Revista Latina de Comunicación Social 44 – septiembre de 2001

Edita: LAboratorio de Tecnologías de la Información y Nuevos Análisis de Comunicación Social
Depósito Legal: TF-135-98 / ISSN: 1138-5820
Año 4º – Director: Dr. José Manuel de Pablos Coello, catedrático de Periodismo
Facultad de Ciencias de la Información: Pirámide del Campus de Guajara - Universidad de La Laguna 38200 La Laguna (Tenerife, Canarias; España)
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[julio de 2001]

La violencia contra la mujer en la prensa

(5.675 palabras - 11 páginas)

Dra. Encarnación Pérez Salicio ©
Departamento de Periodismo II
Universidad del País Vasco
Bilbao

Violencias publicadas o silenciadas; la violencia física brutal o la violencia psicológica, más sutil; el terror inesperado que asalta repentinamente una noche en el espacio abierto de la calle o el dolor cercano que va minando año tras año el espacio privado del hogar.

La violencia sobre la mujer ha existido siempre, silenciada, aceptada, legitimada, pero es en los últimos años cuando surge un profundo interés por el problema. Los estudios e investigaciones se han multiplicado; el tema está en la calle, aparece recogido en múltiples páginas de Internet. También han evolucionado las medidas de prevención; las leyes se han modificado varias veces, se prepara específicamente a profesionales en esta materia y se incrementan a diario los recursos puestos a disposición de las mujeres (las casas de acogida han pasado de ser 46 en 1991 a 134 en 1997). La Comunidad Europea y la Onu destinan partes significativas de sus presupuestos a combatir la violencia ejercida contra la mujer.

Y el tratamiento del problema ha evolucionado, cómo no, en los medios de comunicación; hasta tal punto que una de las hipótesis con las que parte este trabajo es que los medios de comunicación han desempeñado un papel fundamental en el proceso de instalar la violencia sobre la mujer en la más urgente actualidad.

En las Jornadas de Delitos contra la Igualdad celebradas en 1998 (1) se reconocía el año 1997 como muy significativo como consecuencia de la labor informativa llevada a cabo por los medios. El punto de inflexión en el desarrollo de este proceso fue el asesinato de Ana Orantes, el 18 de diciembre de 1997. Dos semanas antes, la mujer había aparecido en un reality show televisivo, relatando el calvario de su convivencia junto a un marido violento. Confesaba su miedo y pedía ayuda para huir de un peligro a quien el juez había permitido seguir viviendo en la misma casa. Poco tiempo después, su marido la ató a una silla, la roció con gasolina y le prendió fuego en el patio de una casa que compartían por mandato judicial. La televisión mostró los restos de su cadáver, aún humeantes. Y conmovió las conciencias. Los medios de comunicación tienen ese poder.

Desde entonces, son pocos los días en que no se informa de un caso de violencia doméstica, en televisión, en prensa, en revistas..., los reportajes y documentales se multiplican.

Pero, a pesar de esta positiva evolución, una cuestión confirma la conveniencia de este trabajo: el número de delitos contra la mujer sigue en aumento. Si en el año 1995 hubo 20.900 delitos contra las mujeres (incluidas la violencia sexual y la doméstica), en 1997 fueron 23.320 y en 1999 27.692. En el año 2000, las denuncias sólo por violencia doméstica han llegado a 30.200. En cuanto a las muertes, no existen datos sobre las mujeres muertas por agresiones sexuales, que se incluyen entre el delito genérico de homicidio, al igual que ocurría hasta hace muy poco con la violencia doméstica. Las mujeres muertas en 1995 fueron 65; en 1997, 91; en 1999, 77 y en 2000 han llegado a 66.

A pesar de los esfuerzos realizados en todos los campos, las cifras de denuncias y de muertes siguen inamovibles. La violencia sobre la mujer se ha enquistado, es un filón informativo, inunda las páginas de los periódicos, pero parece haber saturado las conciencias.

Dice Nuñez Ladeveze (2) que hacer comprender los acontecimientos de la actualidad significa superar su evanescencia para poder insertarlos en su permanencia, en su significado frente al destino colectivo. Es importante el modo en que la sociedad conoce de la violencia sobre la mujer, pues si es informada convenientemente de sus causas y de sus consecuencias, podrá posicionarse en contra de ella.

