Revista Latina de Comunicación Social 21 – septiembre de 1999

Edita: LAboratorio de Tecnologías de la Información y Nuevos Análisis de Comunicación Social
Depósito Legal: TF-135-98 / ISSN: 1138-5820
Año 2º – Director: Dr. José Manuel de Pablos Coello, catedrático de Periodismo
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Los diez mandamientos del divulgador de la ciencia

(2.364 palabras -5 páginas)

Lic. Heloisa Dallanhol ©

Santa Catarina (Brasil) - Doctoranda en la Universidad de La Laguna

hdallanhol@hotmail.com

INTRODUCCIÓN

Del 25 al 27 de marzo de 1999 se celebró en Granada el I Congreso sobre Comunicación Social de la Ciencia, una oportunidad para que sus participantes intercambiasen ideas y presentasen estudios respecto a la popularización de los descubrimientos científicos. Basada en diversas mesas redondas y en una bibliografía adicional, además de mi propia experiencia como periodista e investigadora en los últimos 13 años, he reflexionado sobre un documento distribuido a todos los congresistas: un Decálogo del Divulgador de la Ciencia. Pese a su importancia, éste resumen sobre los deberes de quien se dedica a difundir los resultados de los experimentos hechos en laboratorios o centros académicos fue prácticamente ignorado durante dicho congreso. Analizar sus detalles principales es lo que me propongo a hacer en esta VI edición de las Jornadas Internacionales de Jóvenes Investigadores en Comunicación.

Antes, deseo plantear brevemente un dilema profesional para aclarar los motivos que me llevan a detenerme sobre los aspectos deontológicos del periodismo especializado.

1.1 La mala fama de la prensa

En la redacción de una revista española vi un cartel que decía: "No le diga a mi madre que soy periodista. Ella piensa que toco el piano en un burdel".

Tales palabras me recordaron la vergüenza que siento al oír las críticas justificadas que la gente hace sobre los medios de comunicación. Los diarios están llenos de errores no sólo gramaticales sino resultantes de la falta de ética de algunos colegas. Al distorsionar declaraciones, ellos hacen que muchas fuentes de información no se fíen de ningún reportero. Peor aún, engañan a sus lectores.

A pesar del cuidado que he tenido al trabajar como periodista, tanto en los Estados Unidos como en Brasil, en un cierto momento llegué a pensar en cambiar la vieja máquina de escribir o hasta el moderno ordenador por teclados "más nobles", dado que también toco piano... Pero no lo hice. Al contrario, resolví dedicarme a buscar modos de perfeccionar la prensa y servir al público.

En 1995 defendí una tesis en la Universidad de Arizona sobre cómo facilitar la comprensión de noticias sobre ciencia sin apelar al sensacionalismo. Actualmente hago un programa de doctorado en el cual intento profundizar mis conocimientos sobre el periodismo especializado, o sea, "el que resulta de la aplicación minuciosa de la metodología periodística de investigación a los múltiples ámbitos temáticos que conforman la realidad social [...] para dar respuesta a los intereses y necesidades de las nuevas audiencias sectoriales" (Montserrat Quesada Pérez, 1998: 23).

Aunque haya crecido la curiosidad de los ciudadanos por determinados temas científicos, no creo que los periódicos deban ofrecer secciones estancas sobre ciencia, porque suelen convertirse en suplementos para iniciados. Mejor es presentar noticias genéricas en las cuales el punto de vista del experto sea priorizado, pero también contrastado con opiniones de otras fuentes, como las autoridades oficiales, los políticos y hasta el hombre de la calle.

Sin embargo, al contrario de simples declaraciones que no sirven para fundamentar un reportaje, la perspectiva científica es un enfoque racional de los temas basado en amplia documentación. Por ejemplo, puede ser comprobado a través de revistas científicas, dado que sus editores someten cada artículo a un examen crítico que busca errores, contradicciones y ambigüedades. De hecho, pocos dudan que la ciencia es la manera más fiable de conocer la realidad material hoy (Aguillera Mochon, 1999: 10).

