con este accidente, lo que sumado a otras noticias del CSIC (439) dará un total de 685. El CSIC aparecería así en el 57 por ciento de la información con fuente española.

Otro dato interesante es que el 35 por ciento de las 1.458 informaciones analizadas proceden de investigación extranjera, lo que implica un fuerte carácter internacional de la información científica.

También es significativo que de ese porcentaje de fuentes extranjeras, el 45 por ciento son artículos elaborados a partir de los comunicados de prensa –press release- de revistas de difusión científica como Nature, Science o Proceedings. Otro dato relevante es que de ese 45 por ciento de las fuentes extranjeras que no son entrevistados por los periodistas, sino que aparecen como consecuencia del resumen de prensa elaborado por las revistas científicas, el 37,6 (12) por ciento son artículos publicados por Nature. Esta revista es también la que más impacto tiene, entre las generalistas, según el índice ISI y sitúa por delante de la segunda en la clasificación, Science. Detallaremos, por tanto, los mecanismos de difusión de Nature por representar, a nuestro juicio, el paradigma del emisor científico proveniente de los gabinetes de comunicación de las revistas especializadas.

Las fuentes extranjeras y españolas

Como he apuntado con anterioridad el 35 por ciento de la información científica publicada en España por sus seis diarios de tirada nacional durante los seis meses de 1998 estudiados corresponden a informaciones en las que la fuente es extranjera. Ya he explicado también lo que se ha considerado en este estudio como fuente extranjera, de forma que abordaremos el análisis de ese resultado.

Como no tenemos constancia de estudios parecidos respecto a este asunto, no sabemos si este porcentaje ha crecido o no en los últimos años. En cualquier caso, este valor del 35 por ciento de información extranjera se puede analizar desde dos puntos de vista: como que es una cifra elevada, que implica dependencia de la información y la ciencia internacional, o como que es pequeña en función de la ciencia que se genera en España. Analicemos, primero, este último punto.

Si tenemos en cuenta que España en 1998 sólo produjo el 2,08 por ciento de la ciencia mundial, cabría preguntarse cómo es posible que el 35 por ciento de la información publicada en España corresponda al 97,92 por ciento de la producción científica –que es la hecha por científicos extranjeros- y, por el contrario, el resto –el 65 por ciento- informe del 2,08 de la producción científica, que es la elaborada por españoles. Para explicar, que no justificar, esta paradoja deben, al menos, mencionarse varios factores. Uno de ellos sería que la información periodística sobre ciencia no sólo abarca los descubrimientos científicos publicados en las revistas especializadas, sino que incluye reportajes intemporales, entrevistas a científicos españoles que reciben un premio, conclusiones de los diferentes congresos científicos o, simplemente, la opinión de los científicos españoles como expertos en los más variados reportajes periodísticos. Sin embargo, en mi opinión, el desfase entre información con fuente española y la relevancia de éstas en el contexto internacional es excesivamente elevado y favorables a las fuentes españolas y puede indicar que los ciudadanos de este país no estamos debidamente informados sobre los avances científicos mundiales y que padecemos una especie de "miopía o chovinismo nacional".

Sería interesante conocer si estos desfases también se producen en otros países. Así, si Estados Unidos produce, según el ISI, el 35,82 por ciento de la ciencia mundial, habría que estudiar qué porcentaje de las fuentes que aparecen en sus periódicos de tirada nacional corresponden a fuentes extranjeras. Sería significativo conocer los mismos estudios en Francia (5,88 por ciento de la producción mundial) o Japón, Australia, Holanda, etc. Es decir, es necesario conocer si la información científica que se publica en los diferentes países del mundo está o no condicionada por la pertenencia de los investigadores a ese país. Aunque periodísticamente la cercanía de la fuente es un valor a la hora de publicar una noticia, habría que averiguar en qué grado esto resulta relevante y en qué medida se deja de publicar información científica importante simplemente por el hecho de haber sido producida en otro país. No hay que olvidar que la ciencia no tiene fronteras y que a la hora de seleccionar la información que se publica debe primar más la importancia científica del descubrimiento que el lugar de procedencia del descubridor.

