Revista Latina de Comunicación Social 35 – noviembre de 2000 / Extra sobre la investigación en Argentina / Coordina: Dra. Paulina Beatriz Emanuelli, UNC,Córdoba

Edita: LAboratorio de Tecnologías de la Información y Nuevos Análisis de Comunicación Social
Depósito Legal: TF-135-98 / ISSN: 1138-5820
Año 3º – Director: Dr. José Manuel de Pablos Coello, catedrático de Periodismo
Facultad de Ciencias de la Información: Pirámide del Campus de Guajara - Universidad de La Laguna 38200 La Laguna (Tenerife, Canarias; España)
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Reflexiones acerca de las investigaciones en comunicación

(4.468 palabras - 10 páginas)

Lic. María Cristina Mata ©

Centro de Estudios Avanzados de la Universidad Nacional de Córdoba (Argentina)

mmata@agora.com.ar

Antes que nada, quiero celebrar la realización de estas Jornadas apostando a que ellas marquen definitivamente la inauguración, en el marco de la Escuela de Ciencias de la Información, de un ámbito en el cual encuentren sistematicidad y articulación las labores de investigación que se realizan en ella y que, como muchos de los que estamos presentes sabemos, no han logrado -desde hace años- romper inercias institucionales e intereses menores que impidieron aunar esos esfuerzos o que temieron dicha articulación. Porque cuando reunimos el trabajo cobramos valor académico y ese valor no siempre es aceptado cuando son otras las bases en que se funda el quehacer universitario.

Dicho eso -que no podía ni quería dejar de decir- quiero agradecer a las organizadoras y déjenme que también celebre esta profusión de mujeres trabajando en el campo de la investigación, por haberme encomendado la tarea de abrir las Jornadas con esta conferencia en la cual, en principio, se esperaba que trazara un diseño comprensivo de lo que ocurre en el campo de la investigación en comunicación en nuestro país y en las universidades.

Realmente me encomendaron una tarea imposible. Se los comuniqué cuando me convocaron pero insistieron…Y es imposible o fue para mí imposible realizar ese diseño porque, para hacerlo, debería uno abocarse a un verdadero trabajo de investigación que llevaría un tiempo del que yo carecía. ¿Por qué acepté, sin embargo? Porque creo que puedo llegar a compartir con ustedes algunos datos, a problematizar algunas cuestiones. Y eso haré, esperando que mis aportes generen un debate que pueda luego prolongarse en las mesas de trabajo.

El primer dato que quiero compartir es el de la imposibilidad de trazar rápidamente un "estado" de la cuestión de la investigación en comunicación en el país.

No hace mucho tiempo, la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la Universidad Nacional de La Plata publicó un libro de Jorge Rivera cuyo título era prometedor: "Comunicación, medios y cultura. Líneas de investigación en la Argentina",1986-1996 (1), que venía precedido por la experiencia que Rivera había demostrado en ese tipo de sistematización, al publicar, en 1987 su texto acerca de "La investigación en comunicación social en la Argentina" (2). Sin embargo, tras hojearlo rápidamente uno se da cuenta de que la promesa queda sin cumplirse o, para plantearlo de otro modo, que el título del volumen no se corresponde con su contenido ya que debería subtitularse "Líneas de investigación en Buenos Aires".

También recientemente Eudeba publicó un trabajo destacable dedicado en buena medida a los estudios sobre públicos y recepción. Me refiero al libro de Alejandro Grimson y Mirta Varela, "Audiencias, cultura y poder. Estudios sobre televisión" (3). En este texto, que propone una suerte de "estado del arte" de los debates y estudios acerca de las audiencias y la recepción y que realiza en ese sentido considerables aportes, se señala que, "veinte años después de iniciado el debate" no se han desarrollado en nuestro país "investigaciones sistemáticas sobre las audiencias desvinculadas de las demandas del mercado" (p. 94). Algo que muchos de los que estamos aquí sabemos que es inexacto.