Una de las tendencias parece ser el aumento de la influencia que ejercerán los criterios científicos sobre las decisiones que afectan a la vida y el bienestar de los ciudadanos, especialmente en lo que se refiere al medio ambiente. Problemas como la sequía, el efecto invernadero y la escasez energética ya están provocando la participación de investigadores en esferas públicas antes protagonizadas por políticos. Para que también los ciudadanos puedan intervenir en tales discusiones, hay que informarlos respecto a los avances del conocimiento humano. Cómo hacerlo bien es lo que nos propone el presidente de la Asociación Española e Iberoamericana de Periodismo Científico, Manuel Calvo Hernando, a través de su Decálogo del Divulgador de la Ciencia (Ver apéndice).

MISIÓN POSIBLE

El documento referido arriba no es un código de ética oficial ni un tratado deontológico. Tampoco se dirige exclusivamente a los periodistas especializados. Estos "diez mandamientos" deberían ser seguidos por cualquier reportero, científico o profesor que contribuya sistemáticamente a la popularización de la ciencia a través de los medios informativos y que se preocupe con sus implicaciones morales.

Proclama el primer punto: "Ante todo, tendrá conciencia de su altísima misión: Poner al alcance de la mayoría el patrimonio científico de la minoría". Muchos académicos no comparten con la sociedad los resultados de sus estudios sea por no lograr expresarse sin jerga, por no tener acceso a los medios de comunicación de masa o por otras razones.

Con la creciente globalización de los mercados, la difusión del conocimiento resulta más necesaria que nunca. Sólo el arraigo de estos saberes y la visión de progreso que llevan implícita permitirá superar la pobreza secular de algunas regiones del planeta. El acceso a las nuevas tecnologías son las claves que garantizarán a los países menos favorecidos una participación efectiva en el desarrollo de la economía mundial.

Aunque los divulgadores de la ciencia no consigan, por sí solos, llevar los beneficios de la tecnología directamente a los pueblos del tercer mundo, pueden facilitar su penetración a través de relatos asequibles sobre las investigaciones de interés público. Para eso deben traducir los términos técnicos casi siempre presente en las declaraciones de los expertos y usar un lenguaje adecuado a los legos, entre otros procedimientos.

"La flexibilidad de los medios de difusión social posee una importancia adicional: ofrecen la posibilidad de aplicar con éxito los principios de educación permanente para todos a lo largo de toda la vida y, mediante la enseñanza a distancia, nos ayudará a alcanzar a los inalcanzables e incluir a los excluidos", dijo el director general de la Unesco, Federico Mayor Zaragoza (1999: 3).

3. VERACIDAD ABSOLUTA

La segunda premisa del Decálogo del Divulgador de la Ciencia sugiere que éste ponga "todo su esmero en difundir los descubrimientos y los hallazgos". A mi juicio, debe concentrar esfuerzos no sólo en comunicar correctamente los resultados de las investigaciones sino en aclarar a sus lectores que aquellas conclusiones son lo que más se aproxima de la verdad en el momento, aunque sea una verdad relativa y no absoluta, pues con el progreso científico las tesis se suceden y, a veces, se contradicen. Pero al menos el divulgador estará siendo veraz.

4. LOS LÍMITES DEL SENSACIONALISMO

Calvo Hernando recomienda que se establezca "una posición de equilibrio entre lo que los descubrimientos tienen de sensacionales y su valor como fruto de una tarea permanente y colectiva". Llega a ser redundante al sugerir en otro punto del Decálogo del Divulgador que éste "Insistirá, una y otra vez, en que la ciencia es cada día menos una aventura personal". Tal vez lo haga para compensar la tendencia de muchos periodistas en representar el desarrollo científico como producto de hechos aislados, en vez de acciones complementares y acumulativas llevadas a cabo por grupos de diversos centros de investigación, a lo largo de mucho tiempo.