Esto no significa que no deba impulsarse la publicación de noticias referidas a la ciencia española. Pero, según este estudio existen muchas disfunciones en este sentido. Así, por ejemplo, el dato correspondiente al CSIC en el sentido de que el 48,1 por ciento de las fuentes españolas procede de esa institución que sólo cuenta con el 4,25 por ciento de los científicos nacionales y con el 20 por ciento de la producción, pone de manifiesto una clara disfunción en cuanto a la publicación de informaciones. Los periodistas de medios nacionales no indagan en lo que se investiga en otras universidades españolas y los gabinetes de prensa de éstas no saben o no intentan difundir en el ámbito nacional los resultados de las investigaciones de sus instituciones. (13)

Sin embargo, lo que tampoco considero periodísticamente aceptable es primar informaciones en función del lugar de origen del investigador. Titulares como "Dos españoles descubren...", o "Dos catalanes, dos canarios... descubren..." sólo ponen de manifiesto un complejo de inferioridad respecto a la ciencia muy importante. Este complejo de inferioridad o de ignorancia también se pone de manifiesto en titulares que destacan el origen estadounidense o de ciertos países europeos del investigador objeto de la entrevista. Así, en las informaciones publicadas en los seis meses estudiados y que correspondían a científicos entrevistados en congresos internacionales celebrados en España, la mayoría de ellos era de origen estadounidense. El periodista destaca este dato "como relevante", porque cree que le da prestigio a su trabajo de conseguir un "buen personaje a quien entrevistar". Cuando el entrevistado es chino o pakistaní se resalta que trabaja "en una universidad estadounidense" y cuando no es así, el periodista suele caer en el tópico de preguntar "cómo se puede hacer investigación en el país de donde usted procede".

Resulta evidente que antes de seleccionar al entrevistado, debe conocerse su trayectoria y un periódico nacional como El País no debe primar la publicación de una entrevista a un científico mediano pero que participa en un congreso en Barcelona –lugar donde tiene corresponsal científico- e ignorar a otros de mayor categoría científica, que participan por las mismas fechas en otros lugares. En este sentido, debo destacar la importante cantidad de científicos, sobre todo astrofísicos, de relevancia internacional que van a Canarias, y el escaso eco que tiene su presencia en España en los medios nacionales.

Tampoco parece razonable la consideración de muchos responsables de periódicos españoles –jefes de sección, redactores jefes, directores- de considerar de poca valía la investigación hecha por españoles.

La internacionalización de la información científica

Lo que sí se desprende no sólo de los datos relativos a ese importante porcentaje de información extranjera en la prensa española sino, sobre todo, de los datos de la producción científica mundial, es que la información científica es cada día más dependiente de la sección de internacional. Los redactores especializados en ciencia deben tener un contacto muy directo con los corresponsales extranjeros y, desde luego, no deben estar sometidos a los dictámenes de la información nacional. Debería ser cada día más frecuente que en un mismo reportaje aparecieran científicos españoles y extranjeros. Las nuevas tecnologías de la comunicación y, en especial, Internet, deben facilitan esta labor. Sin embargo, en la actualidad muchos periodistas científicos españoles están más inmersos en la sección de sociedad –más conectada con los temas nacionales- que en la de internacional, lo cual puede explicar, también, el hecho de la excesiva información con fuente española.

Los tres diarios de mayor difusión nacional –El País, El Mundo y Abc- se han amoldado a los tiempos aunque de diferente manera. Así, tanto El Mundo como Abc hacen uso con frecuencia de sus corresponsales en el extranjero para elaborar la información científica. Abc es el que mejor utiliza esta técnica, pues sabedor de que su corresponsal en el extranjero no es un periodista especializado, las informaciones que éste envía son completadas, aclaradas y contextualizadas desde Madrid por los dos redactores científicos con los que cuenta este periódico.

El Mundo también utiliza mucho a sus corresponsales en el extranjero -Carlos Fresneda y Felipe Cuna- sobre todo al último, pero le falta periodistas especializados capaces de coordinarlos y, sobre todo, de contextualizar la información y aclarar determinados conceptos desde Madrid. La diferencia también se hace patente por cuanto que en Abc, sobre todo en los suplementos, incorporan la opinión de relevantes investigadores españoles sobre el campo científico que ha sido noticia. A El Mundo le faltaban, en el primer semestre de 1998, aún esos reflejos que son consecuencia de no disponer de periodistas especializados y de llevar poco tiempo –apenas 10 años- como periódico.

El diario El País manifiesta los vicios de un gran diario en el que sus empleados se consideran "cuasi funcionarios". Sus corresponsales extranjeros rara vez escriben sobre ciencia, aunque sí lo hacen sobre política o, alguna vez, sobre sociedad, pero carecen de la versatilidad de los de El Mundo. Cuando la información que se produce en el extranjero es relevante, la firma algún redactor de un diario internacional con los cuales El País tiene compromisos firmados –Le Monde, The New York Times o el servicio de noticias de Nature, etc.-, pero a esos reportajes les falta la opinión de científicos españoles al respecto. Estos artículos firmados por corresponsales extranjeros –Henry Gee, James Glanz, Alison Abbott o Phillip Ball, entre otros- están, no obstante, muy bien escritos, en el sentido que los estadounidenses tienen de la divulgación y que me parece muy acertado. La diferencia con Abc es que este diario contextualiza la información internacional con lo que sobre ella se investiga en España. Esto, que no lo hace El País, favorece que la noticia publicada por Abc además de describir el hallazgo concreto, nos informe sobre la situación de la ciencia española en ese campo concreto.

