Revista Latina de Comunicación Social 41 – mayo de 2001

Edita: LAboratorio de Tecnologías de la Información y Nuevos Análisis de Comunicación Social
Depósito Legal: TF-135-98 / ISSN: 1138-5820
Año 4º – Director: Dr. José Manuel de Pablos Coello, catedrático de Periodismo
Facultad de Ciencias de la Información: Pirámide del Campus de Guajara - Universidad de La Laguna 38200 La Laguna (Tenerife, Canarias; España)
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[marzo de 2001]

Violencia, inmigración y xenofobia: el periodismo, frente a los grandes retos informativos

(6.980 palabras - 12 páginas)

Lic. Juan Manuel Cardoso Carballo ©

Doctorando en Comunicación Audiovisual - Universidad Complutense de Madrid / Periodista, jefe del Gabinete de Prensa del ayuntamiento de Badajoz. España

1. Los contenidos informativos tradicionales siguen vigentes. A casi todo el mundo le interesa, con mayor o menor intensidad, lo que ocurre en el planeta (teniendo en cuenta la era espacial, incluso lo que pasa en el universo), en su país, en su región, en su ciudad, en su pueblo, en su barrio, en su calle... y, por supuesto, en las casas de los demás. No es sólo curiosidad, que hay mucha, a veces excesiva, cercana a lo enfermizo, casi siempre acompañada de numerosos argumentos que a modo de excusa tratan de explicar lo inexplicable o algo tan sencillo como que el ser humano es por naturaleza un poco o un mucho fisgón y le gusta saber qué le pasa a los demás y por qué. Pero, insisto, no es sólo curiosidad, también hay una insaciable necesidad de saber, de conocer, de adentrarse en los territorios de lo desconocido. Así que, todo sigue interesando: política, cultura, sociedad, espectáculos, deportes, medio ambiente, economía, salud, motor... y los sucesos. Mucho se ha escrito e investigado sobre el afán de los consumidores de información por conocerlo todo alrededor de un suceso, de una tragedia, de una catástrofe. Las conclusiones siempre aparecen relacionadas con el morbo del ser humano, ese interés innato o sobrenatural que, sin explicación lógica, racional y sensata, se despierta ante alguien que llora o sangra, ante un muerto, preferiblemente con un acto violento previo, frente a una escena de dolor, sufrimiento y tragedia que, dicen, despierta las emociones más escondidas de la persona. Y no siempre emociones de compasión, tristeza, solidaridad o dolor, que sería lo más recomendable o normal, sino emociones de disfrute, de satisfacción por ver situaciones que de alguna manera a uno le gusta ver y si le gusta, es que lo pasa bien, que está encantado. Está encantado porque no le ha pasado a él y/o porque mañana podrá comentarlo con su círculo de amistades, ya que el espacio que ha albergado noticia tan particular será el que mayor audiencia habrá tenido. Así, y no de otra forma, se puede explicar la proliferación de revistas y periódicos especializados en sucesos y con tiradas que para sí quisieran los medios de información general; así es fácil entender los programas de televisión donde se buscan a desaparecidos, se analizan crímenes y actos delictivos de todo tipo y condición, y cada cual acude a contar sus miserias más íntimas e inconfesables para escándalo de una audiencia que sin embargo permanece enganchada a la pantalla; y así no es difícil comprender los programas de radio que, con nocturnidad, premeditación y alevosía incentivan las llamadas telefónicas de oyentes que, mintiendo o no, con una imaginación que supera a la ficción o con experiencias reales que para sí quisieran los guionistas de películas, cuentan profundidades de sus vidas que pueden quitar el sueño a cualquiera casi para el resto de sus vidas. Los medios de comunicación continúan ofreciendo contenidos -renovándose, es verdad- que apetecen a los consumidores de los mismos y los sucesos, tragedias, catástrofes y otras circunstancias donde la sangre y el dolor aparezcan sin recato no son echados en saco roto sino que se reciben con interés, con expectación y con el morbo suficiente como para comentarlos al día siguiente con los amigos, la familia o los compañeros de trabajo. Se trata de contenidos informativos que se transforman pero que no mueren jamás.