En ambos casos quiero obviar el lugar común que pretendería explicar la falta de reconocimiento de investigaciones en comunicación en general, o sobre una problemática específica, desarrolladas en otras provincias del país, mediante el recurso al etnocentrismo porteño. Los autores de ambos libros conocen bien las dimensiones de nuestro país… Quiero creer, en cambio, que no contaron con el tiempo suficiente para rastrear lo que está disperso. O que realizaron una valoración de las investigaciones incluidas o reseñadas que, al no explicitarse como tal, es decir, al no postular criterios de inclusión o exclusión, opera como fuente de error. O que asimilaron investigación con publicaciones, hecho del cual deberían haber dejado constancia…

No podemos saber las razones de esas parcelaciones, pero eso me parece menos significativo que poder reconocer, a partir de ellas, lo que quiero plantear como punto de arranque de mis reflexiones. Interrogarme acerca de qué es lo que nombramos cuando hablamos de investigación en comunicación: ¿de estudios realizados en el marco de una disciplina, de la construcción de un tipo particular de problemas teóricos, del estudio de un conjunto de prácticas u objetos empíricos? Creo que, ustedes como yo, saben que no tenemos respuestas unánimes; que es el campo académico designado como comunicación el que carece de límites y que tiene contornos zigzagueantes, el que admite múltiples objetos empíricos y teóricos, el que resulta de una pluralidad de miradas disciplinarias.

De todos modos, también sabemos que los campos se construyen a partir de las nominaciones que se les van otorgando, quiero decir que la institucionalización de ciertas prácticas de investigación como del orden de "la comunicación" es producto de la aceptación académico-profesional de esa designación. Veamos qué ocurre si, aceptando lo anterior, revisamos las que constituirían, si uno se lo propusiera, una de las fuentes fundamentales para una indagación acerca de los alcances de la investigación en comunicación en Argentina. Me refiero a las publicaciones que dan cuenta, resumidamente, de las ponencias presentadas en encuentros y jornadas que se organizan con la finalidad de reunir investigadores y facilitar el intercambio de estudios.

Tomo como ejemplo los dos últimos encuentros de este tipo, las IV Jornadas Nacionales de Investigadores en Comunicación realizadas en Jujuy y el Tercer Encuentro de Docentes e Investigadores de la Comunicación del Mercosur realizado en Río Cuarto. Atendiendo al modo en que se organizaron las ponencias recibidas -en el primer caso- y al modo en que se organizó la convocatoria por temas -en el segundo- podría concluirse que son problemas u objetos propios de la investigación comunicativa temáticas tales como -en el caso de Jujuy- (y enumero literalmente):

  • Comunicación y educación

  • Sujetos y nuevas tecnologías

  • Comunicación y antropología

  • Géneros e imágenes

  • Globalización y comunicación

  • Comunicación institucional

  • Sujeto y relato

  • Comunicación popular y políticas sociales

  • Identidades y procesos culturales

  • Comunicación y salud

  • Justicia y medios

  • Mercosur y comunicación

  • Perspectiva filosófica

  • Nuevas tecnologías

  • Imaginario tecnológico

  • Teorías de la comunicación

  • Imaginario audiovisual

  • Comunicación y arte

  • Políticas de comunicación

  • Procesos comunicacionales juveniles

  • Información y opinión

  • Política y comunicación

  • Comunicación y desarrollo

  • Comunicación radiofónica

  • Consumos culturales

  • Prácticas profesionales

  • Intelectuales y producción científica

Y, en el caso del encuentro de Río IV,

  • Los medios ante la economía y la cultura globales

  • Recepción, públicos y audiencias

  • Comunicación y nuevos espacios de integración

  • Contenidos y agendas mediáticas (4).

La disparidad es notable entre ambos encuentros -lo que podría explicarse por la naturaleza institucional de los mismos- sin embargo, en ambos casos nos encontramos, más que con un conjunto de espacios distintivos constituidos a partir de algún principio clasificatorio -disciplinas, temas, metodologías, etc.-, con una enumeración casuística. Prueba de ello -y los invito a realizar esa prueba- es que con bastante facilidad uno puede trasladar un número importante de ponencias de una mesa a otra u otras -es decir de un tema a otro- sin que ello provoque grandes alteraciones. Pero lo más significativo es que, en esa enumeración casuística, la comunicación es un amplio sobre- entendido donde caben tecnologías, medios, discursos, sujetos, identidades, imaginarios, políticas, géneros, espacios institucionales… el estado, la sociedad civil, la globalización, el mundo entero.

