Revista Latina de Comunicación Social 35 – noviembre de 2000 / Extra sobre la investigación en Argentina / Coordina: Dra. Paulina Beatriz Emanuelli, UNC,Córdoba

Edita: LAboratorio de Tecnologías de la Información y Nuevos Análisis de Comunicación Social
Depósito Legal: TF-135-98 / ISSN: 1138-5820
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Conflictos sociales en la sociedad global

(3.789 palabras - 7 páginas)

Lic. María L. Beatriz Alem ©

Licenciada en Comunicación Social, U.N.C. Diplomada en Ciencias Sociales en FLACSO, Buenos Aires - Docente en la Carrera de Comunicación Social de la UBA - Investigador tesista en el Instituto Gino Germani de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA y del CONICET (Argentina)

beatrizalem@arnet.com.ar

Una de las características que presenta el llamado "sistema global" es la emergencia de nuevas subjetividades, y más allá de las distintas corrientes de interpretación acerca de esta nueva condición, el punto de coincidencia parece estar expresando que la "lucha de clases" dejó de ser el principal eje de antagonismo político.

El escenario que se nos propone es el de una época de incertidumbres, crisis del sujeto, dicen las teorías contemporáneas, y en este movimiento se exhibe el desvanecimiento de las utopías de unidad, o de la armonía universal. Uno de los lugares donde mayormente se percibe este cambio, es en el de "las mediaciones comunicativas del poder democrático", nos propone Brünner (1).

1.- El fin del sujeto colectivo y la emergencia de nuevos grupos antagónicos

Una primera cuestión será entonces, la de definir la situación de los nuevos actores políticos en el marco de la sociedad global. Siguiendo los conceptos de Axford, este autor, entiende al "sistema global como la articulación que se da entre la acción humana y las estructuras políticas, económicas y culturales (2). Hay que destacar que, el grado de interrelación que los grupos pueden establecer con estas estructuras se incluye (3) en un sistema global, cuya característica se vincula en el plano político con la pérdida de la idea del estado-nación, y por contrapartida con la intensificación e interdependencia entre los grupos diversos.

El modo en que los agentes sociales y las estructuras se encuentran unidos es a partir de un lazo reflexivo por lo cual el sistema global no se define como una totalidad orgánica, sino como un estado contingente, por lo tanto, el mismo dependerá del tipo de lazo que establezcan los individuos. En este sentido, la idea de globalización se propone como una instancia cognitiva a partir de la cual se redefinen las experiencias y expectativas de los individuos.

Dadas las condiciones expuestas; la discusión acerca de la emergencia de nuevas subjetividades nos lleva a la deconstrucción del concepto de sujeto colectivo y a la emergencia de nuevas formas de antagonismo. El recorrido propuesto se fundamenta a partir de los conceptos centrales de Daniel Bell, Laclau-Mouffe, y Claus Offe. Quienes desde distintas concepciones teóricas plantean el escenario de los nuevos conflictos sociales.

Bell (4) toma en cuenta el cambio del conflicto social dentro de la perspectiva de la sociedad post-industrial. Así, el modo en que se modifican las relaciones sociales está con relación a la preeminencia que cumple la tecnología y el conocimiento, pero fundamentalmente al aumento del sector servicios frente al tradicional esquema agro-industrial. En este sentido y con la intensión de plantear el conflicto de clases, partimos del análisis que el autor señala, y que es el de entender las diferencias entre los conceptos de "situs y status" (5). Para Bell, mientras las clases pueden representarse horizontalmente por "status", la sociedad se organiza de modo vertical por el "situs" que son los lugares reales de las actividades e intereses ocupacionales. Y en las actividades cotidianas los conflictos de interés se producen entre las organizaciones a las que pertenecen los hombres, y no en la difusa identidad de "status" y modos de comportamientos. En esta confrontación es probable que los "situs" sean quienes consigan mayor cohesión corporativa frente a otros, constituyéndose en las principales unidades de interés político.