2. Sin embargo, el periodismo se enfrenta con el nuevo milenio a viejos contenidos que resurgen con fuerza por el impacto que provocan en la sociedad actual. Me refiero a la violencia, la inmigración y la xenofobia –entendida como un paso más allá de degradación humana para quien la manifiesta; el racismo distingue miserablemente en función de la raza mientras que la xenofobia, simplemente pero trágicamente, denigra y maltrata al extranjero sin importar su raza o color de piel-, temáticas que ocupan cada vez más mayor número de espacios en los medios de comunicación. En los periódicos, telediarios o informativos de radio no es raro ver que abran su catálogo de noticias del día con alguna o varias referencias a tres de los grandes problemas a los que se enfrenta el mundo de hoy porque, por ejemplo, la inmigración, por mucho que haya habido, especialmente a lo largo del siglo, un descomunal movimiento de personas de unas tierras a otras, obligadas o por propio deseo, es ahora cuando los ciudadanos toman consciencia de ella precisamente porque ahora se ve y se conoce, y se conocen sus efectos y consecuencias y se recibe una cantidad brutal de información y opinión al respecto que permite a cualquier persona formarse un criterio sobre el asunto. El flujo de personas moviéndose de un lado para otro empujados por el hambre, la miseria, las guerras, la persecución política o religiosa, la falta de oportunidad o, sencillamente, porque se han cansado del hogar donde vivían y quieren probar en otro lugar es algo que sale por televisión, que protagoniza ejercicios de periodismo de investigación y especializado, que provoca primeras páginas y grandes titulares en los grandes y más influyentes periódicos, que involucra a las emisoras de radio en debates desconocidos hasta el momento. La Europa del Este y su éxodo hacia el rico oeste, los "espaldas mojadas" persiguiendo a través de la frontera mexicana el sueño americano, los balseros que vuelven, que no regresan o que mueren ahogados, como los ocupantes, cientos, de las pateras que atraviesan el estrecho de Gibraltar después de atravesar las estepas y selvas africanas, los turcos llegando a Alemania, los hindúes buscando un lugar en Gran Bretaña, la población de los Balcanes de un lado para otro huyendo del frío real y del frío de la guerra, Latinoamérica entera sumida en un proceso de migraciones nunca antes conocido y, al otro lado, tras los telones de acero o terciopelo, tras las mafias que trafican con personas o tras la ruina por haber vendido todo lo que se quedaba atrás, tras soñar durante mucho tiempo con un nuevo mundo de más y mejores oportunidades, la realidad. Una realidad bastante diferente, dura, cruda, inhumana, peligrosa. Algunos no llegan a conocerla pero otros tienen que aprender a convivir con ella. Una realidad llena de obstáculos, de problemas, de sueños rotos, de incomprensiones, de racismo y xenofobia, de violencia y persecución, de esperanzas truncadas. Esta es la auténtica realidad y no la de aquellos que con un poco de suerte o ayuda externa logran sobrevivir en más o menos dignas condiciones en el nuevo destino en el que acaban de desembarcar. Con esto no quiero decir que hay que impedir o desanimar a quienes desean asumir los riesgos y emprender el camino de la emigración, lo que quiero dejar claro es que nos encontramos ante un asunto de magnitud incalculable y que genera noticias un día sí y otro también. Y, por si eso fuera poco, ingredientes como la incultura, el enriquecimiento rápido, el trabajo duro y sin especializar, la disponibilidad de mano de obra barata, la falta de control administrativo y unas infraestructuras casi inexistentes, contribuyen a crear la base ideal para un posible conflicto en aquellas zonas donde la emigración convive en situación límite con los habitantes del lugar, como ocurrió a principios de 2000 en la localidad almeriense de El Ejido, donde un brote racista y xenófobo a punto estuvo de convertirse en una guerra social donde los emigrantes eran el objetivo. Lo que vino después fue un intenso debate sobre lo sucedido. Los medios de comunicación enseñaron cosas –la verdad o parte de la verdad, uno nunca se puede fiar completamente- a las que la sociedad en general no estaba acostumbrada. ¿Así somos de racistas, de xenófobos, de excluyentes, de intolerantes con los inmigrantes?, se preguntaba la gente de bien. Otros brotes surgidos en diversos lugares de España, principalmente donde la población de inmigrantes, esencialmente africanos, es mayoritaria, comenzaron a encender las luces de alarma por todo el país. La Oficina Permanente de la Inmigración estudia trimestralmente el comportamiento de los medios de comunicación en asuntos de inmigración, racismo y xenofobia. Para el primer trimestre de 2000, los datos en la prensa han sido los siguientes: de diez periódicos analizados (tres de ellos de ámbito nacional y el resto de gran implantación más allá de sus zonas de influencia), salen 2.190 noticias siendo los periódicos El País y La Verdad de Murcia los dos que superan las 300 que se referían a las administraciones, legislación y otras noticias (10’02%), nueva ley de extranjería (11’52%), sucesos de El Ejido (24’7%), violencia, xenofobia y otros sucesos (13’52%), la difícil integración social (9’3%), la solidaridad, denuncias y actividades en ese sentido (16’77%), como asuntos más relevantes. Así, el control fronterizo, la burocracia, el asilo, la escolarización, las oenegés, las pateras y los polizones, en fin, el tráfico de inmigrantes, redes y estafas, los problemas de vivienda, laborales y sanitarios, el racismo, la xenofobia y la discriminación, la situación de los menores inmigrantes y la delincuencia, la violencia en relación con la inmigración son los temas estrellas de los que se ocupará en ese período la prensa analizada. La inmigración conquista los medios de comunicación por lo que supone en sí misma y por lo que sucede a su alrededor. Nunca antes se conoció nada igual. Los medios hablan de ella, los gobiernos se preocupan por ella y tratan de buscar soluciones, de mejorar las condiciones de los que vienen, de impedir que sean muchos los que vengan. Pero, la sociedad, la sociedad real y no la que se fabrica en la televisión, la sociedad que recibe a esos nuevos vecinos, lo hace con todos los elementos de juicio que le proporcionan los medios de comunicación de tal manera que un rechazo o un buen recibimiento, y el nivel de ese rechazo o ese recibimiento, estarán influenciados y cómo por el estilo, la duración, los comentarios adicionales y el propósito que busque la información, además de por quién la transmite. Hablo, pues, del