Hace poco tiempo, se realizó en Lima un seminario internacional organizado por FELAFACS dedicado a examinar las "Tendencias y retos de la investigación en comunicación en América Latina". En esa ocasión, el mexicano Raúl Fuentes, quien ha dedicado buena parte de su labor académica al análisis del campo de la investigación y enseñanza de la comunicación en nuestro continente, recordaba cómo en 1992 en un libro sobre el tema –"Un campo cargado de futuro"(5)- había sostenido que "la construcción de mapas orientadores ante la creciente complejidad del campo" era un "prerrequisito importante" para el pensamiento comunicacional. Recordaba cómo le había resultado fácil establecer, para los años 60 y 70, los ejes problemáticos que articulaban los estudios: un eje teórico-metodológico -entre el desarrollo y la dependencia- en el primer caso y un eje epistemológico-político -entre los criterios de cientificidad y el cambio social-, en el segundo. Recordaba cómo, para los años 80, había sido imposible encontrar algún principio central de comprensión y evocaba las palabras de Martín-Barbero cuando nos convocaba a "aceptar que los tiempos no están para la síntesis" y planteaba el desafío de "avanzar a tientas o con sólo un mapa nocturno…". En el seminario de Lima, Raúl Fuentes se atrevió a esbozar un nuevo eje para esta década, la última de nuestro siglo:

"la tensión predominante -afirmó- pareció establecerse sobre el eje del abandono de las premisas críticas, sea ante la adopción de la ‘inevitable vigencia’ de las leyes del mercado también en el ámbito de la investigación, sea ante la dispersión de enfoques sobre las múltiples ‘mediaciones’ culturales de las prácticas sociales, sea en otras direcciones"(6).

Quiero detenerme en esta afirmación de Fuentes porque creo que resalta dos problemas significativos que quienes nos asumimos como investigadores de la comunicación en nuestro país no podemos dejar pasar por alto.

1.

Qué significa esa "inevitable vigencia" de las leyes del mercado también en el ámbito de la investigación? Al menos, encuentro dos significados relevantes.

El primero está asociado con el lugar y carácter que se le otorga a ese dispositivo, inescindible del desarrollo de la industria cultural, en los estudios de comunicación. Hace poco tiempo, prologando la quinta edición de su libro "De los medios a las mediaciones" (7), Jesús Martín-Barbero aludía a la notoria fuerza que va adquiriendo hoy un pensamiento que amalgama "el optimismo tecnológico con el más radical pesimismo político", tratando así de legitimar "tras el poder de los medios, la omnipresencia mediadora del mercado".

"Pervirtiendo el sentido de las demandas políticas y culturales que encuentran de algún modo expresión en los medios -señala- se deslegitima cualquier cuestionamiento de un orden social al que sólo el mercado y las tecnologías permitirían darse forma".

La tendencia que Martín-Barbero reconoce hegemónica está presente entre nosotros. Tiene una presencia visible, explícita, inocultable, en lo que podríamos llamar el movimiento de mimetización de los intelectuales con el espacio mediático y la suspensión del distanciamiento como mecanismo de producción de conocimiento.

En el terreno específico de la investigación, esta tendencia se materializa en los estudios que, sin ningún tipo de cuestionamiento categorial, asumen como herramientas conceptuales las denominaciones que el mercado impone. Así, por ejemplo, se multiplican investigaciones que emplean como recurso explicativo o marco de interpretación las actuales condiciones de globalización, para no importa qué práctica o hecho cultural: la capacidad de comprensión de los lectores, la constitución de identidades políticas o la producción de información locales, el confinamiento de los ancianos. Y no piensen que estoy inventando ejemplos: me estoy refiriendo específicamente a ponencias presentadas en Jujuy. Pero también se multiplican las que hacen de la "mediatización de la cultura y la sociedad" el principio eficiente y genérico de comprensión del todo social, las que reponen las tecnologías y medios como fuentes suficientes de construcción de imaginarios, las que incorporan la lógica del consumo como actividad productiva autónoma, las que restituyen a las opiniones verbalizadas de los individuos el carácter de verdad.