El segundo enfoque que nos interesa rescatar es el de Laclau - Mouffe, quienes parten de dos objeciones teóricas, una es con relación al esencialismo que impregna el análisis de las relaciones sociales; es decir pensar a los medios de producción como la necesaria sucesión de su contrario, y en consecuencia como una etapa superadora. Y otra al racionalismo moderno, en tanto es una crítica a los términos del pensamiento dualista de oposiciones ser-escencia. A partir de esta posición teórica, los autores establecen cuatro categorías de análisis. En primer término, el concepto de sobredeterminación (5) -impregna la mayor parte de sus propuestas-, permite mostrar la inconsistencia lógica de lazos necesarios que se postulan como elementos de la totalidad social y la imposibilidad del objeto sociedad de constituirse como "racionalidad unificada".

En segundo lugar, se entiende a las prácticas sociales como construcciones discursivas, si bien todo objeto se construye discursivamente; esto no significa negar la existencia externa de los mismos, sino que los mismos puedan constituirse al margen de toda construcción discursiva.

En tercer término, los autores cuestionan que la lucha política y económica de los obreros esté unificada por un agente social concreto que es "la clase obrera". Puesto que la definición clase obrera es utilizada de dos modos distintos: para definir la posición de los sujetos en las relaciones de producción y para nombrar a los agentes que ocupan esa posición de sujeto. Esta implícita transparencia de "clase obrera" crea confusión en términos de Laclau, ya que al plantear la relación de clase en sí (la idea de falsa conciencia), la clase es concebida en términos futuros. En tanto que la forma presente de "la unidad de clase" se concibe a partir del ideal de representación encarnada en la vanguardia. Desde esta concepción determinista, los sujetos sociales están definidos por la posición que estructuralmente tienen en las relaciones de producción, es decir que en esta perspectiva los actores sociales se encuentran pre-constituidos a partir de estos datos objetivos.

La propuesta de los autores es, que frente a esta posición los sujetos se constituyen en el carácter ambiguo que caracteriza a las relaciones sobredeterminadas. En oposición, a la categoría de "clase obrera" como sujeto unificante, plantean la emergencia de nuevos movimientos sociales, cuya característica principal es la de resistencia a la homogeneidad y valorización de las diferencias.

Y por último las relaciones antagónicas dependerán de las posiciones que los sujetos ocupen en las relaciones sociales. Ya que las relaciones de subordinación no son necesariamente antagónicas, simplemente pueden ser un conjunto de posiciones diferenciadas entre agentes sociales, éstas adquieren ese estado en una situación de opresión. Y es el desplazamiento de estas posiciones de sujeto la que dará origen a la emergencia de diversos antagonismos. A partir de este desplazamiento se definen nuevas formas de identidad política, que los autores entienden, son hoy los llamados "movimientos sociales". Y cuya característica es que emergen en el ámbito de las sociedades avanzadas, es decir, tienen que ver con la expansión de la vida mercantil a todos los ámbitos de la sociedad, por lo cual, tanto en el espacio de la vida individual como colectiva es imposible que escapen al campo de las relaciones capitalistas. En este sentido las luchas por el consumo, el espacio para habitar, el uso de los diferentes servicios pueden constituirse en terreno de lucha contra las desigualdades y también en el reconocimiento de reivindicaciones sociales.

Otro es el análisis que realiza Claus Offe (7). Para este autor, el conflicto de clase adquiere características especiales a partir de la confrontación que se produce entre el incremento del trabajo improductivo –que no adquiere la forma de mercancía- y que se despliega en el sector servicios, y el trabajo productivo, productor de plusvalor y por lo tanto con relación al valor de cambio. El interrogante acerca del cual parte Offe, es la posibilidad de compatibilizar estas dos instancias, es decir, el intento de hacer operativo la interrelación entre estado y mercado. Existen en términos del autor ciertos elementos estructurales de la sociedad capitalista industrial que ya no funcionan como mercancía. En primer término considera que los grupos desmercanciados, excluidos de la forma social de vida de trabajo asalariado, pero sujetos a la relación de dominación capitalista son cuantitativamente creciente y cualitativamente no integrables. También plantea que cambia el modo en que se organiza y distribuye la fuerza de trabajo, porque el sector servicios ocupa el lugar más importante, son los empleados de las empresas y los distintos sectores que emplea el estado: trabajadores, funcionarios.

