Revista Latina de Comunicación Social 35 – noviembre de 2000 / Extra sobre la investigación en Argentina / Coordina: Dra. Paulina Beatriz Emanuelli, UNC,Córdoba

Edita: LAboratorio de Tecnologías de la Información y Nuevos Análisis de Comunicación Social
Depósito Legal: TF-135-98 / ISSN: 1138-5820
Año 3º – Director: Dr. José Manuel de Pablos Coello, catedrático de Periodismo
Facultad de Ciencias de la Información: Pirámide del Campus de Guajara - Universidad de La Laguna 38200 La Laguna (Tenerife, Canarias; España)
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Las historias de vida en el periodismo: espejos de un hombre común

(5.752 palabras - 13 páginas)

Lic. Adrián Eduardo Duplatt ©

Licenciado en Comunicación Social - Prof. adjunto de las cátedras Comunicación Escrita III y Actualidad Informativa I - Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales - Universidad Nacional de la Patagonia - Comodoro Rivadavia - Chubut - Argentina

aduplatt@satlink.com.ar

Una historia singular

Sin profundizar en las diferencias entre historia de vida y relato de vida, puede afirmarse que las dos han ganado su espacio en los medios de comunicación modernos. Cada vez es más común que los periodistas recurran a un hombre común para ilustrar una determinada nota. Si la noticia es la desocupación, entre estadísticas, datos, análisis y opiniones de economistas, se presenta la historia de quien, después de veinte años trabajando en la misma empresa, queda en la calle, con los bolsillos vacíos y una familia por mantener.

Las ciencias humanas han redescubierto su importancia como herramienta en las investigaciones cualitativas. En microhistoria, sobre todo, es usada como recurso estilístico y método indagador de las verdades profundas de una sociedad.

Los medios, como empresas que son, utilizan las historias de vida porque atraen lectores. Las historias, venden. Y si venden es porque la gente las consume.

En medio de las complejidades del mundo de comienzos de siglo -crisis de los grandes relatos de por medio-, las historias de vida representan para los lectores algo más que simple lectura de una información puntual. Establecer las motivaciones del hombre común para solazarse con las vicisitudes de sus semejantes, requiere del estudio de las relaciones de las ciencias sociales con el periodismo, su contexto sociocultural y los gustos y necesidades de los lectores.

Y aún después de indagar en todo ello, tal vez sólo se llegue a formular nuevos interrogantes.

Un mundo complejo

"Cambia, todo cambia...", dice la canción, y nunca fue tan cierto como en estos días de fin de siglo (y milenio). Cambia la realidad a cada instante, cambian los referentes, no hay dueños de la verdad, todo es complejo; cambian los soportes de la información y la velocidad con que se transmite. Ocurren muchas cosas, muy rápido. Los acontecimientos que se suceden sin respiro carecen de un marco adecuado desde el que se puedan analizar y explicar.

La realidad circundante es compleja y cambiante. El principal problema de las ciencias sociales -y ciencias en general- es la mutación permanente de la realidad y la aparición de fenómenos contradictorios, sumado a la ausencia de referentes estables -explica Miquel Rodrigo Alsina (1).

"La realidad supera a la ficción. Necesariamente el relato de la realidad empieza a ser construido de manera diferente por cada medio. En otras palabras: hay muchas realidades que se construyen de acuerdo con posturas ideológicas, tendencias periodísticas, compromisos personales o sociales. Pero sin duda la realidad supera a la ficción... Las fuentes tradicionales se han vuelto ya imprecisas: sociedad, finanzas y nota roja hasta hace poco tiempo no tenían ningún vínculo entre sí: la gente bonita aparecía en sociales llenando páginas de frivolidades y fotos de cóctel; los grandes empresarios tenían su núcleo de números y valores bursátiles en un mundo aparte; y los rojos y amarillos de las notas violentas se encontraban a años luz de los demás... hasta que ya no se supo a qué reportero mandar a cubrir la información" (2).

La complejidad de las manifestaciones y expresiones de los conflictos configuran una realidad que hace imposible un nuevo relato totalizador. Así aparece la gran oportunidad de liberarse del paradigma clásico que impera en el periodismo, para crear con libertad los discursos que interpreten este cambio.