El resultado, en todos esos casos, es el previsible: ingentes cantidades de descripciones que, sin distancias ni descentramientos, contribuyen a naturalizar las actuales condiciones de producción de la comunicación, que es decir las condiciones de producción de la cultura, esa trama compleja de sentidos que los hombres elaboramos y al tiempo nos constituye. Y la naturalización tiene, como se sabe, un efecto ulterior: la racionalización del orden hegemónico como único orden posible.

El segundo significado tiene que ver con lo que yo llamaría la mercantilización de la investigación, asociada a las transformaciones del campo académico, esto es a la institucionalidad universitaria y científica.

Antes -e inmediatamente ustedes verán a qué tiempo aludo- investigar era, dentro de la universidad, un modo de saber. Algunas cátedras, algunos docentes, algunos alumnos, asumían la inescindible vinculación entre estudio (investigación) y enseñanza-aprendizaje. Investigar era un modo de situarse frente al quehacer docente e intelectual, el modo de asumir una actitud productiva y no meramente reproductiva ante los contenidos empíricos y teóricos que integraban los currículum e, incluso, el modo de poder criticar y transformar esos currículum.

En una conferencia que dictara en 1981 Alfredo Furlán, sobre "Currículum y condiciones institucionales", reflexiona sobre los sistemas de evaluación y estímulos docentes que se comenzaban a diseñar por entonces desde los organismos gubernamentales, sistemas en los cuales la docencia -entendida como el trabajo directo con alumnos- comienza a "perder puntos" -en sentido literal, a conferir menos puntaje- frente a otras líneas de actividad, básicamente frente al desarrollo de investigaciones y más aún frente a la presencia en ámbitos donde se divulgan sus resultados, sean congresos, seminarios, encuentros, revistas nacionales e internacionales (8).

Furlan advierte con agudeza de qué modo esos sistemas de evaluación y estímulo -el actual régimen de incentivos en nuestras universidades-, contribuyen a desvalorizar la docencia: por un lado, opera en ellos el supuesto no evidente ni comprobado de que las labores de investigación y difusión de sus resultados mejoran por sí solas el dominio de los profesores sobre los contenidos y sus aptitudes y capacidades para transformarlos en parte de los procesos de enseñanza-aprendizaje; por otro, obliga a una multiplicación y diversificación de labores -diseñar proyectos, realizarlos, asistir a congresos, escribir artículos, elaborar informes administrativos-, que limita el tiempo destinado a la práctica con los alumnos. En el campo de la investigación, las consecuencias no son menos graves.

Mientras la investigación, asociada como ejercicio intelectual a la práctica docente, tenía la posibilidad de vincular sus objetos, diseños y tiempos con el proceso colectivo de producción de conocimientos -el de los equipos docentes y el de las actividades curriculares- hoy "el proyecto" deviene un artefacto técnico normalizado por las agencias que conceden fondos, que evalúan y categorizan diseños e investigadores. Plazos, temáticas, constitución de los equipos, modos de difusión de los resultados, todo está sujeto a regulación. Las consecuencias, en nuestro campo, se hacen evidentes de diverso modo: investigadores que por tener condiciones administrativas para ello dirigen proyectos a los que sólo dan una revisión inicial y final; réplicas de proyectos que -por diversas razones- se conoce obtendrán aprobación; superficialidad de los análisis ante la premura de divulgarlos; multiplicación de idénticas ponencias o artículos en diversos ámbitos… La investigación, como práctica que garantiza un plus salarial, deviene mercancía devaluada en un mercado académico que más que valorar la profundidad y originalidad del conocimiento y su utilidad social, suma y resta puntos.

2.

Voy a detenerme ahora en la segunda afirmación de Raúl Fuentes. La que vincula el abandono de las premisas críticas en el campo de la investigación en comunicación con la dispersión de temáticas y enfoques que lo caracteriza.