carácter de las noticias que se difunden. Las negativas son aquellas cuyo contexto o escenario es socialmente desfavorecedor, presentando algún modo de marginalidad, exclusión o discriminación. También las informaciones que utilizan para su redacción términos peyorativos, confusos o inadecuados, y que pueden llevar al lector a identificar la inmigración con problemas, delitos o intromisión. Todas aquellas en las que la inmigración tenga que ver con violencia, delincuencia, ilegalidad o desarraigo, y ya sea el inmigrante el que sufre la acción como el que la produce, son noticias de carácter negativo. Por el contrario, las positivas son cuando la esencia de su mensaje presenta a la inmigración o al inmigrante de un modo "amable", tanto respecto a su personalidad física como cultural. Aquellas informaciones en las que se valore una aportación positiva a la sociedad, al mundo laboral o cultural, o bien que favorecen conceptos como pluralidad, concordia, solidaridad o integración, son consideradas como noticias de carácter positivo. En ocasiones algunas informaciones no pueden considerarse positivas ni negativas ya sea por lo neutro de su contenido o por lo ambigua que podría resultar su calificación. O sea, en la muestra estudiada, aparece el 18’07% de noticias positivas frente al 62’69% de noticias negativas y un escaso 19 por ciento para las neutras. Los medios de comunicación pueden provocar bienvenidas inverosímiles o actitudes xenófobas. Los medios de comunicación controlan el nivel de racismo o xenofobia que despliega una comunidad, independientemente de la tradición, la cultura y la educación que hayan recibido los miembros de la misma. Los medios de comunicación pueden ser "castigados" como ocurrió en El Ejido. El asesinato de la joven Encarnación atrajo a numerosos enviados especiales y unidades móviles de radio y televisión. La agresión al subdelegado del gobierno y las "rzzias" el día anterior, difundido todo ello por televisión, puso en marcha un dispositivo mediático aún mayor. La imagen que del pueblo estaban transmitiendo los medios de comunicación, no agradaba en absoluto a los vecinos, y pronto convirtieron a estos en blanco de sus críticas, cuando no de sus piedras. Especial ensañamiento se produjo con las personas y equipos de Telecinco, al parecer debido a los comentarios y opiniones vertidas por la cadena en los primeros momentos del conflicto. Las imágenes servidas desde el helicóptero resultaban patéticas, se veían barricadas ardiendo, grupos de personas persiguiendo a otras, coches en llamas, policías que van de un lado para otro y un suelo sembrado de todo tipo de objetos, piedras y cascotes; incluso hay un momento en el que puede contemplarse con total nitidez a tres individuos encapuchados en una azotea portando escopetas (Antena 3 TV). Es la imagen del caos y el desorden público en todo su apogeo. La visión desde tierra no es mucho más tranquilizadora, los rápidos movimientos de cámara, cuando no a la carrera, le da a la narración cierto aire a conflicto tipo "intifada". En momentos de más "tranquilidad" la población se agolpa frente a las cámaras, se palpa el nerviosismo existente, y unos se pisan la palabra a otros constantemente. Todos se declaran no racistas y se quejan de la inseguridad que los "moros" generan. Las imágenes de TV han sido también testigo de cómo la muchedumbre asaltaba y destrozaba los negocios de los magrebíes ante la pasividad policial, una actitud difícil de comprender y complicada de explicar. Desde la radio, el conflicto también se vivió con apasionamiento. El relato en directo de los enviados a la zona se transmitía desde la gravedad y en tono preocupado el discurrir de los acontecimientos. "En El Ejido no se puede pasar, carreteras cortadas, periodistas escoltados, sedes de ONG protegidas, colegios cerrados... ". Un tipo de narración que parece describir un panorama bélico urbano. La radio, como medio participativo que es, fue punto de encuentro para opiniones de todo tipo en relación con estos acontecimientos. En los programas de tertulia y llamadas de oyentes, se recogían decenas de intervenciones de habitantes de la zona en las que mostraban su indignación y rechazo a la imagen de racistas de la que todo el mundo hablaba. Mencionaban el desconocimiento existente por la situación de inseguridad que vive la población, denunciaban el comportamiento de los "moros", los robos y violaciones que se producen. Cómo "se reúnen en las calles y plazas", "la manera en que miran a las mujeres". Otros hablaban sobre la diferencia entre los magrebíes y los sursaharianos "con los morenos no tenemos problemas, no meten ruido, pero los "moros" se han vuelto muy descarados". Evidentemente no todas las intervenciones fueron en este sentido, el tono de los periodistas habituales y de las audiencias no involucradas, destacaban lo vergonzoso de la situación y el carácter racista y xenófobo de estos incidentes. La información sobre estos hechos en la prensa española fue exhaustiva. Pero, y dejando El Ejido, al igual que ocurre en España, la situación en el resto de países comunitarios es de tránsito y definición en relación con las políticas relativas a la inmigración. Tratan de mantener el "espacio común," pero los recientes informes de la ONU y de la UE respecto al preocupante momento demgráfico, alertan a los países europeos sobre su futura despoblación, y predicen acerca de la imperiosa necesidad de abrir fronteras a un gran número de inmigrantes para conservar sus estructuras económicas, sociales y administrativas. Mientras estos grandes temas se estudian y valoran, otros sucesos más lamentables jalonan la actualidad diaria de nuestro continente. Auge de formaciones políticas de corte xenófobo, episodios de violencia racista y tráfico de inmigrantes con todo lo que ello conlleva, son el pan diario en los medios de comunicación. El mundo del fútbol genera también numerosas informaciones relacionadas con el racismo y la inmigración. La proliferación de simbología, cánticos y actitudes racistas en las gradas se ve acompañada por una nueva práctica, al parecer muy extendida en varios países europeos, y que consiste en fichar niños de países empobrecidos y traerlos a las ligas inferiores, si no cuajan como "cracks" futbolísticos, los intermediarios se desentienden de ellos. La peculiar situación política que vive Austria, con la ultraderecha xenófoba en el gobierno, ha sido también motivo de una importante atención periodística nacional e internacional. Para las instituciones europeas y de cara al exterior, el "ejemplo austríaco" es como un grano que molesta y desentona en el concierto general de las naciones.