El sociólogo francés Maffesoli (3) propone apostar a un pensamiento flexible para poder dar cuenta de la multiplicidad de los juegos (económicos, políticos, culturales, cotidianos...) y sumergirse en el organismo social para poder dar cuenta de la vida cotidiana. Esto importa renunciar a una visión universal, a un discurso totalizador, a una verdad absoluta.

Para entender el nuevo entorno es necesario, entonces, disponer de un pensamiento complejo, capaz de asumir esas contradicciones.

Se impone la utilización del pensamiento complejo y flexible -dice Alsina-:

"...para poder dar cuenta de la multiplicidad de los juegos (económicos, políticos, culturales, cotidianos...) (...) Esto comporta renunciar a una visión universal, supone renunciar a la verdad absoluta". Estamos ante verdades múltiples e inestables.

"Las calificaciones ya no son permanentes, varían a medida que varía la situación de los actores sociales (...) Es decir que en la calificación se define el fenómeno observado, pero sobre todo al sujeto observador. cuando los referentes pierden estabilidad, consenso social, queda al descubierto más claramente la posición del informante" (4).

Según el sociólogo David Harvey, el postmodernismo nada, chapotea, en las corrientes caóticas y fragmentarias del cambio como si eso fuera todo lo que hay. Foucault aconseja preferir lo que es positivo y múltiple, la diferencia a la uniformidad, lo fluido a lo compacto, las estructuras móviles a los sistemas (5). Para Lyotard, si algunas instituciones aún siguen tratando de imponernos su definición de realidad, hay formas de desafiarlas; una estrategia adecuada sería abrir los bancos de datos a todo el mundo, a fin de multiplicar las posibilidades de conocimiento.

En oposición a Theodor Adorno, que predijo la uniformización de la sociedad a través de los medios de comunicación, Gianni Vattimo sostiene que los medios se convirtieron en elementos de una explosión y proliferación de concepciones del mundo. Nuestra comprensión de la realidad se compone de múltiples imágenes, interpretaciones y reconstrucciones difundidas por los medios de comunicación, compitiendo entre sí y sin coordinación central alguna.

Ante esta era de cambio constante y de aceleración temporal de la cultura dispersa, se hace necesario contar con algún tipo de herramienta que sirva para organizar los acontecimientos y producir su inteligibilidad. El modo discursivo de presentarlos puede acercarnos a esa herramienta. La narración hace su entrada en escena.

La narración

Para Vattimo, la nueva concepción de la realidad explica el éxito reciente que en los debates entre historiadores y sociólogos ha conquistado la noción de narratividad. La narración retorna con fuerza en la sociología, antropología, filosofía, historia, periodismo... como una forma de explicar la sociedad.

El historiador Antonio Morales Moya sostiene que la vuelta de la narración, el auge de la "historia con personas" es, principalmente, un hecho producido por la demanda del público. El lector de historia quiere héroes, intriga, carácter, sentimientos, acción. Literatura, en definitiva.

Entre los fundamentos que se dan para ese retorno de la narración, están (5):

* Es una explicación apropiada para los acontecimientos y procesos históricos, frente a los naturales, que tienen otro tipo de "razón".

* Para comprender algo humano, personal o colectivo, es preciso contar una historia.

* Para no caer en abstracciones inentendibles, la vida debe estudiarse como un relato, como una narración.

* Frente a la razón pura físico-matemática, está la razón narrativa, que ayuda a comprender a los hombres y sus acciones.

El relato relaciona sucesos, crea una trama, produce y construye el sentido. Toda historia es relato. No se puede contar cualquier cosa; la narración tiene que ser coherente, tanto internamente como con respecto a la documentación en que se apoya.

Los microhistoriadores utilizan mucho la narración, por necesidades no tanto estéticas como heurísticas. Se busca que el lector participe de la búsqueda del conocimiento, explicitando el proceso de investigación y las limitaciones de la documentación, la formulación hipótesis y las líneas de pensamiento que adopta el historiador. El periodista Diego Sempol dice que, de esta manera, "El lector es envuelto en una suerte de diálogo y logra participar así en definitiva de la totalidad del proceso de construcción del argumento histórico" (7).

En cierto sentido, toda narración se explica por sí misma. Contar lo que ha sucedido es ya explicar por qué ha sucedido. Narrar es relatar, analizar y contextualizar.

Parangonando la historia y el periodismo -y en palabras de algunos historiadores-, puede decirse que el historiador-narrador no evita nunca el análisis, pero no es este el armazón con que levanta su obra. Para el historiador Paul Veyne, la historia es una novela verdadera (8) -¿no suena esta afirmación a Norma Mailer?-.