Respecto a la información institucional (14) –comisiones parlamentarias sobre financiación de ciencia, inauguraciones de centros o premios concedidos a determinados científicos- es el diario Abc el que más noticias recoge sobre estos hechos, en especial de los dos últimos. Estos tres diarios tienen asumido que un porcentaje importante de la información científica es internacional.

En el caso contrario se sitúa la agencia Efe, la cual, tendiendo un elevado potencial humano trabajando en la sección de internacional en Madrid, así como un importante despliegue de redactores y corresponsales en distintos países del mundo, sigue teniendo su departamento especializado en ciencia vinculado totalmente a la sección de nacional. Esto ha provocado numerosos despistes informativos por los cuales la agencia no ha cubierto relevantes descubrimientos internacionales que han sido portada de los diarios nacionales. Las normas internas de la agencia Efe impiden que los redactores de la sección de ciencia de Madrid aclaren o contextualicen las informaciones que un redactor elabora en una delegación extranjera. Tampoco permiten que los responsables de la sección científica coordinen la información que se produce en otros países del mundo. Estas delegaciones en el extranjero están dirigidas por la sección de internacional, cuyos responsables, al igual que todos los periodistas españoles excepto los dedicados a ciencia, están más sensibilizados por la información política que por la científica y priorizan la primera frente a la segunda. Resulta significativo, por ejemplo, que las informaciones publicadas por Nature o Science no puedan ser elaboradas desde Madrid, sino que tengan que ser redactadas por los corresponsales de Londres y Nueva York y, además, sin el asesoramiento de los especialistas de Madrid. Los perjudicados son todos los lectores de periódicos regionales, que no disponen de corresponsales en el extranjero ni de redactores especializados en ciencia. La frustración se genera cuando se les escapa una importante noticia que los diarios nacionales la presentan en portada. A una agencia como Efe, financiada en una proporción muy importante con dinero público, no se le puede permitir que por fallos en su organización interna se le escapen o no explique de forma clara y divulgativa noticias científicas generadas en el extranjero. La divulgación de la ciencia y, en general, de la cultura, debería ser una de las misiones fundamentales de cualquier medio de comunicación financiado con cargo a los presupuestos públicos.

Notas

    Wimmer, Roger D. y Dominick, Joseph R. 1996. La Investigación científica de los medios de comunicación: una introducción a sus métodos. Ed. Bosch-Comunicación. Barcelona.

    Alarcó, Antonio. 1999. Tesis doctoral (inédita) "Periodismo científico. Información biomédica en prensa". Universidad de La Laguna.

    Existe algún estudio en este sentido, entre ellos uno del Observatorio de Comunicación Científica de Barcelona y otro de Journal of American Medical Association (JAMA), pero ninguno de ellos se ha referido específicamente a prensa española.

    En conversación telefónica con la delegada de Nature en España, Amanda Wren, reconoció que ni siquiera ellos han estudiado el impacto de sus noticias en prensa española. Confirmó, no obstante, que a partir de 1998, año en el que se abrió la delegación de Nature en Madrid, la cantidad de artículos científicos que aparecen en esta revista firmados por investigadores españoles se ha incrementado notablemente.

    La cifra de 439 informaciones procedentes del CSIC debe matizarse; en principio parecería un contrasentido que si en un año el CSIC apareció en 2.959 informaciones, en los seis meses estudiados sólo conste en 439. Este hecho se explica porque de las 2.959 noticias que estudiamos en el capítulo del CSIC, hemos eliminado para éste, por considerar que no se ajustan a los criterios de selección, 340 noticias relativas a información institucional; 418 de humanidades y ciencias sociales, 592 del accidente ecológico de Aznalcóllar, 154 de la Residencia de Estudiantes, 181 correspondientes a anuncios y convocatorias y 333 de los diarios regionales. Tras eliminar estas informaciones, nos quedaríamos con que el CSIC apareció en 941 ocasiones durante 1998 en noticias que cumplen nuestro criterio de selección. Esto haría que, si todos los meses se publicara de la misma manera, lo cual no es cierto, en nuestro periodo de 6 meses tendríamos 470,5 noticias. La diferencia, 31 noticias de menos que aparecen en este capítulo con relación a la media aritmética (470,5 – 439 = 31) puede explicarse, bien porque en los seis meses estudiados el CSIC apareció algo menos de la media, pero, sobre todo, porque para el recuento en este capítulo no hemos contabilizados las noticias breves y para el del CSIC sí se hizo.

    Durante la época de estudio aparecieron entrevistas y artículos de opinión de científicos como, por ejemplo, Alfredo Pérez Rubalcaba o Jaime Lissavetzky, ambos científicos del CSIC, pero que opinaban en calidad de políticos. Esos artículos no se han incluido.