Si leyéramos esa afirmación como estando cargada de un sentido nostálgico, como demanda de una vuelta a esos objetos claros y definidos que eran los medios de comunicación y sus mensajes, estaríamos desvirtuándola. En el curso de esa ponencia -que resultó coincidente con otras varias que se presentaron en el seminario de Lima- la dispersión de temáticas y enfoques, ésa que con claridad meridiana surge de la enumeración de mesas de trabajo de las Jornadas de Jujuy, es enjuiciada en tanto dificulta el debate, la confrontación de ideas, la contrastación de posturas y marcos comprensivos y/o normativos desde los cuales pensar la comunicación por endebles y fugaces que sean los contornos de lo que ella nombra. La diversidad, amparada en un creciente relativismo, se revela así improductiva y peligrosa.

En otra de las mesas de trabajo del seminario de Lima, dedicada al análisis de los "Cambios en las categorías, las nominaciones y las realidades comunicativas" y en la que nos congregamos una mayoría de argentinos, llegamos a conclusiones convergentes. Nuestra reflexión se centró en el desplazamiento de categorías que habían sido centrales en épocas anteriores en las investigaciones en comunicación, y su reemplazo ligero por nuevas nociones que, en general, tienden a escamotear la cuestión del poder. La conversión de las "clases populares" en "gente" o "consumidores", la conversión de la "cultura de masas" o la "industria cultural" en "cultura mediática", las reinterpretaciones del concepto de "comunidad" liberándolo de los lazos histórico-materiales que lo fundaban, fueron algunos de los desplazamientos analizados.

Reconocíamos, es cierto, que las nuevas perspectivas disciplinarias y teóricas adoptadas en las últimas décadas permitieron incorporar, en nuestras investigaciones, dimensiones sustanciales para la comprensión de la comunicación, tal como ocurrió con la problemática de la subjetividad. Sin embargo, coincidíamos en advertir que en gran número de casos, las novedades teóricas y metodológicas son simples maquillajes de viejas posturas o que, en otros, el imperio de las modas académicas impide la consolidación de pensamientos, marcos, modelos de análisis e interpretación que puedan valorarse por los resultados que ofrecen -al menos en el mediano plazo- para avanzar en la comprensión de la comunicación. En el plural campo de la investigación en comunicación se difuminan jerarquías y prioridades; se igualan los aportes; se canonizan textos y nociones… Y todo ello en el marco de una producción incesante sin espacios para la discusión que permita ordenar el campo, trazar límites internos, deslindar problemáticas, recuperar especificidades a partir de las cuales volver claras y distintas las posturas teóricas y políticas de los investigadores.

Lo planteado hasta aquí no pretende ser -ni de hecho es- un balance de la investigación en comunicación en nuestro país ni en América Latina. Pero sí mi punto de partida, el suelo en el cual asiento las reflexiones que haré para concluir esta intervención y que sin carácter propositivo ofrezco como pistas para encaminar nuestra labor.

En una obra reciente en la que historiza los estudios de comunicación, Dan Schiller señala de qué modo la extensión y el significado de la comunicación "se han vuelto virtualmente incontenibles" (9). Ese hecho no desautoriza, sino que por el contrario vuelve prioritaria la necesidad de trazar marcos interpretativos que contengan ese objeto y que, como bien señala Martín-Barbero, nos permitan pensar "el lugar estratégico que ha pasado a ocupar la comunicación en la configuración de los nuevos modelos de sociedad" (10). En ese sentido, la investigación de la comunicación tiene mucho por hacer. Y eso nos compete a quienes nos asumimos como investigadores, es decir, como practicantes en un campo no sólo constituido por problemas y métodos sino por unas ciertas condiciones institucionales.

- En primer lugar, creo que es necesario esforzarnos por reconfigurar áreas temáticas que deban menos su sustento a las miradas disciplinarias que a la índole de las cuestiones y zonas de lo real que hoy reconocemos en crisis por las transformaciones económico-sociales y que se expresan y son parte de complejas mutaciones culturales. Esa reconfiguración, obviamente, no puede ser intemporal y atópica. Quiero decir, no puede remedar, en el campo de los estudios nacionales de comunicación, las prioridades que emergen de realidades distantes en términos de desarrollo y configuración. Y para ser más precisa, especifico: si algo fructífero tienen las nociones de multiculturalismo que la antropología aporta hoy, por ejemplo, para la comprensión de la cultura de fin de siglo, ello no puede derivar en innumerables estudios acerca de las identidades de los nuevos migrantes en nuestro país como fenómeno desconectado y propio de una generalizada problemática y, más bien, debería obligarnos a repensar toda nuestra historia cultural en términos de segregaciones y exclusiones.