Los acontecimientos no sólo han de registrarse dentro del marco cronológico en el que sucedieron, sino que además han de narrarse, es decir, revelarse como sucesos dotados de una estructura, un orden de significación que no poseen como secuencia. La narración -acota Morales Moya- es un producto que guarda una relación, que en algunas oportunidades es muy estrecha, con la novela, con el cine o con ambas cosas a la vez.

El discurso mismo es definible en términos de reglas características y toda adecuación a un referente (lo real) es en historia, como en la novela realista, como en el periodismo, un modo de decir propio de un género literario. El contenido de la representación no es indiferente a la forma, pues lo propio de ésta es la producción de significados.

Nuevamente entran en escena las contaminaciones de los géneros., y se pregunta Morales Moya:

"¿Asistimos quizás al fin de los géneros? (...) El historiador necesita una cierta capacidad evocadora y sólo con recursos literarios se puede movilizar la nostalgia y la fantasía necesarias para reconstruir idealmente una realidad desaparecida". (9)

Charles Reich -historiador- ha escrito que la intuición más profunda de la sociedad americana estaba en el arte popular de los años 30, en las películas de gángsters y en las novelas de Raymond Chandler, de James Cain y de Dashiell Hammett. De igual modo, si a la literatura testimonial es la referencia, John Dos Passos intercala noticias de prensa y breves autobiografías en algunas de sus obras (10).

Tal vez la diferencia más importante entre la narración ficticia y la periodística o histórica reside en las reglas de un oficio, en la ética. Las operaciones específicas de la disciplina señalan el camino de la veracidad: la construcción y tratamiento de datos, los análisis, las interpretaciones, la verificación de fuentes variadas, el archivo y la escrupulosidad en la indagación del testimonio y el cuidado que se ponga en la acreditación de lo fidedigno de éste.

Ningún suceso histórico interesa profundamente si no está referido a la vida afectiva, es decir a la realidad emocionante, estremecida de las vidas singulares; dicho en otras palabras si no le pasa a alguien lo colectivo no interesa, no conmueve, carece de sentido (11).

La narración, así entendida, resulta ser la manifestación de una tendencia a la individualización, traducida en el auge de géneros como la biografía, la historia oral, la historia de vida, la sociología de la vida cotidiana y el tratamiento del acontecimiento o la microhistoria.

Hoy -afirma el catedrático Jaime Ochoa- las historias de vida han sido repensadas en las disciplinas sociales y humanas modernas, después de su abandono temporal por varias décadas, luego de que el dogma positivista ha sufrido resquebrajamientos, mostrado sus baches y limitaciones, pero no pueden convertirse en instrumento panacea, en el "ábrete sésamo" que ilumina la caverna misteriosa de lo social; hay que saber de ellas, lo que iluminan y lo que desfiguran y oscurecen, sus posibilidades y sus límites, como sus características intrínsecas, su uso y sus riesgos.

"Rescatamos algo dicho, disimuladamente: el sujeto es una ventana para mirar el mundo social; más claramente, objetos que se mueven en ese mundo y lo constituyen. Instituciones, regularidades conductuales, lecturas de lo social desde las categorías en que estamos cada uno situado: artesano, burócrata, demiurgo, drogadicto o misionero; movimientos sociales, mentalidades, caminos generacionales, los 'sí mismos' de los actores que les permitan entrar en la trama de la dramaturgia cotidiana, como se viven y se piensan y se sienten las macroestructuras y los macroprocesos, el estado y sus instituciones. En fin, aquello que la imaginación sociológica diseñe como objeto de análisis y de lo cual el sujeto puede hablar, porque tiene de ello una experiencia vivida. Pero hay elementos comunes en este oficio de historiar vidas: quien hace historias de vidas busca claves de interpretación en la interpretación del otro y siempre da cuenta de los procesos sociales que median en la construcción de imágenes, incluidas las de sí mismos; además se encuentra siempre con esa tela de araña que es lo cotidiano, con la propia complejidad de lo micro en el que definitivamente nos movemos" (12).

Las historias de vida y el periodismo

Una profesora de historia de la Universidad de Murcia dijo que la historia, hoy, la están escribiendo los periodistas. Ella está a cargo de la asignatura 'Historia Contemporáne' y los libros que utiliza para sus investigaciones están escritos, en su mayoría, por periodistas (13).