Pero si los medios pasan de puntillas sobre el problema, limitándose a llenar sus páginas de casos y más casos, sin entrar a reflexionar, entonces están colaborando a su pervivencia. Y colaboran también a la incomprensión del problema cuando incluyen el contrafuero de la violencia sobre el hombre a manos de su esposa, una contraviolencia que diluye la auténtica dimensión del drama que sufren muchas mujeres y que se añade bajo el forzado argumento de la imparcialidad.

¿Qué es la violencia sobre la mujer para los medios?

"Una vecina de L–Hospitalet de Llobregat, de 62 años, ha sido detenida después de que agrediera con un martillo en la cabeza a su marido durante una discusión por elegir el regalo que la entidad bancaria La Caixa ofrece a sus clientes por comprar con tarjeta". (El Mundo, 19 de febrero de 1997)

"Juzgada una mujer acusada por su cuñado de secuestrarle para que le hiciera el amor. Tras pedirle que cantara coplas de Manolo Escobar, le liberó para ir a hacer la comida". (Diario Vasco, 20 de mayo de 1995)

"El fiscal solicita 8 años de pena para una mujer por acuchillar a su presunto violador. Intentó atarle los pies y las manos para hacerle un streaptease, sacó su cuchillo y –se puso ciega pegándome puñaladas, unas veinte o treinta–" (Diario Vasco, 3 de febrero de 1995)

El tema está de actualidad y todo sirve, hasta lo inane y lo jocoso, hasta lo impertinente. Noticias como éstas no son extrañas en la prensa: ahora que se publican tantos casos de violencia sobre la mujer, cobra también valor informativo lo inusual, que la mujer agreda. Esto no es violencia, ni doméstica ni sexual, aunque se presente con los elementos propios de lo que ya se está convirtiendo en un género. Esto es un chascarrillo, una broma, rumorología vecinal intranscendente. Pero se mezcla todo, lo frívolo aparece junto a lo transcendental y los contenidos más graves se neutralizan.

Los medios de comunicación no ayudan. Se intenta dar la impresión de que hay una preocupación progresista por la violencia que sufre la mujer, pero no abandonan los rasgos tradicionales que la hacen posible. Se permiten alegres distorsiones que impiden que se forme un estado general de rechazo contundente.

Este trabajo es un pequeño resumen de la tesis doctoral que bajo el título "La violencia sobre la mujer y su tratamiento en la prensa vasca" fue defendida en la Universidad del País Vasco en febrero de 2001, dirigida por la Dra. María Pilar Diezhandino Nieto. A partir del convencimiento de que los medios de comunicación influyen decisivamente en la construcción de la realidad social, a la vez que son reflejo de esa misma sociedad, se pretende saber cómo obtenemos el conocimiento de lo que es la violencia contra la mujer, porque sólo un conocimiento profundo puede permitir el cambio de las estructuras sociales que hacen posible el problema. Se trata, en suma, de remover la conciencia de los periodistas para que incorporen a su forma de entender la realidad una nueva concepción social y moral de la relación entre hombres y mujeres y puedan así informar desde un conocimiento diferente y nuevo. De evidenciar que la situación de enquistamiento del problema es responsabilidad de todos y cada uno de nosotros, pero aún más de quienes tienen en sus manos el poder para generar estados de opinión.

Dos apreciaciones

Hay que subrayar, en primer lugar, la necesidad de partir desde una posición de marcada esperanza en el ser humano. Existe la impresión generalizada de que nos encontramos en un momento de gran violencia, de que atravesamos un periodo de quiebra de valores que genera las conductas violentas, lo que podría llevar a pensar que la violencia que sufre la mujer es la mayor que ha conocido la historia, negando así los pasos dados a lo largo de tantos siglos.

Es necesario hacer un esfuerzo para distanciarse del presente y mirar hacia él con una clara perspectiva histórica: si hoy se tiene la impresión de que son más frecuentes los actos de violencia contra la mujer es porque la sociedad moderna ha ido abandonando su impasibilidad y la percepción de la violencia produce hoy un mayor impacto. Y quizás sea ésa la señal más esperanzadora para la mujer, pues el aumento de la preocupación de la sociedad ante la violencia que sufre corrobora su sensibilización. La conciencia de su existencia, la intolerancia ante ella, son fenómenos muy recientes, o que al menos recientemente están adquiriendo una dimensión considerable. La violencia contra la mujer está empezando a perder legitimación, lo que refuerza la voluntad de abordar su estudio desde la esperanza.