3. Ya he escrito que la información está condicionada según se presente al lector. El periodista puede incidir en un aspecto u otro de la noticia dependiendo de la redacción del titular. Asimismo puede condicionar la impresión que produce en el lector utilizando un acompañamiento gráfico determinado, un volumen tipográfico mayor o menor, una utilización de adjetivos más o menos beligerantes o cuidados, incluso influye el lugar de ubicación de la noticia, la página en la que la encontremos y el número de columnas o espacio que ésta ocupe. Es de vital importancia también conocer la procedencia de la información: agencias, enviado especial, redactor o remitido. Veamos ahora algunos ejemplos de todo lo aquí comentado.

A/ Dos modos de presentar y "orientar" una misma información: "La Administración debe pagar 65.000 pesetas por cada inmigrante que pida abogado de oficio". (Abc, 02/02/00). "El turno de oficio ya funciona en Barajas. Seis inmigrantes fueron atendidos ayer por este servicio en el primer día de vigencia de la nueva Ley de Extranjería". (El Mundo, 02/02/00). En el primer titular se hace hincapié de lo que va a costar cada inmigrante atendido. Se produce una cierta identificación entre inmigrante -asunto gravoso para el estado. El segundo titular se inclina por incidir en que un servicio público funciona con normalidad en el día de su estreno. Se relaciona el turno de oficio con la Ley de Extranjería.

B/ Acompañamiento gráfico inadecuado al titular de la noticia: "Cáritas denuncia los malos tratos que sufren los inmigrantes de la isla. Durante las navidades las detenciones fueron masivas y se realizaron violaciones de derechos de los detenidos". (Canarias7, 20/01/00). La información se complementa con una fotografía en la que un indigente manipula o rebusca algo en un contenedor de basura. La persona que manipula la basura no muestra rasgos o alguna característica que pueda identificarlo como inmigrante o extranjero. Sin embargo se utiliza esta fotografía para acompañar una noticia que habla sobre inmigración. La identificación entre inmigración e indigencia queda patente de un modo gratuito entre el público lector. Veamos otro ejemplo: "La Policía Municipal de Bilbao cumple una década de lucha contra la droga, los crímenes y los atracos". (El Correo -Bilbao, 02/01/00). La información viene acompañada por una fotografía cuyo pie reza así: "La Policía local tiene fichados a 6.000 delincuentes". El documento gráfico muestra una ficha policial con un hombre de raza negra. Incluso en la propia ficha puede leerse parte de sus datos entre los que destaca; Raza: NEGRA. Existe una clara identificación entre hombres de raza negra y delincuentes en Bilbao.

C/ Un titular de prensa que no se corresponde con el desarrollo posterior de la noticia. "Una patrulla sorprende a un argelino que ofrecía hachís a los jóvenes de un colegio de Cabezo de Torres". (La Verdad de Murcia, 15/01/00). El desarrollo de la información ofrece en el texto dos versiones de la noticia. La versión policial, que es la que figura en los titulares y otra versión muy distinta es la que emite la dirección del centro: "La dirección del colegio Antonio de Nebrija ha negado rotundamente que el arrestado fuese sorprendido mientras hablaba con algún alumno o que les ofreciese drogas". A pesar de tener dos versiones, el periodista opta por aquella que seguramente tendrá un mayor impacto social y la coloca en un llamativo titular. La otra, probablemente con mayor base de verosimilitud, ya que es el colegio quien llama por teléfono a la policía, queda en un segundo plano entre el texto de la información.

D/ Ejemplo de la utilización del lenguaje de un modo excesivamente apasionado: "Dos marroquíes sin documentos se destrozan a cuchilladas durante una pelea a muerte". (La Verdad de Murcia, 09/01/00). En este caso nadie duda que se describe un suceso con todas las de la ley, ofreciendo en el titular toda la información como sea posible de recopilar. Sin embargo, en una lectura más detenida llama la atención el apasionamiento que desprende el texto en general.

E/ La información es por sí sola la protagonista de la perplejidad que puede generar: "Los obispos italianos desaconsejan los matrimonios entre cristianos y musulmanes. Advierten de que la inferioridad islámica de la mujer es un riesgo. La nota puede tener un efecto clarificador que ayude a encarrilar las difíciles relaciones mutuas entre Islam y cristianismo". (Abc, 03/02/00).