Resulta paradójico -dice la historiadora Colomer Pellicer- que la "ciencia de la larga duración" sea tributaria, en la actualidad, de los profesionales del "flash". La explicación de esto puede estar en los cambios vertiginosos de la sociedad postmoderna. Los medios de comunicación contaban con los historiadores para llenar sus páginas de Internacionales: "Por qué esto, por qué aquello, por qué...". Pero... en una página daban las explicaciones eruditas, y en la siguiente, una nueva noticia los desmentía.

A lo que agrega Colomer Pellicer:

"Quien actúa y escribe a la vez, es decir, el periodista, ha tenido ventaja. Los historiadores hemos revisado la historia... a remolque de los pueblos. Los periodistas, junto con ellos (...) los periodistas también nos han enseñado algo: el valor del personaje, de la fecha, del evento; el efecto permanente que destilan muchos hechos contingentes" (14).

En los medios de comunicación se puede ver que los protagonistas de los acontecimientos son seres cotidianos. El hombre común de la calle. El pueblo, en su protagonismo, devuelve la imagen de las historias con nombre y apellido.

Como ya se apuntara supra, la narración es importante a la hora de dar testimonio de los sucesos. Para narrar un hecho es necesario separar lo que estuvo unido en el espacio y en el tiempo, elegir lo que nos parece principal, causal o esencial y ordenar detrás lo secundario, consecuente o accidental. El mismo hecho se puede desglosar y reorganizar de distintos modos según la perspectiva que se tome. Es necesario, pues, un hilo conductor que dé unidad al relato. El personaje cumple ese papel. La historia de vida se torna, así, en otro ingrediente esencial para el periodista o el historiador.

Aunque el soporte del trabajo del historiador (interpretación y análisis) sea la biografía de un personaje, de una persona cualquiera, es el propósito de los historiadores hallar la interacción mutua entre el personaje y su entorno, afirma Colomper Pellicer.

Un gobernante, una persona de la calle, un organizador de la vida de los demás, por su carácter activo o por la pasividad de los otros, puede elegir, en cada momento de su vida, actuar en favor propio o en el de la sociedad. La decisión es individual. La posibilidad de elegir entre estos dos fines contiene en última instancia todo el espectro de decisiones y actuaciones humanas. Así las personas pueden determinar un tipo de sociedad u otro.

Las biografías son el centro de redes relacionales mucho más complejas. Las biografías colectivas imaginan una homogeneidad que no existe, una regularidad irreal; se trata de una simplificación inútil. Los hechos privados de los sujetos resultan ser útiles. Pueden, en algunos casos, mostrar la constitución interna de esa persona y, a partir de allí, se podrán comprender muchas más causas de lo que aconteció.

Dice Colomer Pellicer:

"Las teorías globalizadoras, los modelos acabados, las explicaciones redondas de los hechos históricos, son historia de laboratorio. La vida humana a través del tiempo, enraizada en los individuos, merece ser investigada y contada con la misma vibración y sintonía con que nos dan las noticias los corresponsales de guerra desde el frente; conviviendo con los protagonistas. Nadie les niega cientificidad" (15).

Una historia cercana, real, humana, cotidiana, es mucho más entendible y explicativa que cualquier informe cargado de datos y nociones macroscópicas.

Según los periodistas y docentes Kevin Hall y Ruth Merino, en Estados Unidos las empresas periodísticas están buscando desesperadamente buenos escritores. Se basan para su afirmación en varias encuestas que se han hecho en los últimos años entre ejecutivos de medios. Asimismo, un estudio realizado en 1993 por la American Society of Newspapers Editors reveló el porqué: a los lectores no les gusta la pirámide invertida. Ellos prefieren las historias (16).

Las noticias y crónicas tradicionales son útiles para atemperar el desconcierto, pero no alcanzan a satisfacer a un público cada vez más exigente, que busca certidumbres y entretenimiento; es decir, información bien contada.

En este sentido convergen las historias y sus protagonistas. Hall y Merino describen las historias como relatos periodísticos que se fundamentan en hechos ciertos, pero tienen una estructura que se asemeja a un cuento, con un principio, un medio y un final. También tiene un protagonista con el cual el lector puede identificarse, al igual que en las historias de vida.

