Revista Latina de Comunicación Social 21 – septiembre de 1999

Edita: LAboratorio de Tecnologías de la Información y Nuevos Análisis de Comunicación Social
Depósito Legal: TF-135-98 / ISSN: 1138-5820
Año 2º – Director: Dr. José Manuel de Pablos Coello, catedrático de Periodismo
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Una visión de la ciudad de Puntarenas

(3.793 palabras - 8 páginas)

Lic. Evelyn Patricia Gutiérrez Soto ©

Costa Rica

 

Lo que hace diferente una ciudad de otra es su historia, porque en ella se recopila la autenticidad de las personas en cada uno de los detalles que la hacen ser única en el inmenso universo de la existencia. Todo la particularidad que emana una ciudad con su folclore, cultura y dinamismo construye la personalidad de la misma mezclando todo en armonía para consolidar un orbe único que le da su sello y distinción.

La ciudad de Puntarenas es una de las ciudades más representativas de Costa Rica, porque en ella se entrelaza el sabor tropical que emana de sus costas. A lo largo de los años ha mantenido su señorío reafirmando su carácter, y convirtiéndose con el tiempo en una ciudad llena de tradiciones que ha procurado renacer hacia el ámbito moderno con una visión de apertura al turismo, a la comercialización y al trabajo equitativo con la apertura de mejores fuentes de empleo.

Sin embargo, al hablar del "Puerto" como se le conoce popularmente, viene a la mente no sólo la belleza natural que lo caracteriza, sino sus edificaciones, que han hecho posible crear un ambiente en armonía en donde se mezcla audazmente el pasado y presente en cada una de sus diseños.

Por ello, para conocer una ciudad hay que conocer su pasado para entender el presente y en ese entendimiento se aprecia los detalles que hacen única a una ciudad entre muchas otras.

RECUENTO HISTORICO DE PUNTARENAS

En 1519, el conquistador español Hernán Ponce de León penetró por primera vez el golfo de San Lucas (hoy golfo de Nicoya), y descubrió un territorio de exuberante belleza, que más tarde se conocería con el nombre de Puntarenas.

Se encuentra ubicada en el Pacífico Central de Costa Rica. Su nombre lo adoptó por la forma geográfica de su territorio, que asemeja una gran lengüeta de tierra. Autores como Walter Rodríguez (La Voz del Pacífico, septiembre, 1998) manifiestan: "La lengüeta de arena que dio precisamente el nombre de "Puntarenas", se remonta a varios siglos atrás, producto de la formación y movimiento de las placas y a la sedimentación arrastrada por los ríos que desembocan en el golfo Dulce."

En 1522, otro español, Gil González Dávila, llega a Caldera, y recorre el mismo trayecto efectuado por su coterráneo, Ponce de León. González Dávila comerció con los indígenas chorotegas, quienes se dedicaban entre otros oficios a realizar trabajos en cerámica utilizando materiales como el oro y la piedra.

En un principio, la sociedad puntarenense estaba conformada por criollos (indígenas-español), y se fortaleció con la llegada de los primeros forasteros procedentes de Nicaragua y de Chiriquí, Panamá.

Debido al eminente crecimiento de la población y a las gestiones realizadas por sus habitantes, la comunidad de Puntarenas fue elevada a la categoría de "Puerto mayor" a partir del 21 de septiembre de 1814, gracias a los esfuerzos hechos por don Tomás de Acosta y acogidos con beneplácito por los Reyes Católicos.

La comarca de Puntarenas fue proclamada como ciudad el 17 de septiembre de 1858, bajo el mandato del presidente Juan Rafael Mora Porras. Al respecto, el investigador Juan Guillermo Ortiz manifiesta: "Es fuera de cuestión que la población de Puntarenas, si se le compara con lo que era hasta hace poco años antes, se haya hoy en un estado floreciente y digno de llamar particularmente la atención del Supremo Poder Ejecutivo, no sólo por el aumento progresivo de su población, sino también por la multitud de edificios valiosos que posee. Es también indudable que dicha población auxilió de una manera poderosa al gobierno en la campaña contra los filibusteros, habiéndose hecho acreedora por este motivo a la recompensa nacional.

Por tal exposición del Supremo Poder Ejecutivo basado en los principios de equidad y de justicia, se emitió el decreto del 17 de septiembre de 1858 y se le otorgó el título de ciudad."

La nueva ciudad de Puntarenas empezó a florecer a partir de la procedencia de visitantes que llegaban a sentar raíces en su tierra. El transporte de mercancías, propiamente en las actividades portuaria, pesquera y artesanal, fue consolidando las bases de esta nueva ciudad ansiosa de mejorar la calidad de vida de sus pobladores.