Y por último describe el desfazaje producido entre el aumento de aquellas partes del plusvalor que no son utilizadas de acuerdo a criterios de rentabilidad privada sino que son utilizados por el estado. Esto provoca un desequilibrio ya que el capital no se utiliza para acrecentar plusvalor sino que su utilización está determinada más bien por la producción de valores de uso concreto. En este estado de situación lo que se expande no es capital sino renta, y el resultado no es producción de plusvalor, sino consumo de valor. Si esta controversia responde más al ámbito político que al cálculo económico, la cuestión por resolver es en qué medida al poder político del estado le compete bloquear el propósito que es propio del valor de uso, y que se supone es complementario al proceso de acumulación capitalista. Mientras, por otro lado, debe ceder ante las exigencias que surgen de los partidos y los diversos conflictos políticos, exigencias que provienen de un lugar que no es, exactamente el del requerimiento de la acumulación misma.

El cambio que se produce en el proceso de acumulación capitalista cambia el eje principal del antagonismo, el hecho de que el proceso de acumulación esté formalmente politizado cambia su estructura de clase. El conflicto principal se plantea en términos del autor entre los subsistemas que están organizados mediante estrategias al servicio de la acumulación de capital y aquellos que están organizados dentro de estructuras capitalistas.

Podemos sintetizar el recorrido teórico de estos autores diciendo que asistimos a la diversidad de antagonismos a partir de la emergencia de movimientos sociales que no adoptan la forma de luchas obreras; a la emergencia de conflictos entre grupos que ocupan distintas actividades e intereses ocupacionales diversos, antes que lugares de status establecidos socialmente; y también a la agudización de conflictos sociales y políticos a raíz de la discrepancia estructural que se produce entre las formas capitalistas y no capitalistas.

2. - La instantaneidad: modos de narrar los conflictos

Ahora bien, si estos cambios se perciben con mayor frecuencia en el espacio mediático, un segundo enfoque a vincular es el de la redefinición del tiempo y el espacio en el ámbito de lo público. Un concepto clave en este sentido es el que expresa Giddens, con el término de desenclave de los sistemas sociales, como: "mecanismos que liberan las relaciones sociales de su fijación a unas circunstancias locales específicas, recombinandolas a lo largo de grandes distancias espaciotemporales" (8). Es este reordenamiento el que permite entender el rol que cumplen los medios de comunicación masiva en la influencia de acontecimientos distantes sobre sucesos próximos o sobre la intimidad del yo, en términos del autor. Desde otra perspectiva, en términos de Virilio (9), la relación en la cual ocurrían los acontecimientos se ve erosionada en la actualidad por una nueva instancia: la instantaneidad o la velocidad. Y son estas transformaciones las que llevan a la reorganización tanto de hábitos sociales como a la relación de nuestra imagen con el mundo. Asistimos a un tiempo intensivo en detrimento de un tiempo extensivo.

El espacio de lo público, como lugar de deliberación, estudiado por autores como Sennette (10) y Habermas (11) -aún cuando los diagnósticos y las épocas que los mismos estudian difieren en cuanto a la pérdida del sentido de lo público-, no dejan de expresar que la presencia de las nuevas tecnologías contribuyó a erosionar la relación tiempo-espacio. También MacLuhan (12) advertía que la alteración que produjo la electricidad: fue justamente la de poner fin a la secuencia que caracterizó el proceso de mecanización, haciendo que las cosas fuesen instantáneas, y de este modo la ecuación acción-reacción -frente a los acontecimientos- de parte de las personas era simultánea, concluía el autor.

