Revista Latina de Comunicación Social 19 – julio de 1999

Edita: LAboratorio de Tecnologías de la Información y Nuevos Análisis de Comunicación Social
Depósito Legal: TF-135-98 / ISSN: 1138-5820
Año 2º – Director: Dr. José Manuel de Pablos Coello, catedrático de Periodismo
Facultad de Ciencias de la Información: Pirámide del Campus de Guajara - Universidad de La Laguna 38200 La Laguna (Tenerife, Canarias; España)
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[Mayo de 1999]

Paradigmas de escuelas latinoamericanas de comunicación

(4.171 palabras - 11 páginas)

Dr. José Marques de Melo ©

Titular de la Cátedra UNESCO de Comunicación - Universidad Metodista de São Paulo - UMESP (Brasil)

jodmelo@usp.br

Panorama histórico

La investigación latinoamericana en el campo de las ciencias de la comunicación conmemora su cincuentenario enfrentando nuevos desafíos. El principal de ellos es su legitimación en el espacio académico. A pesar de que las universidades del Sur de América han acogido investigadores en centros de investigación de los procesos comunicacionales desde los años 60, solamente ahora, en este final de siglo, ellos conquistan el debido reconocimiento institucional.

Las primeras investigaciones de comunicación en América Latina surgen en ambientes típicamente profesionales. Son demandadas por las emergentes industrias culturales y constituyen factores decisivos para la formación de las primeras agencias privadas dedicadas a estudios de opinión pública, audiencia de los mas media o persuasión de los consumidores.

Mas también son estimuladas por las polémicas que surgen en las asociaciones periodísticas, encargando a algunos publicistas eruditos a explorar los documentos disponibles sobre la memoria de campo, en su dimensión socio-política.

Como resultado de esto, se producen ensayos de gran valor histórico para la identificación de fronteras profesionales. O se elaboran perfiles biográficos de sus autores privilegiados.

En el caso brasileño, por ejemplo, hay dos marcos cronológicos: la publicación, en 1945, del primer sondeo electoral, hecho para el IBOPE -Instituto Brasileiro de Opinião Pública e Estatística- y el lanzamiento, en 1946, del primer ensayo sistemático sobre imprenta y periodismo, escrito por Carlos Rizzini, con el título "O livro, o jornal e a tipografia no Brasil" ("El libro, el periódico y la tipografía en Brasil").

Desde entonces se acumulan conocimientos nuevos sobre los fenómenos de interacción simbólica, mediados por los media. Pasa así a respaldar las decisiones sobre inversiones publicitarias o a servir como parámetros para la institucionalización de la representación política en varios países. El ambiente favorece la difusión en todo el continente de las ideas modernizadoras que caracterizan el período posterior a la II guerra mundial.

Los investigadores profesionales, generalmente llegados de las carreras de sociología, psicología o economía, se dedican a formular estrategias industriales o político-aleatorias.

A su vez, los investigadores diletantes, legitimados por la actividad periodística o artística, escriben ensayos caracterizados por el rigor documental, adjuntando al debate público temas de comunicación política. Sus análisis privilegian, casi siempre, los intentos de las burocracias estatales o de las oligarquías partidarias para controlar los flujos informativos y, por esta vía, dirigir la opinión pública.

El papel de las universidades

Las universidades ingresan tardíamente en tal escenario. Esto ocurre solamente a mediados de los años 60, cuando las primeras escuelas de periodismo se amplían para agregar las carreras conexas de publicidad, relaciones públicas, cine, radio y televisión. La creación de las modernas escuelas de comunicación social en las principales ciudades latinoamericanas siempre significa su compromiso con a investigación.

Estas generalmente se dedican a tareas exclusivas de formación profesional, diseminando los resultados de las investigaciones hechas por la industria o polemizando las reflexiones ensayísticas producidas por los intelectuales de renombre.