Hay que partir desde un marcado carácter de universalidad y considerar que la violencia que sufre la mujer redunda en perjuicio de todo el género humano. A la hora de analizar el problema se ha partido, demasiado a menudo, desde una perspectiva netamente femenina, con la mirada puesta exclusivamente en la mejora de las condiciones de vida de las mujeres, pensando, quizás, que es suficiente incidir en el problema de la mujer para mejorar la sociedad.

El análisis de cualquier fenómeno implica, necesariamente, su inserción en un contexto social y desde él se debe tener en consideración a todos los protagonistas. Hay que sentir duelo por la mujer, pero también por la humanidad que sufre las consecuencias de un sistema social erróneo y por quienes, perdidas sus capacidades más humanas, se atreven a hacer daño a la mujer, porque ellos también pierden en esa relación desigual. La víctima no es sólo la mujer, sino el género humano en su conjunto.

Planteamiento de la investigación

El único material de análisis de este trabajo son textos periodísticos, aunque en un principio se había previsto incluir entrevistas con mujeres que hubieran sido víctimas de violencia para conocer su opinión sobre la forma en que la prensa da cuenta de su problema, pero finalmente no fue posible, pues las afectadas se resistían a conceder entrevistas; la Asociación Clara Campoamor, que atiende anualmente más de 2.000 casos de violencia sobre la mujer, sólo en la comunidad autónoma del País Vasco, intentó, durante algún tiempo, conseguir el contacto con muchas de ellas a través de su abogada, pero resultó un esfuerzo infructuoso.

Según la abogada de la Asociación Clara Campoamor, todas las negativas venían justificadas por el miedo a que su historia fuera manipulada hasta la desfiguración, miedo a ser convertidas en mero espectáculo, a ser motivo de burla, y miedo también a las represalias de sus cónyuges, que llevan muy mal la aparición de su historia en los medios. Antes, pues, de iniciar el análisis periodístico ya se había obtenido la primera de las conclusiones: la mujer víctima de violencia desconfía de la prensa como instrumento para denunciar la situación y colaborar a que desaparezca.

Se parte, por lo tanto, de un universo compuesto por cinco periódicos vascos: El Correo, Diario Vasco, El Mundo del País Vasco, Deia y Egin, y el periodo analizado comprende los años 1995, 1996 y 1997. Los textos encontrados se han sometido a dos tipos de análisis de contenido, uno cuantitativo, que comprende los elementos formales de la presentación en el periódico y las características que definen la violencia sobre la mujer en la prensa, y un análisis cualitativo que pretende desvelar el tratamiento informativo que los periódicos dan a esta clase de noticias. (3)

1 - ANALISIS CUANTITATIVO

Entre los 1.905 ejemplares analizados, se han hallado 1.307 textos referidos a la violencia sobre la mujer. La media de aparición de mensajes es algo superior a un mensaje cada dos ejemplares y la mayoría de ellos aparecen en El Correo (34,7%) y Diario Vasco (24,7%).

    1. Presentación formal

La forma en que los periódicos presentan las noticias de violencia sobre la mujer confirma que las consideran como noticias blandas, no demasiado importantes. A esta conclusión se llega a partir, sobre todo, de tres de las variables de las muchas que se han analizado: la autoría, las secciones y el género. En cuanto a la autoría, se comprueba que la mayoría son breves notas de agencia, incluidas en columnas de sucesos; un porcentaje aún más importante ni siquiera cita su procedencia (No consta). El análisis de las secciones ha resultado complejo debido a una notable falta de fronteras sólidas que hace imprevisible su ubicación, pues se incluyen tanto en Nacional, Regional, Sociedad, Últimas Noticias o incluso Curiosidades. Por lo que respecta al género, hay una notoria prevalencia del informativo, cercano al 80%. Existen, claro está, noticias presentadas con más esmero, son los artículos de opinión, que constituyen sólo el 3% de los textos analizados. Los reportajes, más extensos, tampoco merecen para la prensa mayor atención.

