Revista Latina de Comunicación Social 20 – agosto de 1999

Edita: LAboratorio de Tecnologías de la Información y Nuevos Análisis de Comunicación Social
Depósito Legal: TF-135-98 / ISSN: 1138-5820
Año 2º – Director: Dr. José Manuel de Pablos Coello, catedrático de Periodismo
Facultad de Ciencias de la Información: Pirámide del Campus de Guajara - Universidad de La Laguna 38200 La Laguna (Tenerife, Canarias; España)
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[Julio de 1999]

Radiografía de una megainfografía

(2.322 palabras + 5 megainfos - 5 páginas)

Eduardo José Pérez (Coper) ©

Infógrafo del diario La Nación (Buenos Aires, Argentina)

coper@interlink.com.ar

A Mario Tascón y Juan Corrales,

que me señalaron el camino de

lo que considero mi vocación:

la infografía.

El análisis

Ya dije que los gráficos a doble página constituyen mi especialidad. También que prefiero trabajar solo, una costumbre adquirida en mis tiempos de ilustrador, y con temas propios. Por eso mi exposición girará en torno a tal modalidad, tratada según mi propia experiencia y desde una óptica personal. Partiendo de un hipotético megagráfico a doble página propuesto a una revista dominical de un diario de primera línea.

Un origen común

A grandes rasgos y simplificando, la infografía de nuestro tiempo se divide claramente entre los trabajos del día a día, que se hacen en horas, y los megagráficos, que se planifican con un margen de tiempo razonable. Unos y otros requieren de un gran dominio de la especialidad y apuntan a un mismo objetivo: informar con claridad y simpleza. Ambos necesitan, como bien citó en Latina de septiembre de 1998 [Ver Biblioteca de Latina] Jordi Clapers recordando las características enumeradas por Peter Sullivan, "de infografistas con la creatividad de un artista, la capacidad de diferenciar de un diseñador y la habilidad y rapidez mental de un periodista".

Pero los tiempos y las técnicas de trabajo que cada una reclama son absolutamente distintas. Y ésa es la diferencia esencial entre infografía y megainfografía.

El trabajo del día a día

La infografía diaria es nervio, vértigo y acción. Y además, pendiendo de un delgado hilo, la condiciona su eterna espada de Damocles: el reloj. Para equilibrar este difícil desafío es necesario una buena dosis de autocontrol, de confianza en sí mismo, de aceitado trabajo en equipo y de la experiencia acumulada en cientos de cierres con un escaso margen de tiempo por delante.

La primera vez que pude comprobarlo fue el martes 17 de marzo de 1992. Poco después del mediodía estaba en el viejo edificio de la revista Noticias, en el quinto piso de la calle Corrientes 1302, en Buenos Aires, observando la ciudad desde una ventana. Simplemente dejaba pasar el tiempo para acudir a una invitación especial: en 30 minutos debía unirme al grupo de infógrafos del diario La Nación para recibir a Mario Tascón y a Juan Corrales, que venían desde España a transmitirnos los secretos de la profesión.

En esos momentos vi a lo lejos elevarse una columna de humo en forma de hongo, seguida de un sordo estallido. Habían atentado contra la embajada de Israel. Partí hacia el diario inmediatamente. Llegué exactamente diez minutos antes que Mario y Juan, recién arribados, se dirigieran al lugar del siniestro, con sus papeles y su computadora portátil en mano. Apenas hubo tiempo para una breve presentación y un saludo formal.

El resto del día fue una lección de infografía hecha a todo vértigo y con rigor profesional. A las 23:30 el trabajo se dio por finalizado y en mí, espectador privilegiado del esfuerzo, quedó una sensación de admiración y de asombro.

Hoy convivo diariamente en mi periódico con los que hacen el día a día y, aunque han pasado los años, en más de una oportunidad vuelvo a experimentar aquel sentimiento ante una infografía terminada en tan poco tiempo: admiración y asombro.

De aquel marzo de 1992 conservo la amistad de Mario Tascón. Con Juan Corrales, un sabio de la infografía, que según tengo entendido se ha retirado del periodismo y vive en su pueblo, perdí todo contacto. Es algo que lamento, aunque conservo la esperanza de recibir alguna vez noticias suyas.

La punta del ovillo

Tratándose de megainfografía, el trabajo meditado, pausado, a un ritmo parejo y perseverante reemplaza el nervio, el vértigo y la acción del día a día. En función del tiempo otorgado se evalúa y se planifica cada etapa: investigación, selección y clasificación del material acopiado, edición de textos, boceto y arte final. El grafista desde tener clara conciencia que al proponer ha asumido el ciento por ciento de la responsabilidad. Y que del buen manejo de los tiempos, de la planificación cuidadosa de cada paso, depende que no incorpore al compromiso el temido enemigo del día a día: el reloj.

También es conveniente terminar el trabajo unos días antes de lo pactado. Es la pausa necesaria para revisar lo hecho con calma y en detalle y para ajustar y pulir a fondo el original definitivo.

