Revista Latina de Comunicación Social 35 – noviembre de 2000 / Extra sobre la investigación en Argentina / Coordina: Dra. Paulina Beatriz Emanuelli, UNC,Córdoba

Edita: LAboratorio de Tecnologías de la Información y Nuevos Análisis de Comunicación Social
Depósito Legal: TF-135-98 / ISSN: 1138-5820
Año 3º – Director: Dr. José Manuel de Pablos Coello, catedrático de Periodismo
Facultad de Ciencias de la Información: Pirámide del Campus de Guajara - Universidad de La Laguna 38200 La Laguna (Tenerife, Canarias; España)
Teléfonos: (34) 922 31 72 31 / 41 - Fax: (34) 922 31 72 54

 

La crítica cultural periodística y literatura infantil y juvenil

(2.782 palabras - 6 páginas)

Mgt. Ana Beatriz Ammann ©

Magister en Sociosemiótica. Profesora asociada en el Taller II de Lenguaje y Producción Radiofónica de la Escuela de Ciencias de la Información, Facultad de Derecho y Ciencias Sociales, Universidad Nacional de Córdoba. Profesora adjunta en la Maestría de Sociosemiótica, Centro de Estudios Avanzados, U.N.C. Prof. de Literatura Infantil en educación superior no universitaria. Ensayista y crítico.

abammann@onenet.com.ar

I. El discurso de la crítica periodística

La crítica, como discurso cultural complejo, articula su existencia no sólo con un horizonte social de prácticas, saberes y convenciones históricamente determinados, sino con cánones estéticos situados en el mismo contexto.

La crítica cultural periodística, como parte de un conocimiento "especializado" que inviste de sentido las prácticas sociales, se relaciona con las condiciones sociales y políticas en las que se produce y –obviamente- con la política cultural particular del medio en el que se publica. Es este horizonte el que justifica el debate acerca de las perspectivas de la crítica, los lugares y dispositivos de enunciación, la trama en la que se despliegan sus distintas posiciones discursivas.

Nos preguntamos cuál es el grado de independencia del crítico no sólo en relación con la maquinaria editorial, sino también con el lugar de los "especialistas" legitimados como expertos, cómo se articula su discurso en un horizonte comunitario.

El rol de los medios de comunicación como "formadores de opinión" plantea como tema central la reflexión sobre los sujetos de la enunciación, cuya identidad parcial es restituida en la firma o en el reconocimiento público del nombre. Los profesionales de la comunicación toman decisiones en contextos, asumen la palabra, pretenden -con más o menos éxito-, dirigirse a amplios sectores de públicos y participan, por tanto, a través de la selección de las obras y autores que analizan y citan de las relaciones intertextuales autolegitimantes, de juegos de lenguaje que vinculan la teoría a las políticas de regulación social en que se producen.

¿En qué lugar se ubica dentro de los diarios el ensayo, la crítica, en fin la difusión de la literatura y la actividad estético-cultural?

El nombre del apartado en que ésta aparece, "Suplemento", como adición o agregado sugiere una falta constitutiva que es completada por separado. Este complemento se podría caracterizar por una asimetría del discurso de la crítica en los suplementos culturales. La temática y el estilo de las notas en general recortan su lector apelando a un campo de saberes y expectativas que, en general, no se corresponden con los del lector del resto del periódico.

Creemos que en el suplemento se puede observar una trama de sujetos temporalidades y espacios de representación:

  • responden a un "campo de producción restringido" (Bourdieu, p. 89), es decir un campo en que el crítico más que establecer un diálogo con los receptores en general se dirige a otros productores: escritores, críticos, académicos, directores de colección, etc.

  • la selección de textos y autores que se comentan se ajusta en general a las reglas que impone el mercado: ediciones y reediciones, en un culto a la "novedad" que no permite el ingreso de lo pasado, salvo como efemérides. Estas reglas propias de la temporalidad periodística como actualidad excluyen la consideración de la diversidad de registros y de poéticas, el discurso transgresor y original no necesariamente ligado a lo "nuevo".

Es de notar, incluso, que ciertas "novedades" que no alcanzan jerarquía para constituirse en tema de una nota en el suplemento cultural, ingresan a la sección Artes y Espectáculos, cuyo carácter de agenda cultural de hecho tiene otra temporalidad, se dirige a otros lectores y difícilmente incluya comentarios de literatura.