1.2 Representación de la violencia contra la mujer

Este apartado del trabajo permite comprobar qué entiende la prensa por violencia contra la mujer. Y se observa que se informa más de violencia sexual (51,8%) que de violencia doméstica (31,83%). Hay que destacar el importante número de noticias sobre violencia de género (16,37%), que hablan de violencia sobre la mujer en general, lo que es indicativo de que la prensa comienza a identificar el problema insertándolo en un contexto que transciende el mero suceso.

Otro de los resultados obtenidos es que la prensa ofrece una visión alejada de la realidad al informar, no de lo que más sucede, sino de lo que causa más impacto. Esto lleva a obtener unos datos desproporcionados en cuanto a los hechos violentos más habituales; leyendo las noticias se diría que lo más habitual es el homicidio. De los 1.026 textos informativos, 458 tienen como resultado la muerte de la víctima (lo que supone un 44%). Sin embargo, aunque no contamos con las cifras de muerte por violencia sexual, si nos atenemos a las de violencia doméstica, en el mismo periodo (los tres años analizados) se presentaron 50.083 denuncias de violencia doméstica y se produjeron 253 muertes (lo que resulta ser un escaso 0,50%), muy alejado de ese 44% de agresiones con resultado de muerte de que da cuenta la prensa.

Finalmente, se comprueba que apenas se identifica a los protagonistas. Se creó una categoría sobre los perfiles de víctimas y agresores que tenía como finalidad establecer el status de los protagonistas, y deducir cuáles son los casos de violencia sobre la mujer de que da cuenta la prensa, pues se sospechaba, y algunos estudios así lo confirman, que la violencia sufrida por mujeres de status alto no llega a los medios. No se ha podido confirmar debido a los escasos datos con que se identifica a los protagonistas; sólo se menciona la edad en el 50% de los casos y la profesión en un 20%

2 - ANALISIS CUALITATIVO

Para elaborar el análisis cualitativo se ha realizado una lectura atenta de todos los mensajes que componen la muestra, del contexto en que se insertan de las otras noticias que los acompañan, de las circunstancias que cobran interés y de las que se silencian como irrelevantes, porque todo ello puede resultar un vehículo portador de significado. El interés se ha dirigido a la presencia de un índice (palabra o tema), no a la frecuencia de su aparición. Se ha prestado atención a cuatro niveles principales de análisis:

    1. Presentación de los hechos

2.1.1 Contigüidad y saturación

Destaca, en primer lugar, la existencia de contigüidad y saturación. Es cierto que hay ejemplares sin ninguna noticia sobre el problema, pero también lo es que cuando se incluye no suele ir sola, se presentan varias reunidas en la misma página, y esto es la saturación. Pero esa saturación se refuerza con la contigüidad de muchas noticias que hablan de cualquier clase de violencia, que no están relacionadas con la violencia contra la mujer.

Puede servir de ejemplo la información de un llamado crimen pasional publicada por el Diario Vasco en noviembre de 1996; como el suceso ocurre en el pueblo natal de un secuestrado de Eta se recupera la antigua noticia y se la introduce en la nueva información y, por si fuera poco, se incluye una miscelánea de los crímenes colectivos de los últimos años; no hay ninguna relación con la violencia sobre la mujer, pero se contribuye así a aumentar el grado de espectacularidad.

2.1.2 Contexto de anormalidad

Otra de las características que definen la presentación de los hechos es la anormalidad del contexto en que se insertan las noticias sobre violencia contra la mujer. Tras su lectura, queda un sentimiento de perplejidad por las situaciones paroxísticas que describen; la mayoría de los hogares están anormalmente constituidos, aparecen figuras aberrantes como la pedofilia, alcoholismo, drogadicción, suicidio, incesto,... situaciones que no se puede negar que existan, pero que, desde luego, no constituyen el contexto real de la violencia sobre la mujer. La prensa modifica la realidad, hasta dejarla reducida a un esquema sensacionalista, y la violencia cotidiana sobre la mujer no se relata.

