Revista Latina de Comunicación Social 38 – febrero de 2001

Edita: LAboratorio de Tecnologías de la Información y Nuevos Análisis de Comunicación Social
Depósito Legal: TF-135-98 / ISSN: 1138-5820
Año 4º – Director: Dr. José Manuel de Pablos Coello, catedrático de Periodismo
Facultad de Ciencias de la Información: Pirámide del Campus de Guajara - Universidad de La Laguna 38200 La Laguna (Tenerife, Canarias; España)
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[enero de 2001]

Mitos sobre la globalización y las nuevas tecnologías de la comunicación

(2.687 palabras - 6 páginas)

Dr.Francisco Estupiñán Bethencourt ©

La Laguna (Tenerife)

La revolución tecnológica que se iniciara en la década de los 70 se expande en la actualidad como la formulación de un nuevo paradigma social y económico que está generando el mito de una transformación sin precedentes en la vida de la humanidad, produciendo una comunicación instantánea de ámbito planetario, con efectos colectivos e individuales, que redundan en una generalización de la calidad de vida hasta cotas sin precedentes: desde un acceso ilimitado al conocimiento a un consumo con costes menores.

Este mito ha sido posible por la inmediata aplicación práctica que han tenido las Nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación (NTIC) en los procesos de producción, por una parte, y por el decidido apoyo que la aplicación de las nuevas tecnologías encontró en el ámbito político, a través del presidente norteamericano Ronald Reagan y su acólita europea Margaret Thacher, que apoyaron de manera inmediata un proceso global de liberalización económica.

Precisamente, este proceso terminó por allanar el terreno a la expansión de este liberalismo, con la caída del sistema de socialismo real de los países del Este europeo, que no supo responder a los nuevos retos tecnológicos ni tampoco a los retos de la sociedad informacional. Se daban, pues, todas las condiciones para el auge del llamado pensamiento único: el triunfo del capitalismo frente al comunismo venía a corroborar, según esta lógica, que éste era el único sistema posible y su desarrollo a ultranza lo más conveniente para la humanidad.

Quedaba, de esta forma, el camino desbrozado para las entidades representativas del capitalismo financiero, que con las nuevas vías de comunicación abiertas por las NTIC, lograban un sueño latente desde el origen del propio sistema, cual es el de un mercado sin límites ni fronteras tanto en los procesos de producción como de comercialización. Resultados palpables de esta estrategia son el GATT iniciado en la conocida por Ronda Uruguay, las actividades de la Organización Mundial del Comercio (OMC) y el frustrado Acuerdo Multilateral de Inversiones (AMI), dirigido a dotar a las multinacionales de una capacidad de acción que no pudiera estar limitada ni por la soberanía estatal. Porque lo que han traído las NTIC no es una transformación social, sino, bien al contrario, "un proceso fundamental de reestructuración del sistema capitalista. En el proceso, esta revolución tecnológica fue remodelada en su desarrollo y manifestaciones por la lógica y los intereses del capitalismo avanzado, sin que pueda reducirse a la simple expresión de tales intereses" (Castells, 1998: 39). Ello ha traído consigo que "la globalización da enorme influencia a los agentes no-políticos y despoja de poder a los poderes electos a favor de los no-electos" (Carlos Fuentes, 2000: 15).

Esta lógica capitalista, ahora con aspiraciones antidemocráticas más generalizadas, es la que se ha impuesto en la revolución tecnológica, como en tantos otros casos, como prueba que su doble moral ha imperado con rapidez: Hace ya algunos años, la constancia de la existencia de un turismo sexual organizado para pederastas con destino en el Sudeste asiático se puso en evidencia gracias al uso para su oferta, primero, como para su denuncia, después, de las NTIC y su aplicación en la comunicación social. Tal situación llevó a que muchos países occidentales cambiaran su legislación para condenar en su propio país de origen a quienes hicieran uso de la prostitución infantil en los citados estados asiáticos.

Sin embargo, esta medida, positiva, no ha sido trasladada a otros ámbitos, como el del condenado trabajo infantil, a pesar de que hay constancia de que multinacionales como Ikea o Nike recurren a la explotación de menores de edad también en países asiáticos para abaratar los costes de su producción, violando tanto convenciones internacionales --la Convención de Derechos de los Niños y Niñas de Naciones Unidas, por ejemplo-- como la legislación nacional de los países occidentales.