Pero se registran iniciativas prometedoras, responsables de la instalación casi simultanea, en Venezuela y en Brasil, de nuestros centros pioneros de investigación científica sobre la comunicación de masas. Me refiero al Instituto de Investigaciones de la Prensa, fundado por Jesús Marcano Rosas en la Universidad Central de Venezuela, y al Instituto de Ciências da Informacão, fundado por Luiz Beltrão en la Universidad Católica de Pernambuco.

Con todo, el mayor estímulo a la investigación académica provendrá del CIESPAL, el Centro de Estudios Superiores de Comunicación, creado por la UNESCO, en Quito, Ecuador. Allí actuarán como difusores de las ciencias de la comunicación personalidades paradigmáticas como los norteamericanos Wayne Danielson, Wilbur Schramm, Raymond Nixon, John McNelly, Paul Deutschmann, los franceses Jacques Kayser, Jacques Godechot, Joffre Dumazedier y Jacques Leauté, el alemán Gerhard Maletzke, el español Juan Beneyto, el belga Roger Clause, el italiano Rovigati, el ruso Kachaturov, etc. A ellos se agregan los promeros investigadores latinoamericanos, como Danton Jobim, Luiz Beltrão, Edgardo Ríos, Ramón Cortez Ponce, Jorge Fernández y Ramiro Samaniego.

Se trata de una institución que realiza directamente muchos proyectos descriptivos o interpretativos sobre las estructuras comunicacionales, a nivel continental. Estas investigaciones pasan a ser reproducidas en algunas escuelas de comunicación nacionales o locales, por los egresados de los cursos de postgrado allí realizados anualmente. No obstante, no asume una dimensión permanente, figurando mucho más como estudios episódicos, ocasionales.

Como este período coincide con la coyuntura de la guerra fría y coincide con el lanzamiento de la campaña de los países tercermundistas en busca de un nuevo orden internacional, no es extraño que aparezcan en la América Latina algunos centros de investigación que asuman tales perspectivas de análisis. Estos se dedican a repensar las políticas de comunicación y el papel que desempeñan los medios masivos en la formación de la consciencia política de los ciudadanos.

Tales investigaciones macropolíticas o microideológicas representan la tendencia hegemónica de los proyectos subsidiados por los fondos internacionales que actúan durante los años 70 y 80.

El instituto pionero es el CEREN -Centro de Estudios de la Realidad Nacional, en el Chile de Allende, donde pasan a actuar líderes del porte de Armand Mattelart y Paulo Freire. También destaca el ILET -Instituto Latinoamericano de Estudios Transnacionales- en México, un núcleo extremadamente activo de exilados de las dictaduras latinoamericas, como los chilenos Juan Somavía y Fernando Reyes Mata, los argentinos Héctor Schmucler y Mabel Piccini, el peruano Rafael Roncagliolo. Y también el ININCO -Instituto de Investigaciones de la Comunicación- de Venezuela, liderado por Antonio Pasquali y contando con la participación de Oswaldo Capriles, Eleazar Díaz Rangel, Héctor Mujica.

Vale la pena destacar también algunos centros dotados de perfil más regional, como el CELADEC -Comisión Latinoamericana de Evangelización Cristiana- de Perú, el Centro Gumilla, en Venezuela, o CEMEDIM -Centro de Estudio de los Medios Masivos-, en Cuba.

El trabajo investigativo de todos ellos encuentra fuerte resonancia en todo el continente, en un período caracterizado por la búsqueda de alternativas comunicacionales o por la construcción de políticas democráticas de gestión de los medios masivos. Confluyen en sus marcos teóricos dos paradigmas dominantes: la teología de la liberación y la denuncia del imperialismo cultural.

Son tesis que se proyectan con intensidad en las comunidades académicas constituidas en torno a las escuelas de comunicación, que también asimilan los postulados estructuralistas, inclusive los de fundamentación marxista. También están presentes, pero con menor impacto intelectual, las metodologías heredadas del funcionalismo norteamericano.