Tampoco se puede obviar que en un mundo incierto, donde los metarrelatos tienen casi nula cabida, las explicaciones cercanas, referidas a la vida cotidiana, presentan menos complicaciones y mayores posibilidades de verificaciones y entedimientos. Las vicisitudes de un personaje vecino son más intelegibles para el hombre común, que una explicación macrosociológica en cuestiones que -quizás- estén lejos de su alcance cognoscible. Lo tangible es más entendible que lo teórico.

Este vuelco hacia las historias no tiene que impedir discernir que provocan -según Aníbal Ford- una cultura narrativizada, basada en la casuística, donde la gramaticalización tiene poco espacio. Por ello, el periodista debe mantener el equilibrio entre narraciones y explicaciones.

Algunas cortapisas a la narración

El creciente desinterés de los ciudadanos por la "cosa pública" a gran escala se ve reflejada en una sociedad individualista. Poco interesa lo que ocurre más allá. Lo importante es lo que se puede relacionar con referentes cercanos, fácilmente comprobables con interacciones cotidianas.

Por ello, no es de sorprender que los diarios brinden cada vez mayor cobertura a los acontecimientos de las secciones "blandas" (general, sociedad, policiales) en detrimento del tratamiento dado a sus secciones "duras" (economía, política, internacionales).

Esas secciones "blandas" siguen los imperativos de la audiencia, es decir, cuentan historias, narran, siguen un determinado acontecimiento o protagonista. Pocas veces se contextualiza correctamente la información.

La cultura narrativizada despoja de su lugar a la gramaticalizada y argumentativa en los debates públicos. Los grandes temas de una sociedad no surgen del debate público y racional que pretende Habermas, sino de un caso que dispara las discusiones.

Son los hechos fortuitos quienes marcan lo que se controvierte públicamente, y no los temas que, por ejemplo, los dirigentes políticos tendrían que discutir y consensuar con las distintas fuerzas de la ciudadanía, para tomar decisiones que a todos importen.

Para Ford, el desarrollo de todo lo narrativo:

"... bien puede provenir de la crisis sociocultural contemporánea. La caída de los metarrelatos organizadores, el quiebre de las propuestas de la modernidad y de sus instituciones... los nuevos fenómenos sociales que provoca, como el pasaje de la sociedad postindustrial, buen puede explicar por qué el público abandona los discursos argumentativos y generales, les pierde credibilidad, y prefiere pensar su realidad desde instancias más tangibles, individualizables y situadas". (17)

Los peligros que acarrea una cultura discursiva pobre en una sociedad, son analizados por Ford, quien afirma:

"... la discusión pública sobre un caso se produce de manera aleatoria. Es el caso -la violación, la justicia por manos propia, la denuncia de una situación de corrupción, el suicidio de un jubilado, la destrucción de una escuela, o cualquier otro, si es que es tomado por el 'newsmaking' o por la producción de un programa de 'reality show'- el que produce, en cuanto realmente haya sucedido, por lo menos por ahora, la discusión pública. Discusiones públicas 'informales', no ordenadas o jerarquizadas en relación con los problemas que tiene una sociedad desde el punto de vista duro y estructural" (18).

Pero, además, el caso es analizado, interpretado y explicado por periodistas que tienen experiencia en información general, con escasa formación sociocultural acorde al tema en cuestión. El resultado es un acontecimiento que puede quedarse en la anécdota y que tiene pocas, o ninguna, conexión con lo estructural o muchas veces esta relación es arbitraria o distorsionada.

Para Ford, el caso es válido:

"... fundamentalmente y en los sistemas de formación, cuando permite explorar una tendencia, algo no resuelto, difícil de generalizar. O para incorporar a la agenda que necesita el ciudadano para informarse nuevos temas, nuevos problemas sociales, dispositivo que hoy es fundamental en la función periodística... pero otra cosa es cuando el caso oculta o elude las explicaciones estructurales" (19).

Esta idolatría por los casos produce, también, un desdibujamiento entre lo público y lo privado. No solamente por la aparición de los 'talks shows', que muestran lo privado y lo hacen público, sino porque lo público se lee en clave individual y privada. La frontera entre ambos ámbitos se torna, así, más lábil y difusa.