Tal situación pone en entredicho el mito de que las NTIC producen un bienestar universal, para todo el planeta, gracias a la globalización, porque lo que en realidad sucede es "que los países más industrializados del mundo pueden inclinar sus actividades laborales hacia la información y reducir su trabajo productivo manual gracias a la fuerza de trabajo de los que viven en el otro lado del espectro, que son quienes producen las materias primas utilizadas en los países del primer mundo" (Aparici, http://www.ntedu.org/mitos/nuevastecnos.htm). Con ello consiguen dos objetivos: reducir sus costes de producción por las pésimas condiciones laborales del denominado tercer mundo e imponer el criterio de no intervención política en los procesos económicos con el fin de desmantelar el estado del bienestar logrado en los países desarrollados.

Mientras, en el primer mundo sufrimos el acaso de unas estrategias de marketing destinadas a promover el consumo de esas nuevas tecnologías de forma irracional, creando en la población necesidades ficticias, como la generalización del uso de la telefonía móvil sin que sus usuarios se planteen si con ello cubren una necesidad o simplemente responden a estímulos publicitarios. Así, podemos ver a niños y jóvenes que acuden a sus centros de enseñanza, por ejemplo, con sus teléfonos celulares para estar siempre a disposición de los requerimientos de sus amigos, respondiendo a campañas de marketing destinadas específicamente a ellos. Lo que no sucede en los países empobrecidos, donde no vale la pena invertir, según la lógica capitalista, en promover el consumismo, conscientes como son las multinacionales de que su población no tienen rentas capaces de costear esas nuevas tecnologías.

Pero si el mito del bienestar general que supone la globalización es el más importante por las repercusiones políticas que pretende tener, cubriendo con pátina de futurismo una explotación más salvaje, las NTIC generan, además, otros mitos más específicos sobre su uso. Estos, que están convenientemente sistematizados por Víctor Manuel Marí Saez (Marí,1999: 57), al cual seguimos, serían los siguientes:

1.- Abundancia de información, de canales, de gratificaciones que se asocian a un mayor nivel de conocimiento y de compresión de la realidad.

Este mito es espurio. En primer lugar, la abundancia de canales y de información no supone el acceso de los países empobrecidos, que son mayoritarios, ni tampoco las informaciones circulantes responden a su contexto. En segundo lugar, y en lo que atañe a los países desarrollados, se sabe que un altísimo porcentaje de la información que circula por Internet, por ejemplo, es inservible como tal información, inútil o redundante, y también que un alto porcentaje de contenidos está dedicado a la pornografía y al comercio, no al conocimiento. En cuanto a los mass media convencionales, como el caso de la televisión, la información está dominada cada vez más por los contenidos rosas o amarillos, como sucedió recientemente con el comisario de policía cuya muerte fue emitida por las cadenas de televisión sin reparar en cuestiones deontológicas; lo importante era el impacto y la atracción sobre las audiencias.

No obstante, sí es verdad que las NTIC, especialmente Internet, están siendo usadas por instituciones que facilitan la transmisión de información (universidades, revistas electrónicas...) o movimientos alternativos que reflexionan sobre importantes problemas de actualidad. Es poder, pero también contrapoder.

2.- Transparencia de la sociedad y sus instituciones, de los medios de comunicación, a la hora de presentar y "re-presentar" la realidad.

Tal premisa, desde nuestro punto de vista, es rigurosamente falsa. El uso de los medios de comunicación por las instituciones ha sido en múltiples ocasiones para la manipulación de la opinión pública, como en el caso de la desastrosa intervención norteamericana en Somalia; la guerra del Golfo, donde el uso de la mentira fue prolijo, como está bien documentado; o la intervención de la OTAN en Kosovo, en la que este organismo militar ha intentado ocultar el número real de muertes civiles a causa de sus errores. En todos estos casos, lo que se buscaba era propaganda y no información por los gobiernos y la mayoría de medios de comunicación se prestaron a esta intención (para un análisis sobre este asunto ver: Ramonet, http://www.cip.fuhem.es/EDUCA/pap52_03z.htm) .