Mas, sin olvidar la corriente que más fascina a los emergentes científicos latinoamericanos de la comunicación, que es la teoría crítica de la Escuela de Frankfurt, potenciando su vertiente profundamente negativista.

Desideologización

En medio de los años 80 se observa un declive de los centros de perfil civilista, organizados como entidades de interés público, pero administrados por un sistema de administración privada.

Eso ocurre en función de la crisis que se abate sobre la UNESCO y otras agencias internacionales, debilitadas por el clima de polarización ideológica que confluye paradójicamente por la perestroika de Gorbachev, acabando con lo que queda del Muro de Berlín. El sentimiento de derrota política asumido por las izquierdas latinoamericanas, que se fraccionan en luchas electorales pro-democracia, debilita le campo comunicacional.

En varios países de la región, esa influencia origina una desmovilización de algunas de estas instituciones, la última que desaparece es IPAL -Instituto para América Latina-, de Perú. El flujo de las ayudas internacionales en dirección a las emergentes democracias del este de Europa

retira el oxígeno financiero que las mantenía activas. Entretanto, desde principios de los años 70, surgían nuevos espacios de investigación de la comunicación en las universidades, justamente fortalecidos por los programas de estudios de postgrado. La creación de cursos de maestría y de doctorado en ciencias de la comunicación en algunas universidades latinoamericanas facilita la circulación de una mezcla de teorías y metodologías foráneas, de la semiótica al psicoanálisis, de las corrientes postmodernas a los postulados neoliberales.

Esas ideas importadas naturalmente se confrontan con las embrionarias construcciones científicas autóctonas, hechas por notables pensadores latinoamericanos, como el venezolano Antonio Pasquali, los brasileños Luiz Beltrão y Paulo Freire, el boliviano Luis Ramiro Beltrán, el argentino Eliseo Verón, el uruguayo Mario Kaplún y el paraguayo Juan Díaz Bordenave.

Pronto se agregan las innovaciones trazadas por la nueva generación, integrada por Martín Barbero (Colombia), Fuenzalida (Chile), Ford y Piscitelli (Argentina), Sodré, Fadul, Caparelli y Lins da Silva (Brasil), Aguirre y Bisbal (Venezuela), Trejo, Orozco y González (México), Roncagliolo, Gargurevich y Alfaro (Perú), Luciano Alvarez (Uruguay), entre otros.

Hibridismo y mestizaje

La marca distintiva de tales elaboraciones científicas es el hibridismo teórico y la superposición metodológica, plasmando una singular investigación mestiza, representativa en verdad de la fisionomía cultural latinoamericana.

Este perfil se caracteriza por los cruzamientos de tradiciones europeas, herencias meso-suramericanas las (pre- y postcolombinas), costumbres africanas, innovaciones de modernas matrices norteamericanas, amén de muchas contribuciones introducidas por los distintos grupos étnicos que navegaran por los océanos durante las recientes sagas migratorias internacionales.

No obstante ocupa un lugar privilegiado en las universidades latinoamericanas las que tienen estudios regulares de comunicación, en nivel de graduación o postgraduación: la Escuela Latinoamericana anda hacia la conquista de una hegemonía. El proceso de su difusión se hace lentamente, enfrentando las barreras de la moda teórica o el perjuicio de cuantos sigue valorizando exclusivamente las metodologías que tracen o siguen en los países metropolitanos.

Igualmente digo que la Escuela Latinoamericana lucha también contra la baja autoestima de nuestra comunidad académica, impactada por los cambios de políticas económicas que disminuyen el protagonismo del Estado paternal y atribuyen papeles decisivos al mercado y a la sociedad civil.

Una de las dificultades para la rápida legitimación de la Escuela Latinoamericana es también su falta de agilidad para responder pronto a las cuestiones planteadas por los centros contemporáneos de decisión, localizados en las empresas o en el sector público.