En última instancia, señala Ford:

"... que lo realmente privado tal vez se encuentre hoy en las agendas y sistemas de información de las redes del poder. Y esto tiene o produce un efecto de opacidad sobre los grandes procesos que descorazona a los lectores de las zonas duras de los medios y debilita la credibilidad en los debates públicos. El crecimiento de la casuística es la contracara de la opacidad del poder" (20).

El público, entonces, demanda casos, historias (de vida); pero, ¿por qué?. El periódico las incluye porque interesan, porque "venden", es lo que quiere el lector. La onda expansiva de las historias de vida, generada en las ciencias sociales como método cualitativo para lograr sus cometidos, explica a medias la incógnita. Otra porción de la solución la brindó Ford. Lo cierto es que el diario las usa porque la gente las lee... y la gente las lee porque...

Una respuesta... ¿sencilla?

"Me parece que el periodismo argentino no sólo es uno de los más avanzados de América Latina, sino el más avanzado. Aunque también le hace falta incluir en las noticias a los seres humanos". La afirmación publicada en el diario argentino La Nación pertenece a Jaime Abello Banfi, director del Taller de Periodismo Iberoamericano, con sede en Cartagena de Indias, fundado por Gabriel García Márquez, y que Tomás Eloy Martínez coordina en Argentina.

Abello Banfi continúa y dice que siempre escribimos cosas sobre los seres humanos, pero muchas veces tendemos a generalizar, a llevar todo a marcos muy amplios que lejos de dar una perspectiva, confunden. Cree que la fuerza, el interés y la seducción de un relato periodístico está en el momento en que "vamos a la carne y hueso de los protagonistas de una historia".

Las recomendaciones de Abello no son pueriles, de hecho en los medios gráficos es cada vez mayor la cabida de las historias en general y de las historias de personas, es decir, historias de vida (esto es constatable en las páginas de cualquier medio).

Desde el punto de vista científico, la explicación -o una de las explicaciones- está dada por la influencia en el periodismo de otras ciencias sociales, como la historia, la microhistoria, la antropología y la sociología de la vida cotidiana. Pero esa explicación no alcanza a contestar totalmente el interrogante.

Es atinente reiterar lo señalado por Ford, en cuanto explica que los estudios cuantitativos y cualitativos de los diarios señalan un corrimiento del interés de los lectores hacia la zona de información general, en detrimento de la lectura de las secciones de política, economía e internacionales. De igual modo debemos recordar el estudio realizado por la American Society of Newspapers Editors, en el que se llegó a la conclusión que a los lectores no les gusta el estilo periodístico que utiliza la pirámide invertida, que ellos prefieren historias con personas de carne y hueso y en situaciones que puedan ocurrirle a cualquiera.

Ford se pregunta si ello es producto de un proceso de individualismo y encierro en la cotidianeidad o si es parte de la crisis y de la búsqueda de nuevos elementos ordenadores en lo casuístico y lo narrativo.

Se inclina por lo segundo por dos razones:

"La aceleración de los medios en el registro de los acontecimientos y la lentitud de la justicia; la imposibilidad de registrar los nuevos fenómenos sociales en series marcos generales. Pero lo cierto es que esto corresponde a una etapa de transición. La sociedad siempre termina construyendo o reconstruyendo macrorrelatos. Este proceso está produciendo movimientos en el interior de los medios, en la reformulación de las zonas tradicionales duras, y en la profundización de la información general que sí comienza a necesitar, cada vez más, el aporte de las disciplinas sociales y humanas. Es decir, de la misma transdisciplinariedad que observamos crecer en nuestros estudios académicos" (21).

Sin embargo, agrega Ford, no se pueden considerar los pares micro/macro, global/local y otros pares, como oposiciones binarias e irreductibles. Más bien cree que deben ser vistas como posiciones en diferentes lugares de la escala ante un mismo objeto.

La necesidad de referentes cercanos y cotidianos, alejados de las macroexplicaciones se ve reflejada en investigaciones realizadas sobre el imaginario social. Allí aparecen la falta de expectativas o el simple bloqueo de la noción de futuro, aun del más cercano temporalmente.

El contexto social no es nada edificante. El desorden de la sociedad hace evidente la falta de correlación con los parámetros básicos de la modernidad, a su hipocodificación, presente en las debilidades de ajusticia y en la corrupción, o en sus codificaciones aberrantes. Si en este escenario queremos detectar aquellos elementos dinámicos que pueden generar alternativas, las posibilidades generan un galimatías insondable. Sólo se pueden leer índices, casos, experiencias micro. Y conjeturar.