La "independencia" de la crítica como saber específico dentro del periodismo, equidistante tanto del poder como de la maquinaria propagandística de las grandes editoriales, es en sí misma paradojal.

En primer lugar, la crítica tanto en el sentido de descripción, juicio de valores o conformación de saberes a partir del uso de la palabra, se relaciona con las propiedades de otros textos, se constituye a partir de la lectura/escritura de los mismos.

En segundo lugar, los modos de circulación del saber y de los mecanismos del mercado hacen necesaria una especificación del campo material en el que actúan tanto las instituciones, como los críticos.

Las transformaciones de la gestión de la industria editorial en Argentina, en relación con el contexto global, no pueden ser ignoradas hoy por quienes se plantean un lugar en la producción de discursos de circulación masiva. La historia de nuestras publicaciones, la política de traducciones y difusión cultural reconocida en el resto de América Latina se han visto modificadas por un gerenciamiento casi absolutamente en manos de capitales extranjeros.

Por último, el crítico no sólo constituye al "otro" de su discurso sino que se representa a sí mismo a partir de una forma y un estilo que es una puesta en sentido y una posición de referencia, incomprensibles fuera de las categorías ideológicas de los sistemas de representación vigentes. En muchos casos la crítica se ocupa más de sí misma que de los textos que analiza y el lector, que busca en ella una valoración, un camino hacia su decisión de encuentro con el texto, queda en este sentido sin respuestas.

Tradicionalmente, el género "crítica" se diferenciaba en dos campos de saber marcadamente connotados como lo eran el periodístico y el académico. La legitimidad y aceptabilidad de ambos estaban topológicamente distribuidas y diferenciadas. En la actualidad, el carácter central de las prácticas de los medios de difusión en la producción, reproducción y transformación del campo discursivo, nos propone una serie de cruces y corrimientos de roles que se articulan complejamente en la retórica dominante.

El discurso de la teoría, que pretende aportar códigos de inteligibilidad para nuestros sistemas de interpretación en el campo de la experiencia, trabaja con temporalidades y tramas cuyas reglas han sido modificadas por la producción mediática. La aceptabilidad y la moda afectan las corrientes de pensamiento, en un medio en el que no sólo los agentes –intelectuales y creadores en general- se reubican en el sistema de lo "neo" y lo "pos", sino también las instituciones centrales en el campo de la producción del saber, como las universidades.

El diluido espectro de una intertextualidad general cuestiona viejas formas de inteligibilidad, recorta temas y expectativas y desde una legitimidad orgánica propicia regulaciones y fragmentariedades que no sólo rompen con la idea de progreso sino también con la historia. Los intelectuales se incorporan a la cultura mediática y mercantilizada como críticos y agentes activos en "eventos" culturales y esta trama compleja ha restringido las pautas de la producción simbólica respecto de quienes serían sólo consumidores.

Conferencias abiertas, Expouniversidad, ferias, entrevistas, son parte de un canon cultural que redistribuye las demandas de los sujetos desde un imaginario estructurado por el marketing. Filmación, entrevista, comentario, fotos del entrevistado o del comentarista dan anclaje a la representación discursiva y corroboran el prestigio del nombre, jerarquizan la "inmediatez" y la "naturalidad" de la palabra y el presente mediatizado, sobre la memoria y la experiencia. El significado se recorta así en un campo de presencias y ausencias, en un momento histórico donde la resonancia connotativa de términos como "crítico" y "creador" y sus relaciones con el hacer intelectual y político se han visto modificadas.

Sin embargo, creemos que el arte como objeto privilegiado de la crítica cultural, -en particular en este caso la literatura- permite reconstruir cuestiones de contexto y comprender la interrelación forma - contenido en un palimpsesto que se dibuja entre la convención y la novedad. El pensar histórico se afirma, entonces, en una actitud ética que trasciende la contingencia del consumo.

II. ¿La literatura infantil no tiene entidad propia para ingresar a la crítica cultural periodística?

La pregunta sobre la existencia de la literatura infantil sólo es válida en la medida en que consideremos ambas entidades, -niñez y literatura-, de manera independiente de las condiciones históricas. De lo contrario, es evidente que en cada época se va modificando la idea que la sociedad se hace de los niños y también de las obras que les están destinadas, aunque la necesidad de narrarles cuentos o comunicarse con ellos de manera estética o lúdica siempre existió, independientemente de la presencia de un soporte material como el libro.