Más adelante Calvo Hernando también volverá a repetir que se puede presentar las innovaciones científicas "en su dimensión asombrosa y escalofriante, para llegar al mayor número de lectores". Esta perspectiva ha garantizado el éxito de la revista ''Muy Interesante'', cuyas ediciones mensuales llegan a ser leídas por casi dos millones de personas en España y otras tantas en Portugal, México, Argentina, Colombia y Brasil, según los últimos datos del Estudio General de Medios presentados en el congreso citado por el director de la publicación, José Pardina. "Tratamos de proporcionarles alimento para su curiosidad con todas las armas de las que dispone el periodismo moderno: riqueza visual, secciones innovadoras, infografías, titulación provocadora, textos sencillos y de calidad, puesta en página clara, reportajes fotográficos de impacto, humor e ironía, enfoque desprejuiciado y original de asuntos complejos ... y datos, muchos datos", dijo. Añadió que, de este modo, su revista consigue una aproximación multidisciplinar a las cuestiones más candentes de la medicina, la astronomía, la psicología, la historia, la economía y las nuevas tecnologías, entre otras, que permite al lector no especializado adquirir de forma placentera los saberes del presente (Pardina, 1999: 22).

Un cierto toque de espectacularidad es aceptable en la prensa desde que no comprometa el rigor de la información. Algo inadmisible sería presentar una simple especulación como hecho o omitir referencias a las incertidumbres respecto a una conclusión. Por ejemplo, es incorrecto atribuir el cambio climático aparentemente observado en las últimas décadas solamente al aumento de la emisión de gases procedentes de la quema de combustibles fósiles. También hay que citar las hipótesis de que el fenómeno meteorológico sea causado por los cambios de energía que recibimos del Sol o hasta no exista en realidad, es decir, que las temperaturas en la Tierra sufren alteraciones cíclicas, intercalando períodos de calor extremo con eras glaciales. Eso tal vez sea ignorado por muchas personas, pero cabe al reportero enterarse de versiones distintas sobre cada asunto que trata. Aunque pueda mezclar declaraciones de expertos con opiniones de políticos y de representantes de ONGs, entre otros, debe identificar claramente la actividad de cada fuente para no otorgar el rigor científico a quien no lo tiene. Este problema se observa en la "prensa verde", por ejemplo, cuando se presentan los informes de impacto ambiental como se fuesen tratados de ecología en vez de documentos administrativos de gestión de recursos, que es lo que realmente son, pese a su parcial contenido científico.

5. BUENAS Y MALAS INTENCIONES

Poco a poco los investigadores están descubriendo formas de tratamiento para enfermedades que mataron a muchas personas en la prehistoria, como una joven de 18 años fallecida a causa de una otitis, según constatado por los antropólogos que encontraron su esqueleto en la cueva de Nerja, Andalucía. Sin ir tan lejos, en un pasado reciente el diagnóstico de algunos tipos de cáncer era sinónimo de muerte segura para los pacientes y ahora no lo es, aunque siga asustando a la mayoría. Hay los que no creen en milagros y los que piensan ser una cuestión de tiempo el descubrimiento de curas para el sida y otras nuevas epidemias. "En los laboratorios se diseñan ya las fórmulas que contribuirán para paliar o erradicar muchos de los males que ahora padecemos", dijo Mayor Zaragoza (1999: 3).

Aún más optimista, Calvo Hernando cree que la ciencia es producida siempre con buenas intenciones. Escribió en su decálogo: "Es la propia sociedad humana la que, después, hace mal uso, en ocasiones, de los descubrimientos científicos. En el balance de aportaciones de la ciencia al progreso y al desarrollo de la humanidad es mínimo aquello que, incluso sin tener en cuenta en apartado anterior, podría considerarse como negativo".