La dependencia del mercado, uno de los estigmas heredados de los tiempos heroicos, impide establecer agendas de investigación que correspondan con las demandas de las industrias culturales. Por otro lado, el miedo de convertirse en apéndice de las estructuras estatales distancia la participación en las tomas de decisión sobre las políticas públicas. Eso ocurre básicamente en los sectores gubernamentales de planeamiento cultural o educativo, tanto en el ámbito ejecutivo como en el sector legislativo.

Globalización y regionalización

Mas esa tendencia no corresponde a la postura de toda la comunidad académica latinoamericana en el campo de la comunicación. Traduce com mayor nitidez el comportamiento de los investigadores que se encontraron con las angustias del período de la guerra fría. En contrapartida, se proyecta ahora una nueva generación de jóvenes comunicólogos que tratan de preservar las utopías asimiladas de las enseñanzas de sus maestros. Pero asumen al mismo tiempo una conducta pragmática, desarrollando prácticas investigativas referenciadas por el nuevo contexto histórico y por las demandas sociales.

Eso también se revela con nitidez en los cuatro congresos promovidos por ALAIC, Asociación Latinoamericana de Investigadores de la Comunicación: São Paulo (1992), Guadalajara (1994), Caracas (1996), Recife (1998). Crece el número de investigadores jóvenes que, sin perder el rigor científico, mantienen el compromiso ético de transformar la sociedad para atender al interés público.

El caso mexicano es paradigmático. En la última conferencia extraordinaria de la IAMCR-International Asociation for Media and Communication Research-, realizada en Oaxaca, en julio de 1997, me encontré con un grupo de jóvenes vistiendo camisetas que exhibían la marca "Generación McLuhan".

Al indagar el sentido de aquella organización, me explicaron: se trata de un movimiento originado en las universidades de provincias. Integrado por comunicólogos de edades en torno a los 30 años, nacidos en una época dominada por las ideas de Marshall McLuhan.

Se confesaban distanciados de las tesis iconoclastas del pensador canadiense, cuyo mérito había sido el de introducir variables tecnológicas en el análisis de los fenómenos comunicacionales. Como las ideas de McLuhan no les habían sido explicitadas convenientemente por sus maestros, que priorizaban las variables de naturaleza ideológica, ellos se proponían realizar un tipo de operación arqueológica, desempolvando los documentos disponibles y actualizándolos, para usar en una coyuntura en la cual la "aldea global" se convierta en realidad palpable.

Al mismo tiempo, esos jóvenes se organizaban en red nacional, usando todo el potencial de Internet, para rebatir lo que ellos rotulan como hegemonía cultural del D.F. -Distrito Federal, la capital mexicana-, fortaleciendo los valores de las culturas micro-regionales, amenazadas también de ser diezmadas por la onda avasalladora de la globalización. Para ello, se fundamentaban en paradigmas construidos por los teóricos de la Escuela Latinoamericana, como Martín Barbero o García Canclini, recorriendo también a los pensadores locales, como Jorge González, Jesús Galindo o Guillermo Orozco. En el Cono Sur se verifica un movimiento con dimensiones más amplias. Las fronteras nacionales comienzan a ser relativizadas, mas no abolidas, fortaleciendo la cooperación entre las comunidades académicas de los países que integran Mercosur -Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Paraguay, Uruguay-, previéndose la próxima adhesión de Venezuela y de Perú. La meta es crear un forum mega-regional, denominado MERCOMSUR, agilizando la circulación de los resultados de las investigaciones comunicacionales realizadas en cada uno de los países. De esta manera, los investigadores académicos se preparan para subsidiar la integración de los mercados mediáticos que constituye un imperativo del Tratado de Asunción, instrumento responsable de la formación del nuevo bloque económico regional.