2.1.3 Sensacionalismo

También se ha podido observar una forma de sensacionalismo que busca impactar más que informar, que apela a las emociones más que a la razón, y que es utilizado más a menudo en los reportajes sobre violencia sexual. Resulta irrelevante para el lector conocer los detalles de una violación, y es, además, una invasión en la intimidad de las víctimas. Pero los objetos empleados o el estado del cadáver aparecen con frecuencia en estas noticias, despertando una morbosa zozobra.

2.1.4 Datos estadísticos sin significación

En este apartado de presentación de los hechos destaca, por último, la proliferación de datos estadísticos sin significación. Muy a menudo aparecen en prensa estadísticas sobre la evolución de la violencia sobre la mujer, de manera que muchos podríamos citar de memoria cuántas mujeres murieron el año pasado víctimas del maltrato, cuántas pusieron una denuncia, cuántos maridos acabaron en la cárcel. La violencia sobre la mujer parece, así, un conocimiento que hay que poseer, pero no entender, porque estas cifras no van acompañadas de una reflexión sobre el sentido último del problema.

2.2 Estilo periodístico

2.2.1 Estructura de cuento

Se observa, con mucha frecuencia, una estructura en forma de relato o cuento que remite a la ficción y no a la veracidad propia del relato periodístico. Un ejemplo puede ilustrarlo: El Correo del 27 de abril de 1997 incluía una información que comenzaba literalmente así:

"El despecho por un amor no correspondido llevó a J.A. hasta una oscura espiral de pasión y violencia. Atrás quedaban cuatro años de una relación sentimental que se fue deteriorando hasta que, finalmente, se fraguó la ruptura. La tormentosa relación alcanzó en la madrugada del lunes, su lado más trágico", y sigue más adelante: "La mujer, aterrorizada por las continuas amenazas, no fue capaz de pedir auxilio. Sin embargo, tuvo una idea".

Esta forma de relatar los hechos es propia de los cuentos populares en los que se persigue adaptarlos a un ejemplo como forma de transmitir y preservar los valores sociales. Su uso en periodismo puede verse como un intento de relacionar los acontecimientos con los principios sociales establecidos.

2.2.2 Clichés de lenguaje

El texto puede aparecer como neutral, pero al ser dicho con unas palabras y no con otras se carga de connotaciones. Se observa que el lenguaje con que se informa de violencia sobre la mujer aparece contaminado por tres instancias diferentes:

  • un lenguaje pretendidamente literario, propio de los reportajes con estructura de cuento.

  • un lenguaje judicial, con un léxico extraño al estilo periodístico, que imprime a las noticias un cariz pseudofreudiano ajeno al lector y al propio periodista; parece que los medios han encontrado un filón en las sentencias judiciales: parafilias sádicas, síndromes celotípicos, estrechamiento de las facultades volitivas... son todos términos que no aportan nada a la resolución del problema, pero que abundan cada día más en este tipo de noticias.

  • una tercera invasión es la del lenguaje de base oral, en el extremo opuesto al que se acaba de mencionar, pues se caracteriza por un estilo coloquial, vulgar y, en gran número de ocasiones, rayano en el mal gusto, y que parece dar licencia para titular "A martillazos con el marido", "A la cárcel por tocar las nalgas" y algunas expresiones que sonroja reproducir; es una contaminación que afecta por igual a cualquier clase de género periodístico.

2.2.3 Clichés de pensamiento

Hacen referencia a las actitudes y prejuicios que impregnan toda conducta. Por supuesto que tal forma de actuar no es exclusiva de los medios, sino propia de todas las instancias sociales, pero los resultados obtenidos prueban que la prensa colabora al mantenimiento de un sistema social que ha hecho posible la existencia de la violencia sobre la mujer, pues sus informaciones contienen el repertorio de actitudes y prejuicios que sustentan esa violencia.

Esas actitudes y prejuicios sobre lo que es la relación entre hombres y mujeres se deslizan del pensamiento al lenguaje a través, principalmente, de lo que hemos denominado términos enmascarados y de las citas textuales.

Términos enmascarados

Hacen referencia a la forma en que se definen algunos conceptos. Hay que destacar el diferente tratamiento que reciben hombres y mujeres en el supuesto de una agresión. Cuando la mujer es la agresora sobresale el talante jocoso de las definiciones: "La viuda obstinada", "La Dulce Neus"..., muy diferente de los términos utilizados para hablar de los agresores; entre ellas no hay asesinatos por amor ni cegueras pasionales, como en la agresión masculina.