Del mismo modo, los grandes grupos mediáticos, comprometidos con la globalización, están controlados por grupos políticos y de presión, como ejemplifica el diario español El Mundo y las encuestas manipuladas que publicó para las elecciones generales de 1996. O el caso del grupo Prisa, que ha dejado de ser crítico con la Conferencia Episcopal Española a cambio de que su empresa de libros de textos no estuviera vetada en los colegios religiosos. Ni la institución eclesiástica ni el grupo mediático llegan a un acuerdo de estas características en pro de la transparencia.

3.- Ubicuidad o la posibilidad de la omnipresencia de los flujos informativos.

También este mito es fácilmente cuestionable, pues esta ubicuidad de la información sólo se da en los países ricos y sólo es accesible para esos mismos países, generando nuevas desigualdades. Por otro lado, esa misma ubicuidad lleva aparejado un nivel de saturación importante para las audiencias y una trivialización y manipulación de los contenidos, como vimos en el punto precedente.

4.- Instantaneidad real que potencialmente favorece la conexión en directo entre dos puntos del planeta.

Este mito es el que ha configurado la forma de proceder de los medios de comunicación en los últimos decenios, generando tantos problemas como ventajas. La telefonía móvil, los satélites, la telefoto han permitido que la lucha por el directo sea una prioridad para los medios informativos actualmente. Pero la transmisión en directo de los últimos bombardeos sobre Bagdad no han servido para analizar las inevitables consecuencias de éstos sobre la población civil y promover un amplio debate sobre si es justo o no que un pueblo de millones de personas sufra lo que hacen unos pocos gobernantes despóticos. Ni tampoco las atrocidades rusas en Chechenia han servido para que se desencadenara un movimiento internacional de oposición, más temerosas las instituciones internacionales de molestar al gobierno de Moscú que de los derechos humanos vulnerados en las personas de los chechenos.

5.- Interactividad, como la posibilidad de que emisor y receptor intercambien plenamente sus roles.

Este concepto podría ser un hecho, pero en la realidad lo que se produce es que los receptores, en la mayoría de los casos, siguen siendo considerados consumidores, lo que hace que sólo tengan un papel subsidiario, pasivo. No se pretende fomentar la participación y el debate, sino formar las opiniones y aumentar las estadísticas de audiencia para aumentar la inversión publicitaria. Además, exaltar una interactividad que se reduce a apretar botones es ya la hipérbole de todos los mitos.

En resumen, podemos decir que este conjunto de mitos que se quieren extender sobre las NTIC, como creo que es evidente, tienen que ver con el propósito de prodigar la idea de que el progreso humano es el cúmulo de recursos y la diversidad de sus atributos, pero no se incide en que estos recursos deben propiciar la razón crítica frente a la instrumental ni promover un conocimiento del mundo que lo haga más solidario y más justo, como correspondería al avanzado estado de desarrollo actual. Bien al contrario, "el desarrollo de estas tecnologías está permitiendo el control imperialista de los pueblos con más intensidad por la vía de la manipulación de las conciencias de las personas (...)" (Gago, http://members.es.tripod.de/TecnologiaSociedad/visual/gago.htm) hasta el punto de que las biotecnologías que podrían permitir la erradicación del hambre en el mundo sólo promueven foros internacionales para debatir sobre las condiciones de la liberalización de su comercio, como en la reciente cumbre de Montreal, sin que provoquen un debate mediático de la intensidad y las proporciones que estos progresos merecen. O que la investigación sistemática del genoma humano tuviera como una de sus primeras reacciones el formalizar patentes, incluso antes de que los genes patentados estuvieran plenamente identificados.

Tal es así que, desde el anuncio público de la fusión de AOL y Time Warner, (Expansión. Martes, 11 de enero de 2000. Página 3) en los únicos aspectos en los que inciden los medios de comunicación en relación con las nuevas tecnologías es el de un nuevo modelo de desarrollo económico hacia el que hay que dirigir la inversión privada. Así, los medios han insistido en que es la mayor fusión de la historia, sumando un capital superior al PIB de muchos países. Este hecho no genera ninguna reflexión crítica, sino que pretende simplemente dar idea de la magnitud colosalista de la fusión y provocar una euforia entre los inversionistas para dirigir los capitales a este sector.