Si las categorías de tiempo-espacio se han vuelto relativas, lo que ocurre es el desplazamiento de la materia a la luz y de ésta a la velocidad. Lo que oímos, lo que concebimos de la realidad, es a partir de la velocidad, si antes ésta fue un medio de viajar, hoy sirve para informarnos. Es la velocidad la que se impone al tiempo. Se cambia entonces el eje de la pregunta, no es a qué distancia de espacio-tiempo se encuentra la realidad observada sino a qué velocidad se encuentra el objeto percibido. El tiempo presente dada estas características se transforma en un tiempo fugaz. El cambio en la imagen pública ya no explora la extensión, el discurso explicativo, sino el detalle intensivo. El tiempo de la representación visual es un ámbito de privilegio que pone con relación al sujeto con el mundo, un mundo que invade en este fin de siglo casi todos los espacios de nuestra experiencia.

La esfera de lo público como el espacio deliberativo cambió de escenario y con ello la discusión racional se transforma en una presentación de consignas, sucesión de imágenes, que el tiempo de la televisión le quita al espacio del debate.

3.-Conflictos políticos. Nuevas posibilidades de cohesión de los grupos sociales

Decíamos que, en términos de Axford, los agentes sociales y las estructuras se encuentran unidos a partir de un lazo reflexivo, por lo cual el sistema global no es entonces una totalidad orgánica sino un estado contingente que dependerá del tipo de lazo que establezcan los individuos. En este sentido, la idea de globalización se propone como una instancia cognitiva a partir de la cual se redefinen las experiencias y expectativas de los individuos. "El proceso se halla enhebrado a las rutinas de la vida diaria y depende de la creatividad interpretativa de los agentes" (13). La constitución de las identidades, para Axford, está en un estado de fragilidad respecto de la situación que viven los individuos dentro del proceso global, por el contrapeso que ofrecen los guiones globales. Y en esta contraposición las habilidades de los individuos para ejercer la elección de sus identidades particulares se establece en un plano más bien contingente antes que en un plano de certezas.

Ahora bien, esta posibilidad se ve potenciada en el mundo globalizado por la multiplicidad de repertorios que no son necesariamente homogéneos, sino también contradictorios, son guiones institucionales, de género, empleo, etc. Desde esta perspectiva, el sistema social global exhibe elementos del relato institucionalizado por la cultura occidental pero también relatos de otras culturas.

Si bien algunos autores saludan la emergencia de una sociedad anti-totalizadora a partir de la posibilidad de escuchar una multiplicidad de guiones, relatos –en términos de Vattimo (14)-, esto no significa en modo alguno la posibilidad de valorización de las diferencias y/o en todo caso las diferencias se inclinan hacia un sector de la balanza. En un sistema global en el cual la condición del estado mínimo pierde poder de negociación en defensa de sus intereses nacionales, los grupos sociales que se constituyen como grupos de protesta en función de un interés particular demuestran la fragilidad o la capacidad de presión, ante la situación de negociación.

Frente al desvanecimiento de la idea de "sujeto" que estaba contenido en el orden democrático, definido a partir de las categorías de "pueblo", "nación" o la idea de "unidad nacional" aparece nuevamente la revalorización del concepto de individuo encarnado en sectores de la "sociedad civil"; aunque en muchas oportunidades la saludable toma de conciencia ciudadana puede ser en algunas ocasiones un obstáculo a la democratización de la sociedad, en particular cuando el "elogio" del ciudadano desemboca en realidad en una apología del libre mercado.