Cuando es el hombre el que agrede, la acción se solapa bajo términos tan difusos y grandilocuentes como: "Oscura espiral de pasión y violencia", que se ha podido leer en algún texto. Pero los más utilizados son crimen, arrebato o venganza pasional. Otras muchas investigaciones inciden también en la insistencia, por la prensa, en utilizar el término crimen pasional, pero es un aspecto que debe seguir siendo denunciado; es necesario hacer un esfuerzo de comprensión para establecer como crímenes pasionales lo que en sus informaciones la prensa define como "Amor no correspondido", "Amores frustrados", "Asesinar a su enamorada"..., tales expresiones resultan pasmosas; quitar la vida a un semejante es un delito, además de un retroceso de lo humano, pero hacerlo por amor es la mayor de las incongruencias.

Algo semejante ocurre con el término relaciones, cuyo uso parece ilimitado para la prensa, que lo utiliza para definir el acoso, el supuesto derecho de propiedad de la mujer de hombre que no aceptan negativas, el amor, e incluso la violación. Y definir como relaciones sexuales una violación deja de ser un tópico para convertirse en una burla grotesca, en un insulto, sobre todo para las afectadas: "Había ideado tener relaciones sexuales con su prima", informa El Mundo, del 23 de abril de 1995, en un claro subterfugio de violación, pues se trataba de uno de los crímenes que más han conmocionado a la opinión pública de la CAPV por lo cruel y aberrante de su factura, y la víctima, con la que su primo quería tener relaciones sexuales, tenía 12 años. En la mayoría de las ocasiones, la familia se siente herida. En el caso de la joven Leticia Temiño, los padres denunciaron a los medios por utilizar el simil grotesco de las relaciones sexuales para definir una brutal violación que acabó con la vida de la joven, que había sido maniatada y drogada.

Abuso de citas textuales

Proliferan en esta clase de noticias las citas más vulgares y grotescas, frases lapidarias que responden a esos clichés de pensamiento, a esas actitudes sociales que se esperan de hombres y mujeres: "Nos amamos a matar", "Lo sabe Dios y lo sabe ella"...

2.3 Reproducción de estereotipos

Otro de los aspectos contemplados en el análisis cualitativo ha sido la reproducción de estereotipos que se mantienen vigentes a lo largo del tiempo y que en prensa se reproducen a partir de dos formas principales:

2.3.1 Causas señaladas como móvil

Hay que destacar que en los delitos sexuales el único móvil, insinuado a veces y otras explícitamente mencionado, es el impulso irrefrenable; hay una legitimación de esas conductas en la aceptación de la existencia de un impulso natural que no se puede reprimir.

Las causas señaladas como móvil de las agresiones domésticas son el no aceptar la separación, el crimen pasional, las disputas conyugales y la custodia de los hijos. Que el hombre no acepte la separación, que la causa esté en el amor a la mujer o a los hijos, más que como un móvil es presentado por la prensa como una justificación, pues la bondad de los motivos que empujan a la agresión parece legitimarla.

Es necesario hacer hincapié en una de esas causas, las disputas, que si bien no son señaladas directamente como tal en todas las noticias, lo cierto es que son pocos los textos de agresión doméstica que no las mencionan. La prensa adjudica al término disputa una calidad diferente, rescatándolo de su significación original, esto es, debate frente a los puntos de vista de otro. No se entiende, entonces, cómo puede una disputa ser causa de una agresión. Si la disputa es la causa, se reparte entre dos la responsabilidad de una sola violencia, pues estamos hablando de disputas unilaterales. Se están minimizando las agresiones al sustituir el término por el de disputa.

2.3.2 Justificaciones

Se confirma que las actitudes y prejuicios se reproducen manteniendo el estado de cosas presente. Por eso, las justificaciones aludidas por la prensa son las conocidas por todos, las esperadas: que en el fondo les gusta, que ella le provocó, que tenía derecho... en suma, las de siempre. Por supuesto, que los periódicos no justifican abiertamente las agresiones, pero al relatar los sucesos deslizan circunstancias cargadas de prejuicios que los justifican, como, por ejemplo, que ella no había hecho la comida, que trabajaba en un club de alterne, que se fue con él voluntariamente...