F/ En esta ocasión la información es también protagonista, y muy reveladora de cómo las circunstancias influyen en las sociedades: "Totana ya no es Eldorado. La avalancha migratoria afecta a la convivencia entre vecinos y ecuatorianos en un pueblo modélico en el trato a los extranjeros". "Josefina Galves (IU): "Hay que deportar a los delincuentes"". "Totana es noticia, pero por los brotes de xenofobia que comienzan a insinuarse". (La Verdad de Murcia, 13/01/00). Hay que recordar que hace año y medio, esta localidad fue noticia por las manifestaciones ciudadanas celebradas a favor de sus inmigrantes y para evitar su repatriación. Al parecer, el eco de estas iniciativas interesaron a amplios grupos de inmigrantes y la convivencia se ha deteriorado.

4. Algunas conclusiones destacables pueden ser:

A/ Las noticias relacionadas con la inmigración y su contexto tienen mayoritariamente un carácter negativo, y no sólo por la información que transmiten, sino por el modo de hacerlo y el marco en que transcurre la noticia. Este carácter negativo es aplicable tanto a televisión como a radio y prensa, y puede situarse en torno al 70-75% de las informaciones recogidas.

B/ Los principales puntos informativos están situados en el área del Estrecho, Ceuta, Melilla, el poniente almeriense, la huerta murciana, y la zona agrícola del Levante, además de ciudades como Madrid, Barcelona y Valencia. También son referencias importantes las zonas portuarias, las Islas Canarias y el centro urbano de Bilbao.

C/ La oferta de la información en televisión y radio es más rica en detalles de la realidad directa (imágenes y sonido), sin embargo es muy inferior en número de noticias y datos a las que pueda publicar la prensa.

D/ El tráfico de pateras sigue siendo una constante informativa en el seguimiento de noticias relacionadas con la inmigración. Con una mayor incidencia durante los meses de clima más benevolente, su aparición en los medios se mantiene durante todo el año.

E/ Es muy corriente el identificar ciertas nacionalidades con delitos concretos, así como señalar el origen étnico de los delincuentes a modo de agravante.

F/ En ocasiones, tanto en prensa como en televisión el acompañamiento gráfico o visual es totalmente inapropiado, sin conexión real entre la imagen que vemos y la información que escuchamos o leemos. Se produce entonces una identificación negativa de la inmigración.

G/ Se advierte un considerable aumento de noticias en las que bebés, niños, y adolescentes son protagonistas. Normalmente son informaciones que hablan de accidentes, delincuencia, desamparo y desarraigo.

H/ Se detecta una evolución positiva en general de los medios de comunicación en cuanto al tratamiento periodístico de la inmigración, observándose un mayor cuidado en la adjetivación y en los términos que se utilizan para la construcción de las informaciones.

5. El análisis realizado por la OPI también tiene algunos datos interesantes sobre el tratamiento informativo que se le da a la inmigración, el racismo y la xenofobia desde las distintas televisiones que operan en España. Estudiados los informativos, los debates y otros programas de información general que hayan concretado sus contenidos en este asunto durante el primer trimestre de 2000 en cadenas como las dos de TVE, Tele 5, Antena 3, y la autonómica TeleMadrid, los resultados son los siguientes: 909 noticias, de las que 179 (50 sobre oenegés, 89 de las administraciones y 51 de opiniones de inmigrantes), o sea, poco más de seis horas en total, pertenecen a TVE 1; Tele 5 aporta 240 noticias (22 de oenegés, 81 de administraciones y 30 de opiniones de inmigrantes), poco más de trece horas de emisión; Antena 3 ofrece 146 noticias (18 de oenegés, 46 de administraciones y 34 de opiniones de inmigrantes), algo más de ocho horas; Tele Madrid se va a las 286 noticias (43 de oenegés, 97 de administraciones y 155 de opiniones de inmigrantes), cerca de las doce horas; y la segunda cadena de TVE se queda en 58 noticias (12 de oenegés, 26 de administraciones y 35 de opiniones de inmigrantes), apenas dos horas de emisión. En temáticas concretas, el asunto de El Ejido, la Ley de Extranjería, las iniciativas solidarias y denuncias de las oenegés y las mafias, redes y estafas a inmigrantes han ocupado, respectivamente, el 34’98%, 20’37%, 6’82% y 5’17% mientras que, por ejemplo, y por citar a los temas de menor impacto televisivo, la política exterior española con un 0’88% y los temas de viviendas con un 0’33% quedan en el lugar más bajo de los asuntos relacionados con la inmigración que hayan sido objeto de atención televisiva en le primer trimestre de 2000. En lo que se refiere a las noticias positivas y negativas, una vez más, los medios fallan: el 14’74% se refiere a las primeras y el 64’24% a las segundas, quedando un 21’01% para las consideradas neutras o dudosas. Los datos, el estudio, el análisis y la apreciación indican que la información audiovisual es más rica en detalles de la realidad pero inferior en número de noticias y datos a la prensa, se abusa en demasía de las "imágenes de archivo" sin citarlo lo cual puede llevar a confusión y distorsión de la verdad y, por mucho que existe el zapping, el espectador tiene que aceptar la información como se le da y cuando se le da, con pocas opciones de pararse unos instantes a pensar en ello o de rechazar lo que se le muestra. Asimismo, la credibilidad e importancia de una noticia tiene que ver con el montaje que se ha hecho de la misma y, sobre todo, con el programa donde se incluye, además de la servidumbre con la que tiene que convivir: la brevedad, el tiempo, el resumen de contenidos que puede obviar lo interesante a favor de lo anecdótico o superficial. Finalmente, y siguiendo con la televisión, llama la atención el abuso de los tópicos cuando se pretende hacer un gran reportaje sobre la emigración, la escasa presencia de la voz de los protagonistas de la inmigración y la aparición profesional de portavoces que conocen el medio cuando son las Fuerzas de Seguridad del Estado las que se ven involucradas en asuntos turbios relacionados con este asunto. Por decir algo de la radio, al menos en la española, el montaje de una noticia estará siempre condicionado por la actitud del periodista y, aunque esto parezca una obviedad, su aplicación tiene más importancia de la que parece. Como también la tiene el fenómeno mediático de las tertulias, compuestas por analistas cuya "independencia", que tanto se pregona, termina allí mismo donde comienza la línea editorial tal vez no sugerida pero sí suficientemente conocida por todos los que están a sueldo de la empresa informativa. La radio es una excelente muestra de la participación del oyente, con oportunidades para intervenir en directo y, se da el caso también, afortunado, de que está resultando ser el medio que más minutos ofrece a las oenegés y organizaciones similares para su labor de sensibilidad y concienciación social.