Es evidente, en la medida en que la literatura infantil consiste en un texto que un adulto dirige a un destinatario niño, que se parte de restricciones en cuanto a madurez afectiva, competencias lingüísticas y culturales del receptor. Gianni Rodari, conocido escritor que trabajó "entre los niños y con los niños", decía que escribir para ellos significaba "empleando un parangón musical, usar un instrumento en particular y no toda la orquesta, una clave y no todas las claves" ("La Mancha": 96, 24).

Michel Tournier, prestigioso novelista francés, cuyo proyecto desató una interesante polémica en el campo de los libros para niños, acuñó la frase "incluso los niños" en relación con la obra de autores que "escribían tan bien, tan límpidamente, tan brevemente –calidad rara y difícil de alcanzar- que todo el mundo podía leerlos, incluso los niños." (El Correo de la Unesco, 1982).

El adjetivo "infantil" limita el género desde la imagen de un receptor "escurridizo" cuyos gustos y necesidades se pretende colmar, no sin el riesgo de caer en un cierto índice de "domesticación" cuando hasta el recuerdo de la propia infancia de quien escribe se compone sólo de algunos destellos entre la memoria y el olvido.

La literatura infantil, en la medida en que se constituye en un intermediario de diálogo entre los adultos y los niños, remite necesariamente al contexto del mundo adulto, expresa sus contradicciones, exigencias y conflictos, acuerda con una imagen de niño que se corresponde con una teoría y una praxis social. Esta es una razón más que suficiente para explicar la preocupación de muchos escritores profesionales contemporáneos por reflexionar sobre su trabajo, no sólo en cuanto a la esteticidad, sino también respecto de los aportes de las disciplinas, de las exigencias del mercado y de la circulación social de sus obras.

Hay una gran cantidad de editoriales dedicadas específicamente a la literatura infantil, centros de documentación, asociaciones a escala nacional e internacional, revistas y ferias del libro, seminarios y talleres, cuya existencia no se explica por el oportunismo del mercado, sino por el dinamismo y la permanente recomposición del campo. Sin embargo, la crítica de la literatura infantil casi no existe en el privilegiado espacio de la literatura para grandes en los medios ni tampoco tenemos la misma jerarquía quienes a ella nos dedicamos.

III. La tarea mediadora del crítico

En esta época de mercado globalizado en la que los niños son considerados también y prioritariamente consumidores, la crítica como mediación que facilite el ejercicio de elección de sus lecturas propone una serie de exigencias de formación no sólo respecto al análisis del discurso y su funcionalidad estética sino también acerca de "lo infantil".

La elección de los textos que se critican en el medio gráfico no depende por lo general del gusto del crítico, sino de la política de la institución periodística en la que trabaje y de la política particular del suplemento cultural. Sabemos que el comentario bibliográfico de textos para niños no ingresa en las páginas de la mayoría de los periódicos de nuestro país, así como aun la literatura infantil no es una asignatura curricular universitaria.

Cuando la crítica respecto de este género particular aparece en los medios, por lo general lo hace de la mano de la iniciativa de editoriales o autores que han hecho llegar su obra a la institución periodística.

El crítico se ubica, entonces, entre las coacciones de un sistema de relaciones dado y los requerimientos de un lector adulto y mediador que está necesariamente entre el libro y el receptor a quien en principio está destinado: el niño.

Sin embargo, el crítico como sujeto social y cultural que pertenece a una comunidad dada, puede elegir una postura que respete a quien será en el mejor de los casos el beneficiario del diálogo entre la escritura y la lectura.

A contrapelo de la superficialidad o de la hibridación relativista, el crítico puede y debe valorar, en relación con una práctica comprometida, eludiendo el hedonismo acomodaticio e intentando articular la herencia cultural con los interrogantes sobre la condición humana expresados en la creación estética.

La primera decisión a la que se enfrenta es acerca del tipo de discurso y el recorte de su lector: escribe para sus pares, es decir otros escritores, o contextualiza e historiza, en una estrategia didáctica que permita que cualquier mediador adulto pueda entender sus evaluaciones?

¿Desde dónde evalúa y qué evalúa?