2.4 Postura de la prensa

Deriva tanto de los textos informativos como de los interpretativos y de opinión, aunque es en estos últimos donde la postura explícita no puede ser obviada. Editoriales, columnas y artículos nos dan la medida de lo que es la violencia sobre la mujer para la prensa.

El hecho de que el género de opinión esté tan poco representado en esta clase de noticias (2,31%) da ya la primera respuesta: la prensa no concede demasiada importancia a la violencia sobre la mujer; se podría decir que opinan sobre el tema pero no sobre el problema, pues se limitan a señalar su existencia, son opiniones descriptivas. Las diferencias entre los distintos periódicos no son considerables

CONCLUSIONES

1ª) La violencia contra la mujer forma ya parte de la agenda de la prensa

La lectura diaria de los periódicos nos lo confirma, pues todos los días aparece una noticia relacionada con el tema, y hay días en que hemos podido encontrar hasta cinco noticias en una misma página.

La violencia contra la mujer lleva años enquistada en cifras muy similares, sin embargo, hasta no hace mucho era muy raro que la prensa informara sobre ello. El interés actual no parece responder, por tanto, a un recrudecimiento del problema, sino a un cambio de actitud de los medios. Y éste es un primer paso muy importante para hacer visible el problema e introducirlo como debate en la opinión pública.

Pero es importante ver cómo se plasma ese interés. En primer lugar, la saturación que presentan esta clase de noticias, junto a la contigüidad de otros sucesos violentos, o sea, la exacerbación de la tematización, resta entidad propia al problema que se disuelve entre otros contenidos como una forma de violencia más, sin otras matizaciones.

2ª) La violencia contra la mujer tiene poco valor informativo para la prensa

Es, en general, un tema blando, que no merece gran rigurosidad en las informaciones, limitándose a resúmenes de agencia, sin nombrar fuentes ni autores, un tema relegado a secciones y lugares de bajo valor informativo.

3ª) Se ha construido un modelo de relato periodístico

Tras leer los textos queda la sensación de que hay un común denominador y unos contenidos permanentes. En los reportajes impera la forma de cuento y el mal uso de un lenguaje pretendidamente literario. Los textos de violencia sexual contienen un marcado sensacionalismo. En general, abunda en este modelo el uso de un lenguaje judicial, hay gran cantidad de tópicos y eufemismos y un estilo intranscendente y vanal que resta importancia a los sucesos.

4ª) Tras el aparente interés humano subyace el sensacionalismo

Para dar noticia de los sucesos de violencia contra la mujer se utilizan muy a menudo historia con rostro humano, que relatan el drama de sus protagonistas. Pero sólo se cuentan las historias más anómalas, se busca lo espectacular, la agresión más grave, la biografía más excéntrica. El resultado final es que la violencia contra la mujer termina por parecer un hecho insólito del que la mujer común está a salvo.

5ª) La prensa transmite las actitudes y prejuicios a través de estereotipos

La prensa sigue reproduciendo los mismos estereotipos que, desde siempre, han acompañado al problema de la violencia contra la mujer. Las causas esgrimidas como motivo de las agresiones, al igual que las justificaciones, no hacen sino reiterar lo ya conocido. Este trabajo concluye que tres de estos estereotipos son los más hirientes y los que antes deberían ser desterrados de las páginas de los periódicos: los términos "crimen pasional", "discusiones" y "relaciones sexuales", que se usan para definir lo que en realidad es una agresión. Son los más llamativos y los más fáciles de evitar.

6ª) Hay más informaciones sobre violencia sexual que sobre violencia doméstica, con un tratamiento diferenciado

A pesar de que la violencia doméstica forma ya parte de la agenda de los medios, en el periodo analizado seguían siendo mayoría las noticias sobre violencia sexual (677 sobre 416).

La violencia doméstica se presta más a informaciones del tipo de historia con rostro humano, contienen un grado más elevado de eufemismo y, en general, permite informar con un tono de intrascendencia. La violencia sexual da lugar a serializaciones y sus informaciones mantienen un tono de gravedad.