UNA MIRADA AL PASADO ARQUITECTÓNICO

Desde los tiempos de la colonia en la ciudad de Puntarenas siempre estuvo presente la arquitectura de influencia española. Muchos de los edificios con dicho predominio hoy no se encuentran en la ciudad, porque han sido demolidos, modificados o en algunas ocasiones restaurados por sus habitantes. Estas estructuras fueron testigos de momentos transcendentales que vivió la ciudad y los cuales albergaron historias que pasaron de una generación a otra. Ejemplo de ello son algunas de las siguientes:

Los locales multiusos eran muy útiles. En 1814 se construyó un galerón de madera que tenía varios usos: fungió como oficinas de gobierno, aduana, hospital y Escuela de Primeras Letras y finalmente terminó como ermita. Por la índole de las tareas y trabajos que se realizaban en estos locales, se dice que eran el punto de encuentro de la población lo deja apreciar el concepto de unidad y concentración en un punto determinado de la ciudad.

Mucho se ha hablado de las construcciones arquitectónicas de los templos cristianos, ya que constituían un punto de encuentro de los pobladores. En muchas ocasiones servían para otros usos, como lo relata el escritor Walter Rodríguez (1998), quien indica que en el año de 1834 hubo un temporal muy fuerte y obligó a la población a refugiarse en la ermita, cuya construcción era bastante sólida. Esta estaba ubicada sobre un terreno alto, con una buena base y podían protegerse de fuertes lluvias los feligreses en ella.

Con el crecimiento de la población se hizo necesario la construcción de una iglesia. Primeramente, se edificó un galerón semidescubierto con techo de zinc, importado de Inglaterra. En el sitio donde estaba ubicado el galerón se construyó la iglesia, cuyo material era básicamente de madera. En 1898 el templo se quemó. En la actualidad, la iglesia se encuentra ubicada en el mismo lugar. Como dato curioso, la iglesia, hoy catedral de Puntarenas, tiene su entrada principal hacia el oeste y no hacia el este como la tienen todas las iglesias del resto del territorio costarricense. Esto, debido a que nuestros antepasados nunca pensaron que Puntarenas fuese a crecer y convertirse en una ciudad. Además, la edificación realizada en piedra, sus vitrales y figuras "santas" permiten admirar la belleza arquitectónica y la decoración de la misma.

El punto central de la ciudad era precisamente la iglesia y las calles que comunicaban a este templo con los diferentes puntos estratégicos de la ciudad eran angostas y de tierra. En el gobierno del presidente Braulio Carrillo se dispuso trazar las primeras calles, cuadras y se vislumbró lo que serían las avenidas de Puntarenas. El presidente Carrillo nombró a un gobernador en Puntarenas que continuó la labor iniciada en la construcción de las calles y avenidas, lo cual dio realce a la ciudad y contribuyo a que la misma se modificara.

En 1932 se realizó el primer estudio con miras a hacer la construcción de la cañería que abastecería a Puntarenas de agua potable. Esto dio paso al proceso de urbanización de sectores alejados de la periferia central de la ciudad.

EL FERROCARRIL

La construcción del ferrocarril entre los años de 1870 y 1890 trajo grandes variantes en la comunidad. Según lo manifiestan los historiadores Iván Molina y Steven Palmer, se emplearon trabajadores extranjeros como: chinos, italianos, afrocaribeños (en especial de Jamaica). Esto trajo como consecuencia la mezcla de razas, costumbres y cultura.

En 1887, el trayecto de la comunidad de Barranca a Puntarenas se efectuaba por medio del burrocarril. El gobierno de Cleto González Víquez impulsó la Ley de Ferrocarriles y en 1909 se efectuó el primer viaje entre la capital, San José, y Puntarenas, con la locomotora a vapor llamada María Cecilia.

Las conocidas casas del ferrocarril fueron obras que se propagaron durante la construcción de éste. Estas casas eran amplias, de techo bastante alto para apaciguar el calor. Poseían ventanas en forma rectangular, muchas tenían corredores adornados en forma de barandas. Los materiales para su construcción eran cemento, madera, tejas para los techos.

El diseño de las casas permitía refrescar a sus habitantes en los días de calor intenso; ya que en esta ciudad prevalece un clima típicamente tropical, bañado por las aguas del Pacífico.

Estas viviendas estaban ubicadas a orillas de la línea férrea y eran asignadas a los ferrocarrileros con familia. Estaban ubicadas a lo largo del trayecto entre San José y Puntarenas.