En este línea sigue el mismo diario económico en la edición citada, pero en su página 23, cuando da cuenta de la jornada del día anterior en el mercado continuo de valores de España: "Las tecnologías vuelven a la carga" es el gran titular y se explica: "La bolsa logró otro día de avances, aunque la sesión fue de más a menos. El optimismo que rodea a los valores tecnológicos y de alto crecimiento permitió que la jornada se saldara con signo positivo". Esto es, son los valores tecnológicos los que están haciendo subir los mercados especulativos, es en este sector donde hay que invertir para generar beneficios.

En esta idea de que la alianza entre industrias de Internet y de contenidos nace una revolución, El País del martes 25 de enero de 2000 anuncia la fusión de Time Warner con Emi como un cambio radical en el negocio de la música, que supone ventajas para los usuarios por el hecho de que no tendrán que acercarse a una tienda real, sino que lo harán en una virtual y sin salir de casa. No obstante, la información no deja de destacar: "La operación supondrá un recorte de 3.000 empleos de una plantilla de 23.000 trabajadores", aunque su contenido sigue manteniendo el envoltorio de la euforia para dar cuenta de la fusión. Es una estrategia general que se ilustra regularmente con informaciones sobre la riqueza lograda por las personas que han tenido iniciativas empresariales emprendedoras en el campo de las tecnologías, como Bill Gate o Steve Case. La razón instrumental está tan arraigada en nuestra sociedad que el gran mensaje a destacar es la riqueza material, las posibilidades de sumar dividendos.

Y entre todas estas informaciones signadas por la euforia del nuevo mundo económico generado por Internet, no deja de aparecer alguna con contenidos de advertencia, como la publicada en el suplemento Negocios, página 21, del diario El País del domingo 6 de febrero. Pero de advertencia sobre lo que supone no invertir en el sector tecnológico, no de los nuevos problemas sociales que genera. A este fin dedica una plana impar destinada a advertir a la Unión Europea de que se queda rezagada en el desarrollo de negocios en la red, y no sin tonos apocalípticos: "Europa, frente a Internet" ya da idea de enfrentamiento y el subtítulo aclara definitivamente el contenido: "Salomón Smith Barney (un consultor que asesoró en la fusión AOL-Time Warner) advierte de que la red es ya más una amenaza que una oportunidad".

Por supuesto, frente a esta ofensiva mediática de los últimos meses para promover euforia en torno a la inversión en NTIC, pocas informaciones hemos podido leer en la prensa dedicadas al análisis sereno de las consecuencias que sobre el empleo tienen estas gigantescas fusiones, ni mucho menos indagar en la brecha aún mayor que se abre entre países ricos y pobres. Entre otras razones, porque los grandes grupos mediáticos tienen grandes inversiones que hacer y más beneficios que obtener de este proceso de configuración de nuevos y más fuertes oligopolios. Sólo algunos reputados intelectuales, avalados por sus firmas, hacen llegar sus análisis críticos a través de esporádicos artículo de opinión.

Bibliografía

Castells, Manuel (1998): La era de la información. Volumen 1: La sociedad red. Madrid, Alianza Editorial.

Fuentes, Carlos: "La nueva izquierda". El País, viernes 4 de febrero de 2000.

Aparici, Roberto: Mitos de la educación a distancia y de las nuevas tecnologías. http://www.ntedu.org/mitos/nuevastecnos.htm.

Marí Saez, Víctor Manuel (1999): Globalización, nuevas tecnologías y comunicación. Madrid, Ediciones de la Torre.

Ramonet, Ignacio: Información y conflictos armados. http://www.cip.fuhem.es/EDUCA/pap52_03z.htm.

Gago, Alfonso: El comercio mundial de la tecnología. http://members.es.tripod.de/TecnologiaSociedad/visual/gago.htm


FORMA DE CITAR ESTE TRABAJO EN BIBLIOGRAFÍAS:

Estupiñán Bethencourt, Francisco (2001): Mitos sobre la globalización y las nuevas tecnologías de la comunicación. Revista Latina de Comunicación Social, 38. Recuperado el x de xxxx de 200x de:
http://www.ull.es/publicaciones/latina/2001/latina38feb/129estupinan.htm