6. El racismo y la xenofobia no sólo se muestran contra el emigrante por mucho que éste sea la principal víctima de sus consecuencias generalmente violentas sino que se manifiesta contra lo que no es propio, configurando un auténtico complejo de inseguridad e inferioridad que lleva al xenófobo a creer que lo extraño siempre duele, que el extranjero siempre pretende conquistarnos, aniquilar nuestra cultura y colonizar nuestra forma de vida. El xenófobo es un acomplejado, un cobarde, un intolerante, pero sobre todo, es un peligro social porque su ideología, su forma de pensar y sus principios que defiende y propaga como mandamientos pseudorreligiosos no sólo forman parte de un cuerpo doctrinal que más o menos podría combatirse con argumentos y debates sino que acaban siendo mensajes que deben ser impuestos por la fuerza y aplicados sin contemplación. El xenófobo es un peligro para el mundo de hoy porque no se está quieto en su casa sino que ejerce como tal con la manifestación permanente de símbolos, discursos y actitudes violentas, intolerables y ciertamente fascistas. Pega y mata al extranjero, con más saña si es emigrante pero buscando la sangre si encima tiene un color de piel distinto al del agresor. Y no le importa la ley, el orden, la justicia ni el castigo. Ocupa la calle y arrasan a su paso cuanto les impide continuar su camino de destrucción e intransigencia. Y ocupan los medios de comunicación gracias a quienes, en su perplejidad, no saben si están haciendo bien o no al transmitir los mensajes y fechorías de estos militantes de la limpieza étnica que no siempre son marginados sociales ni todos tienen la cabeza rapada.