    Esto provocó que, por ejemplo, se incluyera una información no contrastada ni avalada por otros científicos que es la referida a que "Dos valencianos dicen ser capaces de obtener energía barata del agua" (El Mundo, pág. 22, 7-02-98). Ninguna revista de prestigio ha querido publicar este hallazgo y ningún científico ha podido reproducirlo. Sin embargo, la fuente era Antonio Cervilla y Elisa Llopis, ambos profesores del Departamento de Química Inorgánica de la Universidad de Valencia y miembros del Instituto de Ciencias de los Materiales de esa universidad. La institución nos mereció confianza e incluimos la información entre las científicas.

    De las 439 noticias que tienen como fuente el CSIC en el periodo de tiempo estudiado, son 94 (21,4 por ciento) las que citan alguna revista científica extranjera.

    Una contabilidad aproximada de estos breves podría realizarse teniendo en cuenta que en el periodo estudiado se han incluido 27 suplementos de El País (Futuro) cada uno de los cuales cuenta con una sección denominada "Moléculas" que incluye una media de 6 breves. En el periodo estudiado se incluyen asimismo 26 suplementos de Abc Cultural. En él aparece una sección denominada Periscopio en la que se publica una media de 8 breves. Se estudiaron asimismo 26 suplementos de Salud de El Mundo, en cuya sección "El Bisturí" se incluye una media de 5 breves y una fotografía.

    Para elaborar este porcentaje he utilizado los datos suministrados por la Secretaría de Estado de Educación y Universidades del MEC según los cuales en España había, en 1998, 55.122 investigadores en términos EJC (equivalencia en jornada competa). Esto es, teniendo en cuenta que a los profesores universitarios no se les contabiliza como una unidad sino como 0,4 o 0,6 según su dedicación a la investigación. Los científicos del CSIC como sólo se dedican a la investigación y no imparten docencia se contabilizan como uno. He preferido utilizar parámetros EJC en lugar de los investigadores reales –que son muchos más- porque así pueden compararse en los mismo términos los investigadores del CSIC con los universitarios. En estos 55.122 investigadores también se incluyen los pertenecientes al resto de los organismos públicos de investigación (OPIs) como pueden ser, entre otros, el Instituto de Astrofísica de Canarias o el Instituto Español de Oceanografía.

    Este dato ha sido facilitado por el Institute for Scientific Inforamtion (ISI) que con sede en Filadelfia (Estados Unidos) estudia la producción científica mundial teniendo como base las revistas donde se publican así como el impacto de las mismas. El periodo de estudio fueron los artículos publicados por investigadores de centros españoles desde 1994 hasta 1998. Una cifra que ascendió a 83.757 artículos, lo que supone el 2,08 por ciento de la producción científica mundial. De ese porcentaje, según el estudio del ISI, el 20 por ciento de la misma corresponde a científicos que trabajan en el CSIC. Según esta clasificación, España ocupa el undécimo puesto en el ranking mundial de producción científica encabezado por Estados Unidos (35,82%), Reino Unido (9,24%), Japón (8,67%), Alemania (7,42%), Francia (5,88%), Federación Rusa (4,96%), Canadá (4,77%), Italia (3,49%), Australia (2,40%) y Holanda (2,40%). Respecto a la producción del CSIC, un estudio elaborado por profesores del Departamento de Biblioteconomía y Documentación de la Universidad de Granada, basado en los trabajos publicados en 6.432 revistas de referencia entre 1991 y 1998, rebajan la producción del CSIC al 16 por ciento y cuantifican la producción científica de las 43 universidades públicas españolas en el 77 por ciento del total de producción científica en España. La disparidad en los datos obtenidos por el ISI y la Universidad de Granada puede deberse a que el periodo de tiempo estudiado ha sido distinto.

    En esta cifra están incluidas todas las informaciones publicadas no sólo en Nature, sino también en sus revistas satélites.

    Muchos de los periodistas entrevistados para este trabajo se hacen eco del mal funcionamiento de los gabinetes de prensa de las universidades españoles respecto a informar sobre las investigaciones que en ellas se llevan a cabo.

    Respecto a la información institucional o de política científica, la responsable de información científica de El País, Malén Ruiz de Elvira, señaló que su periódico no suele publicarla porque, dijo, "en España nunca pasa nada relevante en esos ámbitos digno de ser noticia. Todo está tan controlado y se tiene tanto miedo a hablar, que no se produce una coyuntura propicia para informar bien de esos temas".


FORMA DE CITAR ESTE TRABAJO EN BIBLIOGRAFÍAS:

Elías, Carlos (2001): Estudio cuantitativo de las fuentes en el periodismo español especializado en ciencia. Revista Latina de Comunicación Social, 38. Recuperado el x de xxxx de 200x de:
http://www.ull.es/publicaciones/latina/2001/latina38feb/122elias3.htm