- En segundo lugar creo imprescindible que esa reconfiguración permita articular las dimensiones materiales y simbólicas de producción de la comunicación. Es decir, que habilite una interrogación sistemática acerca de los modos económicos y políticos con que se diseña un orden hegemónico de producción de significaciones y, al mismo tiempo, los modos -también económicos y políticos- con que se constituyen las resistencias y alternativas culturales. Sin esa articulación seguiremos asistiendo a encuentros y congresos donde los contenidos y agendas de los medios se debatan en unas mesas y la vinculación de los medios con la economía en otras, o donde los consumos culturales anden por un lado, los imaginarios por otros y más allá quienes se dedican a analizar el desarrollo de las tecnologías… Y de ese modo, cada uno de los asistentes, con nuestros temas y perspectivas metodológicas a cuestas, seguiremos en la parcela confortable que nos exime de mayores interrogaciones. Y no estoy, al decir esto, propugnando ningún tipo de holismo. Por el contrario, estoy planteando que es sólo desde la construcción de problemas teóricos complejos, que permitan abordar y comprender las situaciones que vivimos, y desde los marcos conceptuales y metodológicos donde esos problemas pueden ser pensados, desde donde cada quien puede poner en juego sus ideas y trabajos particulares.

- En tercer lugar, creo que ello no será posible si la investigación no se articula con las demandas de la práctica docente y con las demandas sociales.

  • En el primer caso, lo que planteo es la necesidad de cruzar las interrogaciones que vienen del campo profesional para el cual estamos formando alumnos con los problemas que relevamos en el ámbito teórico. Y también en este caso, especifico: si debemos proveer formación para que los egresados de una carrera de comunicación puedan intervenir en el diseño y ejecución de políticas y prácticas culturales, tendrá sentido sustantivo investigar el modo en que actualmente distintos sectores -el estado, los intelectuales, las empresas- participan en la producción de esas políticas; el modo en que la población es interpelada como actor o consumidor cultural, por dar algunos ejemplos. Pero antes deberíamos saber si lo que nos proponemos investigar no es ya un conocimiento alcanzado -y no es así ciertamente en el caso que tomé como ejemplo- porque de lo contrario, la investigación deviene puro ejercicio o simulacro.

  • En el segundo caso, lo que planteo es la necesidad de vincular la investigación con realidades que, siendo de dominio público, requieren de información cualificada y análisis comprensivo para su debate y para la consecución de acciones. No me cansaré de decir que mucho hubiesen podido aportar las escuelas y facultades de comunicación del país a la consolidación y legitimación de los sistemas de radiodifusión de baja potencia, en frecuencia modulada, comunitarios, si se hubiesen desarrollado en diversos escenarios estudios comparativos acerca del sentido social de muchas de esas emisoras y de las redes de poder económico y político que han operado, hasta el presente, para impedir una legislación habilitante. Pero podríamos dar muchos ejemplos de ese tipo.

- Finalmente, creo que así como los investigadores en comunicación debemos preocuparnos por esas tareas que hacen a nuestro campo de estudio en un doble sentido, teórico y político, también debemos asumir otro frente de lucha: el que nos convierte en investigadores para incrementar sueldos docentes; el que nos lleva a ser protagonistas de muchos malentendidos que se resuelven en una simple ecuación: gran cantidad de investigaciones, mucho menos rigor a la hora de pensar y hacer la comunicación. Enfrentar esta situación es, sin dudas, una tarea académica y política. Pero es también cuestión de ética. Cuestión de no presentar proyectos por que sí; de no avalar proyectos por que sí; de abandonar actitudes corporativas… Porque de lo contrario no le podemos imputar al mercado o a la academia lo que con nuestra práctica convalida su mercantilización.