7. Y la violencia, ese "fenómeno" con el cual ya nos hemos acostumbrado a vivir, desde la niñez, porque nos rodea, nos involucra, a veces nos estimula y nos embrutece cada día, a todos, un poco más. Quesada considera que "la violencia, la agresividad, el miedo, la curiosidad, incluso la morbosidad forman parte de una condición humana que ni se crea ni se destruye, sino que sólo se transforma y se adapta a los nuevos tiempos. Vivimos en una sociedad violenta, cuyas manifestaciones adoptan múltiples formas en la vida cotidiana. El medio social es violento porque soporta guerras, accidentes mortales, atentados terroristas y acciones criminales de todo tipo; pero también lo es porque exhibe y fomenta sin ningún pudor entretenimientos en masa, macro-concursos, conciertos de música y un sinfín de espectáculos públicos que incluyen en su representación escenas violentas que no tienen una lógica justificación. Y para dar cuenta de esa realidad social, la prensa, la radio y la televisión -aunque también el cine, la música, la literatura, los videoclips, los videojuegos, etcétera- ofrecen diariamente a su público ingentes cantidades de escenas violentas". Que la violencia camina a sus anchas por los medios de comunicación está muy claro pero que ha colonizado el cine y la televisión para "regalarnos" todo tipo de experiencias que no necesitamos para nada pero que pujan entre ellas por ver quién va más allá en sus expresiones incalificables, es un hecho tan incuestionable que después de muchos años estudiando el "fenómeno" y predicando en el desierto acerca de la idoneidad de activar mecanismos de control y regulación, nada hemos conseguido, todo sigue igual, la violencia se sirve cada día con una impunidad, facilidad y naturalidad que causa sonrojo y miedo. Hay estudios recientes, realizados por investigadores norteamericanos, que señalan que más del 60 por ciento de las películas y programas de televisión producidos en Estados Unidos contienen una alta carga de violencia, incrementándose en horarios de prime time y alcanzando el 70 por ciento en televisión abierta y el 90 por ciento en la emitida por cable. Y el problema no es tanto que se presente la violencia en sí como la forma de presentarse, o sea, que aparezca como algo trivial, normal, incluso positivo, de la mano de personajes atractivos, con conductas que podrían servir de modelo para grandes sectores del público, ese tipo de actos que nunca van junto a sus consecuencias ni actitudes de remordimiento, castigo, sanción o crítica. Quesada cree que no debe responsabilizarse al mensajero, a los medios, del contenido de sus mensajes sino más bien habría que asumir que los medios lo único que hacen es reflejar la sociedad real, más o menos fielmente y así, sería oportuno considerar cómo se informa esa realidad, qué cantidad de espacio y tiempo se le dedica y con qué grado de detalles se ofrece". El problema está, por ejemplo, en los programas infantiles donde se maneja lenguaje agresivo, donde el combate es la atracción, las batallas glorifican y excitan y el odio es el alimento habitual de los personajes que no tienen reparos en asistir a espectáculos de sangre y mutilación, de muerte y dolor. Gómez Palacio, analizando los resultados de todas estas investigaciones sobre la violencia en los medios, considera que el público no es una masa inerte sino activa y con criterio y no siempre expuesta a obrar en consecuencia de lo que vea o reciba y es el perfil demográfico y psicográfico de cada uno el que influye en las preferencias por determinados contenidos, entre otros factores. Pero esto no anula el hecho de que los contenidos violentos sitúan a los medios de comunicación en el punto de mira de quienes creen que han contribuido impunemente a la construcción de una cultura de la muerte y la sangre, capaz de generar miedo e inseguridad en la población y otras alteraciones sociales o personales como la liberación de la propia agresividad al exponerse a contenidos violentos, excitación o gusto por lo observado y sentir deseos de actuar igual, desinhibición, llegando incluso a legitimar la violencia en la vida real, imitación de ciertas conductas indeseables e insensibilización –increíble comprobar cómo ante determinadas secuencias de películas donde la muerte y la tragedia son los protagonistas entre el público aún hay quienes se están divirtiendo-. Umberto Eco ha escrito que "...es cierto que en algunos casos el umbral de la violencia fue superado, en un tiempo se veía cómo uno disparaba y el otro caía al suelo. Ahora se ve cómo sale la sangre y el cerebro chorrea...". Quesada añade que "el exceso de violencia en la televisión se traduce en una clara desinformación generalizada de la población y en algo todavía más terrible: en un fuerte sentimiento de miedo que se manifiesta sin causa objetiva que lo justifique. Los medios audiovisuales, lo quieran o no, siempre hacen publicidad gratuita de la violencia que exhiben. Y, aún siendo legítimo que los periodistas aleguen en su defensa que no hacen más que cumplir con su obligación de informar, el efecto en los televidentes se traduce en la sensación de que el horror es lo usual y en la idea de que lo impensable puede ocurrir en cualquier momento y en cualquier lugar: incluso aquí. Y del miedo a la insolidaridad con las víctimas no hay más que un paso. Ya a nadie le extraña que, ante una pelea violenta en cualquier lugar público, todo el mundo mire hacia otro lado, en vez de intentar ayudar a los que están siendo agredidos". Sin embargo, los delincuentes de hoy posiblemente no pasaron toda su niñez viendo violencia en la televisión o en el cine, es decir, las causas de la violencia, la violencia misma, no la provocan los medios de comunicación. Esto también es indiscutible. Para Gómez Palacio, finalmente, surgen dos observaciones pertinentes, una para el emisor y otra para el receptor. El primero, aún cuando la libertad de expresión nos ampara a todos, debe respetar no sólo el foro público que es un medio de comunicación sino a aquellos a los que dirigirá sus contenidos, no olvidando que su derecho a la libertad termina justo donde empieza el mismo derecho en los demás, y habrá de aplicarse en el respeto al derecho, a la ética y a la deontología profesional, compromisos que deben ejecutarse sin excusas y con responsabilidad. El segundo, el receptor, ha de tener la opción de conocer de antemano el producto que se le va a ofrecer por si acaso considera que debe rechazarlo. De nuevo Umberto Eco para aclararnos que "... hoy, la televisión activa el conflicto social permanentemente. Aunque siempre se pensó que los medios masivos son una forma de anestesia para mantener a la gente tranquila y en estado de sueño, nos estamos dando cuenta que tal vez no sea así. Es decir, para una persona que se encuentra en un nivel de bienestar, la fantasía televisiva es un plus. Pero para quien no tiene comida ni un auto, no es un sueño. Por eso, los mass media, que parecían ser instrumentos de control social, pueden ser al mismo tiempo instrumentos de estallido de conflictos sociales...".

8. Comunicólogos, psicólogos, biólogos y profesionales de la televisión y el cine participantes de la II Reunión Internacional sobre Biología y Sociología de la Violencia, celebrada en Valencia en 1997, y dedicada a la Violencia y los Medios de Comunicación, aportaron, entre otras, las siguientes conclusiones a sus debates:

A/ Los medios audiovisuales, especialmente la televisión, son preocupantemente violentos.

B/ La violencia que en ellos se exhibe contribuye a la aparición de efectos perjudiciales en los espectadores, pero eso no significa que sea la causa principal de la violencia real en el mundo.