De hecho, la tecnología ha contribuido para nuestro progreso a través de inventos como los electrodomésticos, el teléfono, Internet, etc. Las innovaciones siguen convirtiendo en realidad lo que antes parecía inalcanzable y de expandir los límites del conocimiento. Sin embargo, el propio presidente del Consejo Superior de Investigación Científica, César Nombrela, reconoce que los científicos pueden hacer mal uso de sus estudios (1999: 7).

6. DESENMASCARANDO LAS PSEUDOCIENCIAS

Calvo Hernando cita en su decálogo lo que piensa ser una obligación adicional del divulgador: "Denunciará la superchería de las falsas ciencias, que en muchas zonas de la humanidad siguen constituyendo obstáculos muy serios al desarrollo. Los curanderos están desacreditados, por lo menos en nuestras sociedades occidentales, pero hay que seguir combatiendo a sus equivalentes en otras ramas del conocimiento o de la actividad humana".

La astrología, la ufología y la futurología son consideradas pseudociencias porque no se basan en pruebas concretas. Sin embargo, mantienen una alarmante presencia en la sociedad, en parte por culpa de los medios informativos que publican horóscopos, además de reportajes sobre supuestos platillos volantes y el mundo de lo oculto. No se puede esperar que dejen de hacerlo, dado que hay una demanda de los lectores. En casos de ciertos fenómenos luminosos observados en el cielo por muchos individuos, la omisión de los periodistas paradójicamente podría tener efectos negativos y hasta alarmistas, aumentando el misterio sobre tales apariciones. Personalmente creo que debemos relatar estas situaciones con el cuidado de no aterrorizar el público, intentando explicarla desde una perspectiva científica y mencionando las incertidumbres que la cercan.

También me parece esencial que, al abordar disciplinas como la acupuntura y la homeopatía, nosotros subrayamos que éstas son consideradas medicinas alternativas porque no han sido validadas a través del método científico. Esto ayudaría a evitar el peligro que algunos pacientes sustituyan sus tratamientos ortodoxos por otros no convencionales.

7. CONCLUSIÓN

El Decálogo del Divulgador de la Ciencia es un documento apasionado y idealista. Estos dos valores también caracterizan a los periodistas, principalmente en sus primeros reportajes. Paradójicamente, tal documento fue escrito por un licenciado en Ciencias de la Información con medio siglo de experiencia profesional. Manuel Calvo Hernando ha trabajado en diversas empresas, incluso como director de Televisión Española y subdirector del diario 'Ya', de Madrid. Así que tiene también una visión realista y hasta comercial de los medios informativos, al punto de admitir el 'sensacionalismo controlado'.

Con esto puedo concluir que sus "diez mandamientos" no son utópicos ni imposibles de ejecutar. Ponerlos en práctica sólo depende del empeño de los profesionales que se dedican a la comunicación social. Elevar los parámetros morales usados en la prensa es esencial para aumentar nuestra credibilidad y una manera de hacerlo es privilegiar la perspectiva científica en las noticias, siempre que sea posible.

Eso también ayudaría a extender al público los beneficios de estudios hoy restringidos al ámbito académico, fuera del alcance de quien ya dejó la universidad o nunca llegó a ella. La labor de los periodistas no es precisamente la de suplir las deficiencias estructurales de todo un sistema educativo, pero como un desafío adicional nosotros podemos complementar la enseñanza ofrecida en la escuela a través de un reciclaje continuo de conocimientos.

Anexo con el decálogo

* Trabajo presentado en las

VI Jornadas de Jóvenes Investigadores en Comunicación,

celebradas en valencia en abril de 1999


FORMA DE CITAR ESTE TRABAJO EN BIBLIOGRAFÍAS:

Dallanhol, Heloisa (1999): Los diez mandamientos del divulgador de la ciencia. Revista Latina de Comunicación Social, 21. Recuperado el x de xxxx de 200x de:
http://www.ull.es/publicaciones/latina/a1999dse/
48va3.htm