En primer lugar, su oficio se funda en el conocimiento de las determinaciones que definen al lector y la lógica de la forma que se impone en la composición misma del texto y de sus propuestas de sentido. Conocimiento de la escritura literaria como espacio multiplicador de lo real y de resonancia de los diferentes discursos sociales, en el que se ubican hallazgos y batallas, lealtades y traiciones. Conocimiento de la teoría como espacio de reflexión, que se pregunta por los modelos y concepciones de la literatura, qué leen esos modelos, qué objeto construyen, cómo leen, cuáles son las relaciones autor - texto – lector - contexto, etc.

Conocimiento de la niñez, su etapa evolutiva y su necesidad de un plus de protección para alcanzar la igualdad y ejercer su condición de sujeto de derechos y no de objeto de "colonización".

Son estos conocimientos y un compromiso ético con su tiempo los que lo llevarán a dudar, entre otros, de los siguientes aspectos:

  1. De aquello que las editoriales o los autores caratulan como "literario", es decir, poder distinguir entre ciertas características del lenguaje poético y la retórica de la seducción aparente de un discurso didáctico o tradicionalizante, cuya simplicidad lo convierte en una caricatura del género;

  2. De aquello caratulado para tal edad;

  3. Del exceso de riqueza de lo para-textual que propone el libro con una presencia absolutamente secundaria del texto lingüístico;

  4. Del tono moralizador que tiende a aplacar los conflictos en lenguajes donde la imagen de niño idílica y ahistórica es una forma de desconocimiento de las diferencias y por lo tanto una forma de violencia.

  5. Del nombre del autor, que en sí mismo no puede ser considerado garantía de calidad por más que sea legitimado o reconocido en el campo cultural.

Y tener en cuenta, entre otros, los siguientes aspectos:

1. Analizar el texto como un producto cultural, es decir, en relación con las características de nuestra época y desde un replanteo crítico que contemple tanto las operaciones técnicas de su producción como los hábitos, tradiciones y competencias que las condicionan.

2. Considerar la propuesta de sentido de la literatura en relación con la posibilidad de que el receptor niño adquiera nuevas experiencias a través de un juego vital de interacción entre ficción - realidad, de interacción con una lengua disfrutable que le permita un encuentro con temáticas actuales.

3. Privilegiar la literatura en relación con el hecho de posibilitar el ejercicio activo de la lectura; lectura que será placentera no sólo para los niños sino también, y necesariamente, para los adultos mediadores.

Para finalizar diremos que la crítica, como una forma de lectura/escritura debe tomar en cuenta todas las actividades que implica la lectura cuando se propone ser un intermediario entre los textos y sus lectores:

"... así diría que leer es hacerse cargo de una espacialidad; luego diría que leer es apropiarse no de la espacialidad que se pone ante la vista sino del proceso que le ha permitido configurarse y, por tanto, del sentido que se ha depositado en dicho proceso al que podemos llamar, esquemáticamente, "escritura"; en tercer lugar, diría que leer es transformar esa espacialidad en temporalidad, aunque el hecho de que sea imprescindible que esa mirada recorra un trazado supone la persistencia, que resulta metafórica, del espacio; podría añadir, igualmente, que leer es producir una movilización de energías relativas a lo que la actividad de escritura puede suscitar y que posiblemente no puedan ser despertadas por otro tipo de estímulos; por último, diría que leer es transformar lo que se lee, que deviene, de este modo, en un objeto refractado, interpretado, modificado;..." (Jitrik; 1980).

Bibliografia

BOURDIEU, PIERRE, 1989: "El campo de producción cultural y el campo de poder", Revista Criterios, 25-28, La Habana.

DIAZ RONNER, MARIA ADELIA, 1988: "Cara y cruz de la literatura infantil", Buenos Aires, Libros del Quirquincho.

JITRIK, NOE, 1980 : "La lectura como actividad" , México, Premia Editora.

1999: "La irrupción de la crítica", Buenos Aires, Punto Sur.

RODARI, GIANNI, 1996: "Escribir hoy para los niños", Revista La Mancha, Nº1, julio 1996, Buenos Aires.


FORMA DE CITAR ESTE TRABAJO EN BIBLIOGRAFÍAS:

Ammann, Ana Beatriz (2000): La crítica cultural periodística y literatura infantil y juvenil. Revista Latina de Comunicación Social, 35 / Extra Argentina. Recuperado el x de xxxx de 200x de:
http://www.ull.es/publicaciones/latina/Argentina2000/
06ammann.htm