7ª) El mensaje subyacente de la prensa es que se trata de un problema inevitable que hay que soportar

La violencia sobre la mujer se presenta como un problema inevitable a partir, en gran media, de las causas que se apuntan como origen de las agresiones: alcoholismo, drogas, psicopatías, bajo nivel cultural, paro... problemas coyunturales imposibles de prevenir socialmente porque son responsabilidad de los propios protagonistas. También se presenta como un imposible desde la lógica irracional de las pasiones humanas... es lo inscrito en la esencia misma del ser hombre y ser mujer, ante lo que nada se puede hacer; el mensaje es que siempre habrá hombres que agredan a sus mujeres. La prensa se limita a dar fe de los hechos, a escribir la crónica de nuestros días desde el dolor, sí, pero también desde la resignación.

8ª) La imagen de la mujer víctima de violencia apenas queda apuntada

Se trata de una mujer joven, cuya presencia en la esfera pública es casi inexistente, sólo una cuarta parte de las noticias mencionan la profesión de las víctimas, y un 20% son amas de casa, un 25% estudiantes y un 18% prostitutas.

9ª) Diferencias entre periódicos

Las diferencias entre periódicos son poco relevantes. Aún así, hay ciertas peculiaridades en el modo de informar de cada periódico estudiado, y así, mientras El Mundo se distancia al incluir cerca de un 50% de textos interpretativos, El Correo y Diario Vasco sólo presentan un 10%; el 20% de los textos interpretativos de Deia son meros ecos de la labor institucional. Egin se diferencia algo más, sobre todo porque denuncia delitos mayoritariamente silenciados y contiene un tono beligerante y un estilo muy poco cuidado. En general, la principal diferencia entre los periódicos analizados viene determinada por la mayor o menor presencia del género informativo.

La conclusión final que se extrae de esta investigación es que existe en la prensa, al igual que en el resto de la sociedad, una forma de entender las relaciones entre hombres y mujeres que permite entender y justificar la violencia sobre la mujer. Y mientras no se cambien esos esquemas mentales, las diferentes medidas de todo tipo, legales, penales, sociales..., no conseguirán ser más que eso, ayudas para el día siguiente, pero no auténticos mecanismos que hagan desaparecer la violencia sobre la mujer.

Mientras la prensa siga comprendiendo las causas, envolviendo las agresiones entre los elevados sentimientos que empujan a los hombres a tal actitud, o considerando la agresividad un emblema masculino y la debilidad como muy femenina, será difícil que la situación cambie, porque la sociedad no va a condenar a quien actúa por amor, o por ajustarse a lo que se espera de su actitud como hombre. La prensa, y por extensión todos los medios de comunicación, tiene en sus manos la posibilidad de iniciar el cambio, porque puede romper la inercia que les lleva al uso de tan incrustados estereotipos.

Resulta pertinente una apreciación final, y es que tras concluir la investigación queda la sensación de que el resultado viene a repetir lo ya conocido, de que recuerda en exceso lo ya dicho en otros lugares. Sin embargo, y tras reflexionar sobre el tema, se concluye que quizás haya que rendirse a la evidencia de que el tópico, en este caso, no es más que la cruda realidad que define el problema, y que insistir en su denuncia es la única posibilidad que nos queda de acabar con la violencia contra la mujer.

Notas

(1) Delitos contra la igualdad. Ponencias del IV Programa de Acción Comunitaria", Ed. Instituto de la Mujer, Madrid, 1998.

(2) Nuñez Ladeveze, Luis, "El lenguaje de los media", Ed. Pirámide, Madrid, 1979, pág. 27.

(3) Los datos sobre denuncias y muertes han sido facilitados por el Ministerio del Interior, la Comisión para la investigación de los malos tratos, el Instituto de la Mujer y Emakunde.


FORMA DE CITAR ESTE TRABAJO EN BIBLIOGRAFÍAS:

Pérez Salicio, Encarnación (2001): La violencia contra la mujer en la prensa. Revista Latina de Comunicación Social, 44. Recuperado el x de xxxx de 200x de:
http://www.ull.es/publicaciones/latina/2001/latina44septiembre/4408perezsalicio.htm