Recorrer el trayecto entre el valle central y Puntarenas por tren siempre fue visto como toda una aventura donde se admiraba el paisaje natural y lo autóctono de cada pueblo por el cual se pasaba. Además de esto, el tren constituía un medio para el transporte de las mercancías y cumplía un servicio muy especial, pues traía noticias de la capital y de los pueblos aledaños, constituyéndose así en un medio de comunicación veraz por medio del cual se conocían noticias y acontecimientos diarios.

La comunicación que se transpiraba en los vagones del ferrocarril era siempre jovial, alegre y placentera. Al acercarse el tren al puerto siempre sonaban un pitazo largo y fuerte, el cual anunciaba la llegada del inmenso monstruo de hierro. Al respecto, el historiador costarricense Juan Guillermo Ortiz rememora (1998, Pág. No 6):

"Estamos en San José a mediados de los treinta. Estación del ferrocarril, suena ya la campana: tan, tan, tan, tan, tan, tan, tan, éste es el último aviso. Los asientos amarillos hechos de un material de fibras entrelazadas angostas y resistentes a millones e hilvanados; el respaldar de del asiento movible para escoger si los pasajeros viajan de frente o mirando atrás. Ya guardamos las valijas en las cunetas del tren sostenidas arriba de las paredes del carro. Nos sentamos muy sabrosos y tenía la sensación de que estaba en Puntarenas. Ya viene el señor del quepis caminando entre el espacio que separa las dos filas de asientos del vagón a picarnos los tiquetes; escogimos los asientos entonces del lado derecho porque en la parada del tren sobre Orotina llagarían los vendedores a ofrecer pollo y comida para almorzar de camino. ¡Qué emoción pasar el túnel: negro, negro, y después a volver a mirar el sol! Y así por fin lo pasé para después del almuerzo sentarnos al lado izquierdo ventanilla levantada y sin sacar la cabeza porque era muy peligroso que nos quedara un poste y después de Coyolar de Caldera y de Salinas habríamos de ver el mar..."

El tren como medio de transporte fue testigo de innumerables historias y acontecimientos de diferente índole que le daba una personalidad única en esta ciudad. El fervor era un concepto presente en sus trabajadores, por todos ellos celebraban con alegría su santo patrón: el Corazón de Jesús. Cada año era característico observar el recorrido que hacían con el santo por todas las comunidades donde llegaba este servicio. Todo provisto de fervor, música y regocijo en cada ciudad. Un detalle muy singular que se convirtió en una tradición fue que rendían homenaje a los ferrocarrileros más viejos, utilizando lo que más caracterizaba su presencia: un largo y fuerte pitazo.

EL PARQUE VICTORIA

Un sitio muy frecuentado por turistas y nativos era "El parque Victoria", ya que fue uno de los lugares de encuentro predilectos de los habitantes de Puntarenas. Anterior a la construcción del parque Victoria estuvo ubicado en su lugar un galerón. Luego se convirtió en la plaza Victoria y finalmente dio paso al parque.

Formaba parte de su construcción un quiosco edificado en 1914, rodeado de varias vigas que servían de soporte a la cúpula central. El parque Victoria poseía un jardín compuesto en su mayoría por palmeras y otras plantas tropicales. Alrededor del jardín se encontraban los "pollos" o asientos.

La música siempre ha jugado un papel primordial en los parques, y el Victoria no fue la excepción. Los domingos en la noche se escuchaba una retreta donde se tocaba uno de los mejores vals de moda en Europa y al ritmo de la música los jóvenes acostumbraban caminar alrededor del parque y lanzarse furtivas miradas, que en muchas ocasiones terminaban ante el altar.

Por mucho tiempo, el parque Victoria fue el lugar de acontecimientos más importantes del puerto, ejemplo de ello era la costumbre de los coterráneos de recibir el año nuevo en dicho sitio.

LA CASA DE LA CULTURA

Otro edificio que está junto a la catedral de Puntarenas que tiene su propia historia es la Casa de la Cultura de Puntarenas. Su arquitectura representa la expresión colonial, cuyo estilo es el de un fortín.

A fines del siglo pasado en el lugar donde se encuentra la Casa de la Cultura existió la casa de habitación perteneciente a la familia de Francisco de Paula Amador.

En este mismo lugar estuvo ubicada la Comandancia de la Guardia Civil de Puntarenas. A partir de 1913 se construye la sección que correspondió a las cárceles de la ciudad. Este inmueble contaba con celdas para delincuentes de menor rango y oficinas administrativas donde laboraban servidores de seguridad pública.