Para Ford no es extraño que la gente explore su situación social a través de casos concretos, en los medios o en la vida cotidiana, más que ante debates públicos marco que se han debilitado, como se ha debilitado lo argumentativo. El apogeo de la cultura narrativizada no es casual. Así, el periodismo de interés general, de vida cotidiana, tiene mucha más lectura que el viejo discurso sobre lo político o lo económico, tan áridos e ininteligibles.

Furio Colombo también da cuenta de esta mutación en el interés de los lectores:

"La economía, en todos los aspectos y problemas que interesan directamente a la gente, se explica con dificultad sin relacionar normas, decisiones, efectos recíprocos, curso de las divisas, marcha global o regional de los mercados, caracterizados a su vez por acontecimientos que tienen importantes consecuencias en otros lugares" (22).

Colombio explica que un criterio claro del pasado, como el de interés nacional, se ha vuelto inseguro e inestable. Aparecen, por ello, interpretaciones mezquinas y localistas de los acontecimientos, que niegan sus ramificaciones externas y limitan territorialmente las propias responsabilidades.

Los efectos de esta visión indecisa sobre la naturaleza local o externa de un suceso y concentrada en el interés inmediato e interno, ha repercutido innegablemente en el periodismo

"... dos fenómenos se han hecho notar a la vez: por una parte se extiende cada vez más la parte considerada interna -local y nacional- de las noticias, hasta el punto de considerar irritante la referencia -tiempo atrás buscada y deseada- a los reflejos o a las causas internacionales de un acontecimiento; por otra se forman bloques de informaciones que no son clasificables o explicables como noticias sólo locales o sólo internacionales..." (23).

Retomando el concepto de la necesidad del público de tener referentes cercanos y cotidianos, Soledad Puente afirma que las sensaciones, emociones y aprendizajes de los televidentes -sus estudios se refieren a la televisión- se producen en el público a través de los personajes.

"Por medio de estos los espectadores viven vicariamente -en lugar de otro- una experiencia; se identifican con aquellos que se les parecen en sus formas de enfrentar los problemas; y catartizan -purgan- los extremos de sus pasiones y sentires, aquellos sentimientos que no pueden exteriorizarse de manera corriente" (24).

Puente dice que las susceptibilidades del público hacia aquello que recibe no sólo dependen de la calidad de su vida, sino también de la fuerza y conocimiento adquirido en ella. Para respaldarlo cita una investigación realizada en Chile en 1990 y 1991, sobre informativos nacionales. Allí se detectó que las personas mayores y las que tienen menor educación son las que tienen más dificultades de retención. Sin embargo, ellas lograban un alto grado de recuerdo en las informaciones de interés humano, en las que el factor de identificación es muy alto (25).

Los conceptos "vicario", "catarsis" e "identificación" remiten al principio aristotélico de aprender del otro mediante la imitación, y sirven al común de la gente para satisfacer sus ansiedades mentales.

"Para que el público viva vicariamente la experiencia de otro y se pueda catartizar o satisfacer una ansiedad mental a través de la experiencia, necesita como rasgo obligatorio de la creación identificarse con ese otro. De este factor y casi de ningún otro depende el interés de una historia periodística. Debe sentirse partícipe de la vida de ese otro. Y mientras más cercanas sean la vida y la experiencias vitales de éste con las propias, las posibilidades de éxito serán mayores" (26).

Por último

Las ciencias sociales -historia, microhistoria, antropología, sociología- han recuperado al sujeto y a las historias de vida como herramientas importantes en su investigación cualitativa de la sociedad. El periodismo no pudo estar ajeno a esta tendencia, asociada, en ambos casos, al uso de la narración -una historia, personajes y acción- como solución estilista en la presentación de los acontecimientos.

También es destacable el desinterés de los lectores por las informaciones "duras", a contramano de la creciente seducción que ejercen en ellos las noticias "blandas".

El lector prefiere los relatos antes que el viejo estilo periodístico de la pirámide invertida. Además, con las historias de personas comunes, la gente puede vivir vicariamente situaciones similares a la suya y aprender de ellas. En un mundo confuso, esta circunstancia es de suma importancia. De igual modo, estos usos de lo local, lo cercano y lo cotidiano, pueden significar la reconstrucción de un nuevo paradigma totalizador por la sociedad.