Si bien el desarrollo o la explosión de organizaciones sociales permite abrir canales de comunicación ciudadana, a partir del debate de nuevas experiencias en la agenda pública y también la incorporación de nuevos intereses es la sociedad de mercado, la que se encarga de poner límites a la expansión masiva de la acción colectiva. En una sociedad que se pretende democrática el respeto a las diferencias es fundamental, pero este respeto debe ser también un llamado de atención a la cultura política y cívica como criterio fundamental para establecer la calidad de democracia que deseamos.

Notas

1. BRUNNER, J.J. "Globalización cultural y postmodernidad" F.C.E., Junio de 1998. Chile

2. Axford, B. 1995 "The Global system: Economic, Politics, and Culture" New York, Oxford Brooks University. La idea de "sistema global" en Axford es tratar de entender el término no desde la comprensión unilateral que implique la mirada desde una lógica de interpretación, sino establecer el concepto en términos de proceso que vincule el sistema político, económico y socio-cultural.

3. Cabe recordar aquí que Giddens, A. en "Modernidad e identidad del yo", 1997, Barcelona, España retoma el concepto de reflexividad institucional expresado en textos anteriores entendiendo al mismo como "la reflexividad de la modernidad; implica la incorporación rutinaria de conocimientos o información nueva a los entornos de acción, que de ese modo se reorganizan y reconstituyen".

4. Bell, D. 1986 "El advenimiento de la sociedad post-industrial" Madrid España, Alianza Editorial.

5. Bell, D. Op. Cit. El concepto de status es tomado aquí desde una categoría de profesional lo suficientemente amplia para que de ella puedan desprenderse distintas funciones (científico, tecnológico, administrativo y cultural). En tanto el lugar del situs corresponde a las empresas económicas y firmas de negocio en primer término; el gobierno y los poderes que lo conforman en segundo lugar; las universidades e instituciones de investigación; y por último las instituciones sociales y el ejército.

6 Laclau, E. Mouffe, Ch. 1987 "Hegemonía y estrategia socialista. Hacia una radicalización de la democracia" Madrid España, Edit. Siglo XXI. Cabe recordar que el concepto de "sobredeterminación" que el autor desarrolla lo toma de la obra de Althusser aunque el mismo procede de la lingüística y el psicoanálisis, y se entiende no como cualquier proceso de fusión o mezcla, sino que supone formas de reenvío simbólico y una pluralidad de sentido. Ahora bien, este concepto se constituye en el campo simbólico y carece de toda significación al margen del mismo. El sentido que tiene esta afirmación es que no hay nada que no esté sobredeterminado. Por lo tanto, las relaciones sociales que se constituyen de este modo carecen de leyes inmanentes.

7. Offe, C. 1977. "La abolición del control del mercado y el problema de la legitimidad", en Sontang H. Villecillos H. Comps. "El estado en cl Capitalismo contemporáneo". México Edit. Siglo XXI.

8. Giddens, Aa. Op. Cit.

9. La mayoría de los conceptos expresados en este artículo refieren a los textos de Virilio P. 1989 "La máquina de visión". Madrid España Edit. Cátedra, y "El arte del motor" 1996, Bs. As. Argentina Edit. Manantial.

10. Sennette, R. 1978 "El declive del hombre público". Barcelona España, Edit. Península

11. Habermas J. 1986, "Historia y crítica de la opinión pública" México Edit. G. Gilli

12. MacLuhan 1993. "La comprensión de los medios como las extensiones del hombre". México Edit. Diana

13. Axford, B. Op. Cit.

14. Vattimo, G. 1990 "La sociedad transparente". Madrid, España, Edit. Paidós.

BIBLIOGRAFÍA

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  • Parte de este trabajo fue presentado en el V ALAIC- V Congreso Latinoamericano de ciencias de la comunicación. Chile, abril de 2000.


FORMA DE CITAR ESTE TRABAJO EN BIBLIOGRAFÍAS:

Alem, María L. Beatriz (2000): Conflictos sociales en la sociedad global. Revista Latina de Comunicación Social, 35 / Extra Argentina. Recuperado el x de xxxx de 200x de:
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