En 1977 este edificio fue declarado patrimonio cultural y se designa su uso para la creación de la Casa de la Cultura, hecho que se dio el 14 de septiembre de ese mismo año, según decreto No, 7467. Y es en la administración del presidente Rodrigo Carazo Odio que se ejecutó el traspaso de la propiedad al Ministerio de Cultura Juventud y Deportes el 28 de abril de 1978. Iniciándose luego la remodelación de lo que sería la Casa de la Cultura, lo cual fue asignado al Instituto de Vivienda y Urbanismo quién se encargó de la reparación y construcción de las obras bajo la coordinación del arquitecto Leonardo Silva el cual fiscalizó el diseño, programación e inspección del edificio.

La construcción de los talleres de artesanía se aprueba en la sesión municipal No. 15 del 27 de mayo de 1986. A su vez, la edificación del bulevar fue producto de un convenio entre el Ministerio de Cultura, Juventud y Deportes y el Instituto Nacional de Aprendizaje que se realizó el 27 de febrero de 1987. Este bulevar comunica la iglesia católica con la Casa de la Cultura. En la actualidad se encuentran ubicadas oficinas, cafés y centros de información turística a lo largo del mismo. Todo un complejo digno de admirar y contemplar ubicado en la avenida principal.

Todo el esfuerzo realizado por los Puntarenenses culminó con la inauguración de la Casa de la Cultura aconteció el 15 de diciembre de 1989. Para esta ocasión tan solemne se organizó una velada artística y se invitó a personalidades de la provincia para que fueran testigos de ese acto tan representativo para la provincia.

Sin embargo, luego surgió la inquietud de crear un museo que fuese un punto de encuentro entre la cultural provincial y la recuperación y promoción de los datos más transcendentales de la misma. Consecuencia de ello e inspirados en la importancia de la creación de un museo que recopilara los datos más representativos e históricos de la ciudad, se inicia el proyecto museístico el 22 de mayo de 1989, bajo la tutela de la señora Mimí Prado, viceministra de Cultura de ese entonces. Este museo fue inaugurado el 22 de agosto de 1992 por los entonces presiente de la República Lic. Rafael Angel Calderón Fournier y la ministra de Cultura, Juventud y Deportes, Aída de Fishman.

Con el eslogan de las "Celdas a las artes", se modificó un viejo fortín en un sitio de gran valor educativo, respetando la estructura del edificio y tomando como base su estructura propia, y haciendo de éste un centro para la promoción de la cultura, las artes y la democracia, quedando en el olvido el sitio de dolor que significo para muchos porteños.

En diferentes épocas del año, la Casa de la Cultura se engalana festejando fechas importantes, acontecimientos, que realzan lo autóctono del puntarenense, y logrando con esto resaltar lo mejor de su tierra y de su gente.

LOS MUELLES

Por ser una provincia cuyo territorio está bañado por las aguas del Pacífico, los muelles siempre fueron importante para el tráfico de materiales, mercancías y para el transporte de personas que necesitaban trasladarse a las islas de Venado, Negritos y Caballo, entre otras,

Uno de los primeros muelles que se hicieron fue "el muellecito". La construcción de este muelle se autorizó mediante la ley No. 54, del 4 de julio de 1913. Estaba situado al final de la calle Ricardo Jiménez Oreamuno. Fue erigido con el propósito de recibir viajeros del interior del país, de la provincia de Guanacaste, así como del resto de Centroamérica.

A través de este muelle se transportaban las cosechas de la península de Nicoya, fortaleciéndose así la economía de la provincia de Puntarenas. De este muelle, también salían lanchas hacia la isla de San Lucas, donde se encontraba el centro penitenciario del mismo nombre (actualmente base naval), así como lanchas de cabotaje cuyo destino era Golfito o Nicoya.

Otro muelle de gran relevancia es "el muelle grande de la playa". Fue construido en el año 1927. Este muelle tiene un doble significado: fuente de empleo y sitio de intercambio de mercancía. Fue uno de los principales puntos de exportación de café, situación que lo convirtió en el puerto más importante de la costa pacífica. "El muelle grande" fue un símbolo de trabajo que enorgulleció y sustentó a la familia puntarenense.

El ser "muellero" fue una tradición que pasaba de generación a generación, y que además era una las principales fuentes de empleo de esta región, así como también era el sitio donde se conocían las más diversas anécdotas contadas por los marinos.

La mezcla de idiomas de los extranjeros, sumado al español folclórico del muellero, hizo que la comunicación gesticular fuese siempre un apoyo para indicar direcciones o puntos de encuentros. Nació así una jerga propia del muellero que ha perdurado hasta nuestros días.