En esta forma de trabajo descripta radica la gran diferencia entre infografía y megainfografía. Aunque el objetivo y el resultado perseguido es común: informar con claridad y simpleza.

En busca de un tema

Contamos noticias, por lo tanto estamos continuamente en su búsqueda. Y éstas nunca son producto de la inspiración, sino de hechos puntuales. Por lo tanto, una propuesta debe tener origen en esta filosofía. Simplemente se trata de convertirse en un atento observador para detectar causas concretas, motivos para poner en marcha nuestra capacidad de producción.

Hay temas clásicos, a los que siempre se recurre: aniversarios, conflictos, elecciones y grandes acontecimientos. Son atractivos y ofrecen la seguridad de acceder con relativa facilidad a las fuentes de información. Pero también tienen un condimento extra: la competencia con los infógrafos de otros medios, que casi con seguridad trataran el mismo tema. Y por lo común esto adquiere aristas particulares, personales. Ante la sensación de competencia, la puntería se afina al máximo. Se propone y se planifica con mayor anticipación para tratar de hacer algo distinto, original. Un desafío por demás exigente, a veces agotador, pero que merece vivirse.

Pero también hay otros temas que son siempre bienvenidos por los editores, ideales para ser puestos sobre el tapete en cualquier momento: los atemporales. Mis preferidos. Un as que en cualquier momento se puede sacar de la manga, que amplia el horizonte hasta límites insospechados. En la búsqueda del tema el ejercicio de asociar juega entonces un papel principal. Todo es cuestión de atar cabos. Observar es el secreto. Y eso es algo que se adquiere, es simplemente producto de una práctica constante. Para demostrarlo basta con poner a prueba la teoría utilizando el mismo método, asociando.

Usted tiene estas líneas frente a sus ojos, las está leyendo en la pantalla de su computadora, un aparato que tiene una larga y rica historia: he aquí tema de infografía, los ordenadores.

Estoy tipeando en un teclado, utilizando un alfabeto, uno de los tantos que hay en el mundo: la escritura y sus formas es otro buen tema para proponer. Si en vez de utilizar el teclado lo hiciera de forma manuscrita, mi letra podría ser analizada por un grafólogo: grafología, otra nueva posibilidad. En apenas un minuto han desfilado frente a nuestra vista tres temas. Y cualquiera de ellos es vendible en cualquier momento: dentro de un mes, de un año o de un lustro.

Tras la pista

Cuando descubro un tema, abro una carpeta en mi computadora y no le pierdo pisada. Primero me ocupo de comprenderlo, de conocerlo, de dominarlo, de llegar a la raíz del asunto. Luego me dedico a alimentarlo pacientemente. Sin prisa, pero sin pausa.

Acudo a las fuentes, que deben ser impecables, absolutamente confiables. Consulto archivos, navego en Internet, recorro librerías, fotocopio, escaneo, consulto con periodistas amigos, todos avezados investigadores. Acumulo la mayor cantidad de material posible, no descarto nada. Ni siquiera aquellos detalles que a simple vista carecen de importancia. Más de una vez las cosas pequeñas, consideradas obvias, han sido la pista para tratar una megainfografía desde una óptica original, distinta. O también el camino para nuevos temas. Pero hay un punto que merece el mayor respeto, un aspecto casi obvio. Sólo hay que proponer cuando tenemos la seguridad que dominamos el tema, que lo conocemos en profundidad. Cualquier detalle considerado insignificante, y por eso descuidado, puede complicar el trabajo hasta límites insospechados. Y no lo digo gratuitamente. Alguna vez me ha ocurrido y no quiero repetir la experiencia.

La selección y planificación previas

Terminada la fase de investigación, llega el momento esperado, el de mayor responsabilidad. Abordar la infografía de manera simple y comprensible. Lograr una pieza periodística que conserve el debido equilibrio entre texto, diseño y arte. Un desafío comparable al del ilustrador frente al papel en blanco. Un instante pleno se suspenso y de ansiedad. Personalmente prefiero hacerlo sabiendo que he investigado un tema hasta comprenderlo y llegar a la raíz del asunto. Y ése es mi objetivo, el centro de la cuestión. Y con este espíritu selecciono y ordeno cuidadosamente el material investigado.

Cuido de no editar los textos como piezas sueltas, como tirados al azar sobra la página. Me gusta unirlos coherentemente unos con otros, con claridad. Tienen que ser meditados, simples y didácticos. Deben conformar un argumento, una historia planificada sobre tres pilares básicos: introducción, suspenso y remate. La misma técnica utilizada por los historietistas, tan vieja como conocida y efectiva. Para ejemplo basta con ir a la página de comics de un diario. Cada tira funciona de esa manera: introducción, suspenso y remate. Pero hay otro detalle. Todas las historietas tienen un elemento común: gracia, ingenio, originalidad y un estilo definido y personal. Algo que también merece ser transportado al campo de las megainfografías. Es un imán que siempre atrae al lector.

Las ilustraciones

Sobre técnicas no hay nada escrito ni establecido. Todos hemos visto megainfografías dibujadas a golpes de Mac, ilustraciones al estilo tradicional, collages, maquetas, fotografías, de todo. Tratadas con tenues colores pastel o con tonos brillantes, impactantes.