C/ La representación más violenta de cuantas aparecen en la televisión es la que está depurada y embellecida. Sus recomendaciones fueron, para la industria, producir más programas sin violencia, respetar ciertas normas cuando ésta aparece como que el agresor no quede sin castigo y que éste no tarde mucho en llegar después de la acción violenta, así como que el bueno no sea aún peor que el malo y se puedan destacar situaciones positivas en la antiviolencia. Por supuesto, sin olvidar las horas de emisión y que la escenificación de la violencia no incluya efectos discriminatorios contra grupos minoritarios y étnicos o raciales.

En el marco de la XXIII Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, el Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales firmó en mayo de 1989 un documento titulado "Pornografía y violencia en las comunicaciones sociales" y en el que, después de analizar los orígenes, efectos y causas y del "problema", indicaba, como respuesta, que "la propagación de la pornografía y de la violencia a través de los medios de comunicación social es una ofensa a los individuos y a la sociedad y plantea un problema urgente que exige respuestas realistas por las personas y los grupos. El legítimo derecho a la libertad de expresión y al intercambio libre de información ha de ser protegido. Al mismo tiempo, hay que salvaguardar el derecho de los individuos, de las familias y de la sociedad a la vida privada, a la decencia pública y a la protección de los valores esenciales de la vida" y acerca de los profesionales de la comunicación indicaba que "sería desleal sugerir que todos los medios y todos los comunicadores están implicados en este negocio nocivo. Son muchos los comunicadores que se distinguen por sus cualidades personales y profesionales. Tratan de asumir su responsabilidad aplicando con fidelidad las normas morales y les anima un gran deseo de servicio al bien común. Se merecen nuestra admiración y estímulo, especialmente los que se dedican a la creación de sanos esparcimientos familiares. Se invita encarecidamente a estos comunicadores a unirse para la elaboración y aplicación de códigos éticos en materia de comunicación social y publicidad, inspirados en el bien común y orientados al desarrollo integral del hombre. Estos códigos se hacen especialmente necesarios en el contexto de la televisión, que permite que las imágenes entren en los hogares, allí donde los niños se encuentran a su aire y sin vigilancia. El autocontrol es siempre el mejor control, así como la autodisciplina, en el seno de los propios medios, es la primera y más deseable de las líneas de defensa contra quienes buscan provecho mediante la producción de programas pornográficos y violentos que envilecen los medios de comunicación y corrompen la sociedad misma. Se urge vivamente a los comunicadores a que, también a través de estos medios, hagan conocer las medidas necesarias que pongan un dique a la marea de la pornografía y de la exaltación de la violencia en la sociedad.

9. Inmigración, xenofobia, violencia. Mucho más que tres conceptos. Se trata de asuntos reales y concretos que ocupan amplios espacios de comunicación, que atraen a todo tipo de periodismo, incluido el que disfruta y se recrea en la obtención y difusión de noticias cuanto más morbosas mejor. No están relacionados, y hacerlo, sería un ejercicio de distorsión de la verdad. Pero, al mismo tiempo, en muchas ocasiones aparecen juntos y no porque tengan algo en común sino porque la sociedad, en ese afán ingrato de reducirlo todo a la mínima expresión, no dedica el tiempo suficiente a la reflexión de lo que ve y recibe. Ni todos los inmigrantes son delincuentes ni todas las comunidades son xenófobas ni todos los violentos lo son por haber visto mucha televisión o porque odien a los extranjeros. Todo es demasiado complicado pero lo cierto y verdad es que la simplificación nunca ayuda a nada.

Bibliografía

-INMIGRACIÓN Y RACISMO. ANÁLISIS DE PRENSA, RADIO Y TELEVISIÓN. Primer Trimestre de 2000. Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales. Instituto de Migraciones y Servicios Sociales. Observatorio Permanente de la Inmigración.

-LIBERTAD DE EXPRESIÓN VERSUS VIOLENCIA EN LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN. Carlos Gómez Palacio y Campos. Generación Anáhuac en Internet. La versión completa del artículo fue publicada en Iuris Tantum. Revista de la Facultad de Derecho. Año XIV, Número 10, 1999. México.

-VIOLENCIA MEDIÁTICA Y REACCIÓN SOCIAL. Montserrat Quesada, 1999. Revista Latina de Comunicación Social. Número 13, enero de 1999, La Laguna, en www.ull.es/publicaciones/latina/a1999c/139quesada.htm

-LA VIOLENCIA EN LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN. Mónica Cruppi.

-LA VIOLENCIA EN LOS MEDIOS AUDIOVISUALES. Luis Matilla. Comunicación Multimedia. Aula Magna.

-REGULACIÓN DE PROGRAMAS TELEVISIVOS. Yalena de la Cruz. Revista Acta Académica. Universidad Autónoma de Centro América.

-PORNOGRAFÍA Y VIOLENCIA EN LAS COMUNICACIONES SOCIALES. Documento del Consejo Pontificio de las Comunicaciones Sociales. 1989.


FORMA DE CITAR ESTE TRABAJO EN BIBLIOGRAFÍAS:

Carsoso Carballo, Juan Manuel (2001): Violencia, inmigración y xenofobia: el periodismo, frente a los grandes retos informativos. Revista Latina de Comunicación Social, 41. Recuperado el x de xxxx de 200x de:
http://www.ull.es/publicaciones/latina/2001/latina41may/52cardoso.htm