Mas, al contrario de lo que había ocurrido en los tiempos de la guerra fría, la actitud de los que lideran ese movimiento integracionista no conduce a la creación de una "fortaleza regional". Se pretende cimentar los lazos de la cooperación intrarregional, potenciando la preservación de nuestros intereses comerciales y la proyección de nuestras matrices culturales en el marco de la economía mundializada de las comunicaciones.

Dentro de la estrategia de "hegemonía compartida", que viene siendo asumida por el Presidente brasileño Fernando Henrique Cardoso, los países integrantes de Mercosur se preparan convenientemente para integrar la futura ALCA -Área de Libre Comercio de las Américas- y también para incrementar las relaciones comerciales y culturales que unen históricamente a América Latina con la Comunidad Europea.

El ámbito de la comunidad académica de la comunicación también se materializa a través de la realización de coloquios binacionales o plurinacionales. En 1997 realizamos en Santos, Brasil, el I Coloquio Nafta-Mercosul de Ciências da Comunicacão, con doble intención: activar mecanismos integradores entre instituciones y directrices académicas en los dos extremos de las Américas, y al mismo tiempo potenciar la cooperación universidades / empresas de comunicación, reduciendo el divorcio existente entre ambos sectores. Esperamos que ese diálogo prosiga dinámicamente, con acciones concretas en el plano de la cooperación universitaria. La próxima ronda de negociaciones se efectuará en el campus de la Universidad de Texas, en la primavera de 1999.

Hace cinco años, el Brasil inició coloquios binacionales de investigación en comunicación con Francia, cuyos resultados vienen demostrando eficacia, superando en parte los prejuicios históricamente existentes entre las dos comunidades y al mismo tiempo respaldando proyectos institucionales de intercambio científico. La experiencia se revela muy positiva, multiplicada a través de coloquios semejantes con España, Portugal, Italia y Dinamarca. Las próximas metas son Inglaterra y Alemania.

Proyección brasileña

Tales iniciativas se pudieron llevar a cabo en función del reconocimiento internacional alcanzado por la Escuela Latinoamericana de Comunicación, particularmente por lo desempeñado por el segmento brasileño en las últimas conferencias mundiales de investigadores del área. Vamos a tomar como punto de referencia el fórum internacional más representativo de nuestra comunidad académica que es sin duda la IAMCR, International Asociation for Media and Communication Research.

Desde el congreso de la IAMCR celebrado en Bled, Eslovenia (1990), el Brasil despunta como productor expresivo de conocimiento comunicacional, figurando entre los países que inscriben mayor número de papers en tales certámenes académicos. Su liderazgo internacional permanece indiscutible como el de USA; el Brasil también se ha mantenido durante toda la década de los 90 en lo alto de los países con mayor volumen de producción científica, al lado de Inglaterra, Canadá, Francia, Dinamarca y más recientemente Alemania y Australia.

Tal situación refleja una pujanza de nuestra industria de la comunicación, hoy responsable de un tercio del producto Interior bruto. De acuerdo con Flávio Corrêa, presidente de la Asociacão Brasileira das Agências de Propaganda, el complejo mediático brasileño representa el siguiente perfil:

"Hoy Brasil posee una televisión de patrones internacionales; revistas que no dejan nada que desear respecto a las mejores que se producen en otros centros más avanzados; diarios de calidad; amplia cobertura y agresividad de marketing en radios, desde Oiapoque al Chuí. Eso in hablar del desarrollo de tantos otros canales de distribución de mensajes que permiten servir al consumidor (...) en un momento muy propicio, que le permite dónde elegir".

Para alimentar esa red mediática gigantesca, el segmento profesional de la investigación en comunicación mercadológica absorbió en 1996 insumos del orden de US$ 200 millones, invertidos por casi una centena de empresas del ramo, que emplean a cerca de 10.000 investigadores. El sector de la investigación industrial está en franco crecimiento, estimulado por las privatizaciones y cesiones de explotación de servicios, como telefonía celular y televisiones de pago.