Pero no hay que olvidar que las historias y los acontecimientos puntuales -los casos- son sólo emergentes y no muestran por sí mismos las relaciones estructurales de un suceso. La cultura narrativizada no debe reemplazar a la discursiva/gramaticalizada. Tendrían que complementarse.

En definitiva, y en última instancia, son los casos los que provocan el debate público sobre cuestiones trascendentales a la sociedad o al sistema democrático; por lo tanto, es responsabilidad del sistema político -en su totalidad- generar los debates y argumentos sobre cuestiones de interés para la sociedad.

Tal vez, así, la gente vuelva a creer en las explicaciones macros o recicle las que reciba, prestando atención a lo que se argumenta desde los medios, utilizando los casos y las historias como ilustración o índice de una tendencia que es necesario investigar y conocer profundamente.

Notas

1 Miquel Rodrigo Alsina (1995): "Redefiniendo el concepto de información", en Voces y Cultura, No. 7, Barcelona, Voces y Cultura ediciones, pág. 59.

2Guillermina Baena Paz: "Líneas y rumbos para el periodismo del tercer milenio", en www.cem.itesm.mx/dacs/buendia/rmc53/baena.html

3Maffesoli, citado por Miquel Rodrigo Alsina, afirma que la sociología no puede reducirse a una única verdad, sino que las verdades son múltiples y variables y que el conocimiento está formado por rigor y poesía, por lógica y mitología, por razón y por pasión.

4 Miquel Rodrigo Alsina (1995): "Redefiniendo el concepto de información", en Voces y Cultura, No. 7, Barcelona, Voces y Cultura ediciones, pág.61.

5 Foucault también indica que las puntas del ovillo para un nuevo conocimiento se encuentran en los nuevos movimientos sociales, como los feministas o los gays, en mundos aparentemente incongruentes.

6Antonio Morales Moya: "Paul Ricoeur y la narración histórica", en Historia a Debate, t. III, Santiago de Compostela, Historia a Debate Ediciones, 1995, págs. 183/185.

7 Diego Sempol: "¿Una alternativa a la totalización?, en Brecha No. 672, www.brecha.com.uy/n672/microhist.html.

8 Paul Veyne en el artículo de Antonio Morales Moya: Paul Ricoeur y la narración histórica, en Historia a Debate, t. III, Santiago de Compostela, Historia a Debate Ediciones, 1995, págs. 187.

9 Antonio Morales Moya: Ibídem, pág. 191.

10 Ibídem, pág. 192.

11 Ibídem, pág. 188.

12Jaime Ochoa (1997): "Historias de vida: Un balcón para leer lo social", Cuadernos de Mass Culturas, Univ. Iberoamericana de León,en www.amoxcalli.leon.ia.mex/DPTOCH/public/mass2.html

13 Francisca Colomer Pellicer (1995): "Biografía y cambio social", en en Historia a Debate, t. III, Santiago de Compostela, Historia a Debate Ediciones, pág. 167.

14 Ibídem, pág. 168.

15 Ibídem, pág. 174.

16 Hall y Merino: "Periodismo y creatividad", México, Ed. Trillas, 1995, pág. 14.

17 Aníbal Ford: "Los medios, las coartadas del New Order y la casuística", en Revista de Ciencias Sociales No. 1, Quilmes, Ed. Univ. Nac. de Quilmes, pág. 59.

18 Ibídem.

19 Ibídem, pág. 60.

20 Ibídem.

21 Aníbal Ford (1994): "Navegaciones", Buenos Aires, Ed. Amorrurtu, pág. 130.

22 Furio Colombo (1997): "Ultimas noticias sobre el periodismo", Barcelona, Ed. Anagrama, pág.13.

23 Ibídem, pág. 14.

24 Soledad Puente (1999): "Televisión: la noticia se cuenta", México, Alfaomega Editores, pág. 158.

25 Ibídem.

Ibídem, pág. 161.

Bibliografia

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FORMA DE CITAR ESTE TRABAJO EN BIBLIOGRAFÍAS:

Duplatt, Adrián Eduardo (2000): as historias de vida en el periodismo: espejos de un hombre común . Revista Latina de Comunicación Social, 35 / Extra Argentina. Recuperado el x de xxxx de 200x de:
http://www.ull.es/publicaciones/latina/Argentina2000/
05duplatt.htm