Ustedes me dirán que mucho de lo que estoy proponiendo se hace; que este discurso que suena a principista y admonitorio debería ser pronunciado en otros ámbitos y no entre nosotros. Es cierto, mucho se hace. Y para ratificarlo daré un ejemplo que no es específicamente local, para que nadie pueda sentirse excluido. Si se revisan las presentaciones a encuentros y congresos de los últimos tiempos y se revisan revistas de comunicación, se advierte un notorio crecimiento del área comunicación-educación. Se trata de un área interesante porque, por lo general, revela la emergencia de una problemática cultural nacional de primer orden: la crisis del sistema educativo, las reformas gubernamentales, las transformaciones en los roles docentes y en las características de los estudiantes… Pero, al mismo tiempo, revela, en ciertos ámbitos -y cito el caso de la Facultad de Periodismo y Comunicación de la Universidad Nacional de La Plata, por ejemplo- la institucionalización de departamentos y programas de enseñanza referidos a esa problemática. No estoy juzgando aquí la calidad de las investigaciones que se producen sino el movimiento que las produce. Y allí es donde uno soñaría con que ese movimiento se tradujese en productividad teórica y metodológica: constituyendo redes, espacios de debate y confrontación donde cada investigador -no importa cómo ha sido categorizado o evaluado por el sistema- encuentre entre sus pares el momento de la corrección, el enriquecimiento, el avance.

Ojalá estas jornadas se desarrollen con ese espíritu: no sólo el del intercambio sino el de la crítica. Que implica, más allá de la legitimidad que puede otorgarnos el hecho de haber sido aceptados como ponentes por los organizadores, o el hecho de realizar investigaciones como parte de nuestra condición de docentes de la universidad, exponer nuestros trabajos y conclusiones como palabra siempre posible de ser contestada, revisada, criticada. En suma como palabra puesta en crisis porque no otra puede ser la actitud del investigador y la índole de su tarea: un constante interrogar, cuestionar, para así aprender.

Bibliografia

Fuentes, Raúl, 1992 "Un campo cargado de futuro", México, FELAFACS

Fuentes, Raúl, 1999, "La investigación de la comunicación en América Latina: condiciones y perspectivas para el siglo XXI" (mimeo).

Furlán, Alfredo, 1987, "Currículum e institución", México, UNAM

Grimson, Alejandro y Varela, Mirta, 1999, "Audiencias, cultura y poder. Estudios sobre televisión", Buenos Aires, Eudeba

Martín-Barbero, Jesús, 1999, "De los medios a las mediaciones. Comunicación, cultura y hegemonía", 5ª ed., Santafé de Bogotá, Convenio Andrés Bello

Rivera, Jorge, 1987, "La investigación en comunicación social en la Argentina", Buenos Aires, Punto Sur.

Rivera, Jorge, 1997, "Comunicación, medios y cultural. Líneas de investigación en la Argentina, 1986-1996, La Plata, Facultad de Periodismo y Comunicación Social, Universidad Nacional de La Plata

Schiller, Dan, 1996, "Theorizing communication: a history", Oxford University Press.

Notas

  • 1 Fue editado en julio de 1997.

  • 2 Fue editado en Buenos Aires por la editorial Punto Sur.

  • 3 Editado por Eudeba en Buenos Aires, en 1999.

  • 4 Los temas de las mesas de trabajo han sido extraídos de las publicaciones de resúmenes de ponencias de ambos encuentros.

  • 5 Felafacs, México.
  • 6 "La investigación de la comunicación en América Latina: condiciones y perspectivas para el siglo XXI".
  • 7 Aparecida recientemente y editada por el Convenio Andrés Bello.
  • 8 Conferencia dictada en la sede de San Luis de Potosí de la Universidad Autónoma de México y publicada en su libro "Curriculum e institución".
  • 9 "Theorizing communication: a history", Oxford University Press, 1996, p. vii.
  • 10 Prefacio citado


FORMA DE CITAR ESTE TRABAJO EN BIBLIOGRAFÍAS:

Mata, María Cristina (2000): Reflexiones acerca de las investigaciones en comunicación. Revista Latina de Comunicación Social, 35 / Extra Argentina. Recuperado el x de xxxx de 200x de:
http://www.ull.es/publicaciones/latina/Argentina2000/01cmata.htm