Para hacer inversiones, los empresarios de los media necesitan de informaciones confiables sobre el mercado potencial y sus demandas específicas. Por eso, recorren los institutos de investigación, en busca de asesoría estratégica y datos corrientes sobre los hábitos y preferencias de los consumidores. Los mismos empresarios necesitan también de profesionales cualificados para la producción de los mensajes que serán transmitidas en sus canales de difusión. A esa demanda corresponden los cursos universitarios de comunicación, existentes en todas las regiones del país. Éstas forma a seis tipos de profesionales: periodistas, publicitarios, relaciones públicas, productores editoriales, radiofónicos y teledifusores, cineastas y videoastas.

Las enseñanzas de comunicación están hoy diseminadas en 120 universidades brasileñas. Tales instituciones ofrecen 309 cursos, siendo 282 en nivel de graduación y 27 en nivel de postgraduación, siendo 22 programas de maestría y 5 programas de doctorado.

El primer curso de periodismo surgió en São Paulo, hace 50 años, adoptando un currículo híbrido, en parte inspirado por el modelo de la Universidad de Columbia (Nueva York, USA), en parte estructurado siguiendo el patrón vigente en la Universidad Pro-Deo (Roma, Italia). Al final de los años 50 ya existían 8 instituciones del género en el país. Ese número se triplicó en la década siguiente y fue creciendo progresivamente. A partir de los años 60, adquirirán la forma de escuelas de comunicación de masas, atendiendo las demandas de todos los segmentos de la industria mediática. Sólo en los años 90 se crearon 120 nuevos cursos.

La población que gravita en torno a las escuelas de comunicación en Brasil hoy se estima en 125.000 (ciento veinticinco mil) personas, correspondiendo a 119.000 (ciento diecinueve mil estudiantes) y 6.000 (seis mil) docentes. Según la legislación brasileña, por lo menos una tercera parte de esos docentes, o sea, 2.000 (dos mil) debe trabajar en régimen de tiempo completo, desarrollando investigaciones y tareas didácticas. Tal exigencia favorece la ampliación del número de programas de postgrado, previéndose su duplicación hacia mediados de la próxima década, ya que las oportunidades de formación en el exterior figura restringidas a aquellas especialidades no instaladas en el país.

La circulación del conocimiento producido en esas instituciones está siendo procesada por una red de aproximadamente 30 revistas, dentro de las cuales la más importante es la Revista Brasileira de Comunicacão, publicada semestralmente por la sociedad científica del área:

INTERCOM, Sociedad Brasileira de Estudos Interdisciplinares da Comunicacão. Como entidad representativa de la comunidad brasileña de investigadores de a comunicación, y con 20 años de actuación permanente, INTERCOM mantiene conexiones internacionales con la ALAIC -Asociación Latinoamericana de Investigadores de la Comunicación- y la IAMCR -International Asociation for Media and Communication Research.

Aparte de esta, existen otras tres asociaciones académicas:

-ABECOM - Asociacão Brasileira de Escuelas de Comunicacão- afiliada a FELAFACS

-Federación Latinoamericana de Asociaciones de Facultades de Comunicación Social;

-COMPÓS -Asociacão Nacional dos Programas de Pós-Graduacão em Comunicacão;

y ENECOM - Executiva Nacional dos Estudantes de Comunicacão.

Todas realizan congresos anuales, propiciando la distribución de experiencias entre todos sus miembros y fomentando la difusión de las investigaciones realizadas en todo el país. Por ejemplo, en el XX Congreso de INTERCOM, realizado en 1997 en la ciudad de Santos, se inscribieron cerca de 500 investigadores, siendo 300 investigadores senior, autores de comunicaciones científicas y 200 investigadores junior, autores de 50 trabajos de iniciación científica y 150 productos comunicacionales (resultantes de experimentos realizados en los laboratorios profesionales de periodismo, propaganda y otros segmentos). El número de participantes interesados en oír las exposiciones de los investigadores atendió a la cifra récord de 2.500 participantes, entre estudiantes, profesores y profesionales.