En este punto no hay límites, la creatividad manda. Algunas reglas clásicas establecen que las ilustraciones deben ser medidas, sobrias, informativas y no un excusa para demostrar habilidades artísticas. Pero consideremos que en megainfografía hay más tiempo para buscar y experimentar. Entonces, si se me permite, considero que este punto es discutible. Creo que es una regla que, salvo en el respeto absoluto a su calidad informativa, puede modificarse a gusto y placer.

He visto más de una vez ilustraciones brillantes, impactantes, que sobresalen netamente en una megainfografía. Pero conservan una regla básica: son rigurosamente informativas, cuidadosamente documentadas y jamás un bonito adorno. Son una contribución con el agregado de un alto valor plástico.

En la Argentina hay un ilustrador maravilloso: Julio Freire. También un riguroso documentalista. El diario Clarín suele convocarlo para ilustrar sus infografías. Sus trabajos atrapan, sobresalen claramente en el conjunto y son un deleite para la vista. Las disfruto, pero también aprendo con ellas porque me informan, por lo tanto cumplen con la función básica de una infografía.

La pieza en su conjunto

Los dos puntos anteriores, textos e imágenes, cobran vida cuando interviene el nexo que le da armonía y sentido al conjunto: el diseño, también un producto de la creatividad. No es bueno encasillarse en moldes preestablecidos. Ni propios ni ajenos. Cada pieza, cada diseño, debe ser consecuencia de un esfuerzo de imaginación, diría que una pieza única y original.

Como ejemplo, es bueno destacar algunos trabajos, obra de equipos de infografía de diarios de primer nivel.

Hiroyuki Kimura, un artista de gran personalidad, ha elaborado piezas de alto nivel, verdaderamente innovadoras. Un ejemplo es "Toupee lost-Forgotten items in train", premio Malofiej 1996, autoría compartida con Ryu Sato, Sachiko Hagiwara y Nozomi Hatekeyama.

Geoffrey Sims es autor de una bellísima página publicada en The Times, titulada "The Times Guide to the Channel Tunnel, premio Malofiej 1994/95. La perspectiva, el color y un diseño casi simétrico le otorgan un atractivo poco común.

Mario Tascón, Modesto Carrasco, Ramón Ramos, Dina Sánchez y Chema Matía dan una asombrosa lección de diseño e investigación en un trabajo en blanco y negro, titulado "8 segundos en Dallas", premio Malofiej 1993/94.

John Grimwade resuelve sus trabajos haciendo gala de un envidiable dominio de la armonía de conjunto. Dos trabajos suyos a color, "Navigating the new Uffizi" y "Stonehenge", ambos premios Malofiej, son bellísimos, realmente magistrales. Todas las obras mencionadas tienen una patrón común: son claras, armónicas y cautivantes. No abruman e invitan a introducirse en ellas, presentando una lectura ordenada y sin interrupciones. Y un diseño que conduce al lector por el camino correcto, tal como lo dispuso y quiso su autor.

En resumen: textos, diseño e imagen deben conformar una sólida unidad, perfectamente equilibrada para que un megagráfico pueda considerarse conceptualmente excelente. La ilustración y el diseño atraen en primer término al lector; después los textos hacen el resto.

Gráficos y megagráficos

Vuelvo el principio. Las infografías del día a día y los megagráficos nacieron en la misma cuna, son hermanos de sangre. Los dos nos han dejado ejemplos admirables. Los dos cuentan con notables profesionales. Pero a esta altura tienen su propia personalidad y su propia técnica de ejecución. Están claramente diferenciados. Y en el futuro seguirán distinguiéndose cada vez más.

Por eso me pregunto, como otros tantos colegas con los que he tenido oportunidad de hablar, si no es hora de oficializar esta diferencia entre la infografía del día y la megainfografía. Si no es tiempo de considerar la posibilidad de aceptarlas como expresiones con vida propia dentro de la infografía. En la práctica y en el momento de premiar a las mejores obras, permitiendo que cada uno compita en su propio terreno y no todos contra todos.

Los infógrafos del día a día suelen expresar verbalmente esta disconformidad por considerar, en razón del poco tiempo que disponen para sus obras, que están en desventaja ante los ojos de los jurados. Y aunque esto no les resta méritos, mas bien los acrecienta, merecen ser escuchados. Y hasta es probable que tengan razón.

Ilustraciones e infografías que acompañan esta nota:

Tube Graphics / Kimura

The Times / Geoffrey Sims

El Mundo / Tascón

Condé Nast Traveler / Grimwade

Inédito / Coper


FORMA DE CITAR ESTE TRABAJO EN BIBLIOGRAFÍAS:

Pérez (Coper) Eduardo José (1999): Radiografía de una megainfografía. Revista Latina de Comunicación Social, 20. Recuperado el x de xxxx de 200x de:
http://www.ull.es/publicaciones/latina/a1999eag/
62coper/coper2.htm