Junto a la entrada del muelle se encuentra la Capitanía de Puerto, la cual es un hermoso edificio de dos pisos. Posee corredores, balcones y grandes ventanas con vista al mar, lo cual hace del lugar un sitio muy ventilado y fresco. Desde larga distancia se sabe de su existencia, pues se ha caracterizado por el sonido inconfundible de su sirena, que llamaba a los muelleros a laborar o anunciaba algún acontecimiento importante en el puerto, como era su sonido cada 31 de diciembre para recibir el año nuevo, o para recibir los barcos que ingresaban a puerto saludando a su llegada. Tanto en el pasado, como en el presente, este sitio alberga empleados gubernamentales de diferentes instituciones como del Instituto Costarricense de Puertos del Pacífico y en la actualidad a funcionarios del área de turismo y seguridad pública.

El trasiego de mercaderías se transportaba por medio del ferrocarril que las conducía desde el muelle hasta las bodegas de aduana para los trámites legales correspondientes.

En la actualidad, tanto la capitanía de puerto como el muelle de la ciudad han sido restaurados, para iniciar el proyecto "Puntarenas por siempre", cuyo objetivo primordial es fomentar la industria turística en la costa pacífica. Este proyecto ha incentivado el ingreso de barcos cruceros. Además de esto, se han construido varios edificios, como por ejemplo el mercado de artesanías, restaurantes de corte moderno, que contribuyen a brindar al espectador una faceta moderna de la ciudad.

PUNTARENAS, SU FUTURO

La ciudad de Puntarenas vivió largo tiempo en el olvidó y al parecer no podía salir del letargo en que se había consumido. Durante mucho tiempo fue una ciudad "invisible", pues los proyectos gubernamentales se concentraban en otras zonas del país. Sin embargo, gracias a las gestiones realizadas por el ex presidente de la república ingeniero José María Figueres Olsen (1994-1998), se concretó en cooperación con el gobierno de la república de Taiwan un proyecto que permitió que la ciudad renaciera nuevamente, denominado "Puntarenas por siempre".

El Proyecto "Puntarenas por siempre" ha permitido en los últimos seis meses que la fachada de la ciudad tenga un nuevo maquillaje, pues ha permitido remozar varias estructuras y edificios, así como se ha venido realizando toda una campaña en los medios de comunicación para incentivar el turismo nacional e internacional.

Con la reconstrucción del muelle de la playa y restauración del viejo edificio de la capitanía de puerto, se comenzó a recibir barcos cruceros a partir de su reinauguración efectuada por el presidente de la república Dr. Miguel Angel Rodríguez, en septiembre de 1998.

Una nueva filosofía en el sector turístico, así como un programa de conservación y rehabilitación de edificios es parte del proyecto que pretende combinar la parte histórica de la ciudad, con las imponentes edificaciones modernas que se llevan a cabo actualmente.

Puntarenas, como ciudad de cara al futuro, será escenario de mejoras comunales, que ofrecerán al turismo nacional e internacional lo mejor de su gente, su arte, y su cultura para enorgullecer la autenticidad, y dar como siempre, lo mejor de sus raíces, costumbres y folclore.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

  • Gómez, Miguel. La Casa de la Cultura. Monografía. Ministerio de Cultura Juventud y Deportes. 1997.

  • Molina Jiménez, Iván y Palmer, Steven. Historia de Costa Rica: breve, actualizada y con ilustraciones. Editorial Costa Rica. San José Costa Rica. 1997.

  • Ortiz, Juan Guillermo. Puntarenas por siempre. 140 aniversario de la nominación de Puntarenas como ciudad. Editorial EDUNED. San José Costa Rica. 1998.

  • Rodríguez, Armando. Diario: La Voz del Pacífico. Junio 1964, P.36, 37 y 38.

  • Rodríguez, Armando. Diario: La Voz del Pacífico. Julio 1964, P.6 y 7.

  • Rodríguez, Armando. Diario: La Voz del Pacífico. Agosto 1964, P.24.

  • Rodríguez, Walter. Edición de historia. Diario: La Voz del Pacífico. Septiembre, 1998.

  • Rodríguez, Walter. Diario: La Voz del Pacífico. Octubre, 1998, P. 10, 11, 12 y 13.

Fotos de lugares citados en el texto


FORMA DE CITAR ESTE TRABAJO EN BIBLIOGRAFÍAS:

Gutiérrez Soto, Evelyn Patricia (1999): Una visión de la ciudad de Puntarenas. Revista Latina de Comunicación Social, 21. Recuperado el x de xxxx de 200x de:
http://www.ull.es/publicaciones/latina/a1999dse/
44punta.htm