Eses dados cuantitativos son indicadores que revela el dinamismo y la vitalidad de la comunidad brasileña de comunicólogos. Para finalizar, vale la pena explicitar cuáles son las líneas de investigación a que se dedican tales estudiosos. Vamos a tomar como punto de referencia las tendencias observadas en el último congreso brasileño de ciencias de la comunicación (Santos, 1997).

El mayor volumen de los trabajos presentados tienen carácter de ciencia aplicada, en la medida en que poseen nítido interés profesional, focalizando objetos relacionados con el sistema de comunicación de masas: periodismo, publicidad, telenovelas, historias en separatas, radio, cine y vídeo, etc.

Otro segmento expresivo son los estudios fenomenológicos, agrupando investigadores que poseen formación en otras áreas de las ciencias humanas que quieren establecer relaciones entre ciertos hitos comunicacionales y variables o paradigmas singulares de aquellas disciplinas en las frontera: género, etnia, religión, educación, política, economía, deportes, etc. Sus preocupaciones no siempre están orientadas hacia el funcionamiento de los sistemas massmediáticos, reflejando en cierto sentido los temas dominantes en la agenda pública.

El tercero contingente reúne los estudiosos de orientación más teórica, interesados en almacenar conocimiento básico sobre los procesos comunicacionales, en una perspectiva socio-cultural: recepción y mediaciones, comunicación en las organizaciones complejas, comunicación rural, semiótica, pedagogía, epistemología, metodología de la investigación, etc.

Conclusión

El estadio que actualmente vive la investigación en comunicación, particularmente en Brasil y en general en la América Latina, no puede ser completamente avalado sin considerar el legado recibido de las universidades norteamericanas, así como en relación con las universidades europeas.

Desde 1934, cuando se instala el primer curso superior de periodismo en la Argentina, la cooperación norteamericana fue decisiva para la determinación de su estructura. A fin de cuentas, no era sensato ignorar la experiencia acumulada, durante más de 20 años, en instituciones pioneras como las escuelas de periodismo de Columbia y de Missouri.

Esa cooperación se intensificó a partir del fin de la segunda guerra mundial, cuando las Américas dan los primeros pasos para la integración económica del continente. Una escuela paradigmática como la de la Universidad Central de Venezuela contaba, ya en 1946, con asesoría norteamericana.

Pero fue sin duda después de la creación de CIESPAL en 1959, cuando ese flujo adquirió su curso natural, minimizando las mediaciones gubernamentales y privilegiando el intercambio entre universidades, fundaciones, institutos de investigación. Sus embajadores fueron los científicos como Wayne Danielson, que dieron cursos y orientaron investigaciones en el centro internacional instalado por la UNESCO y por la OEA, en Quito. Ellos aportaron contribuciones relevantes para sedimentar las bases da aquel movimiento que posteriormente asumiría fisionomía propia, o sea, la Escuela Latinoamericana de Comunicación.

Mezclando los paradigmas norteamericanos a los postulados europeos y adaptándolos a las condiciones peculiares de nuestras sociedades y a nuestras culturas fue posible superar las dicotomías entre metodologías cuantitativas y cualitativas, entre investigación crítica e investigación administrativa.

Construimos una vía latinoamericana para estudiar e interpretar los procesos comunicacionales, anticipándonos tal vez a la superación de los tabúes impuestos por la guerra fría y por las barreras creadas entre las humanidades y las ciencias sociales.

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Texto traducido del portugués por José Manuel de Pablos y supervisado por el autor.


FORMA DE CITAR ESTE TRABAJO EN BIBLIOGRAFÍAS:

Marques de Melo, José (1999): Paradigmas de escuelas latinoamericanas de comunicación. Revista Latina de Comunicación Social, 19. Recuperado el x de xxxx de 200x de:
http://www.ull.es/publicaciones/latina/a1999fjl/
73meloe.htm